Ventas directas en Morelia, Michoacán
Alteridades 17(33):55-63

Venta directa se refiere al comercio cara a cara que toma lugar fuera de lugares fijos. Más de cincuenta empresas de ventas directas operan en México. Uno de las más grandes es Omnilife, comercializadora de suplementos alimenticios. Sus más de tres millones de distribuidores recomiendan los productos a sus amigos y parientes. Aunque el trabajo de ventas directas pasa desapercibido, tiene un efecto en el espacio urbano. Representa una extensión del mercado libre hasta las relaciones humanas más íntimas. [ventas directas, suplementos alimenticios, Morelia, labor emocional]

Direct selling refers to face-to-face commerical exchanges taking place away from fixed retail locations. More than fifty direct selling companies operate in Mexico. Omnilife, a marketer of nutritional supplements, is one of the largest. Its more than three million distributors recommend the products to their friends and relatives. Although the work of direct sales goes undetected, it has an effect on urban space, It extends the free market to the most intimate of human relations. [direct sales, nutritional supplements, Morelia, emotional labor]



En el año 2000, las autoridades municipales de Morelia, Michoacán, trasladaron a los comerciantes de la plaza principal a mercados techados en las orillas de la zona turística. Los arcos y los parques del centro histórico, nombrado patrimonio cultural de la humanidad por UNESCO en 1991, habían sido congestionados por puestos y vendedores ambulantes desde hace muchos años. La nueva prohibición destapó las fachadas de los edificios antiguos e hizo brillar la cantera rosa para el deleite de los nativos y los visitantes. También reveló una transición en las actividades comerciales de la economía informal en las ciudades modernas. En vez de enfocarse en los intercambios tradicionales con clientes desconocidos, los comerciantes ambulantes cada vez más se dedican a un tipo de negocio más personal. Las ventas directas no dejan huellas visibles en la vía pública pero demuestran como el comercio ha llegado a las vidas intímas en la población urbana.

El cambio en la forma de vender refleja el movimiento hacia una economía dominada por el sector servicial. Antes el dueño contralaba sus empleados por medio de sus actividades físicas. En las fábricas, trabajadores entrenaban sus cuerpos para maximizar su eficiencia en la línea de producción. En cambio, los trabajadores que entregan servicio a clientes requieren la actitud correcta para cumplir con sus responsibilidades. Los supervisores todavía buscan la manera de controlar a sus empleados usando guiones, entrenamientos y eventos motivacionales para inculcar los sentimientos apropriados. La socióloga Arlie Hochschild identifica este fenómeno como “labor emocional” (Hochschild, 1983: x). Aunque permite a los trabajadores la apariencia de flexibilidad, en realidad la labor emocional es una forma de control tan estricta como en las fábricas. El trabajo domina no solamente los cuerpos de los empleados sino también sus mentes.

Más de diez empresas de ventas directas operan en Morelia. Técnicamente sus representantes no son empleados porque no perciben sueldos fijos ni prestaciones sociales. Para muchos es atractiva la oportunidad de trabajar sin jefes y arreglar su propio horario. Cuando se inscriben como distribuidores independientes tienen el derecho de comprar productos a un descuento y volver a venderlos al precio de menudeo. Supuestamente, este sistema ofrece la libertad de auto-empleo, pero como aprendí durante doce meses de trabajo de campo en Michoacán, los que ingresan en las empresas adoptan una mentalidad que corresponde con las metas de la empresa. Transforman sus vidas emocionales y empiezan a evangelizar para cambiar las mentes de sus vecinos y parientes. De esta manera, las ventas directas comercializan la amistad.
 
Historía de ventas directas
La venta directa se refiere al comercio cara a cara que toma lugar fuera de lugares fijos (Berry, 1997: xxi). Algunas empresas de ventas directas ostentan décadas de experiencia en el mercado y promueven productos de renombre internacional. Avon, Mary Kay, Tupperware y Amway son algunas de las compañías más exitosas. Según la Asociación Mexicana de Ventas Directas, unas sesenta empresas cuentan con tres millones de distribuidores independientes en el país (Hernández Arana, 2005). El sistema funciona mejor para productos como cosmésticos y suplementos nutricionales que necesitan exhibición o explicación (Smith, 1926: 332). Además, a pesar del poco costo para fabricar artículos de uso personal, se pueden pedir un precio muy alto. Con sus recetas secretas y promesas de rejuvenecimiento, es difícil comparar las cremas de Avon o las vitaminas de Amway con las que se venden en tiendas. El amplio margen de utilidad permite que los distribuidores tanto como la empresa reciben beneficios de las ventas.

La clase de empresa de ventas directas que han tenido mayor éxito en los últimos años es la multinivel. En las empresas multiniveles, distribuidores inscritos generan dinero en dos formas. Además de las ventas al público, también ganan comisiones del volumen de ventas de los distribuidores que meten para trabajar debajo de ellos en su red. En algunos casos, las redes crecen y abarcan miles de distribuidores y generan miles de dólares al mes para los de arriba. Las reglas de compensación varian según la compañía, pero en todos los casos la forma más eficiente para ganar dinero es reclutar gente. De hecho, los distribuidores mejores pagados dedican su tiempo a buscar y entrenar socios y casi nunca desplazan producto. Como una distribuidora exitosa me explicó, es más lógico inscribir a cien personas y recibir comisiones de sus compras cada quincena que salir a buscar a cien clientes. 

Sin embargo, la historía de las ventas directas inicia con el pequeño comerciante viajero. En la época colonial de los Estados Unidos, para muchos consumidores lejos de los centros de comercio y para fabricantes sin medios de distribución, vendedores de casa en casa ofrecieron una conveniencia necesaria (Biggart, 1989: 20). En las primeras décadas del siglo veinte, la imagen del hombre “Fuller Brush” personificaba las ventas directas. Aun cuando existía mejor acceso a las tiendas departamentales, las ventas de puerta en puerta servían para educar a los compradores (Friedman, 2004: 201). A pesar de la depresión económica durante los años treinta, la empresa de venta directa Avon creció más de diez porciento anualmente de 1930 a 1938 (Manko 2001, 142). Avon concentraba su negocio en los distritos rurales y trabajaba con mujeres respetadas en sus comunidades.

En 1957 Avon fue la primera empresa de venta directa en llegar a México (Ramírez Tamayo, 1995). Es importante notar que en empresas como Avon y Fuller Brush la relación entre el vendedor y su cliente es estrictamente comercial. Como representantes de una empresa de un solo nivel, sus ganancias dependen de llegar a la máxima cantidad de ventas. Las famosas damas de Avon tienen que tocar muchos timbres para alcanzar sus metas financieras. No sería suficiente limitar su clientela a sus amigos y parientes. Tampoco gastan mucho tiempo con cada cliente; en muchos casos dejan un catálogo de productos y vuelven unos días después para anotar el pedido.

A la misma vez que Avon empezaba a arraigarse en México, una revolución en las ventas directas ocurrió en los Estados Unidos. El dueño de Tupperware decidió ofrecer sus contenidores plásticos exclusivamente por demostraciones en casa (Clarke, 1999: 95). Es una cosa abrir la puerta para una vendedora, pero es otra cosa entera invitarla a la sala para un convivio. Por consecuencia, era necesario que las distribuidoras dirijan sus esfuerzos a sus vecinas y conocidas. De este grupo, buscaban a futuras anfitrionas para expandir su agenda de fiestas. Efectivamente, Tupperware dio prioridad a las relaciones humanas sobre los méritos de los productos. Un estudio de las fiestas Tupperware en el Reino Unido concluyó que muchas de las invitadas compran productos porque se sienten obligación para ayudarle a su amiga, la distribuidora (Taylor, 1978: 582). Entre más cerca la relación con la distribuidora, más compra la invitada.

Siguiendo los pasos de Tupperware, dos amigos fundaron su propia empresa multinivel llamada Amway. Su catálogo de productos empezaron con limpiadores para la casa y vitaminas pero pronto abarcó cientos de artículos de cremas faciales a juegos de ollas metálicas (Conn, 1977). Con tantos productos (incluyendo muchos que no llevan la marca de Amway) los distribuidores hacen hincapié en ayudar a la gente más que venderle algo específico. En vez de demostraciones de contenidores, los inscritos invitan a sus prospectos a asistir una junta de “oportunidad.” En estas juntas no exhiben productos sino la oportunidad de entrar en un negocio independiente y hacerse su propio jefe. La inscripción no cuesta mucho, pero los distribuidores están pidiendo que sus invitados se comprometan a un nuevo estilo de vida. Convencerlos requiere mucha confianza.

No es sorprendente que la mayoría de los amigos de distribuidores rechazan la oportunidad de afiliarse con Amway. Un ex-socio de Amway recuerda que cuando entró la empresa su patrocinador y él hicieron una lista de todos sus amigos y parientes. Ya no eran sus seres queridos; eran sus blancos de reclutamiento (Butterfield, 1985: 53). Si alguien en la lista no quería inscribirse, el distribuidor era mandado descartarlo de su círculo social. El requisito que explotan a sus amistades para ganancia financiera les molesta a muchos distribuidores. Empresas de ventas directas promedian cien porciento cambio de personal cada año (Wotruba y Tyagi, 1991). Entonces, es necesario que las empresas expandan para reemplazar a los distribuidores que se retiran. Cada vez más, las empresas se enfocan en mercados internacionales como manera de alcanzar a más gente. Amway vende más productos en Japan que en los Estados Unidos (Ono, 1997) y Tupperware genera ochenta y cinco porciento de sus ventas en el extranjero (Hilsenrath, 1996).

Uno de los mercados más atractivos para las empresas multiniveles ha sido el mexicano. Herbalife, una empresa multinivel de suplementos alimenticios basada en California, abrió operaciones en México en los años ochenta. Herbalife y Mark Hughes, su joven fundador, fueron conocidos no solamente por sus testimonios emocionales de pérdida de peso pero también por sus problemas legales (Paris, 1985: 50). Si Hughes pensaba que su entrada en el mercado mexicano se quitaría la atención del gobierno, no funcionó. La Secretaría de Salud mexicana clasificó las pastillas de Herbalife como medicina controlada en vez de comida como la empresa pedía (Hinsberg, 1988). Como consecuencia, sería necesario vender los productos en farmacias y su sistema multinivel se caería. Herbalife se retiró de México. Hughes le mandó a uno de sus distribuidores mexicanos más exitosos, Jorge Vergara, a abrir el mercado francés. Con su experiencia en Europa y luego en los Estados Unidos, Vergara le ayudó a Herbalife en volver a entrar el mercado mexicano (Rico, 2001).

A pesar de su éxito dentro de la empresa, Vergara no se sentía satisfecho. Concluyó que el mensaje de multinivel no encajaba bien con le mentalidad mexicana. Explica:
    El multinivel sólo habla de hacer cadenas para ganar dinero y te ofrecían ganar un Mercedes Benz o comprar una casa, cuando el mexicano     se pregunta ¿yo para qué quiero un Mercedes Benz?; lo que necesito es comer mañana. [Mora Tavares, 2003: 37]
En 1991 fundó su propia empresa llamada Omnilife basada en los principios de “multidesarrollo” que él inovó. Según las normas de multidesarrollo, los distribuidores deben de invertir en su salud física, financiera y mental. Para Vergara, el éxito se mide no solamente en pesos ganados pero en vidas mejoradas. Omnilife recalca el emfásis en las relaciones humanas con una serie de talleres de auto estima para los ingresados. Juntos con las reuniones de motivación, los talleres de Omnilife promueven la idea que los distribuidores quiten sus miedos limitantes y adopten una mentalidad nueva.

En realidad, el sistema de multidesarrollo asemeja la estructura de sus modelos Herbalife y Amway. La típica transformación de mentalidad en Omnilife implica nuevas relaciones de amistad y parentesco. Porque si un distribuidor se preocupa de sus amigos, va a querer que ellos experimenten el mismo cambio en salud. Como otras empresas multiniveles, Omnilife describe su trabajo como acta caritativa (Kong, 2001: 501). Por la mayoría, a los distribuidores les hacen falta educacíon superior y están limitados a empleos en la economía informal. Pero, como representantes de una empresa como Omnilife tienen la oportunidad de brindarle servicios a otra gente como hace un profesionista. Todo el mundo necesita salud, Vergara los recuerda, y por eso no hay nadie quien no califica como posible cliente. Es menos probable que un distribuidor se retire de la empresa si se considera un portador de servicios valiosos.

Vender sin vender
Cada martes, jueves y sábado en su centro de apoyo, Victor y su esposa Amalia presentan una junta para los distribuidores en su organización y sus invitados. Rentan una oficina sobre un bulevar muy transitado frente a la tienda de Omnilife en Morelia, la capital del estado mexicano Michoacán. Muchos distribuidores aprovechan su asistencia en las juntas para atravesar la calle y surtir producto. El centro de apoyo tiene una pequeña entrada con un escritorio, donde trabaja la secretaria. Antes de las juntas, ella hace el papel de mesera también, preparando bebidas nutritivas en la licuadora. Pasando al salón, los distribuidores se sientan en sillas arregladas en ocho filas. Plantas y pósteres adornan el salón. A pesar de la falta de ventanas, tiene un aspecto atractivo. Los martes y sábado se dedican a juntas de oportunidad, es decir explican la gama de productos y sus funciones. Los jueves se dedican a juntas de negocio exclusivamente para gente inscrita. En la actualidad, la diferencia entre las dos clases de juntas no es muy marcada. Durante las capacitaciones de negocios, no se enfocan en las estrategias empresariales ni en las regulaciones técnicas del multinivel. Hablan acerca de como hablar con la gente.

Se prohibe la palabra “vender” en sus juntas. Tampoco aparece en las revistas que la empresa publica ni en sus programas de radio, ni su sitio del internet ni los discursos de sus líderes. Algunas veces le pregunté a un distribuidor cuánto producto había vendido sólo para recibir un regaño: los productos no “se venden.” Se desplazan. Se comparten. Vender significa un intercambio impersonal cuando la relación entre un distribuidor y su cliente representa una forma de ayuda mutua. En cierta forma, es verdad que los productos de Omnilife no se venden. No se permite exhibir los productos en los puestos o en las tiendas. No existe un catálogo con una lista de precios para dejar con gente como hacen las damas de Avon. Omnilife no invierte en anuncios en los medios de comunicación. Solo los distribuidores registrados pueden comprar producto en el almacén.

En términos económicos, por supuesto los distribuidores venden. Compran las vitaminas a un precio de mayoreo y reciben ganancias cuando se las ofrece al público. Pero el concepto de vender sufre de una mala reputación. Tradicionalmente, los vendedores no tienen amigos, simplemente explotan a todos para su propio beneficio. Mienten y engañan para sacar provecho de gente crédula. Siempre terminan tristes y decepcionados. Así se parecen en obras de literatura como Babbit por Sinclair Lewis y Death of a Salesman por Arthur Miller. Además el trabajo de las ventas directas es el más difícil de todos los tipos de ventas. En una tienda normal, los clientes llegan al comerciante con la intención de comprar. Al contrario, los distribuidores de Omnilife tienen que acercarse a personas quienes no han demostrado un deseo para los productos. Aun en los casos más afortunados, un distribuidor puede esperar ser rechazado por nueve de cada diez clientes.

Victor y otros distribuidores con grandes redes redefinen el trabajo negativo de vender a una obra de amistad. Victor da el ejemplo cuando una persona ve una película excelente, se la recomienda a sus amigos. No lo hace porque recibe comisiones del cine. Se la recomienda porque le gustó y quiere que sus amigos se diviertan también. Es lo mismo con Omnilife, aconseja Victor en sus juntas. Tomando los productos, uno empieza a sentirse mejor y desea compartir la salud con sus compañeros. En este caso, el distribuidor gana dinero por su recomendación, pero solamente cuando su amigo tenga resultados. El lema de Omnilife capta el mensaje central de no vender: “Gente que cuida a la gente.” Si la meta de un distribuidor es ayudarle a la gente, el rechazo no le duele tanto. Sabe que está ofreciendo algo valioso y si el cliente no quiere mejorar su salud se está negando.

En las juntas de negocio, Victor simplifica las responsabilidades de sus distribuidores a dos pasos sencillos: usar y platicar. Primero, al consumir los suplementos alimenticios, un distribuidor va a corregir problemas de salud y recobrar fuerzas. Luego, tiene que salir a compartir su testimonio con sus amigos. En muchos casos, nos asegura, los mismos amigos van a notar el cambio en las caras y los cuerpos de los distribuidores dedicados a tomar el producto. Ellos no tendrán que presentar el tema de Omnilife porque sus amigos van a pedir el secreto de su cambio visible. Lo que hacen los distribuidores es nada más lo que hacen los buenos amigos—platican. El éxito en Omnilife no requiere conocimento de la nutrición o experiencia en negocios. El distribuidor exitoso se preocupa de su propia salud y la de sus amigos.
Después de catorce años trabajando tiempo completo en Omnilife Victor y su esposa han llegado al rango de distribuidor de oro. Su cheque quincenal de Omnilife les permite manejar un BMW del año, viajar al extranjero y pagar la colegiatura de sus dos hijos en escuelas particulares. Antes de afiliarse con Omnilife, se fabricaban cremas faciales y las vendían en los tianguis de Morelia. Aunque les fue bien en su negocio si perdían un día de trabajo no ganaban. Y si sus hijos no querían continuar el trabajo, el negocio terminaría sin dejarles ningún pensión. Cuando Amalia supo de la oportunidad de Omnilife, le llamó la atención. En Omnilife sería posible construir una red que genera comisiones estables aun cuando ellos descansan. También promete la posibilidad de jubilarse y dejarles un patrimonio a sus hijos.

Victor y Amalia cerraron su negocio de las cremas y se dedicaron plenamente a Omnilife. Siguiendo el consejo de usar y platicar, Amalia empezó a consumir las vitaminas en grandes cantidades y corrigió un problema grave de osteoporosis. Con su testimonio fresco, salió a compartir su “milagro” con sus amigos y familiares. Platicó de Omnilife con los papás de los compañeros de sus hijos en la escuela, con sus hermanos en la Ciudad de México, con el dueño de la tienda donde compraba verduras y con las parejas en su iglesia. Supuestamente, Amalia ingresó en Omnilife para un trabajo con más flexibilidad, pero resultó que ser predicador de las vitaminas se convirtió en un proyecto sin fin. Para Amalia, no existía una separación entre la vida profesional y la vida personal. Hablaba con cada persona que conoció sobre los productos maravillosos de Omnilife y la oportunidad para una libertad financiera. Pronto, Victor y sus dos hijos entraron en Omnilife también y acompañaron cada comida en casa  con las bebidas de Omnilife.

Amalia y Victor ejemplifican el fenómeno de “labor emocional” como Hochschild lo formuló. La empresa no controla sus movimientos. Ellos pueden ir de vacaciones cuandoquieran o mezclar mercancía de otras empresas con sus botellas de Omnilife sin castigo. Pero, ellos se identifican tanto con la filosofia de Jorge Vergara que conforman sus actividades a las metas de la empresa. Según Hochschild, la labor emocional coloniza los sentimientos más íntimos de los trabajadores, una intrusíon profunda que provoca resistencia. Pero, Amalia y Victor no ven ningún problema con la nueva actitud que Omnilife les inculca. Anhelan el vínculo entre su trabajo y sus relaciones personales. Creen que el simple hecho de invitarle a alguien a inscribirse en Omnilife contribuye al beneficio de la sociedad. En un estudio de vendedores de aseguranza, socióloga Robin Leidner (1993: 5) encontró que muchos de ellos aprecian la estructura y la rutina que vienen con una labor emocional. Les da control sobre las interacciones con clientes y les ayuda a aprovechar sus pláticas con ellos al máximo.
Victory y Amalia les enseñan a sus seguidores que acepten el labor emocional.

Éramos aproximádamente veinte personas en el centro de apoyo este jueves en julio 2003. Victor, vestido con una camisa de manga corta y pantalones grises, se para con el micrófono. Nos da la bienvenida y empieza su charla con la observación que muchas personas han tenido dificultad en construir una red sólida de clientes. “Contacto en frío es lo más difícil. ¿Cuántos de nosotros salen a desplazar producto con una cara de desesperación?” La respuesta es tratar a los clientes como amigos: “¿Quiero que esta persona mejore su salud o sólo quiero su dinero? Deben de salir con la intención verdadera de ayudarle a la gente.” Todos escuchan atentamente. Algunos apuntan en su libreta. Victor reconoce que el trabajo de salir a platicar cuesta mucho esfuerzo. Pero con la energía adecuada y la actitud correcta, tendré mi recompensa. La empresa me pagará y, más satisfactorio, los clientes me agradecerán. Cuando me figuro como ayudante de la gente y no como vendedor, será más fácil comerme mi verguenza y hacer el contacto en frío.

Parece sencillo salir a platicar con la gente pero el miedo a menudo nos impide. Victor distingue entre lo sencillo y lo fácil. El plan de negocio en Omnilife, por ejemplo, es sencillo. Superar el miedo de platicar con la gente no es fácil. En las juntas Victor se dedica mucho tiempo a derrumbar los obstáculos de miedo. Reconoce que el contacto con la gente desconocida es difícil, pero nos asegura que se puede conquistar el miedo. Con las ganas suficientes, podemos ver a los desconocidos como amigos:
    En cada negocio necesito esa motivación, ese deseo que me mueva, que me agite. Es como la luz que se expande. No quema el papel si             pongo la lente lejos. Pero cuando acerco la lente, se concentra la luz y quema el papel. Éste es el deseo ardiente. Tenemos que hacerlo        
    concreto. Cuando el pensamiento está hecho, ¿cómo lo voy a estructurar? ¿Qué haré? Bajar el vidrio al papel. Me levanto temprano y salgo     a platicar con la gente.
No importa la meta, la manera de alcanzarla es hablar con las más personas posibles acerca de Omnilife.

Tomar una decisión para mejorar nuestras vidas implica fortalecerse contra el rechazo. Tenemos que hablar con todo el mundo; como Victor nos recuerda, “Él que no habla, Dios no le oye.” Una estrategia que nos ofrece para facilitar el contacto con la gente es vestirnos bien cuando salgamos a la calle. Con la buena presentación y el conocimiento del producto, el distribuidor inspira confianza en sus clientes. El cliente potencial me puede decir o “No conozco los productos, ¿me los puedes explicar?” o “No gracias.” En este sentido no se puede perder. El rechazo duele, pero Victor nos pregunta, “¿Cuál es peor: faltas en la casa o una persona que te dice ‘no’?” El labor emocional requiere que cambiemos la tendencia natural de evitar el contacto con desconocidos. Victor concluye: “Venimos a este mundo para luchar. ¿Quién no tiene problemas? ¿Sabes el único lugar donde no hay problemas? El panteón.” Según él, no vale la pena quedarse estancado en el miedo. Tenemos que aceptar nuestras debilidades para seguir adelante.

Para la mayoría del auditorio, el consejo es lógico pero difícil de implementar. Victor pregunta “¿Quién no ha tenido éxito?” Una mujer admite que no ha salido a platicar como Omnilife sugiere. Explica: “No lo dedico el tiempo. Soy ama de casa y tengo miedo de salir de la casa.” Además se siente comprometida a estar en casa cuando llegue su marido. Victor le hace una pregunta: “¿Qué pasa si tu esposo muere o se va con otra mujer? ¿Qué harías? Tienes que ser útil.” Otra persona comenta que no sabe acercarse a la gente. Victor contesta que no debemos de convencer. “El producto hace todo el trabajo.” Simplemente tenemos que invitarle a la persona a tomar una taza de café. Cuando el cliente prueba el café de Omnilife, se va a sentir un cambio positivo en su salud. Una tercera persona se queja que mucha gente dice que los productos son caros. Victor está listo con su respuesta. “Todas las personas padecen de algo. Escúchalas. Dales la explicación como su problema afecta todo su organismo. Vas a desplazar más producto porque son para todo el sistema.” En la junta, los pretextos no valen. Victor reconoce las dificultades de platicar con la gente, pero afirma que todos podemos conquistar el miedo.

Durante doce meses de trabajo de campo en Morelia, asistí a más de setenta juntas conducidas por Victor, su esposa o su hija. Casi siempre los distribuidores salen motivados y determinados a aplicar el consejo. Comúnmente, varios distribuidores se quedan después de una junta de dos horas para hacerle preguntas al líder o hablar con sus compañeros. El ejemplo de Victor y su familia los inspira. Ellos representan el producto final de la dedicación total a Omnilife: buena salud, casa propia, carro nuevo y la satisfación de ayudarle a mucha gente. Su éxito parece alcanzable a sus invitados porque Victor y Amalia empezaron humildes como ellos y llegaron a su alto rango por medio de trabajo duro. No les da miedo salir y platicar con la gente. De hecho, casi todo su mundo social ya pertenece a Omnilife: parientes, vecinos, la señora quien les vende tortillas. Porque todos sus conocidos están inscritos en Omnilife Victor y Amalia nunca tiene que vender; simplemente usan los productos y platican para motivar su organización.

Vender a los vendedores
Empresarios como Victor y Amalia dominan la publicidad de Omnilife pero no son típicos de los tres millónes de distribuidores en dieciocho países. Comparten abiertamente el secreto de su éxito en el negocio: se dedican a tomar los productos y hablarles a sus amigos de los resultados. Parece sencillo. Ni siquiera se necesista saber leer para aprovechar el sistema multinivel. Sin embargo, el problema con usar y platicar es que para llegar a un alto rango en la empresa se necesita una organización de cientos o miles de ingresados y nadie mantiene amistades cercanas con tanta gente, especialmente las amas de casa y pequeños comerciantes atraídos a una oportunidad como Omnilife. Pronto los reclutados descubrirán que muy pocos de sus conocidos están dispuestos a pagar trescientos pesos para una caja de vitaminas en polvo no obstante que tan saludable harán sentirse.

La mayoría de los ingresados salen de Omnilife cuando se dan cuenta que el trabajo—aunque sencillo—requiere que pidan dinero a sus amigos. Para otros, el mensaje de ayuda mutua los convence que vale la pena arriesgar el dolor del rechazo. Aprenden que el único obstáculo a su meta es su propia mente. La cantidad de clientes potenciales es ilimitada; si no tienen una organización grande es porque no han platicado con suficiente gente. Omnilife hace hincapié en el poder de cada persona para controlar su propio destino. Las juntas en los centros de apoyo forman parte de una campaña coordinada de motivación que incluye revistas, videos, eventos masivos y los talleres de auto ayuda (Gutiérrez Zúñiga, 2005). Todo está diseñado para disfrazar el trabajo hormiga del multinivel. Aunque suena alcanzable en teoría, cuando los distribuidores intentan a aplicar el mensaje de no vender, encuentran que si no venden, no ganan.

Conocí a Daniela en el centro de apoyo de Victor y Amalia. Ella se inscribió debajo de ellos en 2002 pero pasaron dos años antes de que Daniela empezó a tomar en serio el negocio de Omnilife. Se entrenaba como cocinera y trabajaba en la cocina de un hotel y en el centro de convenciones de Morelia. Su sueldo de 130 pesos diario no le alcanzaba para sus gastos. El trabajo también le fastidiaba y la dejaba con cortes y quemaduras. A sus cuarenta años, Daniela apoya a dos hijas adolescentes. Se divorció cuando sus hijas eran niñas. Sus papás y hermanos viven en los Estados Unidos, donde Daniela había vivido como soltera. Le impresionó la calidad de las escuelas públicas en California y su meta es ahorrar dinero para poder enviarles a sus hijas a vivir y estudiar con sus abuelos. En 2004, Daniela decidió dedicarse cien por ciento al trabajo de Omnilife.

Ella asiste las juntas con Victor a menudo y los eventos especiales cada mes. Es claro que ha asimilado bien el mensaje de Omnilife como relacionarse con la gente. Se preocupa mucho de su aparencia. “Es verdad lo que dicen. Si no te ves bien, los clientes no te van a creer.” Procura comprar ropa que le queda bien y mantener sus uñas limpias y su cara bien maquillada. Con el consumo de los productos, Daniela ha bajado de peso pero todavía quiere bajar dos tallas más. Cuando se dedicó de lleno a Omnilife, Daniela admite que tenía miedo de salir a platicar. Me comenta que admira mucho a Victor y Amalia pero teme que ellos no entiendan los retos que enfrentan los distribuidores comunes como ella. Dicen que no deben de ir de puerta en puerta como representante de Avon. La manera de crecer es platicar con la gente e invitarlos a inscribirse. Daniela intenta inscribir a gente, pero no lo encuentra ni sencillo ni fácil.

Daniela prefiere dedicar sus fuerzas a la venta de menudeo. Tiene una pequeña red que le genera un cheque de comisiones pero es muy variable y no es lo suficiente grande para cubrir sus gastos. Daniela se echa la culpa a sí misma por no tener la paciencia para darles seguimiento a sus distribuidores. Muchas veces se inscriben y poco después se desaniman y dejan de comprar producto. En vez de trabajar para mejorar su papel de patrocinadora, Daniela ha desarrollado una rutina de ventas en el tianguis cerca de su casa. De esta manera, gana dinero con las utilidades de cada venta. Ella compra el producto a un descuento de cuarenta por ciento y los vuelve a vender al precio del público. Aunque ningún ley la obliga a vender al precio sugerido por la empresa, Daniela se considera “honesta” y a ella no le gusta regatear con los precios.

Me invita a acompañarla un domingo a las nueve de la mañana en el tianguis. El tianguis toma lugar los jueves y los domingos, tapando una cancha de basquetbol con filas de puestos y toldos. Los comerciantes del tianguis pertenecen a una organización que controla el número de vendedores de cada producto. Daniela no forma parte del grupo pero sacó permiso del ayuntamiento para trabajar como vendedora ambulante. Ella llega con una hielera atada a un carrito. En la hielera Daniela coloca una variedad de bebidas de Omnilife. Omnilife prohibe que los distribuidores exhiban los productos de vitaminas en polvo en lugares públicos pero permite la venta de los productos en líquido. Daniela ofrece latas de Chiva Cola por cinco pesos, Tequilife por trece pesos, Ego Frutas por diecisiete pesos, y agua Blu por siete pesos. Para mantener la mercancía fría, ella hace hielo en su congelador la noche anterior. Mezcla el agua con sal para crear un hielo que se derrite lentamente.

Aunque Daniela tenga permiso como vendedora ambulante, no vende a todos en el tianguis. Daniela vende a los vendedores. Le gusta empezar a las nueve de la mañana porque es la hora en que los comerciantes almuerzan. Llegan a sus puestos a las seis de la mañana y tres horas después tienen hambre. La gente está dispuesta a comprar bebidas cuando están comiendo. No pregona como otros vendedores ambulantes. Ni siquiera les pregunta, “¿Quieren comprar?” Llega a determinados puestos con su carrito y les dice, “¿Cuántos?” Si los clientes están atiendiendo a una persona le señalan con sus dedos a Daniela la cantidad de bebidas deseadas. Observo que ella deja los productos sin pedir dinero. Chiva Cola, la bebida más barata, se vende mejor. No tiene propiedades curativas como los productos más caros, pero imita el sabor de Coca Cola sin los quimícos y el azúcar. En la mayoría de los casos, los comerciantes le piden algo. Un vendedor de ropa usada le dice a Daniela que no tiene dinero, pero de todos modos le pide dos latas de Chiva Cola.

Daniela circula por el tianguis, parando en ciertos puestos. Desde que empezó a vender aquí hace seis meses, ha aprendido quienes son los clientes probables y quienes no. Tiene una relación amistosa con sus clientes y los llama por su nombre. Con un señor que repara relojes, Daniela pasa media hora platicando de sus familias. Una vendedora de verduras le permite que Daniela deje su carrito en su puesto cuando tiene que ir al baño. Daniela combina sus ventas con otras transacciones económicas. Una señora quien vende “diablitos,” hielo raspado con tamarindo, no quiere comprar los productos de Omnilife pero le interesan unos conejos que Daniela desea vender. Algunos le piden las latas en charolas y ella se las entrega en sus casas. Daniela y sus clientes se han hecho amigos.

Después de tres horas de repartir los productos, Daniela vuelve a visitar los clientes para recoger dinero. Me explica que por las mañanas los comerciantes no tienen suficiente dinero suelto para pagar las bebidas. Les vende las bebidas fiadas y luego regresa a cobrar. No apunta las cantidades que le debían pero recuerda la deuda de cada cliente. Al mediodía el tianguis se congestiona más. Entonces Daniela y los clientes no platican tanto. Nada más ella se acerca a los puestos y les pregunta, “¿Listo?” y les dice el saldo. En algunos casos Daniela compra algo de los puestos de sus amigos, forjando una relación de ayuda mutua. Por lo regular, se queda en el tianguis hasta las tres de la tarde. Les ayuda a los comerciantes a quitar sus puestos. No se preocupa de sus hijas porque les deja comida en el refrigerador para recalentar. Hoy ella gana 450 pesos, un total más chico que el normal. Camina a su casa con la hielera casi vacía.

Cuando Daniela empezó a trabajar en el tianguis se acuerda que “tenía miedo” y le daba verguenza vender. Temía el rechazo. Su amigo, el señor con el puesto de relojes, la convenció a intentarlo. También ella siguió el consejo de Victor en el centro de apoyo. Sí, el rechazo duele, pero duele más no tener el dinero suficiente para mantener a su familia. Para aprender a superar el miedo, Daniela aceptó la idea de desplazar los productos de Omnilife que no es considerado vender. Trata a sus clientes como amigos y en verdad los son. No le interesa ofrecer sus bebidas a todo el mundo en el tianguis. Concentra sus esfuerzos con los clientes que conoce bien. Se preocupa de su salud. Cuando un comerciante le comenta que no ha podido dormir después de tomar Chiva Cola, ella le asegura que el insomnio no es consecuencia del producto. Al mismo tiempo que ella gana dinero ayuda a sus amigos. En esta forma, sus ingresos pueden ser pocos pero el premio de la satisfacción es grande. Daniela hace real el lema de Omnilife: “gente que cuida a la gente.”

Conclusión
La invisibilidad de las empresas multiniveles disfraza su impacto en el espacio urbano. La empresa de Omnilife superó ventas mundiales de mil millón de dólares anual (Aguilar García, 2003), pero sus representantes no venden, según la filosofia de Jorge Vergara. Consumen los suplementos alimenticios y comparten sus resultados con otros. Las recomendaciones toman lugar en casas o entre vecinos. Aun cuando distribuidores como Daniela salen al mercado, no se consideran vendedores y sólo ofrecen los productos a ciertas personas conocidas. Para mujeres de bajos recursos—la mayoría de los distribuidores—es una manera accesible de tener su propio negocio. La única inversión que se requiere es el costo del kit: 221 pesos. No hay horas fijas y no tienen que descuidar a los niños para trabajar. Además, la empresa hace un esfuerzo especial para reconocer al valor de las mujeres. Las apoya con un mensaje de que el trabajo que ellas hacen es para el bien de la gente. Si no ganan mucho—y en realidad, son contados los que generan un cheque de comisiones—no les molesta porque su meta es mejorar su vida emocional y no financiera.

En una economía donde las empresas quieren inducir ciertas actitudes en sus trabajadores, la labor emocional ofrece una manera de asegurar que los pensamientos íntimos de sus representantes coinciden con las metas de los jefes. A muchos de los distribuidores de Omnilife no les molesta la manipulación de sus emociones porque entran con la intención de transformar sus vidas. No perciben el control que ejerce la empresa sobre sus mentes porque se enfocan en la libertad de movimiento que el trabajo les brinda. Raros son los distribuidores como Victor y Amalia quienes ganan comisiones de miles de dólares cada mes. Todavía, los distribuidores menos exitosos como Daniela logran a satisfacer su meta de ayudarle a la gente sin explotarlos como vendedora común. Pero advierte Leidner, el efecto del labor emocional repercute en la sociedad. Cuando interpretamos la ayuda mutua como la promoción de productos comerciales a los amigos, perdemos la posibilidad de forjar relaciones basadas en emociones verdaderas (Leidner, 1993: 230).

Todos los señales indican que la popularidad de las ventas directas va a crecer en México durante los próximos años. En ciudades sin fuentes de industria como Morelia es cada vez más difícil encontrar trabajo de base. Para la mayoría, los trabajos que existen involucran contacto con la gente y, como consecuencia, una actitud servicial. Las ventas son la única opción para mucha gente. Omnilife ya compite con empresas multiniveles como Amway, Reliv, MegaHealth, Vitality, Forever Living, USANA y GNLD en Morelia para el mercado de suplementos alimenticios. Todos prometen lo que los empleos salariados no pueden: la posibilidad de ser su propio jefe y aumentar su sueldo sin “palancas” o estudios superiores. En Omnilife, los distribuidores sólos determinan cuánto ganan según su ritmo de trabajo. Si alguien fracasa, la empresa no tiene la culpa. Es porque el distribuidor no adoptó la actitud correcta y dejó que el miedo entrara en su vida.

El cambio de mentalidad que Omnilife implanta en sus distribuidores—como sus actividades económicas—no deja huellas visibles en el paisaje urbano. Al mismo tiempo, el fenómeno creciente de las ventas directas tendrá un efecto muy profundo en las vidas de sus habitantes. Omnilife y otras empresas multiniveles tratan cada amistad como oportunidad de buscar beneficio financiero. El éxito consiste en hacer contacto con muchas personas y ayudarlas a mejorar su salud y economía. Cuando ellos se inscriban, van a ganar la libertad de los médicos y los jefes mientras su patrocinador ganará una comisión. Ayuda de este índole disfraza una actitud de instrumentalismo. Las empresas recomiendan que los distribuidores rechazen a las personas que no estén disponibles a comprar sus productos. Si alguien se cae en el negocio, tiene que sacarse del hoyo sólo. No existe ni la idea del bien común ni la caridad altruista. La única ayuda que Omnilife permite es auto ayuda, una forma de relación social en que la amistad verdadera no hace ningún papel.

Referencias
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