JUAN DE ARGUIJO:
(1567-1623):


Peter Paul Rubens.  El rapto de Ganimedes (1612)

Bibliografía:

     Juan de Arguijo (Sevilla: 1567-1623) era un hombre rico de Sevilla y formalista clásico interesado en erudición arqueológica.  Era poeta que no tuvo interés en lo gongorino.  Es gran constructor de sonetos, la mayoría de temas mitológicos.  Algunos son filosóficos y morales.  Se considera algo frío y cerebral.  Pertenece Arguijo a la reacción clásica no gongorina de la escuela sevillana.  Sus notas claves son: el cansancio vital, el desengaño ante la vida, la nota ascética, el pesimismo y el desaliento.  Se interesan estos poetas también mucho por las ruinas, que cantan con gran nostalgia pero que examinan con curiosidad de arqueólogos.  Sufren de cierta melancolía «romántica» estos poetas sevillanos.  El paisaje y las bellezas de la naturaleza les brindan motivos de contraste para cantar la caducidad de lo terreno.  Domina en ellos, estilísticamente, una equilibrada serenidad.  Sus rimas son de gran perfección, sin nota de improvisación.


Poesía:

Juan de Arguijo: Soneto XII: A Narciso:  

Crece el insano ardor, crece el engaño
del que en las aguas vio su imagen bella;
y él, sola causa en su mortal querella,
busca el remedio y acrecienta el daño.

Vuelve a verse en la fuente ¡caso extraño!:
del'agua sale el fuego; mas en ella
templarlo piensa, y la enemiga estrella
sus ojos cierra al fácil desengaño.

Fallecieron las fuerzas y el sentido
al ciego amante amado, que a su suerte
la costosa beldad cayó rendida.

Y ahora, en flor purpúrea convertido,
l'agua, que fue principio de su muerte,
hace que crezca, y prueba a darle vida.

***

Juan de Arguijo: Soneto XVI: A una estatua de Niobe, que labró Praxiteles

Viví, y en dura piedra convertida,
labrada por la mano artificiosa
de Praxíteles, Niobe hermosa,
vuelvo segunda vez a tener vida.

A todo me dejó restituida,
mas no al sentido, l'arte poderosa;
que no le tuve yo, cuando furiosa
los altos dioses desprecié atrevida.

¡Ay triste! Cuán en vano me consuelo,
si ardiente llanto mana el mármol frío
sin que mi antigua pena el tiempo cure;

Pues ha querido el riguroso cielo,
porque fuese perpetuo el dolor mío,
que faltándome l'alma, el llanto dure.

*** 

Juan de Arguijo: Soneto XXIII: A Ariadna, dejada de Teseo

«¿A quién me quejaré del cruel engaño,
árboles mudos, en mi triste duelo,
sordo mar, tierra extraña, nuevo cielo,
fingido amor, costoso desengaño?

Huyó el pérfido autor de tanto daño
y quedé sola en peregrino suelo,
do no espero a mis lágrimas consuelo
que no permite alivio mal tamaño;
 
dioses, si entre vosotros hizo alguno
de un desamor ingrato amarga prueba,
vengadme os ruego del traidor Teseo»;
 
tal se queja Ariadna en importuno
lamento al cielo, y entre tanto lleva
el mar su llanto, el viento su deseo.

***

Juan de Arguijo: Soneto XLIII

Si pudo de Anfión el dulce canto
juntar las piedras del tebano muro;
si con suave lira osó seguro
bajar el Tracio al reino del espanto;

si la voz regalada pudo tanto
que abrió las puertas de diamante duro,
y un rato suspendió de aquel oscuro
lugar la pena y miserable llanto;

y si del canto la admirable fuerza
domestica los fieros animales,
y enfrena la corriente de los ríos:

¿qué nuevo mal en mi pesar s’esfuerza,
pues con lo que descrecen otros males
se van acrecentando más los míos?

***

Juan de Arguijo: Soneto XLIV: La tempestad y la calma:  

Yo vi del rojo sol la luz serena
turbarse, y que en un punto desparece
su alegre faz, y en torno se oscurece
el cielo, con tiniebla de horror llena.

El Austro proceloso airado suena,
crece su furia, y la tormenta crece,
y en los hombros de Atlante se estremece
el alto Olimpo, y con espanto truena;

mas luego vi romperse el negro velo
deshecho en agua, y a su luz primera
restituirse alegre el claro día,

y de nuevo esplendor ornado el cielo
miré, y dije: ¿Quién sabe si le espera
igual mudanza a la fortuna mía?

*** 

Juan de Arguijo: Soneto XLV: A Cartago:  

Este soberbio monte y levantada
cumbre, ciudad un tiempo, hoy sepultura
de aquel valor cuya grandeza dura
contra las fuerzas de la suerte airada,

Ejemplo cierto fue en la edad pasada,
y será fiel testigo en la futura
del fin que ha de tener la más segura
pujanza, vanamente confiada.

Mas en tanta rüina mayor gloria
no os pudo fallecer, ¡oh celebrados
de la antigua Cartago ilustres muros!,

Que mucho más creció vuestra memoria
porque fuiste del mundo derribados,
que si permaneciérades seguros”.

*** 

Juan de Arguijo: Soneto XLIX: Júpiter a Ganimedes

No temas, o bellísimo troyano,
viendo que arrebatado en nuevo vuelo
con corvas uñas te levanta al cielo
la feroz ave por el aire vano.

¿Nunca has oído el nombre soberano
del alto Olimpo, la piedad y el celo
de Júpiter, que da la pluvia al suelo
y arma con rayos la tonante mano;

A cuyas sacras aras humillado
gruesos toros ofrece el Teucro en Ida,
implorando remedio a sus querellas?

El mismo soy. No al'águila eres dado
en despojo; mi amor te trae. Olvida
tu amada Troya y sube a las estrellas.


Creación de
A. Robert Lauer

<arlauer@ou.edu>
Última actualización:
17 de mayo de 2013