JOSÉ DE CADALSO Y VÁZQUEZ:

Creación de
A. Robert Lauer
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Juan de Cadalso y Vázquez (1741-1782):

   José Cadalso y Vázquez, hijo segundo de una familia acomodada de origen vasco, nació en Cádiz en 1741.  Su padre, el hidalgo José María de Cadalso y Vizcarra, dedicado al comercio en América, reunió una considerable fortuna que hizo posible la educación y viajes de su hijo José.  Muerta su madre,  Josefa Vázquez y Andrade, a temprana edad (al nacer José o dos años después), la primera educación de Cadalso estuvo influida por su tío Mateo Vázquez, jesuita, profesor y rector del Colegio de la Compañía de Jesús en Cádiz, donde cursó Cadalso sus primeros estudios.  A los nueve años fue enviado al Colegio Louis-le-Grand, de París, dirigido también por jesuitas, donde adquirió sólidos conocimientos en humanidades y en ciencias.  En 1758, ingresó Cadalso en el Real Seminario de Nobles de Madrid (hasta 1760), regido igualmente por jesuitas, donde estuvo dos años.  Viajó Cadalso por Europa y residió en Inglaterra (1755-1756), Francia, los Países Bajos, Alemania e Italia.


Colegio Louis-le-Grand, 
París

   Al fallecer su padre en Copenhague, Cadalso ingresó como cadete en el Regimiento de Caballería de Borbón (1762) y siguió en la milicia 20 años, hasta su muerte, por una granada, en el sitio de Gibraltar en 1782.  Obtuvo el grado de coronel poco antes de su muerte.  En 1766 también había sido armado caballero de la Orden Militar de Santiago.
   Cadalso fue por lo tanto poeta soldado.  En Madrid hizo amistad con el conde de Aranda y se relacionó con escritores como Nicolás Fernández de Moratín, protegido del conde.  Como consecuencia de algunos panfletos satíricos contra damas y caballeros de la corte (Calendario manual [1768] y A las ninfas de Manzanares), Moratín fue desterrado de Madrid en 1768.  Escribió posteriormente Ocios de juventud (1773), donde hace una crítica mordaz de la sociedad de las mujeres.
   Cadalso se enamoró de una actriz de teatro, María Ignacia Ibáñez, conocida en su tiempo por su arte y belleza.  En 1771 actuó esta actriz en el papel de la condesa de Castilla en la obra teatral Don Sancho García de Cadalso, estrenada en el Teatro de la Cruz en Madrid entre el 21 y el 25 de enero de 1771 (fue un desastre).  A pesar de que María Ignacia Ibáñez había sido solicitada por importantes personajes de la política y la nobleza, correspondió a la pasión de Cadalso.  Sin embargo, murió el 22 de abril de 1771 después de una brevísima enfermedad (tifus).  Se supone que las Noches lúgubres de Cadalso fueron escritas poco después de la muerte de su amada.  Cadalso, desesperado por la muerte de María Ignacia, dio en visitar día tras día la tumba de su amada, quien había sido inhumada en la iglesia de San Sebastián, y acabó por pretender desenterrar su cadáver; empresa que no consiguió llevar a cabo porque el conde de Aranda, enterado de la locura del poeta, lo desterró a Salamanca. 
 

Teatro de la Cruz (interior), 
Madrid


Iglesia de San Sebastián, 
Madrid

   En 1770, Cadalso presentó a la censura su primer drama, Solaya o los circasianos, pero los censores exigieron profundos cambios y el Vicario de Madrid la prohibió terminantemente.  Hoy ese drama se ha perdido.  La segunda obra dramática de Cadalso, Don Sancho García, fue representada privadamente en el palacio del conde de Aranda y después en el Teatro de la Cruz (1771).  Fue publicada después bajo el seudónimo de Juan del Valle.  Esta fue la única obra de Cadalso que subió a la escena.
   En 1772 compuso Cadalso Los eruditos a la violeta, obra satírica publicada bajo el seudónimo de José Vázquez, que fue de gran éxito comercial.  Escribió después un Suplemento y una continuación, El buen militar a la violeta (1791). Escribió también entre 1768 y 1771 sus Notas a la Carta Persiana n. 78 en que el Sr. Presidente Montesquieu se sirve de decir un montón de injurias a esta Nación, sin conocerla.  En 1774 trató de imprimir sus Cartas marruecas, que venía escribiendo desde 1768.  Parte de la obra fue leída en la tertulia de la Fonda de San Sebastián, donde se juntaban los grandes literatos de la época como Moratín e Iriarte.  El primero que se propuso editarlas fue el poeta Meléndez Valdés, en Salamanca, en 1788.  Tres años después, el impresor Sancha imprimió las Cartas marruecas en forma de libro, del que hizo dos ediciones en el mismo año.  En 1789 aparecieron las Noches lúgubres.  Escribe también en 1776 una obra militar, Nuevo sistema de Táctica, Disciplina y Economía para la Caballería española
   En 1778 Cadalso fue trasladado con su regimiento a Andalucía.  Visitó después Gibraltar.  Al fin fue ascendido a coronel en enero de 1782, justo un mes antes de su muerte de una herida de granada en la sien derecha en la noche entre el 26 y el 27 de febrero de 1782.
   Cadalso escribió y publicó—o trató de publicar—todas sus obras capitales antes de los últimos siete años de su vida.  Aparentemente también escribió una obra dramática llamada La Numantina, tragedia en cinco actos. 
   Cadalso aparentemente sufría de un complejo de persecución.  Poseía también un temperamento básicamente pesimista, con mayor tendencia a la conformidad y al retiro que a la controversia.  Soldado de oficio, sentía escasa afición por la milicia, y en el terreno de las ideas prefería la actitud del contemplador, ligeramente desdeñoso, que observa y juzga, sin descender al palenque de la disputa.  Más que vencer, le encantaba la superioridad de saberse incomprendido.  Se vaciaba con mayor libertad en las cartas a sus amigos, que es donde hay que buscar al Cadalso más auténtico.  Era tolerantemente escéptico.

La obra de Cadalso:

   Los eruditos a la violeta (Madrid, 1772).  Esta fue la obra más popular en vida del autor.  Aquí critica Cadalso a los que pretenden saber mucho, estudiando poco.  A los «seudoeruditos» va dirigido su ataque, con el fin de que los ignorantes no los confundan con los verdaderos sabios (los científicos).  Consiste esta obra de siete lecciones, una para cada día de la semana, que un profesor imparte a sus alumnos.  En la primera expone una idea general de las ciencias.  Las otras versan sobre poética y retórica, filosofía antigua y moderna, derecho natural y de gentes (internacional), teología, ciencias matemáticas y, finalmente, una «Miscelánea» (el domingo) sobre diversas materias.  Los pedantes que sabiendo poco tratan de exhibir sus conocimientos en público son los «eruditos a la violeta».

   Las Noches lúgubres: No es ahora la obra más conocida y estimada del autor, pero gozó de fama extraordinaria durante el siglo XIX, sobre todo en los años del Romanticismo.  Conoció también numerosas ediciones a pesar de la intervención de la censura y alguna transitoria prohibición inquisitorial.  La Inquisición de Valladolid prohibió la obra (1815-1819) «por contener proposiciones malsonantes y ofensivas a los oídos piadosos».  La Inquisición de Córdoba denunció la obra por «contener muchas expresiones escandalosas, peligrosas e inductivas al suicidio, al desprecio de los Padres, y al odio general de todos los hombres».  Sin embargo, la obra fue traducida al francés e imitada por escritores cultos.  El influjo más generalmente admitido sobre esta obra es el de las Noches (Night Thoughts) del inglés Edward Young.  El tono de la obra es de horror y desesperación, con elementos de lo nocturno y lo didáctico.  Es un diálogo filosófico de tendencia estoica, o sea, una obra de pensamiento más que de sentimiento, aunque algunos críticos piensan que la obra es de un desbordante sentimentalismo.  La obra versa sobre un joven llamado Tediado, quien se vale de un sepulturero llamado Lorenzo para tratar de desenterrar el cuerpo de su amante muerta (Filis), quien murió como consecuencia de un matrimonio al que había sido forzada contra su voluntad.  La obra termina antes del traslado del cadáver al domicilio del enamorado (Tediado deseaba acostarse al lado del cadáver en su casa, incendiar su domicilio y morir entre sus cenizas).  Este final inconcluso de la obra provocó que en once ediciones publicadas entre 1822 y 1879 se le agregara una Noche cuarta a las tres Noches lúgubres, donde se cumplen los sucesos prometidos por Tediado al final de la primera Noche original.  O sea, los románticos españoles no hicieron sino llevar la obra de Cadalso a su desenlace inevitable. El gusto de la época por lo nocturno y funeral halló delicioso y apasionante el desenlace que el ilustrado Cadalso no se atrevió a intentar.


Edward Young (1683-1765)

   Las Cartas marruecas.  Las Cartas fueron elogiadas por sus contemporáneos, por ejemplo, el poeta Meléndez Valdés, por su acertada actitud crítica de los vicios nacionales, su estilo y su supuesta imparcialidad.  Las Cartas marruecas gozaron de considerable aceptación fuera de España.  Muy tempranamente (1808) fueron traducidas al francés y, fragmentariamente, al inglés (en 1825).  En Estados Unidos fueron texto de uso frecuente para las clases de español en muchas universidades (e.g., Harvard).  También fue libro de texto bastante común en Francia e Inglaterra.  La Generación del 98 acrecentó el interés por Cadalso, en quien veía un precursor de sus ideas frente a los problemas nacionales. 
Las Cartas marruecas están escritas en forma de cartas (90 en total) que se cruzan entre tres personajes: dos marroquíes, Gazel y Ben-Beley, y un español, Nuño Núñez.  La moda del orientalismo fue difundida en el siglo XVIII por toda Europa.  El orientalismo se usaba para enjuiciar países europeos.  Los viajeros orientales que visitaban países europeos ponían de relieve lo peculiar del país visitado, que casi siempre les parecía absurdo.  El Gazel de Cadalso se queda en España después del regreso de su embajador, para viajar por su cuenta, y envía sus impresiones a su viejo maestro Ben-Beley al mismo tiempo que escribe a un amigo suyo, Nuño.  Cadalso supone que había caído en sus manos esta correspondencia y la publica.
   Los modelos literarios de esta obra son, esencialmente, las Cartas persas del barón de Montesquieu, así como las Cartas chinas (Citizen of the World [1762]) de Oliver Goldsmith.  Sin embargo, a Montesquieu no le interesa la búsqueda del carácter genuinamente nacional, como a Cadalso.  La visión de Cadalso es más nacionalista y sentimental.  También es una visión escéptica y llena de perspectivismo vital, existencial, contradictorio.
 

El barón de Montesquieu 
(1689-1755)

Oliver Goldsmith 
(1728-1774)

   Supone Cadalso que los rasgos de los habitantes de un país pueden proceder de condiciones naturales (climáticas, geográficas), así como de formas de gobierno.  En el caso de España, piensa que sus mayores defectos proceden de errores políticos del pasado.  Critica Cadalso severamente la política imperial de Carlos V y la ambiciosa política de los Austrias, con sus guerras incesantes.  Los Habsburgos habían arrasado el país y conducido a sus habitantes a no combatir sino por motivos de religión, a mirar con desprecio el comercio y la industria, a envanecerse de su nobleza y a malgastar los caudales traídos de las Indias en lugar de aplicarse a las artes mecánicas y a aumentar su población.


Carlos V, de Rubens

   Otros temas de crítica son: la escasez de la población, la enseñanza universitaria, los abusos de la filosofía escolástica, el abandono material en la policía de las ciudades, la falta de protección a las ciencias, la inutilidad social de la clase noble, la vana educación de sus hijos, la farsa de los triunfos militares, el abandono de la agricultura, la corrupción administrativa, la ambición y rapacidad de los políticos, la inercia del carácter español, la resistencia a variar ideas y costumbres tradicionales.  Sin embargo, evita enredarse en algunos temas «peligrosos» (religión o gobierno). 
   Cadalso, como buen ilustrado, quería que la luz disipara cualquier género de tinieblas.  Mira con optimismo hacia un futuro.  Cree Cadalso en la eficacia de la crítica y en la posibilidad de mejorar la naturaleza humana.  Cree también en el deber y la participación activa de los ciudadanos para mejorar al hombre en lo que sea posible.  Es un «escéptico activo».  Su prosa, también es «mediana» (no exagerada) y de atractiva fluidez.  Este es el ideal del «justo medio» (aurea mediocritas > golden mean).  Carece su estilo de afectaciones arcaizantes y evita a su vez los galicismos.
   En sus cartas personales se refleja un Cadalso más escéptico, menos creyente y sin ningún entusiasmo (al contrario, desprecio) por la vida militar que siguió.
   En sus Cartas marruecas se encuentra la primera aportación válida a la teoría del carácter nacional.  En sus Noches lúgubres tenemos el primer brote del Romanticismo en España y, con la excepción anterior de Rousseau en Francia, en Europa.


Jean Jacques Rousseau 
(1712-1778)

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Última revisión: 4 de febrero de 2003

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