TOMÁS DE IRIARTE Y OROPESA
(1750-1791):

Creación de
A. Robert Lauer
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TOMÁS DE IRIARTE 
(1750-1791):

   El siglo XVIII, tan dado a la didáctica, produjo los dos únicos fabulistas que se han incorporado a la historia de la literatura española y conseguido dilatada popularidad: Tomás de Iriarte y Félix María de Samaniego.  El carácter de las fábulas es sencillo y, a veces, infantil.  Sin embargo, ambas figuras fueron representantes genuinos de las corrientes ilustradas de su tiempo.  A la vez, sus piezas formaron parte importante del movimiento renovador de España en el siglo XVIII.
   Los Iriarte (un tío y tres sobrinos), navarros de origen aunque residentes de las Islas Canarias, formaron una potencia intelectual y social durante el reinado ilustrado de Carlos III.  Don Juan de Iriarte, el «patriarca» de la dinastía de los Iriarte, educado en el Colegio Louis-le-Grand de Francia, donde fue condiscípulo de Voltaire(1694-1778), se trasladó a Madrid, donde fue hecho oficial de la recién fundada Biblioteca Real.  El Bibliotecario Mayor de la Biblioteca, don Juan de Ferreras, hizo posible que Iriarte fuera designado preceptor de los hijos de los duques de Béjar y de Alba.  Por su pericia filológica y su profundo conocimiento del latín, don Juan de Iriarte fue nombrado oficial traductor de la primera Secretaría de Estado; en razón de este cargo redactó despachos latinos para las diversas cortes de Europa, así como las inscripciones oficiales puestas en las tumbas de los reyes, palacios, conventos, puentes y calzadas.  Fue también don Juan hecho miembro de la Real Academia de la Lengua y de la de Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.  Compuso una Paleografía griega y una Bibliotheca graeca en la que describía los manuscritos griegos de la Real, que estaban bajo su custodia.  En lo personal, don Juan de Iriarte fue un hombre modesto, mediocre y trabajador.  Fue también quien introdujo a los otros Iriarte en la vida política y literaria madrileña.
 

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


Palacio Real

Real Academia de la Lengua Española

   Bernardo Iriarte, el mayor de los tres sobrinos de Juan de Iriarte, obtuvo un puesto en la Secretaría de Estado y fue también por un tiempo Secretario de la Embajada en Londres.  Domingo, el segundo sobrino, desempeño cargos en la misma Secretaría y llegó a ser embajador en Francia, donde murió.  Tomás de Iriarte nació en septiembre de 1750 en el Puerto de la Cruz (Tenerife) y estudio las primeras letras en Orotava.  A los 14 años se fue con su tío a la Península. 
   Al fundarse en 1768 los Reales Sitios, Tomás de Iriarte tradujo para el conde de Aranda diversas obras francesas.  Compuso también una obra de teatro llamada Hacer que hacemos (1770), cuyo protagonista finge estar siempre lleno de ocupaciones, cuando no hace nada en realidad (no llegó a la escena, por culpa, según Iriarte, de Ramón de la Cruz [1731-1794], suyos sainetes monopolizaban los teatros de Madrid).  Al morir don Juan, el patriarca de la familia, Tomás heredó su cargo de oficial traductor de la Secretaría de Estado. También se le confió la dirección del Mercurio histórico y político.  En 1773 publicó Los literatos en cuaresma, sátira literaria en que se ocupa preferentemente del teatro.  Después, en la Tertulia de la Fonda de San Sebastián intimó con Cadalso, con quien se hizo gran amigo.  Para 1776, Tomás de Iriarte fue hecho Archivero del Consejo Supremo de la Guerra, puesto que aseguró su posición económica en la Corte de Madrid.  Se convirtió en el prototipo del intelectual en Corte y figura ejemplar del cortesano dieciochesco. 
   Iriarte, gran admirador de Horacio, tradujo en verso su Arte poética y la publicó en 1777.  En 1779 publicó Iriarte su poema didáctico La música, que su hermano Bernardo logró imprimir por cuenta del Estado con ilustraciones de los mejores artistas.  El poema, en cinco cantos, fue bien recibido fuera de España y se le tradujo al inglés, francés, alemán e italiano.  En 1782, Tomás de Iriarte publicó sus famosas Fábulas literarias.  En 1786 la Inquisición lo sometió a proceso por ciertos escritos atrevidos contra personas e instituciones eclesiásticas.  La Inquisición de Madrid declaró al escritor sospechoso «de seguir errores de los filósofos ultrapirenaicos»; abjuró Iriarte y el Tribunal le impuso una pequeña penitencia secreta.  Sus dos comedias, El señorito mimado (1783) –sobre un señorito irresponsable que en lugar de estudiar se vicia por el juego-- y La señorita malcriada (1788) –sobre la tolerancia excesiva que algunos padres conceden a sus hijas-- colocaron a Iriarte en el centro del nuevo movimiento dramático.  La primera obra duró 8 días en el Teatro del Príncipe; la segunda siete días en cartel (o sea, fueron éxitos de taquilla).  Su última obra dramática, El don de gentes, nunca subió a los escenarios de Madrid.  Fue representada en el palacio de la Condesa de Benaventes, con participación de la propia condesa.  Se exalta en esta obra la virtud y el atractivo femenino.  Todas estas obras observan las reglas y las unidades.  Falleció Iriarte en Madrid en septiembre de 1791, un día antes de los 41 años.


Dª María Josefa Pimentel, Condesa de Benavente, Duquesa de Béjar, Gandía, y Arcos

   La fama de Iriarte ha quedado vinculada a sus Fábulas literarias, obra premeditadamente didáctica.  Son curiosas por ser originales todas (no imitadas de Esopo[Aesop], por ejemplo) y por tener como objeto moral la reprensión y corrección de vicios relacionados con la literatura.  Reunió Iriarte en su colección 67 apólogos, que después de su muerte fueron aumentadas con otros nueve.  Las Fábulas no contienen doctrina literaria de particular novedad o profundidad, y todas sus máximas o moralejas vienen a ser como un catecismo literario.  Están también inspiradas por firmes principios clásicos y de hecho constituyen una defensa de las reglas.  Sus enseñanzas son intemporales y universales.  Más que una preceptiva literaria constituyen una ética literaria.  También son frías y prosaicas, sencillas y transparentes, ágiles y amenas, graciosas e irónicas; de propósito didáctico y pretensión reformadora y doctrinal.  Las Fábulas de Iriarte son también curiosas por haberlas relacionado el autor con algún escritor conocido.  Son así diferentes de las fábulas de Jean de La Fontaine (1621-1695), por ejemplo, que giran en torno a caracteres y pasiones humanas.  Las Fábulas de Iriarte eran sátiras y constituían armas de combate literario para él.  Se trata, pues, de picar vicios y de indicar conclusiones morales, como en cualquier fábula.  Pero en este caso los vicios son de personas con nombre y apellido conocidos; y las generalizaciones morales, por mucho valor universal que tengan, están destinadas a servir, antes que todo, las pasiones, el odio o la defensa de su autor.
 

Esopo (de Velázquez)

Jean de la Fontaine
 
 
 
 


Arthur Schopenhauer

   Bajo el aspecto de la versificación las Fábulas son interesantes, pues Iriarte emplea hasta 40 metros diversos.  Los versos oscilan entre 4 y 14 sílabas, siendo los más usados el endecasílabo, octosílabo, heptasílabo y hexasílabo.  En cuanto a la rima, más de 20 fábulas están escritas en versos asonantes, pero cuando el autor usa el consonante, exhibe gran variedad y riqueza de rimas.  Respecto a las estrofas, predomina la silva, el romance y la redondilla. 
   Las Fábulas tuvieron gran difusión en el extranjero y se hicieron varias ediciones en portugués, francés (seis desde 1801), inglés, italiano y alemán.  El filósofo alemán Schopenhauer, quien sabía perfectamente el español, las cita con elogio en varias ocasiones.
   Además de sus dramas y sus Fábulas, Iriarte compuso algunas composiciones poéticas, 11 epístolas, una égloga, y algunas odas anacreónticas, sonetos y epigramas.  En la primera Epístola, dedicada a Cadalso, satiriza Iriarte a los malos gramáticos y a los traductores, así como a la gente vulgar que todo le divierte menos la buena literatura. 
   Fue Cadalso un gourmet del arte, un delicado catador de excelencias, que ridiculiza el mundo de la gente vulgar, en medio de la cual sufre la soledad del incomprendido.  Su sátira es suave y correcta, producto de un cortesano que nunca se descompone.  El carácter de Iriarte no se avenía con el reproche amargo ni el trazo violento; hasta para quejarse era moderado.  Fue el representante de cierto equilibrio, tersura, elegancia, matices delicados, agudeza crítica, precisión, lenguaje impecable, dominio completo de las pasiones, y de excelente corrección aristocrática. 


FÉLIX MARÍA DE SAMANIEGO
(1745-1801):

   Félix María de Samaniego nació en la villa de La Guardia, en la Rioja, el 12 de octubre de 1745.  Sus padres pertenecían a ilustres familias guipuzcoanas, y el fabulista era sobrino nieto del Conde de Peñaflorida, fundador de la Sociedad Vascongada de Amigos del País.  Estudió latín, humanidades y ciencias en un colegio de Francia (desconocido).  Cursó leyes en Valladolid.  Fue también uno de los primeros socios de número de la Sociedad Vascongada, en cuyas listas figura desde 1765.  El conde de Peñaflorida le pidió a su sobrino que leyera unas fábulas en las juntas del Seminario de Historia y Bellas Artes, secciones de la Sociedad Vascongada, y al ser bien recibidas se aplicó al cultivo de este género.  Publicó su primera colección de fábulas en Valencia en 1781.

Don Xavier María de Munibe e Idiaquez, Conde de Peñaflorida

   Samaniego era hombre de carácter muy jovial, dado a la chanza y a la sátira.  Vivía como hidalgo campesino en las villas de su mayorazgo, haciendo la vida del ilustrado rico, entregado a los placeres de la mesa, la lectura, la hospitalidad y la conversación con cultos amigos, sin afanarse con mayores preocupaciones.  Llevó a cabo determinadas gestiones al servicio de la Sociedad, entre ellas el establecimiento de un colegio de señoritas.  Samaniego fue también muy bien recibido en las tertulias de Madrid, y el conde de Floridablanca, atraído por su gracia y su ingenio, trató de retenerlo en Madrid ofreciéndole un cargo de importancia.  Pero Samaniego lo rehusó. 
   Además de sus Fábulas, Samaniego escribió algunos cuentos de índole bastante enfadada y escabrosa, los cuales no fueron publicados en su tiempo (teclee aquí para leer algunas de las fábulas prohibidas de Samaniego).  Por algunos escritos suyos fue procesado por la Inquisición de Logroño, cuyo Tribunal de obligó a residir varios meses en un convento cerca de Portugalete. 
   Había sido amigo de Iriarte y le envió a éste sus fábulas manuscritas, pidiéndole su opinión.  Iriarte las aprobó y Samaniego las dio a imprenta, dedicándole el Libro Tercero a su amigo Iriarte.  Pero al año siguiente Iriarte publicó sus fábulas y en la Advertencia a los lectores puntualizó que aquélla era la primera colección de fábulas totalmente originales que se había publicado en castellano.  Estas palabras irritaron a Samaniego.  Por lo tanto, le escribió a Iriarte unas Observaciones sobre las fábulas literarias originales de D. Tomás de Iriarte, donde ridiculiza al autor, así como su traducción del Arte poética de Horacio y el poema La música
   La primera colección de las Fábulas de Samaniego, la cual se compone de cinco libros, fue publicada en Valencia en 1781.  La segunda parte, publicada en Madrid en 1784, contiene cuatro libros más.  Los nueve libros de sus Fábulas suman un total de 157 fábulas.  Fueron compuestas estas fábulas por petición del conde de Peñaflorida para instrucción de los alumnos del Real Seminario Patriótico Vascongado.  Samaniego confiesa que se había propuesto como modelos a Esopo (Aesop [siglo VI a. C.]), Fedro (Phaedrus [siglo I d. C.]) y, especialmente, a La Fontaine (1621-1695), ya que Samaniego estaba nutrido casi exclusivamente de cultura francesa.  Samaniego se diluye sobre todo en la moraleja, que ocupa en ocasiones mayor extensión que la parte expositiva.  Dado el propósito educativo, fundamental, Samaniego sitúa su logro en acercarse lo más posible «al lenguaje en que debemos enseñar a los muchachos». 



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Última revisión: 20 de febrero de 2003

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