Gaspar Melchor de Jovellanos
(1744-1811):

Creación de
A. Robert Lauer
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GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS
(1744-1811):

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<http://www.jovellanos.org/>

     Gaspar Melchor de Jovellanos nació en Gijón el 5 de enero de 1744.  Su padre, regidor y alférez de aquella villa y concejo, era noble, pero de modesta posición económica; poseía un pequeño negocio de ferrería y su corto mayorazgo, que le permitieron, sin embargo, educar esmeradamente a su larga familia de 5 hijos y 4 hijas.  El carácter de Jovellanos fue moldeado desde su infancia por un ambiente familiar de orden y trabajo, pero a la vez por un firme sentido de orgullo nobiliario.  Para Jovellanos, aristocracia no significaba abuso de privilegio sino responsabilidad y servicio, necesidad de actuar en la vida según una elevada norma de valores morales. 
     Jovellanos, tercero de los varones, fue destinado al sacerdocio.  Estudió primero en la Universidad de Oviedo, luego en Ávila y después a Alcalá, como becario del Colegio de San Ildefonso, donde terminó sus estudios y obtuvo el grado de bachiller en Cánones en 1764.  Al terminar sus estudios, amigos suyos madrileños le convencieron que abandonara la carrera eclesiástica y se dedicara al servicio del Estado.  Así ingresó Jovellanos en la Magistratura.  En 1767, Jovellanos fue nombrado Alcalde del Crimen de la Audiencia de Sevilla, cuando sólo contaba con 23 años de edad.  En Sevilla Jovellanos pasó años felices, primero como Alcalde del Crimen y luego como Oidor.  Durante este período escribe su drama El delincuente honrado.  Se relaciona con gente culta.  Escribe sus primeros informes de carácter didáctico.  Estudia inglés.  Traduce el Canto I del Paraíso perdido de John Milton (1608-1674)  y algunas poesías francesas.  Estudia también los grandes clásicos españoles de los siglos XVI y XVII, en particular los didácticos. 
     En 1778, por influjo de Pedro Rodríguez, Conde de Campomanes (1723-1802), Jovellanos fue nombrado Alcalde de Casa y Corte de Madrid.  Aquí escribe su Epístola de Jovino a sus amigos de Sevilla.  Fue este período el de mayor actividad de Jovellanos.  Ingresó en la Sociedad Económica de Amigos del País, en las Academias de la Historia, de San Fernando, Española, de Cánones, de Derecho, y formó parte de la Real Junta de Comercio, Moneda y Minas.  Se granjeó entonces la amistad de numerosos aristócratas y políticos, entre ellos a Francisco de Cabarrús (1752-1810), francés naturalizado. 


El Conde de Cabarrús
     La muerte de Carlos III (1716-1788) y la subida al trono de su hijo Carlos IV (1748-1819) habían detenido el movimiento reformista; los excesos de la Revolución francesa (1789-1801) habían alarmado a la Corte y promovido la reacción contra los amigos de Jovellanos, quienes formaban el equipo ilustrado del anterior monarca.  Al caer de gracia su amigo Cabarrús, al cual defendió apasionadamente Jovellanos, se le impuso a Jovellanos que fijara su residencia en Gijón, orden que era un destierro disfrazado.  La hostilidad oficial contra Jovellanos se debía en parte al resentimiento de muchos nobles de la corte por la dura condena de sus costumbres que había hecho Jovellanos en sus dos Sátiras a Arnesto.  No obstante, su destierro en Gijón coincide con la fundación del Real Instituto Asturiano y con los tratados más importantes de este autor como el Informe sobre el expediente de la Ley Agraria y su Memoria sobre espectáculos
     El Instituto Asturiano, inaugurado el 6 de enero de 1794, invitaba con entusiasmo al estudio de la naturaleza, las humanidades, las lenguas francesa e inglesa, la instrucción científica, especialmente mineralogía, disciplinas técnicas y ciencias útiles que desterraran la rutina escolástica.  El edificio del Instituto fue cedido por el hermano de Jovellanos, Francisco de Paula Jovellanos (1743-1798), quien fue el primer director del Instituto.  Sin embargo, al pedir Jovellanos permiso para tener en la biblioteca del Instituto libros prohibidos, chocó Jovellanos con el inquisidor general, el Cardenal Lorenzana (1772-1800). 
     En 1793, Cabarrús había sido libertado de su prisión y ganado la amistad de Manuel Godoy  («Príncipe de la Paz»:1767-1851)  primer ministro y dueño entonces de los destinos del país.  Cabarrús aconsejó a Godoy que se aprovechara de los servicios de algunos ilustrados, entre ellos Jovellanos.  Comienza así una una relación epistolar entre Godoy y Jovellanos.  Sin embargo, en 1797 se le nombra a Jovellanos para la embajada de Rusia, cargo que rehúsa (y que había sido propuesto por los enemigos de Jovellanos y la reina para deshacerse de Jovellanos de nuevo).  Consiguientemente, acepta un cargo como ministro de Gracia y Justicia.  No obstante, Jovellanos fue apartado de su puesto por una intriga con la reina, María Luisa de Parma (1751-1819), cuyas escandalosas relaciones con Godoy, el favorito de la corte, Jovellanos pretendió cortar, debido acaso a su austeridad moral e inclinación jansenista.  Al hacer públicas sus ideas religiosas, entre ellas la de sugerir la emancipación de la Iglesia nacional del poder de Roma, cierta austeridad moral, la separación de la Iglesia de asuntos temporales, el robustecimiento de la autoridad de los obispos, los ataques contra la propiedad eclesiástica y el arrebatamiento de la dirección de las universidades de manos religiosas, entra en grave conflicto con la Inquisición. 
     En su obra más importante, el Informe sobre la Ley Agraria (1795), obra pedida por el Real y Supremo Consejo de Castilla a la Sociedad Económica de Madrid, Jovellanos expone las causas de la decadencia de la agricultura y la despoblación de los campos, que supone originadas en los abusos de la amortización, particularmente la eclesiástica, y en los excesos para fundar mayorazgos; y propone la abolición, en mayor o menor grado, de ambos obstáculos como eje cardinal de la reforma que se pretendía.  Al quejarse el Santo Oficio contra Jovellanos, Jovellanos acusa a los inquisidores de ignorancia y propone la supresión del Tribunal y la devolución al episcopado de muchas de sus antiguas atribuciones. 
     A la vez, Jovellanos emprendió la reforma de las Universidades.  En una Memoria señaló al rey que la causa fundamental de la ignorancia española se debía a los abusos del escolasticismo y el abandono de las ciencias útiles.  También propone como obispo de Salamanca al Obispo don Antonio Tavira y Almazán (1737-1807), de tendencia jansenista como Jovellanos.  En efecto Jovellanos había tenido éxito en apartar de sus puestos a los arzobispos Des Puig, Múzquiz y Lorenzana, defensores acérrimos de los privilegios eclesiásticos.  Esto provocó la inmediata ruptura con Godoy, el Primer Ministro.  La reina, por supuesto, lo odiaba.  Y el débil y cobarde rey Carlos IV, presionado por los nobles, desterró a Jovellanos por segunda vez a Gijón y después a Mallorca por 7 años.  Al ser citado elogiosamente Jovellanos por Jean Jacques Rousseau (1712-1778) en una traducción española del Contrato social (Du Contrat social [Amsterdam, 1762]), publicada en Londres en 1799, se proyectó contra Jovellanos un auto de fe.  Aun después de muerto, la hostilidad de la Inquisición contra Jovellanos fue tan fuerte que el Informe sobre la Ley Agraria todavía era incluido en el Índice de libros prohibidos en 1825.  La Inquisición de Mallorca a la vez prohibió en 1816 la lectura de la primera biografía de Jovellanos, Noticias históricas de D. Gaspar Melchor de Jovellanos, consagradas a sus respetables cenizas (Palma, 1812) por sus doctrinas inductivas a la revolución popular, «aun para los que tienen licencia de leer libros prohibidos». 
     El 22 de marzo de 1808, tres días después del Motín de Aranjuez, José Antonio Caballero, ministro de Fernando VII (1784-1833), firma la orden de libertad de Jovellanos. Al ser invadida España por las fuerzas napoleónicas, los amigos de Jovellanos le sugieren que abrace la causa de José Bonaparte (1768-1844), quien en efecto lo había nombrado Ministro del Interior.  Sin embargo, Jovellanos rehúsa y rompe terminantemente con su amigo Cabarrús por haberle sugerido tal puesto. 

S.M. don Carlos IV de Borbón & María Luisa de Parma (Goya)


José Bonaparte, emperador de España
     Jovellanos se alió a la Junta Central Suprema Gubernativa del Reino (Aranjuez: 1808-10) y propuso la reunión de Cortes (compuestas de dos cámaras: una alta, con nobleza y clero, y otra baja con diputados del pueblo, para crear una Constitución basada en las instituciones tradicionales y el sistema parlamentario inglés), la libertad de imprenta y el establecimiento de un sistema moderno de educación.  Para la reforma de la enseñanza presentó en 1809 sus Bases para la formación de un plan general de Instrucción pública, que consistiría de una combinación de las ciencias especulativas y prácticas para formar a la vez buenos técnicos y buenos ciudadanos que desarrollen las riquezas del país, el estudio de las lenguas modernas y la extensión de la enseñanza a todos los ciudadanos (con una primera educación enteramente gratuita).  Sin embargo, la Junta cayó en 1810 y Jovellanos fue perseguido de nuevo.  En noviembre de 1811 los franceses se apoderaron de Gijón, adonde había regresado Jovellanos, y rumbo a Cádiz en un bergantín, enfermó Jovellanos y murió el 29 de noviembre de 1811. 
     Fue Jovellanos un hombre de excepcional calidad humana, de carácter moral y de elevado espíritu.  Era de irreprochable compostura moral y física y de exquisita finura y sensibilidad.  Era también algo tímido aunque con un favorable concepto de sí mismo.  Era también un hombre de gran seriedad y de gran honradez intelectual y profesional.  Tenía también un concepto rigidísimo de la justicia, debido acaso a su tendencia religiosa jansenista.  Amaba la sinceridad y la justicia.  Le faltaba diplomacia.  Odiaba la doblez y la hipocresía.  Era algo puritano.  Debido a su carácter «ecléctico», los tradicionalistas lo han visto como pensador conservador, mientras que la crítica liberal lo ve como uno de los más destacados reformadores de la Ilustración y padre del liberalismo español.  Era algo arrogante y, aparentemente, no tenía sentido de humor.  Al ser invitado por el Primer Ministro Godoy a su casa a cenar, con su esposa, María Teresa de Borbón y Vallabriga, Condesa de Chinchón (1780-1828) a un lado y su amante Pepita Tudó (1779-1869) al otro, Jovellanos se escandalizó y perdió el hambre. 
Godoy y sus amantes


S. M. María Luisa de Parma (Anton Raphael Mengs, 1765), amante

María Teresa de Borbón y Vallabriga, Condesa de Chinchón (Goya, 1800), esposa

Manuel de Godoy y Álvarez de Faria, Primer Ministro

Pepita Tudó, amante
     Para Jovellanos, en la ignorancia está el origen de todos los males.  En su juventud aconsejaba a los poetas de Salamanca a que dieran un fin útil a sus poemas.  Pide a sus amigos que hagan del teatro escuela de buenas costumbres.  Exige también un fin moral a la novela para que no se convierta en lectura peligrosa.  Tenía gran fe en el progreso y en la ilimitada capacidad del hombre para mejorarse, y todo ello por el camino de la educación.  Creía a la vez en reformas graduales.  Los excesos de la Revolución francesa frenaron en gran medida su política reformadora. 

La Bastilla

Obras de Jovellanos:

     En toda su prosa se observa una intención inequívocamente didáctica y práctica.  En su discurso de ingreso en la Academia de la Historia, Sobre la necesidad de unir al estudio de la legislación el de nuestra historia y antigüedades (1780), menciona que si anteriormente la Historia había sido escrita desde el punto de vista de los gobiernos, tenía ahora que escribirse de acuerdo con los intereses de los súbditos, sobre todo de la clase que estaba ascendiendo al primer plano, la burguesía, y con ello prestar atención a la historia de la agricultura, del comercio, de la industria, de la cultura, siempre soslayadas.  Jovellanos proponía a la vez que para cumplir sus deberes satisfactoriamente, los hombres públicos debieran conocer profundamente la historia de su patria; y para el jurista y el magistrado era indispensable el estudio de la constitución histórica de su pueblo como el de la legislación de su propia época.  Nacía así la ciencia moderna de la historia del derecho que crearían Karl Friedrich Eichhorn (1781-1854) y Friedrich Karl von Savigny (1779-1861), aunque éstos no habían nacido todavía. 
     Elogio de Carlos III.  El Elogio de Carlos III es una admirable síntesis de las ideas sobre la decadencia española y sobre el ideario reformador del despotismo ilustrado presidido por aquel monarca.  El Elogio fue leído ante la Sociedad Económica de Madrid el 8 de noviembre de 1788 para conmemorar el aniversario de su inauguración.  No es ni un elogio fúnebre—aunque el rey moriría el 14 de diciembre—ni una directa alabanza al monarca, sino un tributo del reconocimiento a la política ilustrada desarrollada en su reinado y llevado a cabo por las Sociedades de Amigos del País.  Se echa de menos el estudio de la economía civil y se mencionan las reformas alcanzadas hasta la fecha, a saber: la reforma de la enseñanza, la libertad de filosofar, el abandono de la escolástica, el fomento de las ciencias exactas, el renacimiento de las escuelas matemáticas.  Aunque no son mencionados por nombre, se alude en particular a Pedro Pablo Abarca de Bolea, Conde de Aranda (1719-1798) y Pedro Rodríguez, Conde de Campomanes (1723-1802), dos de los destacados reformadores ilustrados del reinado de Carlos III (otro reformador fue el Primer Secretario del Estado, Francisco Antonio Moñino, Conde de Floridablanca [1728-1808]).  También hay un vibrante párrafo al final dirigido a la mujer, cuya admisión en la Sociedad Económica había defendido Jovellanos. 

S.M. Carlos III de Borbón y sus ministros




El Conde de Aranda

El Conde de Campomanes

El Conde de Floridablanca
     Informe sobre la Ley Agraria Esta es la obra maestra de Jovellanos.  Jovellanos rechaza la excesiva intromisión del Estado en los asuntos económicos y mantiene que el fin de las leyes consiste tan sólo en proteger el libre juego de los intereses individuales, removiendo los obstáculos que pueden entorpecer su acción.  Se acusa aquí a la Iglesia y a la Nobleza por su amortización eclesiástica y civil, que estancó la mayor y mejor parte de las propiedades en manos ociosas o desidiosas.  Sugiere como solución la parcelación y venta de baldíos y tierras comunales, la abolición de los privilegios de la Mesta (ganados) y la desamortización (1766-1924) civil y eclesiástica.  En efecto, en un momento Jovellanos pone en duda el derecho de transmitir la propiedad en la muerte.  Es indispensable conceder la máxima libertad posible a la propiedad individual de la tierra y del trabajo y dejar que el interés particular aporte el estímulo que neciamente se espera de la legislación.  De los fisiócratas franceses François Quesnay (1694-1774) y Anne Robert Jacques Turgot (1727-1781) extrae Jovellanos su fundamental concepción económica de que la tierra es la principal fuente de riqueza; de Adam Smith (1723-1790) su concepción de la libertad y de los derechos sagrados del trabajo; y de unos y otros la idea de la necesidad casi absoluta de libertad para el progreso de la agricultura y el concepto del Estado como poder sólo vigilante y no como director del interés privado.  El Informe sobre la Ley Agraria sintetiza todo el pensamiento político-social de Jovellanos, su programa de reformas, sus ideas históricas sobre las causas de la decadencia española y sus planes como educador; en una palabra: es su obra más completa. 

François Quesnay

Adam Smith

Anne Robert Jacques Turgot
     La Memoria sobre espectáculos.  La Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas y sobre su origen en España le fue encargado en 1786 por la Academia de la Historia.  Ésta fue escrita en 1790, leída en forma revisada el 14 de julio de 1796 e impresa en 1812.  En su parte histórica Jovellanos describe el origen y desarrollo de los diversos juegos y espectáculos a partir de la Edad Media.  En la segunda parte se ocupa de las diversiones populares y propone las reformas que juzga necesarias para que aquéllas, y especialmente el teatro, desempeñen la función social de instrucción y deleite que correspondía al ideal neoclásico y reformista.  Como Luzán y los neoclásicos dieciochescos, Jovellanos critica la dramática del Siglo de Oro por la inmoralidad de sus asuntos, la falsedad de sus caracteres y la ausencia de reglas.  A la vez, aprueba la prohibición de los autos sacramentales, aboga por la censura moral y estética y por la intervención gubernamental para remediar la decadencia en que se había hundido el teatro y defiende sobre todo la finalidad docente de éste.  Curiosamente, Jovellanos propone como reforma el aumento de las entradas al teatro para hacerlo inasequible a los plebeyos.  Desea que el pueblo se divierta tan sólo con sus fiestas tradicionales como las romerías, paseos y meriendas y deje el teatro en el cual consume su tiempo, que es dinero.  Jovellanos llega a afirmar que para la gente que trabaja «el teatro más casto y depurado [es] una distracción perniciosa» y añade a continuación que el pueblo no necesita espectáculos por serle positivamente dañoso.  A la vez, Jovellanos odiaba las corridas de toros por su efecto embrutecedor sobre el pueblo que acude en masa para gozarse en sus violencias. 
     Memoria en defensa de la Junta Central.  El nombre completo es Memoria en que se rebaten las calumnias divulgadas contra los individuos de la Junta Central del Reino, y se da la razón de la conducta y opiniones del autor desde que recobró la libertad.  Esta Memoria es a la vez una defensa del honor personal agraviado, una historia y defensa de la Junta y una exposición de principios políticos. 
     Bellas Artes.  El Elogio de las Bellas Artes fue leído en la Academia de San Fernando en 1781.  Es una galopada elocuente sobre la historia del arte español.  Dentro de sus Memorias histórico-artísticas de arquitectura se encuentra la famosa Descripción del Castillo de Bellver, donde Jovellanos elogia la Edad Media y subraya así su carácter prerromántico.  También se observa aquí un profundo sentimiento por la naturaleza. 


Castillo de Bellver
     Las Cartas.  Jovellanos cultivó a fondo el género epistolar.  Éste es un género literario muy propio de la Ilustración.  Los ilustrados sentían el afán de conocer, por observación directa, las gentes y sus medios de vida con todas las circunstancias posibles, y describir después lo observado con el correspondiente comentario crítico orientado hacia la reforma social, política y económica.  En su Epístola a Batilo muestra su aprecio por la poesía erótica y añade que «creo que una nación no tendrá jamás poetas épicos ni didascálicos, si antes no los tuviese eróticos y líricos».  Explica que este género tiene su puesto en la primera juventud como actividad natural de ella, pero, además, como ejercicio indispensable para alzarse después a temas más serios y profundos de la metafísica y la moral, «cuando sosegado el tumulto de las pasiones, sólo habla en su interior el conato de su existencia, sustituyendo al gusto de sentir y gozar los placeres, el de conocerlos y juzgarlos». 
     El Diario.  El Diario de Jovellanos es, según el filósofo español Julián Marías, la obra capital de Jovellanos desde nuestra perspectiva actual.  Marías ve a Jovellanos como un espíritu fuerte, un descreído, hereje y revolucionario. 
     Jovellanos, poeta.  Aunque escribió poesía, Jovellanos menciona que siempre miró la lírica como poco digna de un hombre serio, especialmente cuando no tiene más objeto que el amor.  La lírica de Jovellanos se vale de versos sueltos ya que el poeta le tenía miedo a los versos consonantes.  El verso suelto para él le parece el más apropiado para poderse expresar con mayor precisión o exactitud, cosa que para Jovellanos es anterior a la belleza que la rima puede añadir al poema. 
     Las poesías amorosas.  La historia amorosa de Jovellanos es apenas conocida por el pudor con que siempre ocultó su intimidad.  En sus versos amorosos asoman, sin embargo, bastantes nombres de mujeres.  El nombre que más frecuentemente aparece es el de «Enarda», aparentemente el nombre de la hermana de Gracia Olavide, un famosos intendente de Sevilla.  El mejor poema amoroso de Jovellanos es la Epístola del Paular, donde se queja de las infidelidades de Enarda y busca consuelo en la soledad del bosque.  Prefigura así el prerromanticismo español.  No obstante este logro y otros como la Elegía a la ausencia de Marina, Jovellanos se sentía incómodo cuando manejaba temas eróticos. 
     Las sátiras.  Jovellanos es mucho mejor como poeta satírico que como erótico.  Sus dos Sátiras a Arnesto atacan las malas costumbres de las mujeres nobles y el desorden sexual de la alta sociedad.  Ataca también la mala educación de la nobleza.  Odiaba Jovellanos a los nobles aplebeyados y a los afrancesados y degenerados. 
     Poesía didáctica y filosófica.  Todas en forma de epístolas dirigidas A Batilo, A Inarco, A Bermuda, A Posidonio.  Habla en estas cartas sobre el tema de la perfectibilidad humana. 

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Creación de
A. Robert Lauer
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Última revisión: 29 de agosto de 2003