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(1744-1811):
Creación de A. Robert Lauer arlauer@ou.edu
GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS (1744-1811): Gaspar Melchor de Jovellanos nació en
Gijón el 5 de enero de 1744. Su padre, regidor y alférez
de aquella villa y concejo, era noble, pero de modesta posición
económica; poseía un pequeño negocio de ferrería
y su corto mayorazgo, que le permitieron, sin embargo, educar esmeradamente
a su larga familia de 5 hijos y 4 hijas. El carácter de Jovellanos
fue moldeado desde su infancia por un ambiente familiar de orden y trabajo,
pero a la vez por un firme sentido de orgullo nobiliario. Para Jovellanos,
aristocracia no significaba abuso de privilegio sino responsabilidad y
servicio, necesidad de actuar en la vida según una elevada norma
de valores morales.
El Conde de Cabarrús El Instituto Asturiano, inaugurado el 6 de enero de 1794, invitaba con entusiasmo al estudio de la naturaleza, las humanidades, las lenguas francesa e inglesa, la instrucción científica, especialmente mineralogía, disciplinas técnicas y ciencias útiles que desterraran la rutina escolástica. El edificio del Instituto fue cedido por el hermano de Jovellanos, Francisco de Paula Jovellanos (1743-1798), quien fue el primer director del Instituto. Sin embargo, al pedir Jovellanos permiso para tener en la biblioteca del Instituto libros prohibidos, chocó Jovellanos con el inquisidor general, el Cardenal Lorenzana (1772-1800). En 1793, Cabarrús había sido libertado de su prisión y ganado la amistad de Manuel Godoy («Príncipe de la Paz»:1767-1851) primer ministro y dueño entonces de los destinos del país. Cabarrús aconsejó a Godoy que se aprovechara de los servicios de algunos ilustrados, entre ellos Jovellanos. Comienza así una una relación epistolar entre Godoy y Jovellanos. Sin embargo, en 1797 se le nombra a Jovellanos para la embajada de Rusia, cargo que rehúsa (y que había sido propuesto por los enemigos de Jovellanos y la reina para deshacerse de Jovellanos de nuevo). Consiguientemente, acepta un cargo como ministro de Gracia y Justicia. No obstante, Jovellanos fue apartado de su puesto por una intriga con la reina, María Luisa de Parma (1751-1819), cuyas escandalosas relaciones con Godoy, el favorito de la corte, Jovellanos pretendió cortar, debido acaso a su austeridad moral e inclinación jansenista. Al hacer públicas sus ideas religiosas, entre ellas la de sugerir la emancipación de la Iglesia nacional del poder de Roma, cierta austeridad moral, la separación de la Iglesia de asuntos temporales, el robustecimiento de la autoridad de los obispos, los ataques contra la propiedad eclesiástica y el arrebatamiento de la dirección de las universidades de manos religiosas, entra en grave conflicto con la Inquisición. En su obra más importante, el Informe sobre la Ley Agraria (1795), obra pedida por el Real y Supremo Consejo de Castilla a la Sociedad Económica de Madrid, Jovellanos expone las causas de la decadencia de la agricultura y la despoblación de los campos, que supone originadas en los abusos de la amortización, particularmente la eclesiástica, y en los excesos para fundar mayorazgos; y propone la abolición, en mayor o menor grado, de ambos obstáculos como eje cardinal de la reforma que se pretendía. Al quejarse el Santo Oficio contra Jovellanos, Jovellanos acusa a los inquisidores de ignorancia y propone la supresión del Tribunal y la devolución al episcopado de muchas de sus antiguas atribuciones. A la vez, Jovellanos emprendió la reforma de las Universidades. En una Memoria señaló al rey que la causa fundamental de la ignorancia española se debía a los abusos del escolasticismo y el abandono de las ciencias útiles. También propone como obispo de Salamanca al Obispo don Antonio Tavira y Almazán (1737-1807), de tendencia jansenista como Jovellanos. En efecto Jovellanos había tenido éxito en apartar de sus puestos a los arzobispos Des Puig, Múzquiz y Lorenzana, defensores acérrimos de los privilegios eclesiásticos. Esto provocó la inmediata ruptura con Godoy, el Primer Ministro. La reina, por supuesto, lo odiaba. Y el débil y cobarde rey Carlos IV, presionado por los nobles, desterró a Jovellanos por segunda vez a Gijón y después a Mallorca por 7 años. Al ser citado elogiosamente Jovellanos por Jean Jacques Rousseau (1712-1778) en una traducción española del Contrato social (Du Contrat social [Amsterdam, 1762]), publicada en Londres en 1799, se proyectó contra Jovellanos un auto de fe. Aun después de muerto, la hostilidad de la Inquisición contra Jovellanos fue tan fuerte que el Informe sobre la Ley Agraria todavía era incluido en el Índice de libros prohibidos en 1825. La Inquisición de Mallorca a la vez prohibió en 1816 la lectura de la primera biografía de Jovellanos, Noticias históricas de D. Gaspar Melchor de Jovellanos, consagradas a sus respetables cenizas (Palma, 1812) por sus doctrinas inductivas a la revolución popular, «aun para los que tienen licencia de leer libros prohibidos». ![]()
S.M. don Carlos IV de Borbón & María Luisa de Parma (Goya)
Fue Jovellanos un hombre de excepcional calidad humana, de carácter moral y de elevado espíritu. Era de irreprochable compostura moral y física y de exquisita finura y sensibilidad. Era también algo tímido aunque con un favorable concepto de sí mismo. Era también un hombre de gran seriedad y de gran honradez intelectual y profesional. Tenía también un concepto rigidísimo de la justicia, debido acaso a su tendencia religiosa jansenista. Amaba la sinceridad y la justicia. Le faltaba diplomacia. Odiaba la doblez y la hipocresía. Era algo puritano. Debido a su carácter «ecléctico», los tradicionalistas lo han visto como pensador conservador, mientras que la crítica liberal lo ve como uno de los más destacados reformadores de la Ilustración y padre del liberalismo español. Era algo arrogante y, aparentemente, no tenía sentido de humor. Al ser invitado por el Primer Ministro Godoy a su casa a cenar, con su esposa, María Teresa de Borbón y Vallabriga, Condesa de Chinchón (1780-1828) a un lado y su amante Pepita Tudó (1779-1869) al otro, Jovellanos se escandalizó y perdió el hambre.
La Bastilla Obras de Jovellanos: Elogio de Carlos III. El Elogio de Carlos III es una admirable síntesis de las ideas sobre la decadencia española y sobre el ideario reformador del despotismo ilustrado presidido por aquel monarca. El Elogio fue leído ante la Sociedad Económica de Madrid el 8 de noviembre de 1788 para conmemorar el aniversario de su inauguración. No es ni un elogio fúnebre—aunque el rey moriría el 14 de diciembre—ni una directa alabanza al monarca, sino un tributo del reconocimiento a la política ilustrada desarrollada en su reinado y llevado a cabo por las Sociedades de Amigos del País. Se echa de menos el estudio de la economía civil y se mencionan las reformas alcanzadas hasta la fecha, a saber: la reforma de la enseñanza, la libertad de filosofar, el abandono de la escolástica, el fomento de las ciencias exactas, el renacimiento de las escuelas matemáticas. Aunque no son mencionados por nombre, se alude en particular a Pedro Pablo Abarca de Bolea, Conde de Aranda (1719-1798) y Pedro Rodríguez, Conde de Campomanes (1723-1802), dos de los destacados reformadores ilustrados del reinado de Carlos III (otro reformador fue el Primer Secretario del Estado, Francisco Antonio Moñino, Conde de Floridablanca [1728-1808]). También hay un vibrante párrafo al final dirigido a la mujer, cuya admisión en la Sociedad Económica había defendido Jovellanos. S.M. Carlos III de Borbón
y sus ministros
Memoria en defensa de la Junta Central. El nombre completo es Memoria en que se rebaten las calumnias divulgadas contra los individuos de la Junta Central del Reino, y se da la razón de la conducta y opiniones del autor desde que recobró la libertad. Esta Memoria es a la vez una defensa del honor personal agraviado, una historia y defensa de la Junta y una exposición de principios políticos. Bellas Artes. El Elogio de las Bellas Artes fue leído en la Academia de San Fernando en 1781. Es una galopada elocuente sobre la historia del arte español. Dentro de sus Memorias histórico-artísticas de arquitectura se encuentra la famosa Descripción del Castillo de Bellver, donde Jovellanos elogia la Edad Media y subraya así su carácter prerromántico. También se observa aquí un profundo sentimiento por la naturaleza.
Castillo de Bellver El Diario. El Diario de Jovellanos es, según el filósofo español Julián Marías, la obra capital de Jovellanos desde nuestra perspectiva actual. Marías ve a Jovellanos como un espíritu fuerte, un descreído, hereje y revolucionario. Jovellanos, poeta. Aunque escribió poesía, Jovellanos menciona que siempre miró la lírica como poco digna de un hombre serio, especialmente cuando no tiene más objeto que el amor. La lírica de Jovellanos se vale de versos sueltos ya que el poeta le tenía miedo a los versos consonantes. El verso suelto para él le parece el más apropiado para poderse expresar con mayor precisión o exactitud, cosa que para Jovellanos es anterior a la belleza que la rima puede añadir al poema. Las poesías amorosas. La historia amorosa de Jovellanos es apenas conocida por el pudor con que siempre ocultó su intimidad. En sus versos amorosos asoman, sin embargo, bastantes nombres de mujeres. El nombre que más frecuentemente aparece es el de «Enarda», aparentemente el nombre de la hermana de Gracia Olavide, un famosos intendente de Sevilla. El mejor poema amoroso de Jovellanos es la Epístola del Paular, donde se queja de las infidelidades de Enarda y busca consuelo en la soledad del bosque. Prefigura así el prerromanticismo español. No obstante este logro y otros como la Elegía a la ausencia de Marina, Jovellanos se sentía incómodo cuando manejaba temas eróticos. Las sátiras. Jovellanos es mucho mejor como poeta satírico que como erótico. Sus dos Sátiras a Arnesto atacan las malas costumbres de las mujeres nobles y el desorden sexual de la alta sociedad. Ataca también la mala educación de la nobleza. Odiaba Jovellanos a los nobles aplebeyados y a los afrancesados y degenerados. Poesía didáctica y filosófica. Todas en forma de epístolas dirigidas A Batilo, A Inarco, A Bermuda, A Posidonio. Habla en estas cartas sobre el tema de la perfectibilidad humana. 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A. Robert Lauer arlauer@ou.edu
Última revisión: 30 de agosto de 2003 |