Nicolás Fernández de Moratín
(1737-1780):

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A. Robert Lauer
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Nicolás Fernández de Moratín
(1737-1780):


La familia de Felipe V (de Louis Michel van Loo)
La segunda persona a la izquierda es Felipe V, duque de Anjou, primer Borbón hispánico, con Isabel Farnesio de Parma

     Nicolás Fernández de Moratín es el primer gran escritor que encarna los ideales literarios de la época (fue fiel seguidor de Nicolas Boileau- Despréaux [1636-1711]), siendo a la vez uno de los más eficaces reformadores del gusto poético.  Nació en Madrid en 1737.  Su padre era guardajoyas de la reina Isabel Farnesio de Parma (1692-1766), la cual, al morir su esposo Felipe V (1683-1746), se retiró al Real Sitio de La Granja de San Ildefonso, donde residió todo el reinado de Fernando VI (1713-1759). Allí recibió Moratín su primera instrucción, hasta que fue enviado a estudiar filosofía al colegio de los jesuitas de Calatayud y luego leyes a la Universidad de Valladolid.  Graduado en Derecho, regresó a San Ildefonso, donde fue nombrado ayudante de guardajoyas de la reina, pero al morir Fernando VI marchó ésta a Madrid como gobernadora, y con ella regresó don Nicolás a su ciudad natal, que de hecho no conocía.  La protección de la reina y su cultura literaria, madurada en el retiro de La Granja, le pusieron en inmediato contacto con escritores y eruditos de Francia e Italia residentes en la corte, mientras el Marqués de Ossun (Pierre Paul, marquis d'Ossun: 1713-1788), embajador de Francia en Madrid, le facilitó correspondencia con las más altas personalidades de su país en el pensamiento y las letras.  La Academia de los Arcades de Roma le recibió en el número de sus individuos con el nombre de Flumisbo Thermodociaco.  Se dedicó un tiempo al ejercicio de abogacía.  Murió prematuramente en Madrid en 1780 a los 42 años de edad. 
 
 


Real Palacio de La Granja de San Ildefonso



     Su adhesión al neoclasicismo arranca en Moratín desde sus primeros estudios, y su eficacia proselitista en la difusión de estas ideas es fundamental para el proceso de la literatura en el siglo XVIII.  En el campo del teatro escribió obras polémicas como el prólogo a La Petimetra (1762) y sus Desengaños al teatro español (1762-1763), que encauzaron la campaña contra los autos sacramentales.  Moratín no estimaba el arte dramático de Calderón y aparentemente no entendía bien el uso de la alegoría en los autos: «¿Es posible que hable la Primavera? ¿Ha oído usted en su vida una palabra al Apetito?  ¿Sabe usted cómo es el metal de voz de la rosa?».  A la vez, como era habitual en los neoclásicos, Moratín insiste especialmente en el aspecto moral de la comedia barroca: «El teatro español—escribe—es la escuela de la maldad, el espejo de la lascivia, el retrato de la desenvoltura, la academia del desuello, el ejemplar de la inobediencia, insultos, travesuras y picardías.  ¿Quisiera usted que su hijo fuera un rompesquinas, matasiete, perdonavidas, que galantease a una dama a cuchilladas, alborotando la calle y escandalizando al pueblo, forajido de la justicia, sin amistad, sin ley y sin Dios?».  Después del fracaso de su Petimetra, Moratín abordó la tragedia y en 1763 publicó Lucrecia, que también tuvo malas críticas.  Pero Moratín no se desanimó y compuso otra tragedia, Hormesinda (1770), llevada a las tablas merced tan sólo a la protección del Conde de Aranda, su amigo.  La obra se presentó 6 días con buena aceptación, pero no se repuso más.  Todavía en 1777 publicó Moratín una tercera tragedia titulada Guzmán el Bueno, sobre un asunto utilizado anteriormente por el poeta barroco Luis Vélez de Guevara (¿1579?-1644) en Más pesa el rey que la sangre.  Sin embargo, Guzmán el Bueno nunca subió a la escena.  No obstante, fue usada esta versión de Moratín por Antonio Gil y Zárate (1793-1861) en su drama romántico del mismo título, estrenado en 1847. 


Fernando VI

     Moratín estuvo en contacto con políticos reformistas como el Conde de Aranda.  Mantuvo también contactos importantes en la famosa tertulia de intelectuales de la Fonda de San Sebastián.  Tenía preparada una colección de todas sus obras, pero la muerte lo sorprendió sin darla a la luz, propósito que llevó a cabo su hijo, Leandro Fernández de Moratín, editándola en Barcelona en 1821.
     Se subraya siempre la gran antimonia existente entre la apasionada actitud neoclásica de Moratín frente al teatro y el carácter nacional y tradicional de su poesía lírica.  Escribió Moratín el Viejo 39 odas anacreónticas al estilo neoclásico, inspiradas todas en la poesía de Esteban Manuel Villegas (1589-1669). Hay en estas composiciones una gracia realista, superior a la poesía del mismo género de Juan Meléndez Valdés (1754-1817).  También al gusto neoclásico escribió silvas encomiásticas a varios personajes como A las bodas de la infanta de España doña María Luisa de Borbón y Al conde de Aranda.  Tiene elegías A la muerte de la serenísima señora María Luisa, archiduquesa de Austria y A la muerte de la reina madre doña Isabel Farnesio, su real protectora.  Escribió también odas sobre temas de índole moral, en imitación de Horacio (65-8 a. de C.).  Tiene también 26 sonetos, predominantemente amorosos aunque hay algunos cómicos.  Escribió Moratín también 3 sátiras en contra de los vicios de su tiempo y el teatro barroco.  Asimismo, escribió Moratín obras de inspiración y temas nacionales, como su poema épico Las naves de Cortés destruidas (1777), en octavas reales.  Tiene también composiciones dedicadas al tema popular y tradicional taurino.  Entre estas últimas se encuentran la Fiesta de toros en Madrid y la Oda a Pedro Romero, torero insigne, ambas en quintillas.  Moratín es también el autor de varios Romances moriscos como Amor y honor, Consuelo de una ausencia, Abdelcadir y Galiana, Don Sancho en Zamora y Empresa de Micer Jacques borgoñón.  Se adelanta con estas obras más de medio siglo a los maestros románticos del romance histórico-legendario como Ángel de Saavedra, Duque de Rivas (1791-1865) oJosé Zorrilla y Moral (1817-1893).  Es superior en ellos también a su coetáneo Meléndez Valdés, quien se define como precursor del género.  Otrosí, tiene un poema didáctico en sextinas de arte mayor dedicado a La Caza


Juan Meléndez Valdés
(de Goya)
     Hay en Moratín el Viejo una veta nacionalista que se refleja en su madrileñismo.  El poeta siente entrañable amor por su ciudad natal en varias poesías suyas como A las niñas premiadas por la Sociedad económica de Madrid, la oda Madrid antiguo y moderno, la obra dramática La Petimetra y, finalmente, el Arte de las putas.  Esta última obra fue escrita en 4 cantos y circuló profusamente en forma manuscrita, acabando siendo prohibida por la Inquisición en un edicto de 1777.  Esto explica por qué no fuera incluida entre las obras de Moratín ni la mencionara tampoco su hijo Leandro al publicar las Obras póstumas de su padre en 1821.  Probablemente no existe más que una sola impresión del Arte, en tirada muy limitada, hecha en Madrid por un editor anónimo en 1898.  Edith F. Helman, quien ha estudiado detenidamente esta obra de Moratín (“The Elder Moratín and Goya,” Hispanic Review 23 [1955]: 219-30), asegura que su valor artístico no es muy grande, pero posee, en cambio, considerable interés como documento social, revelador además de la preocupación de algunos ilustrados por los temas eróticos y populares; y, sobre todo, como pintura del Madrid nocturno y de sus gentes: el verdadero protagonista del poema—dice Helman—es la ciudad durante la noche, sobre la cual reina el dios Eros.  En esta obra Moratín se propone adiestrar a un joven para que pueda satisfacer sus ansias amorosas en la forma más segura y económica posible, sin malgastar dinero o salud.  Además de varias prostitutas, Moratín menciona a muchos toreros, músicos, danzantes, artistas de teatro, pintores, escultores y otras figuras populares por aquellos días en el mundo del espectáculo y la diversión.  Según Helman, este Madrid de Moratín es el que Francisco José de Goya y Lucientes (1746-1828) descubrió cuando fue a residir a la capital y el que exploró con la obra de don Nicolás en la mano, y el que recreó años más tarde en tantos dibujos y aguafuertes.  El Arte de las putas de Moratín sirvió a Goya como estímulo de los dibujos preliminares para los grabados de los Caprichos, con su descarnado naturalismo.  Asimismo, la Carta histórica sobre el origen y progresos de las fiestas de toros en España de Moratín le sirvió a Goya como punto de partido y le proveyó de temas e ideas para sus series de la Tauromaquia.
 

Capricho de Goya

Escena de la Tauromaquia de Goya


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Última revisión: 30 de abril de 2003

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