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Época
de Felipe II:
(1556-1598)
La época de Carlos V había estado
inspirada por los hombres de armas, por el humanismo europeo, por la influencia
italiana, por la sátira erasmista, por el entusiasmo pagano y por
los ideales de universalidad. En el reinado de Felipe II, que cubre
casi exactamente la segunda mitad del siglo XVI, España se orienta
por entero hacia la preocupación religiosa impulsada por la Contrarreforma,
cuya postura en contra del protestantismo condiciona la política
real de defensa y aislamiento, concentrándose España en sí
misma para producir una cultura esencialmente nacional y católica.
Las corrientes renacentistas anteriores no se pierden sino que se funden
armónicamente con las tradiciones nacionales para forjar la síntesis
personalísima que constituye la originalidad del Segundo Renacimiento
español.
Un tono de gravedad se extiende a la literatura
y las artes. Esta es la época de las grandes figuras de la
ascética y de la mística. En literatura, la novela
pastoril reemplaza la boga de las novelas de caballerías; el realismo
de la novela picaresca queda interrumpido, asi como el teatro renacentista
erasmista y paganizane. Renace la filosofía escolástica.
La filología se dedica con preferencia a los estudios bíblicos
y escriturarios; la poesía se hace más severa y elevada en
su contenido; y aparece la épica culta de tema nacional y religioso.
Renace también la autoridad de la Poética de Aristóteles
en lo que concierne a la disposición formal de las obras.
Hay un intenso proceso de «cristianización».
En la época de Felipe II, el latín
es desplazado como lengua de la ciencia por el español, gracias
al esfuerzo de la Universidad de Salamanca. Ahí, el latín
era, como en todas las universidades, no sólo la lengua de la cátedra
sino también la que se imponía a los estudiantes; hasta que
éstos acabaron por oponerse a su uso, dirigidos por el maestro de
Retórica, Sánchez
de las Brozas (el Brocense) y el humanista y traductor de los clásicos
Pedro
Simón Abril. Numerosos escritores los secundaron,
entre ellos el doctor Juan
Huarte de San Juan (Examen de ingenios [Baeza, 1575]); Fray
Luis de León, quien luchó para conseguir que el español
fuera admitido como lengua de Teología; Santa Teresa de Jesús;
San Juan de la Cruz; Fray Luis de Granada y otros religiosos cuyas obras
de ascética y mística se escribieron en español por
primera vez en Europa. Como ideal del estilo sigue manteniéndose
la naturalidad y la sobriedad, pero con un mayor propósito de selección
y depuración, no exento de una acentuada artificiosidad, como en
la poesía de Herrera.
La Universidad de Salamanaca
La lírica y sus escuelas:
Las formas italianas importadas por Boscán
y Garcilaso se nacionalizan y empapan de contenido español, dando
entrada a los temas religiosos y patrióticos, desconocida en la
lírica pagana y humanista de los poetas del Primer Renacimiento.
El tema amoroso continúa, sobre todo en Herrera, pero se espiritualiza
merced al influjo de corrientes platónicas. Persiste la poesía
popular y el gusto por los romances.
Tradicionalmente se ha venido distinguiendo
en la lirica de esta época una doble escuela o corriente: la sevillana
y la salmantina. La sevillana se caracteriza por el predominio de
la forma y por su carácter brillante, enfático y sonoro;
su representante principal es Herrera. La salmantina se distingue
por el armónico equilibrio clásico entre expresión
y contenido, más íntimo y hondo, y preferentemente preocupado
por los temas morales, religiosos y filosoficos; su mejor expositor es
Fray Luis de León.
La escuela castellana o salmantina consiste
de filólogos y religiosos como el Brocense.
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