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Garcilaso
de la Vega
(1501-1536):
Garcilaso de la Vega nació
en Toledo en 1501 y era de familia noble. Tomó parte
en varias expediciones militares en la Isla de Rodas, en Grecia, contra
los turcos; y en Francia en 1522. Estuvo en Italia, en Bolonia.
Fue herido por los turcos en Túnez en 1534. En Provenza se lanzó
sin casco ni coraza al frente de sus soldados, fue herido en la cabeza
por una piedra del enemigo y, subsiguientemente, murió pocos días después
en Niza, Francia, en octubre de
1536, a los 35 años
de edad.
Garcilaso se casó en 1525 con
doña Elena de Zúñiga, matrimonio que no le trajo la felicidad.
Un año después conoció a doña Isabel Freyre, dama portuguesa
de la emperatriz Isabel de Avis (Casa de Portugal) de quien se enamoró
perdidamente y que había de tener gran influencia en su obra poética.
Es la Elisa de sus versos.
Ticiano. Isabel de
Portugal (Casa de Avis), emperatriz y consorte de Carlos V. Museo del
Prado (Madrid).
Garcilaso de la Vega es, en lo
humano, la más perfecta encarnación del ideal del cortesano renacentista,
tal como lo había definido Castiglione. Era hombre de gran
atractivo personal, tanto por su aspecto físico como por su carácter,
su inteligencia, y sus condiciones de hombre de mundo. Fue la cabal
fusión del hombre de armas y de letras (sapientia et fortitudo;
a
gentleman and a scholar). Como escritor, realizó la obra poética
que mayor trascendencia ha tenido en la lírica castellana. Sabía
a la perfección el griego, el latín, el italiano
y el francés. Hombre universal, vivió en su corta vida toda
una carrera de amores, de heroísmos, de creación intensa, de acción
real y de platónicos idealismos.
Las obras poéticas de Garcilaso
fueron publicadas por primera vez siete años después de su muerte, formando
un IV libro en la edición barcelonesca de Boscán de 1543.
Sólo en 1569, después de 19 ediciones de la obra conjunta de los
dos introductores del italianismo, se publicó en Salamanca la primera
edición aparte de la obra poética de Garcilaso. En 1574, el famoso
catedrático de Retórica de Salamanca, Francisco Sánchez, el Brocense,
publicó su primera edición anotada de las obras del toledano, convertido
en un clásico indiscutible. En 1580 publica Fernado de Herrera
una nueva edición comentada. En 1622, el erudito toledano Tomás Tamayo
de Vargas hace imprimir otra nueva edición comentada de Garcilaso.
Finalmente, en 1765, el diplomático aragonés Jose Nicolás de Azara
publica su edición comentada de las obras del poeta de Toledo. Tomás
Navarro Tomás editó en 1911 las obras de Garcilaso, basándose en
la de Herrera de 1580. El hispanista hispanoamericano Hayward
Keniston publicó en 1925 la primera edición crítica de las obras
de Garcilaso. Elias L. Rivers publicó una nueva edición crítica
en 1964, en Madrid y la Ohio State University (Columbus, Ohio).
A pesar de su enorme importancia,
la obra poética de Garcilaso es de reducida extensión. Consta de
3
églogas, 2 elegías, 1 epístola,
5 canciones,
38
sonetos y unas pocas composiciones breves a la manera tradicional.
Escribió también 3 odas en latín. Las tres églogas representan
lo más perfecto de la poesía de Garcilaso. Las tres fueron compuestas
durante una estancia del poeta en Nápoles.
La égloga primera, sin
embargo, fue escrita en segundo lugar. Aquí intervienen dos pastores:
Salicio,
quien lamenta los desdenes de
Galatea; y Nemoroso, quien
llora la muerte de Elisa. El poeta se desdobla en dos personajes:
en el primero, encarna el despecho del enamorado que asedia a su amada
infructuosamente; en el segundo, se resume la honda ternura producida por
su pérdida ya definitiva. Mediante un proceso de idealización,
el poeta ha transformado la realidad, tal como tuvo lugar, en una creación
de arte que eterniza los sucesos y los salva de su destrucción.
[Entwiste, BHS 2, 1925, dos etapas: la primera cuando Garcilaso
se alejó de Toledo, dejando allí a Isabel Freyre; la segunda, al producirse
la muerte de la dama portuguesa]. El sentimiento se va purificando
y espiritualizando progresivamente hasta culminar en la melancólica esperanza
con que sueña Nemoroso el amor entre los bienaventurados. O sea,
el poeta afirma su fe en una última realidad ideal, en un cielo poético
por donde ella camina y en el que él espera acompañarla en un día sin
fin, a su lado, salvada para siempre de todo lo caduco. La égloga
primera, según Rafael Lapesa [La trayectoria poética de Garcilaso],
marca la más alta cima de la poesía garcilasiana. Ninguna ha llegado
a tan estrecha unión del sentimiento y la forma. Los versos fluyen
sueltos, límpidos. Al terminar la égloga, creemos volver, como
los pastores, de un sueño en que la belleza y el dolor se hubieran eternizado.
La égloga segunda consta
de dos partes: en la primera, el pastor Albanio refiere
sus amores por Camila; y en la segunda, Nemoroso hace
una apología, bajo forma alegórica, de la Casa de Alba.
Según Menéndez y Pelayo, Keniston, y Navarro-Tomas,
Albanio representaría
al duque de Alba y la égloga referiría sus amores con su esposa,
doña María Enríquez. Lapesa rechaza esta hipótesis tradicional
y duda a la vez que Albanio pueda identificarse con el poeta (desdoblado).
Aquí, según él, Albanio encarnaría la
pasión despesperada
y Nemoroso la libertad conseguida tras dura lucha.
Queda la posibilidad de que Albanio sea el hermano menor del
duque, don Bernardino de Toledo, muerto prematuramente, y que la obra,
fundiendo lo pastoril y lo heroico, esté protagonizada por los dos varones
de la casa de Alba: el duque, cantado como guerrero victorioso,
y el joven, compadecido en sus desventuras de amor.
La égloga tercera fue
posiblemente la última composición escrita del poeta. Describe
un paisaje del Tajo, bellamente idealizado, al que acuden diversas
ninfas que tejen en ricas telas algunas escenas mitológicas. La
égloga termina con un diálogo de los pastores Tirreno y Alcino,
que cantan la belleza de Flerida y de Filis, a las que aman
respectivamente. Lapesa ha dicho que Garcilaso ha aprendido a refugiarse
en el arte y que la égloga tercera es un camino para escapar de la realidad.
El sentimiento personal no posee ya la intensidad de la égloga primera.
La emoción se expresa en forma más convencional y en los versos de los
pastores no hay recuerdos doloridos sino exclusivo deleite artístico.
Los sonetos se desenvuelven
por lo común en torno al tema del amor. Merecen destacarse
los que empiezan: «O dulces prendas, por mi mal halladas» (núm. 10),
«Si quejas y lamentos pudieron tanto» (núm. 15), «En tanto que de rosa
y azucena» (núm. 23), «Estoy contino en lágrimas bañado» (núm. 38),
«Pensando quel camino iba derecho» (núm. 17), «De aquella vista pura
y excelente» (núm. 8), «A
Dafne ya los brazos le crecían» (núm. 13). El soneto 25 («¡Oh
hado secutivo en mis dolores») aspira a la visión perdurable de
la belleza femenil glorificada.

Entre sus 5 canciones
sobresale la quinta, «Si de mi baja lira» («Ode ad florem Gnidi»),
dirigida a doña Violante Sanseverino, dama hermosísima del barrio Nido
de Nápoles, de quien se había enamorado su amigo Mario Galeota;
como la dama se mostrase esquiva, Garcilaso trató de interesarla en favor
de su amigo. La palabra con que termina el primer verso, «si de
mi baja lira», ha dado nombre a este tipo de estrofa, utilizadas
entonces por primera vez en castellano.
Anaxárate
e Ifis.
Temática: la obra de
Garcilaso gira preferentemente en torno al amor. La pasión
inspirada por doña Isabel Freyre motivó los más bellos y sentidos versos
del poeta, referidos a dos circunstancias principales: el casamiento y
la muerte de Isabel. Sentimiento también muy característico de
Garcilaso, afin al amoroso, es el de la amistad. Influencia
de Petrarca: la pasión es profunda melancolía, delicada ternura,
sutil análisis de los estados afectivos. Motivos: el amor no correspondido,
la muerte de la mujer amada. Llega a la exaltación. Su pasión
fue auténtica. Nunca antes de Garcilaso se había cantado el amor
en español con tanta sinceridad, con elementos poéticos tan puros, tan
equilibrados, tan perfectos, y tan conmovedores. Por detrás de sus
palabras hay un desgarro de emoción, un borboteo represado que algunos
piensan
supera a Petrarca. Hay una infinita nostalgia y una
dulce esperanza que late en el corazón del poeta. Garcilaso infundió
en su verso un hálito de emoción, un alma. Inaugura la nueva sensibilidad
en la poesía española y europea. Hay una melancolía que nace del
conflicto entre el ideal soñado y las impurezas y sinrazones de la realidad.
En la desventura de su amor, el poeta desea libertarse de una vergonzosa
esclavitud y se debate entre la rebeldía y la aceptación. Lo que
predomina en sus versos es la actitud de estoica superioridad, esa firmeza
que acepta el dolor con todas sus consecuencias como fatalidad ineludible.
Es un dolor pudoroso que quiere recatarse y que en muchas ocasiones se
escuda bajo la máscara pastoril. El poeta huye de la exageración.
Quiere objetividad, medida, equilibrio, estoica serenidad frente al dolor,
estoica sumisión ante lo inevitable, sentimiento contenido y profundo,
expresión sobria e inmóvil.
Al lado del amor, el sentimiento
de la naturaleza llena los versos de Garcilaso, sobre todo en las
églogas. Es una naturaleza «a la Sannazaro», convencional,
artificiosa, poéticamente estilizada. la naturaleza es el modelo
de toda perfección. El paisaje de España, y más concretamente
el de su Toledo natal, constituye el fondo de todas sus descripciones bucólicas,
y en las orillas del Tajo. El paisaje en sí mismo es ya materia
de belleza, tema esencial, protagonista en la poesía de Garcilaso.
Estilo: La poesía
de Garcilaso se caracteriza por su musicalidad, su elegancia, la
suave cadencia de sus versos, la claridad, la selección de vocablos,
la mesura y sobriedad, lejos de toda afectación y toda retórica.
Imitación: el número
de versos derivados de todas sus fuentes constituye la cuarta parte del
poema. Pero Garcilaso no copia sino que reelabora, vivifida, recrea.
Según Menéndez Pidal, en «El lenguaje del siglo XVI», la norma lingüística
de Garcilaso consiste en emplear términos no nuevos ni desusados de la
gente, pero a la vez muy cortesanos y muy admitidos de los buenos oídos.
Es decir, naturalidad y selección: criterio bien diferente del
de cultismo y afectación de Pierre
Ronsard (1524-1585) y los franceses. O en palabras de Isabel
la Católica: «buen gusto».
Dos rasgos que suelen destarcarse
en la personalidad de Garcilaso son la ausencia de resonancias bélicas
en su obra, a pesar de su carácter militar y de su intensa dedicación
a la tarea de las armas. El segundo es su carácter esencialmente
laico. Según Azorín (Los dos Luises y otros ensayos):
«De todos los poetas españoles de los siglos XVI y XVII, Garcilaso es
el único que no haya escrito ni un sólo verso de asunto religioso.
No estaba la poesía religiosa dentro de su temperamento».
En su tiempo, se le consideró
a Garcilaso como clásico, y tuvo sus comentaristas en el Brocense
y Herrera. Aun en su siglo, su poesía fue vuelta
a lo divino
por Sebastián de Córdoba en 1575, para convertir sus versos en
materia cristiana y religiosa. Se estudiaba a Garcilaso como se estudiaban
a Homero y Virgilio. La claridad de su poesía fue contrapuesta a
la oscuridad de los poetas cultos como Góngora. Fue propuesto como
modelo de la poesía en el siglo XVIII por Azara. En el XIX,
Garcilaso afecta al poeta Bécquer y a los modernos: Pedro Salinas, Rafael
Alberti, y José García Nieto.
Imitación, innovación y reescritura
a lo divino:
|
Petrarca. Soneto
298:
Quand'io mi volgo in dietro a mirar gli anni
c'hanno fuggendo i miei pensieri sparsi,
e spento'l foco, ove agghicciando io arsi
e finito il riposo pien d'affanni,
rotta la fe de gli amorosi inganni,
e vol due parti d'ogni mio ben farsi,
l'una nel cielo, e Paîtra in terra starsi
e perduto il guadagno de' miei danni,
i' mi riscuoto, e trovomi sí nudo,
ch'i porto invidia ad ogni estrema sorte:
tal cordoglio e paura ho di me stesso.
O mia Stella, o fortuna, o fato, o morte,
o per me sempre dolce giorno e crudo,
come m'avete in basso stato messo!
Luis Rosales, Estudios sobre el Barroco (Madrid:
Trotta, 1997) 59. |
Garcilaso de la Vega.
Soneto 1:
Cuando me paro a contemplar mi estado
y a ver los pasos por do m'han traído,
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado;
mas cuando del camino 'stó olvidado,
a tanto mal no sé por do he venido;
sé que me acabo, y más he yo sentido
ver acabar comigo mi cuidado.
Yo acabaré, que me entregué sin arte
a quien sabrá perderme y acabarme
si quisiere, y aún sabrá querello;
que pues mi voluntad puede matarme,
la suya, que no es tanto de mi parte,
pudiendo, ¿qué hará sino hacello?
Garcilaso de la Vega, Obra poética y textos en prosa,
ed. B. Morros (Barcelona: Crítica, 1995) 12. |
Sebastián de Córdoba.
(1575):
Quando me paro a contemplar mi estado
y a ver los passos por do me á traído,
hallo, según que anduve tan'perdido,
que uviera merecido ser juzgado;
baxando de la gracia en baxo estado
estava de mis culpas tan herido
que quien me viera fuera conmovido
a me llamar, con lástima, "cuytado";
Mas la esperança me entregó (sin arte)
a quien puede (mirándome) sanarme,
y cierto como puede es el querello,
que pues la vida puso por librarme,
y él sólo puede darla por su parte,
pudiendo, ¿qué hará sino hazello?
Sebastián de Córdoba, Garcilaso a lo divino,
ed. crítica de Glen R. Gale (Madrid: Castalia, 1971) 93. |
Las églogas garcilasianas:
Tityrus y Meliboeus, en las Églogas
de Virgilio (de David Ferry)
Égloga primera de
Garcilaso. 30 estancias.
Canción. Dirigida
a «Tú» (Don Pedro de Toledo, Virrey de Nápoles), receptor del poema.
Don Pedro Álvarez de Toledo
(1484-1553)
Virrey de Nápoles
|
El reino de Nápoles en el siglo
XVI |
-
Introducción a la égloga (estancias 1-3) [tres estancias].
-
Introducción al primer canto (estancia 4) [una estancia].
Canto de Salicio, quien se queja del desdén de Galatea (estancias 5-16)
[12 estancias]. Conclusión (estancia 17: 225-34).
-
Introducción al segundo canto (estancia 17: 235-38).
Nemoroso llora la muerte de Elisa (estancias 18-29) [12 estancias].
-
Conclusión de la voz poética (estancia 30) [una estancia].
«Anochece».
El mundo geocéntrico según Tolomeo (Ptolemy, AD 90-168)
Gérard de Lairesse (Bélgica:
1641-1711)
Diana y Endimión (1680). Rijksmuseum,
Ámsterdam, Países Bajos
Horacio (Horace [Quintus Horatius
Flaccus: 65-27 a.C].)
Époda 2:
Beatus ille
qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium,
paterna rura bobus exercet suis
solutus omni faenore,
neque excitatur classico miles truci,
neque horret iratum mare,
Forumque vitat et superba civium
potentiorum limina.
ergo aut adulta vitium propagine
altas maritat populos,
aut in reducta valle mugientium
prospectat errantes greges,
inutilesque falce ramos amputans
feliciores inserit,
aut pressa puris mella condit amphoris,
aut tondet infirmas oves;
vel cum decorum mitibus pomis caput
Autumnus agris extulit,
ut gaudet insitiva decerpens pira
certantem et uvam purpurae,
qua muneretur te, Priape, et te, pater
Silvane, tutor finium.
libet iacere modo sub antiqua ilice,
modo in tenaci gramine.
labuntur altis interim ripis aquae,
queruntur in silvis aves,
fontesque lymphis obstrepunt manantibus,
somnos quod invitet leves.
at cum tonantis annus hibernus Iovis
imbres nivesque comparat,
aut trudit acris hinc et hinc multa cane
apros in obstantes plagas,
aut amite levi rara tendit retia,
turdis edacibus dolos,
pavidumque leporem et advenam laqueo gruem
iucunda captat praemia.
quis non malarum, quas amor curas habet,
haec inter obliviscitur?
quod si pudica mulier in partem iuvet
domum atque dulces liberos,
Sabina qualis aut perusta solibus
pernicis uxor Apuli,
sacrum vetustis exstruat lignis focum
lassi sub adventum viri,
claudensque textis cratibus laetum pecus
distenta siccet ubera,
et horna dulci vina promens dolio
dapes inemptas adparet:
non me Lucrina iuverint conchylia
magisve rhombus aut scari,
si quos Eois intonata fluctibus
hiems ad hoc vertat mare;
non Afra avis descendat in ventrem meum,
non attagen Ionicus
iucundior quam lecta de pinguissimis
oliva ramis arborum
aut herba lapathi prata amantis et gravi
malvae salubres corpori
vel agna festis caesa Terminalibus
vel haedus ereptus lupo.
has inter epulas ut iuvat pastas oves
videre properantes domum,
videre fessos vomerem inversum boves
collo trahentis languido
postosque vernas, ditis examen domus,
circum renidentis Lares."
haec ubi locutus faenerator Alfius,
iam iam futurus rusticus,
omnem redegit Idibus pecuniam,
quaerit Kalendis ponere. |
Happy the man who,
far away from
business cares, like the pristine race of
mortals, works his ancestral acres with his
steers, from all money-lending free; who is
not, as a soldier, roused by the wild clarion,
nor dreads the angry sea; he avoids the
Forum and proud thresholds of more
powerful citizens; and so he either weds his
lofty poplar-trees to well-grown vines, or in
secluded dale looks out upon the ranging
herds of lowing cattle, and, cutting off useless
branches with the pruning-knife, engrafts
more fruitful ones, or stores away pressed
honey in clean jars, or shears the helpless
sheep. Or when Autumn in the fields has
reared his head crowned with ripened fruits,
how he delights to pluck the grafted pears,
and grapes that with the purple vie, with
which to honour thee, Priapus, and thee,
Father Silvanus, guardian of boundaries.
'Tis pleasant, now to lie beneath some ancient
ilex-tree, now on the matted turf. Meanwhile
the rills glide between their high banks; birds
warble in the woods; the fountains plash
with their flowing waters, a sound to invite
soft slumbers. But when the wintry season of
thundering Jove brings rains and snow, with
his pack of hounds one either drives fierce
boars from here and there into the waiting
toils, or on polished pole stretches
wide-meshed nets, a snare for greedy
thrushes, and catches with the noose the timid
hare and the crane that comes from
far--sweet prizes! Amid such joys, who does
not forget the wretched cares that passion brings?
But if a modest wife shall do her part in
tending home and children dear, like to some
Sabine woman or the well-tanned mate of
sturdy Apulian, piling high the sacred hearth
with seasoned firewood against the coming
of her weary husband, penning the frisking
flock in wattled fold, draining their swelling
udders, and, drawing forth this year's sweet
vintage from the jar, prepare an unboughtmeal --
then not Lucrine oysters would please
me more, nor scar, nor turbot, should winter,
thundering on the eastern waves, turn them to
our coasts; not Afric fowl nor Ionian
pheasant would make for me a repast more
savoury than olives gathered from the richest
branches of the trees, or the plant of the
meadow-loving sorrel, and mallows
wholesome to the ailing body, or than a lamb
slain at the feast of Terminus, or a kid
rescued from the wolf. Amid such feasts,
what joy to see the sheep hurrying homeward
from pasture, to see the wearied oxen
dragging along the upturned plowshare on
their listless necks, and the home-bred slaves,
troop of a wealthy house, ranged around the gleaming
Lares!"
When the usurer Alfius had uttered this, on
the very point of beginning the farmer's life,
he called in all his funds upon the Ides -- and
on the Kalends seeks to put them out again! |
Horacio (Horace [Quintus Horatius
Flaccus: 65-27 a.C].).
Oda 1.11 («A Leuconoë»):
Tu ne quaesieris - scire nefas - quem mihi, quem tibi
finem di dederint, Leuconoë, nec Babylonios
temptaris numeros. ut melius, quicquid erit, pati!
seu plures hiemes, seu tribuit Iuppiter ultimam,
quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare
Tyrhenum. Sapias, vina liques, et spatio brevi
spem longam reseces. dum loquimur, fugerit invida
aetas: carpe diem,
quam minimum credula postero. |
Ask not - we cannot know -
what end the gods have set for you, for me;
nor attempt the Babylonian reckonings Leuconoë.
How much better to endure whatever comes,
whether Jupiter grants us additional winters
or whether this is our last, which now wears out
the Tuscan Sea upon the barrier of the cliffs!
Be wise, strain the wine; and since life is brief,
prune back far-reaching hopes!
Even while we speak, envious time has passed:
pluck the day, putting
as little trust as possible in tomorrow! |
| NB: La palabra égloga (eclogue) origina
del griego eklege («selección» [poema corto]). Teócrito
(Theocritus: siglo III a. C) da origen a este tipo de poema, el
cual es llamado «idilio» (del griego eidyllion > escena, pequeño
cuadro [de pastores, se sobrentiende]). Las églogas más famosas
del mundo clásico son las Bucólicas (Bucolics, del griego
ta
bukolika > de pastores o vaqueros: 39-38 a. C) [en hexámetros
dactílicos] de Virgilio (Virgil [Publius Vergilius Maro]: 79-19
a. C), las cuales son también de ambiente rústico o rural (la égloga
4, la del «Siglo de Oro», es famosa por su tono profético y mesiánico).
Las églogas de pescadores se llaman «églogas piscatorias».
Las más famosas son las de Jacopo Sannazaro (Nápoles: 1458-1630),
Eclogae
piscatoriae (1526). Sannazaro es autor de la Arcadia (1480),
un romance de pastores de gran éxito que influyó en otros poetas españoles
y portugueses como
Jorge de Montemayor (Coimbra: 1520-1561), autor
de los Siete libros de la Diana (1559); Miguel de Cervantes
Saavedra (Alcalá de Henares: 1547-1616), autor de La Galatea
(1585); y Lope Félix de Vega Carpio (Madrid: 1562-1635), autor
de
La Arcadia (1598). Sannazaro también influyó en poetas
ingleses como Edmund Spenser (1552-1599), The Shepheardes Calender
(1579) y Sir Philip Sidney, Primer Barón De L'Isle y Dudley (15541586),
Countess
of Pembroke's Arcadia (1580, pub. en 1590). Las geórgicas
(gr. georgos > campesino, agricultor, "de la tierra" < ge),
en hexámetros, son sobre campesinos y se basan en las Geórgicas
(Georgics: 29 a. C) de Virgilio. Las églogas consisten de
versos
amebeos (amoebaen verses) [del griego amoibe > cambio]
<lo que en drama sería una esticomitia>, sugiriéndose así
una competencia entre o debate de pastores. Esto crea suspenso
en una forma que sería de otra manera sólo narrativa. |
Égloga segunda de
Garcilaso:
Las
Tres Gracias o Cárites:
Eufrósine
(Júbilo), Talía
(Festividades), Aglaya
(Belleza),
hijas
de Jupiter y Juno (o Eurínome)
Generalmente
acompañana a los dioses Apolo, Minerva (Atena), Venus (Afrodita), Cupido
(Eros) y Baco (Dionisio)
Cuadro
de Rafael, 1503-1504, Museo Conde, Chantilly, Francia
|
«Musas bailando con Apolo»,
de Baldassare Peruzzi (Siena: 1481-1537)
LAS NUEVE MUSAS:
Calíope
[poesía épica]; Euterpe
[música y poesía lírica]; Clío
[historia]; Érato
[lírica y poesía erótica]; Melpómene
[tragedia]; Polimnia
[poesía sacra y geometría]; Terpsícore
[danza]; Talía
[comedia y poesía bucólica]; Urania
[astronomía y astrología]
|
Las tres Parcas o Hadas (Cloto
[Nona], Láquesis
[Decima], Átropos
[Mors])
|
Estructura poética (metro, número
de versos, forma, hablante[s], tema) de la segunda égloga garcilasiana:
-
Tercetos encadenados
(YZYZ) [37 vv.]: Monólogo. vv. 1-37: Albanio (fin).
Lamentación por la pérdida de Camila.
-
Estancias (canzone)
(39): Monólogo. vv. 38-76: Salicio (cont.). Celebración
de la naturaleza («Beatus ille»).
-
Tercetos encadenados
(261): Diálogo. vv. 77-337: Salicio (cont.), Albanio
(fin). Albanio recuerda su vida anterior con Camila. Caza salvaje
de aves. Deseos impuros de Albanio.
-
Rima al mezzo
(endecasílabos con rima interna) [48]: Diálogo. vv. 338-385: Salicio,
Albanio
(fin). Estrofa de transición. Perlocución de Salicio (confesión).
Desesperación de Albanio.
-
Tercetos encadenados(YZYZ)
[295]: Diálogo. vv. 386-680: Salicio, Albanio (fin).
Albanio cuenta su historia. Pérdida de Camila. Quejas de Albanio.
Apelación a ninfas, bosques, natura. Suicidio fracasado (la naturaleza
no lo permite). Deseo de soledad.
-
Estancias (39): Diálogo.
vv. 681-719: Salicio, Albanio (fin). Optimismo de Salicio.
Transición.
-
Rima al mezzo
(46): Monólogo. vv. 720-765: Camila (fin). Camila entra
de caza. Beatus ille. Duerme.
-
Tercetos encadenados
(168): Diálogo de cuatro. vv. 766-933: Albanio, Camila,
Salicio
(fin), Nemoroso. Albanio descubre a Camila durmiendo.
La despierta. Trata de hablar con ella pero ella logra huir de él.
Deseo de muerte de Albanio. Intervención de Salicio y Nemoroso.
Empieza la locura de Albanio.
-
Rima al mezzo
(98): Diálogo de tres. vv. 934-1031: Albanio, Nemoroso,
Salicio
(fin). Albanio intenta suicidarse. Salicio y Nemoroso impiden que
se suicide y lo atan. Albanio se duerme.
-
Tercetos encadenados
(YZYZ) [97]: Diálogo. vv. 1032-1128: Nemoroso (fin),
Salicio.
Se habla de la cura de Albanio. El río Tormes. Severo
en la tierra de Alba. Nemoroso fue curado de amor por Severo.
-
Rima al mezzo
(700): «Diálogo». vv. 1129-1828: Salicio,
Nemoroso
(fin). Invocación a las ninfas. Elogio de la Casa de Alba:
Nemoroso narra cómo el río Tormes le mostró a Severo una urna de sucesos
futuros de la casa de Alba [Don García Álvarez de Toledo, I Duque
de Alba (m. 1430); Don Fadrique Álvarez de Toledo, II Duque de
Alba (1460-1531); Don García, quien muere a los 23 años, y
su esposa doña Beatriz de Pimentel, madre de Don
Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel (1507-1582), III Duque de Alba
[Boscán, ayo de Don Fernando], dones de los dioses Mercurio,
Marte,
Apolo,
Venus,,
Esculapio
e Himeneo, quien le otorga a María Enríquez de Toledo,
prima y esposa de Don Fernando, triunfos de Don Fernando en Francia, Alemania
y Austria contra Solimán
el Magnífico [Suleyman the Magnificent, Sultán del imperio
Otomano turco], guerra internacional de flamencos, italianos, españoles
y alemanes, vuelta a España por Barcelona, Aragón y Castilla. Fin
de la «lectura» de la urna. El río Tormes se niega a seguir
adelante, sin comentar el cometa Halley de 1531. Fin de elogio
y transición.
-
Estancias (26): Monólogo.
vv. 1829-1854: Salicio (fin). Salicio, Nemoroso (fin).
Salicio queda pasmado y no duda de la eficacia de la cura de Albanio,
llevada a cabo en un cercano futuro por Severo.
-
Tercetos (YZYZ) [31]:
Diálogo. vv. 1855-1885: Nemoroso (fin), Salicio.
Anochece. Llevarán a Albanio a ver a Severo antes de que
amanezca. Albanio ha permanecido dormido.
Formas métricas usadas: Tercetos:
889 vv. (I, III, V, VIII, X, XIII).
Estancias: 104 vv. (II,
VI, XII).
Rima al mezzo: 892
(IV, VII, IX, XI).
I. Tercetos ( 37).
Monólogo. Albanio (fin).
III. Tercetos (261).
Diálogo. Salicio (cont.), Albanio
(fin).
V. Tercetos (295).
Diálogo. Salicio, Albanio (fin).
VIII. Tercetos (168).
Diálogo a 4: Albanio, Camila, Salicio (fin), Nemoroso
X. Tercetos ( 97).
Diálogo. Nemoroso (fin), Salicio.
XIII. Tercetos ( 31).
Diálogo. Nemoroso (fin), Salicio.
-----
Total: 889 vv.
II. Estancias (39).
Monólogo. Salicio (cont.).
VI. Estancias (39).
Diálogo. Salicio, Albanio (fin).
XII. Estancias (26).
Monólogo. Salicio (fin).
----
Total:
104 vv.
IV. Rima al mezzo ( 48).
Diálogo. Salicio, Albanio (fin).
VII. Rima al mezzo ( 46).
Monólogo. Camila (fin).
IX. Rima al mezzo ( 98).
Diálogo a 3: Albanio, Nemoroso, Salicio (fin).
XI. Rima al mezzo (700). Diálogo.
Salicio, Nemoroso (fin). Elogio.
----
Total:
892 vv.
Égloga tercera de
Garcilaso:
LOS VIENTOS (DIOSES) CLÁSICOS:
| |
BOREAS
(AQUILÓN)
Dios del invierno
|
|
CÉFIRO
(FAVONIO)
Dios de vientos suaves y brisas
|
|
EURO
(VULTURNO)
Dios de lluvia
|
| |
NOTO
(AUSTRO)
Dios de tempestades
|
|
Escrita en 1536. Octavas reales (única
vez que usa esta forma Garcilaso).
Bases clásicas: Virgilio, Geórgicas IV; Virgilio,
Égloga
VII; Ovidio, Metamorfosis IV. 1-41, 389-415; Sannazaro, Prosa
XII de Arcadia; Catulo, poema lxiv.
Hablante lírico ----MENSAJE---- [destinatario]
María
[la virreina doña María Osorio Pimentel, esposa de don Pedro
de Toledo, virrey de Nápoles, quienes tenían cuatro hijas--Leonor,
Juana,
Ana
e Isabel-- y 2 hijos--don Fadrique y don García.
MENSAJE: Descripción de amores imposibles o desgraciados.
Lienzos de cuatro ninfas (del Tajo) [Virgilio, Geórgicas
IV. 336-45]:
Ninfas limnátides en «Hilas
y las ninfas» de John W. Waterhouse (1849-1917)
| NB: Las ninfas («novias») son personificaciones
femeninas de la naturaleza. Hay muchos tipos de ninfas: Ninfas
terrestres («Epigeas»): Agrónomas (campos), Alseides (flores),
Antríades (cuevas), Auloníades (pastizales), Corícides o coricias (cuevas,
son las musas clásicas), Dríades (bosques) [Hamadríades (árboles) y
Melíades o melias (fresnos)], Hespérides (jardines), Híades (lluvia),
Limónides o hénides (prados), Napeas o napías (valles de montañas,
cañadas), Oréades u orestíades (montañas, montes; forman el cortejo
de Diana); Ninfas acuáticas («Efidríades»):
Oceánides (hijas de Océano; cualquier agua, normalmente salada), Nereidas
(hijas de Nereo; del mar Mediterráneo), Náyades (normalmente al agua
fresca) [Creneas o crénides (fuentes), Limnátides o limníades (lagos),
Pegeas (manantiales) y Potámides (ríos)]; Otras:
Epimélides (ovejas) y Trías (ninfas proféticas de la miel). |
Estructura de la égloga tercera
de Garcilaso (47 octavas reales):
I. Introducción.
Invocación a María (doña María Osorio Pimentel, esposa
de don Pedro de Toledo, virrey de Nápoles y tío del Duque de Alba.
Descripción del paisaje. Alusión a los pintores clásicos Apeles
(Alejandro, Venus) y Timantes («Sacrificio de Ifigenía») [15
octavas: octavas 1-15].
II. ÉGLOGA PISCATORIA
(23 octavas: octavas 16-38):
A.
Lienzos de las ninfas (18 octavas: octavas 16-33):
1.
Filódice («quien coge hojas»):
Orfeo y Eurídice (3 octavas:
octavas 16-18).
2. Dinámene («poderosa en el mar»): Apolo y Dafne
(3 octavas: octavas 19-21).
3. Climene («riego»): Adonis y Venus (3 octavas:
octavas 22-24).
4. Nise («nadar, isla» [Inés de Castro, degollada]): Elisa
y Nemoroso. Elisa es la ninfa degollada (degollada significa
«desangrada», como Isabel Freyre [variante ygualada [amortajada])
[9 octavas: octavas 25-33). Una diosa escribe el epitafio de Elisa.
III. Transición (5
octavas: octavas 34-38): Conclusión a la parte piscatoria de la
égloga.
Introducción a la parte bucólica, que contiene los cantos
amebeos de Tirreno y Alcino.
IV. ÉGLOGA BUCÓLICA
(8 octavas: 39-46): Canciones amebeas (competencia/disputa de trovadores/alternancia):
A.
Tirreno,
quien ama a Flérida (4 octavas: octavas 39, 41, 43, 45).
B. Alcino, quien ama a Filis (4 octavas: octavas 40, 42,
44, 46).
V. Conclusión a la
égloga (1 octava: octava 47).
Tres historias clásicas de amor:
«Adonis y Venus», de Ticiano
(1555)
|
Orfeo y Eurídice», de
Joseph Paelinck (1818)
|
Apolo y Dafne, de Giovanni Billverti
|
Definición de términos:
-
IDILIO (griego, «escena»):
poema o episodio sobre la vida rural, o descripción de vida campesina.
Teócrito
(Theocritus),
Idilios.
-
ÉGLOGA (griego: «selección»):
poema breve pastoril, o parte de poema más extenso, en soliloquio o forma
dialogada. Teócrito, Virgilio.
-
GEÓRGICA (griego: «campesino,
granjero, agricultor», también «quien cría animales domésticos»).
Poesía didáctica sobre cómo hacer algo. Se alaba en estos poemas
la naturaleza y la vida campesina. Virgilio, Geórgicas.
-
PASTORAL /
BUCÓLICO
(«de pastores» o vaqueros [cowherd]): Idealización de la vida
pastoril. Diálogos o monólogos sobre la vida de pastores, cabreros,
campesinos, o pescadores (piscatorias).
Teócrito, Mosco
(Moschus), Virgilio, Sannazaro, Montemayor, Cervantes, Sidney, Spencer,
etc. Nostalgia por el pasado o por algún lugar hipotético de amor,
paz y tranquilidad que se ha perdido. Se busca lo sencillo, lo no
urbano (guerra, corrupción, etc,). Añoranza de inocencia.
Armonía con la naturaleza (pre-caída del hombre), paraíso. Primitivismo.
Cualquier forma de primitivismo.
-
VERSOS AMEBEOS (amoebaen
verses [del griego amoibe > cambio]): Estrofas alternantes entre
pastores que debaten o compiten entre sí, creando así suspenso en una
égloga, que es esencialmente un género poético que se presta a la narración.
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