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Fernando
de Herrera:
(1534-1594)
Fernando de Herrera, «El
Divino», nació en Sevilla en 1534. Su padre fue
hidalgo de pocos bienes. Fue amigo del humanista sevillano Juan
de Mal Lara (1524-1571), con quien compartió la ambición
de saber enciclopédico, característica del hombre del Renacimiento.
Herrera cursó estudios eclesiásticos y recibió órdenes
menores. Tenía una pasión por la libertad absoluta,
y hasta se negaba a recibir cualquier merced que pudiera encadenarle de
cualquier modo. Era un espíritu refinado que no se abría
fácilmente a la intimidad. Tenía pocos amigos, y ellos
todos humanistas, poetas o escritores. Herrera era enemigo de lisonjas,
de favores y de murmuraciones. Fue severo en sus costumbres.
Amaba la soledad y el silencio. Representa este hombre el arquetipo
del poeta culto, entregado con celo casi religioso a su vocación
intelectual, a sus creaciones poéticas y al acrecentimiento de su
saber. Pulía y corregía sus trabajos escrupulosamente
en busca de una perfección que nunca le parecía lograda;
modificaba una y otra vez sus composiciones y llegaba hasta a rehacer por
completo una obra entera si no le satisfacía. El poeta andaluz
había sustituido casi en su totalidad la inspiración por
una atormentada manipulación del lenguaje.
La vida personal de Herrera
carece de interés. Conoció, sin embargo, una pasión
intensa por la Condesa de Gelves, Doña Leonor de Millán,
esposa de Don Álvaro Colón y Portugal, segundo Conde
de Gelves y biznieto del Descubridor,
quien fijó su residencia en Sevilla en 1559. Toda la lírica
amorosa de Herrera gira en torno a este amor. Jamás descubre
en su poesía el nombre de la mujer amada, a la que celebra por medio
de varios epítetos: Luz, Estrella,
Lumbre,
Lucero,
Sirena,
Aglaya
y Eliodora. Sólo los íntimos amigos de Herrera
conocían su secreto. Fue sólo el pintor
Francisco
Pacheco, (1564-1644) en su Libro de retratos (ca.
1599), quien menciona el nombre de su amada en un elogio a Herrera.
Después de la muerte de la Condesa en 1581, Herrera renunció
totlamente a la poesía y trabajó tan sólo en obras
de preceptiva literaria y de historia.
La primera edición de
las poesías de Herrera apareció en vida del poeta en Sevilla
en 1582. Una segunda edición fue publicada por el pintor
Pacheco en 1619 (365 composiciones). Ha habido otras ediciones
de José María Asensio (1870), Adolfo Coster (París,
1908) y José Manuel Blecua (1948). Uno de los mejores estudios
de Herrera fue compuesto por Oreste Macrí en 1959. Blecua
piensa que el pintor Pacheco editó las obras de Herrera el Divino
modificándolas según el gusto literario del momento, el «culteranismo».
No se sabe hasta qué punto fueron modificadas las poesías
de Herrera por haberse perdido las originales. Representa Herrera
el enlace entre el Renacimiento y el Barroco.
Herrera representa la total
nacionalización
del petrarquismo y del italianismo introducidos en España
por Boscán y Garcilaso durante el Primer Renacimiento. Herrera
da entrada a los motivos patrióticos y religiosos en su poesía,
al lado de los eróticos y pastoriles del Primer Renacimiento.
Hay énfasis, grandilocuencia, cultismos latinizantes, suntuosidad,
opulencia verbal, complicación sintáctica, acumulación
y brillantez de metáforas, elementos todos que anticipan el arte
barroco.
Antes de su enamoramiento, Herrera
quiso destacarse como poeta épico. Garcilaso, el soldado heroico
del Emperador, embebido en su mundo pastoril, no escribe un sólo
verso para cantar las glorias militares de su tiempo. Herrera, el
clérigo sedentario, encarna poéticamente el ideal imperial
de la España guerrera y religiosa y la interpretación
providencialista de la monarquía española, convertida
en brazo seglar de Dios para la lucha armada contra los enemigos de la
cristiandad. Vemos esto en la «Canción al Señor
don Juan de Austria»,
escrito probablemente en 1571 (la batalla naval de Lepanto
fue el 7 de octubre de 1571).
Don Juan de Austria
(G. K. Chesterton: RU (1874-1936),
«Lepanto»)
En la «Canción a
la Batalla de
Lepanto» hay elementos bíblicos.
Para este poema escoge la estancia de 10 versos endecasílabos
con un solo heptasílabo, combinación métrica apropiada
para la importancia de este gran hecho histórico. Esta canción
de Herrera encarna el espíritu patriótico y religioso de
la España tridentina. Tiene Herrera varios poemas sobre Carlos
V y uno sobre «El Elogio de la vida y muerte de Tomás
Moro», apología del famoso canciller inglés
(St. Thomas More) y polémico ataque contra las violencias del protestantismo.
Es Herrera el poeta más representativo de la España de
la Contrarreforma.
Sus obras didácticas:
Anotaciones
a Garcilaso (Sevilla, 1580).
Última actualización:
27 de febrero de 2012
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