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LA
MÍSTICA ESPAÑOLA:
Al reinado del rey Felipe
II , «El Prudente» (r. 1554-1598), corresponde una de las
manifestaciones literarias de mayor importancia que han conocido las letras
hispanas: la literatura ascético-mística. Durante
los siglos XVI y XVII, más de 3.000 libros fueron publicados sobre
esta materia. La ascético-mística es, entonces, uno
de los géneros más genuinos y representativos de España.
Su florecimiento, sin embargo,
se produce en España como un hecho tardío. La mística
es un fenómeno peculiar de los siglos medios en todas las literaturas
de Europa, aunque en este época tenemos en España al catalán
Raimundo
Lulio y la mística musulmana. Pero es en la Edad Moderna
cuando este tipo de literatura se convierte, en España, en la más
perfecta y profunda del mundo.
Raimundo Lulio (ca. 1232-1315),
Reino de Mallorca, Corona de
Aragón
Las causas determinantes de la
aparición de la ascético-mística en el siglo XVI son:
-
Al producirse la gran tension espiritualista de la lucha
contra el protestantismo.
-
El contacto en esta época con los países germánicos,
donde se habían dado las más altas figuras del misticismo
medieval.
-
Como vía de escape, dentro de la religiosidad ortodoxa,
del fervor intimista provocado por el erasmismo, así
como el creciente individualismo de la época renaciente.
El comienzo de la literatura mística
coincide con la terminación de la Reconquista y después del
Primer Renacimiento, cuando el alma española va a volverse hacia
adentro (según el filósofo marxista [estalinista] Alexander
Kojève, después de conquistar todos los terrenos geográficos
del mundo, el hombre moderno se adentra, tratando de conquistarse a sí
mismo, su sique espiritual).
La mística castellana:
-
Carece de una efectiva tradición medieval, a excepción
del contacto con la obra de Raimundo Lulio y la posible influencia semítica
recibida principalmente a través de él (la influencia semítica
se refiere a sus dos ramas: la árabe y la judía).
-
Aparece en plena Edad Moderna y es la última de las
grandes manifestaciones colectivas de la mística teológica.
-
La tendencia más genuina de la mística española
es de caracter ecléctico, armonizador entre tendencias extremas.
-
En la literatura religiosa hispana predomina lo ascético
sobre lo místico.
-
La mística española es de excelente estilo
literario y aspira a influir en la educación moral del pueblo.
Hay cuatro períodos en la
historia de la mística, según Pedro Sáinz Rodríguez
en su Introducción a la historia de la literatura mística
en España (Madrid, 1927):
-
Período de importación e iniciación,
que comprende desde los orígenes medievales hasta 1500, durante
el cual se traducen y difunden las obras de la mística extranjera.
-
Período de asimilación (1500-1560)
en el que las doctrinas importadas son por pimera vez expuestas a la española
por los escritores que son precursores (Hernando de Talavera, Fray Alonso
de Madrid, Fray Francisco de Osuna, Fray Bernardino de Laredo, Juan
de Ávila y otros).
-
Período de plenitud y de intensa produccion
nacional (1560-1600, reinado de Felipe II).
-
Período de decadencia o compilación
doctrinal, prolongado hasta mediados del siglo XVII, representado
no por creadores originales sino por retóricos del misticismo que
se ocupan de ordenar y sistematizar la doctrina del período anterior.
Marcelino Menéndez
y Pelayo, en un ensayo sobre «La poesía mística
en España», hace una clasificación por escuelas según
las órdenes religiosas de los místicos:
-
Ascetas dominicos, cuyo prototipo es Fray Luis
de Granada.
-
Ascetas y místicos franciscanos (San Pedro
de Alcántara, Fray Juan de los Ángeles, Fray Diego
de Estella, etc.).
-
Místicos carmelitas (San Juan de la Cruz,
Santa
Teresa de Jesús, etc.).
-
Ascetas y místicos agustinos (Fray Luis
de León, Malón de Chaide, etc.
-
Ascéticos y místicos jesuitas (San
Francisco de Borja, Nieremberg, y otros).
-
Clérigos seculares y los laicos (Juan de Valdés,
Miguel de Molinos), que son místicos heterodoxos.
Cada orden religiosa tiene una tradición
teologica y doctrinal.
Esta clasificacion se puede simplificar
por medio de tres corrientes:
-
Afectiva (el predominio de lo sentimental sobre
lo intelectual), que tiene siempre presente la imitación de Cristo,
del Cristo hombre como vía por donde nosotros podemos llegar a la
Divinidad (franciscanos y agustinos).
-
Intelectualista o escolástica, que busca el
conocimiento de Dios mismo por la elaboración de una doctrina metafísica
(dominicos y jesuitas).
-
Ecléctica o española, representada por
la mística carmelita.
Helmut Hatzfeld, en
sus Estudios literarios sobre mística española (Madrid,
1955) ha fijado 5 grupos principales:
-
La Teoría Ahistórica, propuesta por
Jean
Baruzi, en un estudio francés sobre San Juan de la Cruz,
el cual sostiene la originalidad de los místicos españoles
que descubren sus símbolos decisivos independientemente de las condiciones
históricas.
-
La Teoría Sintética, de Gaston Etchegoyen,
en un estudio francés sobre Santa Teresa de Jesús,
el cual supone que toda producción de la mística española
puede explicarse como una fusión sintética de diferentes
formas más antiguas, todas exclusivamente occidentales.
-
La Teoría Secular, de Dámaso Alonso,
quien propone que los elementos numerosos del simbolismo de los místicos
españoles se derivan de la poesía profana, popular
o culta, sobre todo de la poesía de Garcilaso de la Vega,
el romancero y el cancionero.
-
La Teoría Árabe, de dos arabistas espanoles:
Julián
Ribera y Miguel Asín Palacios, sobre todo de este último,
que ha visto afinidades entre los escritos de San Juan de la Cruz y los
del mistico mahometano Abenarabí, de la primera mitad del
siglo XIII; además está comprobada la influencia del
misticismo musulmán en el catalán
Raimundo Lulio.
-
La Teoría Germánica, que alega que el
influjo mayor recibido por los místicos españoles proviene
de los místicos alemanes como Meister Eckart, del Santo Imperio
Romano; o el flamenco Jan van Ruysbroeck; o el neerlandés
Thomas
à Kempis.
Para Hatzfeld, tanto el oriente
como el occidente han contribuido en parte a la formación del lenguaje
de los místicos españoles.
La palabra «mística»
procede de un verbo griego que significa «cerrar», de
donde aquel vocablo vendría a tener un sentido como de «oculto»
o «secreto»; así, de acuerdo con su etimología,
sería la mística como una vida espiritual secreta y distinta
de la ordinaria de los cristianos. En su sentido más propio
debe aplicarse a las manifestaciones de la vida religiosa sometida a la
acción extraordinariamente sobrenatural de la Providencia.
La palabra «mística» estrictamente sólo deberá
aplicarse para designar las relaciones sobrenaturales, secretas,
por las cuales eleva Dios a la criatura sobre las limitaciones de su naturaleza
y la hace conocer un mundo superior, al que es imposible llegar por las
fuerzas naturales ni por las ordinarias de la Gracia. Misticismo
es el conocimiento experimental de la presencia divina, en que el
alma tiene, como una gran realidad, un sentimiento de contacto con Dios.
Perso si la mística es el punto más alto de la vida espiritual
y representa un regalo extraordinario de la Gracia de Dios, el alma
puede colaborar por todos los medios a su alcance para aproximarse a tal
estado de perfección y hacerse digna de él. Esta variada
serie de esfuerzos o ejercicios del espíritu se designa con
el nombre de «ascética», que podría definirse
como la pedagogía humana que conduce hacia el misticismo.
La ascética depende, pues, exclusivamente, de la voluntad
y actividad humanas; deriva esta palabra del verbo griego que significa
«ejercitarse», pues se trata del período de la
vida espiritual en que, por medio de ejercicios espirituales, mortificaciones
y oración, logra el alma purificarse, purgarse o desprenderse
del afecto a los placeres corporales y a los bienes terrenos.
Tres vías o momentos distinguen
los tratadistas en el camino hacia la unión con la Divinidad:
-
La de los que comienzan, o VÍA PURGATIVA, en
la que el alma se liberta poco a poco de sus pasiones y se purifica de
sus pecados.
-
La de los que van aprovechando, o VÍA ILUMINATIVA,
durante la cual el alma se ilumina con la consideración de los bienes
eternos y de la pasión y redención de Cristo.
-
Y, finalmente, la de los perfectos, o VÍA UNITIVA,
en la que se llega a la unión con Dios, segun el modelo definido
por San Juan de la Cruz como «matrimonio espiritual».
La ascética está,
pues, en el camino de la mística, y de los tres momentos dichos:
los dos primeros son comunes a ambas, quedando el último reservado
para la segunda. En lo que atañe a su contenido, la ascética
se basa en el ejercicio racional, mientras que la mística
es puramente intuitiva. No puede llegarse a la cima de la
perfección espiritual sin pasar por el camino de la ascética.
LA MÍSTICA FRANCISCANA:

San
Francisco de Asís encarna el más encendido y puro
amor de Dios. Una sostendida tradición conduce la esencia
del espíritu de San Francisco a través de todos los escritores
de la Orden para constituir la escuela mística franciscana, de tendencia
profundamente afectiva, «ciencia de amor», en
la que apenas el discurso y la inteligencia tienen parte. Estos preparan
el camino de Santa Teresa. Exaltación casi panteísta
de las descripciones de la naturaleza. Las obras franciscanas
son didácticas y de ejemplo moral.
LA MÍSTICA CARMELITA:
Santa Teresa de Jesús
(de Ávila)
La cima más alta de toda
la mística española y universal es la alcanzada por los escritores
de la Orden del Carmelo: Santa
Teresa de Jesús (Ávila: 1515-1582) y San Juan
de la Cruz (n. Fontiveros, Ávila). Ambos fueron escritores
excepcionales que lograron alcanzar en vida la perfección.
SAN JUAN DE LA CRUZ
(1542-1591):
San Juan de la Cruz eleva
la poesía mística a la más intensa y sublime expresión
a que ha llegado el misticismo universal. Es el último de
los grandes místicos. También en él se agotan
las posibilidades de la poesía religiosa. También es
una de las voces líricas más puras que jamás hayan
existido.
Juan de Yepes y Álvarez
nació en 1542 en Fontiveros, provincia de Ávila. Era
de familia noble pero arruinada. Estudió primero con los jesuitas
en la ciudad de Medina del Campo, y a los 19 años ingresó
de novicio en el Colegio de Carmelitas con el nombre de Fray
Luis de Santo Matías. Después de profesar continuó
sus estudios en la Universidad de Salamanca y, ordenado de
sacerdote en 1567, regresó a Medina del Campo. Fue amigo de
Santa
Teresa de Jesús, quien representa la cima de la prosa mística
española y, con ella, emprendió reformas eclesiásticas
en la rama masculina de la Orden del Carmelo, fundando el primer
monasterio de Carmelitas Reformados, o Descalzos, en Duruelo.
Desde entonces tomó el nombre de Fray Juan de la Cruz.
En 1572, al ser elegida Santa Teresa como abadesa de la casa madre de Ávila,
San Juan fue designado director espiritual de aquel convento. San
Juan fue elegido prior de varios conventos. En 1577 fue preso
en Toledo por frailes calzados pero escapó de la cárcel
a los 8 meses. En la ciudad de Úbeda murió el
13 de diciembre de 1592 por consecuencia de ciertas calenturas.
Su cuerpo fue después trasladado a Segovia. Está
sepultado en Segovia. Fue beatificado en 1675, hecho santo
en 1726, y declarado Doctor de la Iglesia en 1926.
La obra de San Juan es breve:
-
En su primer período usa el metro de romance y de
cantares de forma tradicional en 5 canciones, 10 romances, y 2 glosas a
lo divino.
-
En su segundo período se encierra en poesía
puramente mística: consta de 3 composiciones, a saber: «Noche
obscura del alma» , «Cántico espiritual» y «Llama
de amor viva». Se consideran estas tres obras como una
unidad que forma un tratado poético de la ascención mística.
En la «Noche oscura» canta el poeta la huida del alma, en medio
de la noche, de la prisión de los sentidos y, al fin, libre de ellos,
la unión con el Amado. El «Cántico espiritual»
expone el proceso místico del camino hacia Dios: en las 12 primeras
estrofas el de la vía purgativa, en las 9 centrales el de
la vía iluminativa, y en las restantes el de la vía
unitiva, dedicando las cuatro finales a exponer el estado de unión.
En «Llama de amor viva» el poeta canta jubiloso y enamorado
su goce supremo.
En diversos momentos de su vida
esciribió San Juan unos comentarios en prosa para glosar sus propias
composiciones en verso. A la «Noche» le dedicó
dos tratados («Subida del monte Carmelo» y «La noche
obscura del alma»).
La poesía de San Juan
es puramente mística. La idea de las tres vías viene
de San Bernardo
de Clairveux (abad francés del siglo XII), así como
la utilización del «Cantar de los cantares» para simbolizar
la vida mística, así como la peculiaridad de ver en la «Esposa»
no a la Iglesia o a la Madre de Dios sino al alma humana. San Juan
también se sirve de formas poéticas tradicionales (romances
y cantares), así como de metros y estrofas renacentistas para verter
su poesía espiritual. En casi toda la poesía de San
Juan, elementos de poesía amatoria han sido divinizados. En
efecto, San Juan toma el máximo poema de amor, divinizado, que la
tradicion le ofrece: El cantar de los cantares.
Alonso Cano. Premio
lácteo a San Bernardo (ca. 1656 y 1660).
Museo del Prado
En San Juan coexiste el místico
enamorado que escribía como en pleno rapto o arrobo,
y el técnico experto que afina minuciosamente los recursos artísticos
de su poesía. Su poesía se expresa en bellas metáforas,
símbolos e imágenes, y usa la alegoría del matrimonio.
La naturaleza se usa en toda su riqueza: montes, ríos, árboles,
flores, animales, perfumes, pero siempre como elementos alegóricos.
Su vocabulario es rico en sinonimias, palabras populares y rústicas,
antíteses, onomatopeyas. En su poesía se unen tres
corrientes de la poesía castellana: a) la poesía popular
«a lo divino», b) la poesía popular del romancero y
c) la poesía renacentista.
El tema único de su poesía
es el de la unión mística con Dios. En efecto su poesía
ha sido clasificada como «poesia erótica a lo divino».
El plano humano ha sido elevado al más alto simbolismo religioso.
SANTA TERESA DE JESÚS
(1515-1582):
La
de Santa Teresa
Teresa de Cepeda y Ahumada,
o Santa Teresa de Jesús (Santa Teresa de Ávila)
fue una monja carmelita. Llega el misticismo español
a su máxima expresión humana. Sus obras en prosa son:
Camino
de perfección (1565), dirigido a sus compañeras monjas;
El libro de su vida (1588), su autobriografía; y
Las moradas
o castillo interior (1588), tratado doctrinal de sus experiencias místicas.
Fue declarada primera Doctora de la Iglesia en el siglo XX por el
papa Paulo VI el 27 de septiembre de 1970.
EJEMPLOS DE POESÍA Y PROSA:
Tiróme con una flecha
enarbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su criador;
ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
que es mi amado para mí
y yo soy para mi Amado.
¡Ay, que larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros!
Esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida.
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.
¡Oh muerte benigna,
socorre mis penas!
Tus golpes son dulces,
que el alma libertan.
¡Qué dicha, oh mi Amado,
estar junto a ti!
Ansiosa de verte
deseo morir.
La vida terrena
es continuo duelo;
vida verdadera
la hay sólo en el cielo.
Permite, Dios mío,
que viva yo allí.
Ansiosa de verte
deseo morir
Hoy nos viene a redimir
un Zagal, nuestro pariente,
Gil, que es Dios omnipotente
Viene pobre y despreciado,
comenzadle ya a guardar . . .
no nos lleven el Cordero:
¿no ves que es Dios soberano?
En la oscuridad mi luz,
mi grandeza en puesto bajo.
Mi lauro está en el desprecio,
mi dignidad sea el rincón
y la soledad mi aprecio.
Moradas:
«[E]s que no se ve cosa ni interior ni exteriormente,
porque no es imaginaria; mas sin verse nada, entiende el alma quién
es . . . [es] como si una persona sintiese que está otra cabe ella,
y porque estuviese a oscuras no la vemos, cierto entiende que está
allí, salvo que no es comparación bastante».
Última actualización:
24 de febrero de 2012
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