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DRAMA
DEL XVIII:
El gusto de Felipe V por la ópera italiana
afectó el gusto del teatro entre 1720-1730. Había más
interés en espectáculos que ideas. El teatro de ideas
era de minorías. Preferían los públicos ver
tramoyas y oír chistes, carros triunfales, con canciones y bailes.
Hubo interés en sátira moral después de 1712.
Había preocupación por no mostrar situaciones inmorales en
el teatro. Hay preocupación por la moral pública, el
elogio de la razón, y el representar una sociedad bien ordenada
(como para evadir los desarreglos causados por la Guerra de Sucesión
[War
of the Spanish Succession]). Se veía el teatro
como el instrumento ideal para la reforma social y moral (cf. Ignacio
de Luzán, Poética o reglas de la poesía
en general y de sus principales especies, 1737). Hay también
interés en seguir las unidades de tiempo, lugar y acción.
El hombre de bien encuentra tranquilidad en el reconocimiento de su propia
virtud.
LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN
(1760-1828):

Escribe comedias serias y se preocupa por valores
sociales e ideas de la Ilustración como la educación, la
verdad, la razón, la justicia social, y las pasiones. Sus
personajes son algo complejos. La naturaleza humana es capaz del
bien y del mal, así que la moralidad social (no religiosa) es necesaria
para enseñarle al género humano la forma de portarse sin
dañar a nadie. El ideal es la moderación, no la represión.
La familia se representa como modelo de la sociedad, generalmente.
El amor es necesario para unir a la sociedad. Se ajusta a las unidades
clásicas de tiempo y lugar, y reduce la acción o enredo a
lo indispensable (como Nicolas
Boileau-Despréaux (1636-1711) en L'Art poétique,
Alexander
Pope [1688-1744] en su Essay on Criticism).
Sus dramas contienen cambios de dirección, pausas en los parlamentos
de los personajes, e interrupciones, que contribuyen al contenido emocional
y al ritmo de la acción dramática. Se enfatiza el sentimiento
humano. En La comedia nueva, don Hermógenes representa
la sinrazón (la irracionalidad o la locura), así como don
Serapio, don Eleuterio y su esposa doña Agustina. Doña
Mariquita (representatne de la baja burguesía) y don Antonio (representante
de la alta burguesía) representan personajes guiados por la razón.
En La comedia nueva, Moratín se burla de un drama que se
basa sólo en espectáculo. Moratín desarrolló
un teatro burgués (de clase media) y de moralidad burguesa (la familia,
etc.). Los dramas de Moratín enfatizan la nobleza no titular:
el hidalgo (no el Grande, o sea, el aristócrata titular [Duque,
Conde, Marqués]) que tiene un puesto administrativo, o que
está involucrado en el comercio o en el ejército. También
aparece la baja burguesía, como en el caso de don Eleuterio, que
se ve como representante de un grupo social que se debe favorecer y proteger,
pero no librar o eximir de obligaciones (pechos [impuestos], etc.).
Recomienda Moratín sacar de la clase media de la sociedad (o sea,
de la burguesía) los argumentos, los personajes, los caracteres,
las pasiones y el estilo en que el drama nuevo burgués debe expresarse.
La verdadera «nobleza» (nobleza moral, no titular) está
en su utilidad de cada miembro a la sociedad, no en sus títulos;
sin embargo, el de abajo no debe aspirar a la alta nobleza sino conformarse
con su estado.
Grandes
críticos literarios de la Ilustración:
Nicolas Boileau-Despréaux
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Alexander Pope
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