|
DON FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS: (Sept. 1580-1645):
Nació en Madrid de familia hidalga de
la montaña de Santander. Pasó su vida infantil en Palacio
y en la Corte, donde se interesó por la política. Su
padre fue secretario de la princesa María, hija de Carlos V y esposa
de Maximiliano, emperador de Alemania, y también fue secretario
de doña Ana de Austria, cuarta mujer de Felipe II. Quevedo
estudió con los jesuitas en Madrid, y después cursó
estudios en las Universidades de Alcalá y Valladolid. En Alcalá
estudió lenguas clásicas, francés, italiano y filosofía.
En Valladolid siguió estudios teológicos. Antes de
recibir ordenes menores con intenciones de dedicarse al sacerdocio, regresó
a Madrid, con la corte, en 1606. Empieza a escribir los Sueños
en 1607. En 1613 fue a Italia como secretario de don Pedro Téllez
Girón, duque de Osuna, quien fue nombrado virrey de Sicilia.
Quevedo trató que se le nombrara al duque de Osuna virrey de Nápoles.
El duque, sin embargo, se metió en política italiana, tratando
de hundir a Venecia, enemiga entonces de España, pero este plan
fracasó al ser acusado el duque, por los venecianos, de que el duque
de Osuna trataba de independizarse de España. Esto causó
la caída del duque y el ascenso al poder del conde-duque de Olivares.
Osuna fue encarcelado y Quevedo fue desterrado a la Torre, propiedad suya.
Quevedo defendió al Duque de Osuna hasta su muerte. Trató
de ganarse la amistad del conde-duque de Olivares y le dedicó algunas
obras suyas (la epístola satírica «No he de callar,
por más que con el dedo»). Desafortunadamente, el 7
de diciembre de 1639 fue detenido y encarcelado después en León
entre 1639-1643, supuestamente por haber leído el nuevo rey, Felipe
IV, bajo su servilleta, el famoso memorial «Católica, sacra,
real Majestad», que enojó al monarca. Fue sacado de
prisión 5 meses después de la caída de Olivares, sin
que se le hubiera abierto proceso ni tomado declaración alguna.
Quevedo era antifeminista y permaneció soltero casi toda su vida.
Sin embargo, vivió amancebado con una mujer llamada «La Ledesma»,
de la que tuvo varios hijos. Aparentemente Quevedo adoraba a la Mujer
pero le fastidiaban las mujeres. Se casó finalmente en 1634,
cuando ya tenia 54 años, con una viuda, doña Esperanza de
Aragón, pero el casamiento duró poco y después de
muchos disgustos se separó de ella en 1636. Publicó
el Buscón en 1626, su famosa novela picaresca.
Su poesía fue publicada después de morir. Aparecieron sus poesías en El Parnaso español (1648) de José González de Salas, humanista y amigo de Quevedo. Versos adicionales de Quevedo aparecieron en Tres musas últimas castellanas (Segunda parte del Parnaso español) (1670), reunidos y publicados por un sobrino suyo, Pedro de Alderete. Poesía amorosa: La parte más importante de su poesía es la amorosa, donde vemos la continuación de la trayectoria petrarquista de contrarios, dualidades conceptuales y versos bimembres, sobre todo en los finales de estrofa. Cantó Quevedo a varias damas, entre ellas a Amarilis, Aminta, Doris, Filis, Flora y Jacinta. A Lisi (Lisis, Lisinda) le dedicó 65 sonetos, un madrigal y 4 idilios, compuestos a lo largo de 21 años. Supuestamente, era una dama real, doña Luisa de la Cerda, por quien suspiró Quevedo por mucho tiempo. El mejor poema de Quevedo, y posiblemente el mejor de la literatura española, según Dámaso Alonso, es el de «cerrar podrá mis ojos la postrera» (polvo enamorado). Poesía severa, moralizadora: Poesía estoica, ascética, satírica, imitaciones de los satíricos latinos Persio y Juvenal. Pesimismo profundo, casi anticristiano. El ascético cristiano desdeña la vida terrenal como imperfecta de la divina espiritual, pero no la odia ni duda de ella. Al contrario, la acepta como es. Se resigna a ella. Quevedo la odia. Su pesimismo es asolador. También ha perdido fe en el género humano. Tiene muchos poemas a la muerte. Poesía burlesca y satírica: Si Góngora eleva la realidad a lo bello y lo sublime, Quevedo la derriba, la degrada, la aplebeyisa, sobre todo el mundo renacentista mitológico y el caballeresco medieval, como vemos en la «Pavura de los condes de Carrión» y en los poemas de «Apolo y Dafne». Así como sus 25 letrillas, la más famosa siendo «Poderoso caballero es Don Dinero». Se incluyen aquí también las sátiras contra Góngora. 16 jácaras, romances para ser cantados, sobre gente del hampa, que usa lenguaje de germanía.
Poesía de carácter
político: Sátiras políticas como
la «Epístola censoria al Conde?Duque» («No he
de callar, por más que con el dedo»). Odiaba las corridas
de toros. La espístola, sin embargo, no es una censura contra
Olivares sino amistoso consejo para su buen gobierno. También
el famoso memorial «Católica, sacra, real Majestad»,
al que se atribuye la desgracia y prisión del poeta. Una de
las silvas de esta composición es «Es lícito a un rey
holgarse y gastar, / pero es de justicia medirse y pagar».
«Al labrador triste le venden su arado, / y os labran de hierro un
balcón sobrado». «Nunca tales gastos son migajas
pocas, / porque se las quitan muchos de sus bocas». Tiene otro
«Sobre el estado de la monarquía» («Toda España
está en un tris / y a pique de dar un tras . . .»).
Hay un soneto «Al mal gobierno de Felipe IV»: «Los ingleses,
señor, y los persianos / han conquistado a Ormuz; las Filipinas
/ del holandés padecen grandes ruinas; / Lima está con las
armas en las manos; / el Brasil en poder de luteranos; / temerosas las
islas sus vecinas; / la Valtelina y treinta Valtelinas / serán del
Turco, en vez de los romanos. / La Liga, de furor y astucia armada, / vuestro
imperio procura se trabuque; / el daño es pronto, y el remedio tardo.
/ Responde el rey: ‘Destierren luego a Estrada, / llamen al conde de Olivares
duque, / case su hija, y vámonos al Pardo’».
|