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DON FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS: (1580-1645):
Francisco de Quevedo y Villegas
nació en Madrid de familia hidalga de la montaña de
Santander. Pasó su vida infantil en Palacio y en la Corte,
donde se interesó por la política. Su padre, Pedro
Gómez de Quevedo Villegas, fue secretario de la princesa María,
hija de Carlos V y esposa de Maximiliano, emperador de Alemania; también
fue secretario de doña Ana María de Austria, cuarta esposa
de Felipe II. Su madre, María Santibáñez de
Quevedo, fue dama de honor de la reina Ana María. Quevedo
estudió con los jesuitas en el Colegio Imperial de Madrid,
y después cursó estudios en las Universidades de Alcalá
y Valladolid, sobre todo cuando Valladolid fue capital de la
Corte (1601-1606). En Alcalá estudió lenguas
clásicas, francés, italiano y filosofía.
En Valladolid siguió estudios teológicos.
Antes de recibir ordenes menores con intenciones de dedicarse al sacerdocio,
regresó a Madrid, con la corte, en 1606. Empieza a escribir
los Sueños (Sueños y discursos) en 1607 (hasta
1623), obra que publica en 1627. En 1613 fue a Italia como
secretario de don Pedro Téllez Girón, duque de
Osuna, quien fue nombrado virrey de Sicilia. Quevedo trató
que se le nombrara al duque de Osuna virrey de Nápoles.
El duque, sin embargo, se metió en política italiana, tratando
de hundir a Venecia, enemiga entonces de España, pero este
plan fracasó al ser acusado el duque, por los venecianos, de que
el duque de Osuna trataba de independizarse de España.
Esto causó la caída del duque y el ascenso al poder del conde-duque
de Olivares. Osuna fue encarcelado y Quevedo fue desterrado a
una propiedad suya en La Torre de Juan Abad en Castilla-La Mancha.
Quevedo defendió al Duque de Osuna hasta su muerte. Trató
de ganarse la amistad del conde-duque de Olivares y le dedicó algunas
obras suyas (la epístola satírica «No he de callar,
por más que con el dedo»). Desafortunadamente, el 7
de diciembre de 1639 fue detenido y encarcelado después en
León entre 1639-1643, supuestamente por haber leído
el nuevo rey, Felipe IV, bajo su servilleta, el famoso memorial «Católica,
sacra, real Majestad», que enojó al monarca. Fue sacado
de prisión 5 meses después de la caída de Olivares,
sin que se le hubiera abierto proceso ni tomado declaración alguna.
Quevedo era antifeminista y permaneció soltero casi toda
su vida. Sin embargo, vivió amancebado con una mujer llamada
«La Ledesma», de la que tuvo varios hijos. Aparentemente
Quevedo adoraba a la Mujer pero le fastidiaban las mujeres. Se casó
finalmente en 1634, cuando ya tenia 54 años, con una viuda, doña
Esperanza de Aragón, pero el casamiento duró poco y después
de muchos disgustos se separó de ella en 1636. Publicó
el Buscón (Historia de la vida del Buscón llamado
don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños) en 1626,
su famosa novela picaresca. Quevedo fue autor de obras satírico-morales
(v. gr., Sueños y discursos [1627], el Buscón
[1626], La hora de todos y la Fortuna con seso); festivas
(v. gr.,
Gracias y desgracias del ojo del culo); teatrales
(Cómo ha de ser el privado); políticas (v.
gr., Política de Dios, gobierno de Cristo [1626], Vida
de Marco Bruto [1644],
Execración contra los judíos
[1633]); ascéticas (Providencia de Dios [1641]); filosóficas
(v. gr., La cuna y la sepultura [1634]) y de crítica literaria
(v. gr.,
La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades
en un día [1631], La culta latiniparla [1624]). Hizo
a la vez comentarios bíblicos (Lágrimas de Jeremías
castellanas) y tradujo a varios autores clásicos como Anacreonte
y Plutarco, entre los griegos, y, entre los latinos, Marcial,
Persio
y Juvenal.
Su poesía fue publicada después de morir. Aparecieron sus poesías en El Parnaso español (1648) de José González de Salas, humanista y amigo de Quevedo. Esta obra consiste de poesía heroica (Clío [musa de la historia y la epopeya]), moral (Polimnia [musa de los himnos]), fúnebre (Melpómene [musa de la tragedia]), amorosa (Erato [musa de la poesía lírica y amatoria]), lírica (Terpsicore [musa de la danza y la poesía coral]) y burlesca (Talía [musa de la comedia]). Versos adicionales de Quevedo aparecieron en Las tres musas últimas castellanas (Segunda parte del Parnaso español) (1670), reunidos y publicados por un sobrino suyo, Pedro de Aldrete. Esta obra contiene poesía amorosa (Euterpe [musa de la música y de la flauta]), satírica (Calíope [musa de la poesía épica y la canción narrativa]) y sacra (Urania [musa de la astrología y la poesía didáctica]). Los salmos de su «Heráclito cristiano» de 1613 fueron subsiguientmente incorporados a esta última obra de 1670. Apolo danza con sus hermanas, las nueve musas (ninfas) o «recuerdos» (Calíope, «la de la bella voz», musa de la poesía épica o canción narrativa; Clío, «la que celebra», musa de la historia o epopeya; Erato, «amorosa», musa de la poesía lírica o canción amatoria; Euterpe, «deleite», musa de la música, especialmente la de la flauta; Melpómene, «cantar», musa de la tragedia; Polimnia, «muchos himnos», musa de los cantos o himnos; Talía, «florecer», musa de la comedia; Terpsícore, «deleite de la danza», musa de la danza y poesía coral; Urania, «celestial», musa de la astronomía o astrología y de la poesía didáctica), hijas de Júpiter y Mnemósine (Memoria). Poesía
amorosa: La parte más importante de su poesía
es la amorosa, donde vemos la
continuación de la trayectoria petrarquista de contrarios, dualidades
conceptuales y versos bimembres, sobre todo en los finales de estrofa.
Cantó Quevedo a varias damas, entre ellas a Amarilis, Aminta,
Doris, Filis, Flora y Jacinta. A Lisi (Lisis, Lisinda)
le dedicó 65 sonetos, un madrigal y 4 idilios, compuestos
a lo largo de 21 años. Supuestamente, era una dama real, doña
Luisa
de la Cerda, por quien suspiró Quevedo por mucho tiempo.
El mejor poema de Quevedo, y posiblemente el mejor de la literatura española,
según Dámaso Alonso, es el de «Cerrar podrá
mis ojos la postrera».
Poesía
de carácter político: Sátiras políticas
como la «Epístola censoria al Conde-Duque» («No
he de callar, por más que con el dedo»). Odiaba las
corridas de toros. La espístola, sin embargo, no es una censura
contra Olivares sino amistoso consejo para su buen gobierno. También
el famoso memorial «Católica, sacra, real Majestad»,
al que se atribuye la desgracia y prisión del poeta. Una de
las silvas de esta composición es «Es lícito a un rey
holgarse y gastar, / pero es de justicia medirse y pagar».
«Al labrador triste le venden su arado, / y os labran de hierro un
balcón sobrado». «Nunca tales gastos son migajas
pocas, / porque se las quitan muchos de sus bocas». Tiene otro
«Sobre el estado de la monarquía» («Toda España
está en un tris / y a pique de dar un tras . . .»).
Hay un soneto «Al mal gobierno de Felipe IV»: «Los ingleses,
señor, y los persianos / han conquistado a Ormuz; las Filipinas
/ del holandés padecen grandes ruinas; / Lima está con las
armas en las manos; / el Brasil en poder de luteranos; / temerosas las
islas sus vecinas; / la Valtelina y treinta Valtelinas / serán del
Turco, en vez de los romanos. / La Liga, de furor y astucia armada, / vuestro
imperio procura se trabuque; / el daño es pronto, y el remedio tardo.
/ Responde el rey: 'Destierren luego a Estrada, / llamen al conde de Olivares
duque, / case su hija, y vámonos al Pardo'».
A. Robert Lauer
<arlauer@ou.edu> Última actualización: 9 de abril de 2012 |