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FRANCISCO DE RIOJA:
(ca. 1583-1659):


Bibliografía:

Soufas, Teresa S. "The Transvalued Discourse of Heroical Love in Francisco de Rioja's 'A una rosa amarilla.'"  South Atlantic Review {Atlanta, GA}52.2 (1987): 25-35.

Coste, Jean.  «Datos útiles para la biografía de Francisco de Rioja».  Melanges a la memoire d'Andre Joucla-Ruau. Chalon, Jean-Filippi, Paul--Guiral, Pierre--Lantieri, Simon.   Etudes Litteraires 2.  Aix-en-Provence: Univ. de Provence, 1978.  577-93.

     Teólogo sevillano y canónigo de su ciudad natal, Sevilla.  Vivió mucho tiempo en la corte como bibliotecario del rey, cronista de Castilla, y consejero de la Inquisición.  Fue gran amigo del conde-duque de Olivares, a quien acompañó en su destierro.  Volvió luego a Sevilla y más tarde a Madrid, donde murió.  Escribió Rioja algunas obras en prosa, entre ellas una defensa de Olivares, pero toda su importancia está en sus poesías.  Durante mucho tiempo se le atribuyeron la «Canción a las ruinas de Itálica» y la «Epístola moral a Fabio».  Escribió Rioja unos treinta sonetos amorosos y algunos menos de carácter filosófico cuyo tema capital es la brevedad de la vida y la inestabilidad de la fortuna.  Varios de ellos se dirigen a árboles o plantas, algunos al río Guadalquivir y dos muy notables, uno «A las ruinas de Atlántica» y otro  simplemente «A Itálica».  Tenía gran afición por las ruinas y  por motivos arqueológicos.  Con mayor maestría que el soneto maneja Rioja la silva.  Sus silvas más famosas son «A la rosa», «Al clavel», «A la rosa amarilla», «Al jazmín» y «A la arrebolera», por las cuales se le ha llamado «el poeta de las flores». De acuerdo con su propósito moral, el poeta aprovecha la fugacidad de su hermosura para elevarla a símbolo de lo caduco de la vida y de la gloria humanas.  Su obra más conocida es «A la rosa». La obra de Rioja es un modelo de sobriedad y de estudiada adjetivación, aunque bajo esta serenidad un tanto cerebral late cierta pasión que a veces estalla en bellas imágenes. 
     Pertenece Rioja (como Juan de Arguijo, Rodrigo Caro, Andrés Fernández de Andrada, Francisco de Medrano y Pedro de Quirós [no incluido en esta antología]) a la reacción clásica no gongorina de la escuela sevillana.  Sus notas claves son: el cansancio vital, el desengaño ante la vida, la nota ascética, el pesimismo y el desaliento.  Se interesan estos poetas también mucho por las ruinas, que cantan con gran nostalgia pero que examinan con curiosidad de arqueólogos.  Sufren de cierta melancolía romántica estos poetas sevillanos.  El paisaje y las bellezas de la naturaleza les brindan motivos de contraste para cantar la caducidad de lo terreno.  Domina en ellos, estilísticamente, una equilibrada serenidad.  Sus rimas son de gran perfección, sin nota de improvisación.

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