CANTARES DE GESTA:

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       Cantares de gesta: del latín gero > «hacer» (cosas hechas o sucedidas; o sea, no líricas o imaginadas): de carácter informático.  Son cantados por juglares (mester de juglaría > menester o ministerio > ocupación o profesión > ).  Los juglares difieren de los trovadores, quienes escribían pero no recitaban los poemas.  La epopeya (epic) es un género literario hermano de la historia.  Nace cuando la historia no existía o sólo se escribía en latín.  Se llaman épicas romances porque se usaba la lengua vulgar, no el latín.  Aspecto popular, democrático.  Se enfatizaba el oído. 

     Dos tradiciones:

  1. Joseph Bédier. 1920.  Francia.  Tradición «individualista».  Los grandes poemas que se conservan son los primeros existentes: Chanson de Roland, Poema de mío Cid, son de poetas individuales, cultos, de caracter clerical, que tomaron los datos para sus obras de fuentes escritas, conservadas en alguna abadía o monasterio.
  2. Ramón Menéndez Pidal.  1950.  España.  Tradición «tradicionalista». Los orígenes de las literaturas románicas son muy anteriores a los texts subsistentes.  A la vez, son de carácter anónimo.  Estado de constante refundición de la obra.  Sólo hay textos orales, no escritos. 
     Orígenes:
  1. FrancésGastón París.  1904.  La épica española procede de la francesa, que es anterior a la española.  Menéndez Pidal admite el influjo francés, pero sólo a partir del siglo XII.  Peregrinaciones a Santiago.  Monjes cluniacenses.  Repetición del indefinido Tanto.  Enumeraciones descriptivas encabezadas por el verbo veríais.  Oraciones narrativas.  Manifestacion del dolor por medio de lágrimas.
  2. GermánicoMenéndez Pidal.  Los visigodos tenían desde antiguo cantos guerreros que ensalzaban a sus héroes antiguos y recientes.  San Isidoro de Sevilla sugiere que los jóvenes aprendan a cantar estos cantos para estimularlos a la gloria.  Hay ciclos épicos del rey Rodrigo (el más antiguo de la Península ibérica).
     Caracteres de la épica española:  el realismo.  la historicidad. Ausencia de elementos maravillosos o fantásticos (los únicos ficticios son la aparicion del arcángel Gabriel, el episodio de las arcas de arena, y el del león; el rey Tamín de Valencia, y los jefes Fáriz y Galve, y el casamiento y afrenta de las hijas del Cid, cuyos nombres eran Cristina y María, no Elvira o Sol; y Martín Antolínez, mayordomo burgalés (de Burgos) del Cid y  la niña de 9 años).  Escritos a raíz de los sucesos que narraban.  Tradicionalidad o vitalidad: Francia abandona los tópicos épicos al declinar la Edad Media mientras que en España rebrotan y alimentan siglo tras siglo en casi todos los géneros literarios.  Romances, teatro (Guillén de Castro, Corneille).  Rima asonante.  Metro irregular.  (La épica francesa tiene rima consonante y metros perfectos).  Hemistiquios y cesuras.  Uso de la e paragógica (cibdade) para las asonancias y dar sabor arcaico.  Menéndez Pidal dice que es etimológica. 

     Menéndez Pidal.  4 etapas:

  1. Formación: Siglos X-1140.  Cantares breves de 500 a 600 versos sobre el tema de don Rodrigo, Fernán González, los Infantes de Lara. 
  2. Florecimiento o plenitud: 1140 (El Cid)-1236 (Chronicon Mundi de Lucas de Tuy, primera obra historiográfica que usa las gestas como fuentes históricas).  Se acusan influjos franceses.
  3. Prosificaciones: 1236-XIV: Primera crónica general de Alfonso X; Crónica de Castilla o Crónica particular del Cid [1512], Crónica de 20 reyes.
  4. Decadencia: hasta mediados del siglo XV: elementos novelescos y legendarios.  Época de los romances.


SIGLO XII. 
CANTARES DE GESTA 
(HAZAÑAS, HECHOS)

CANTAR DE MÍO CID (1140).

       El Cantar (o Poema) de mío Cid fue «escrito» hacia 1140 según Menéndez Pidal (Clásicos Castellanos, Madrid, 1913), el gran comentador de esta obra, 40 años después de la muerte (1099) del Cid.  El Cid nació en Vivar, aldea cercana a la ciudad de Burgos en 1043.  Por sus hazañas ganó el nombre de Campidoctor en las crónicas latinas y Campeador en los relatos vernáculos.  «Mío Cid» es árabe (Sayyidi > mi señor).  Se educó en la corte del rey Fernando I (el Magno).  Fue alférez del rey  Sancho II, --quien murió asesinado el 7 de octubre de 1072 en el cerco de Zamora--, pero no gran amigo de Alfonso VI, su sucesor, quien lo desterró en 1081-87 y de nuevo en 1087-92.  Se mantuvo siempre fiel al rey, sus hijas se casaron con nobles, conquistó Valencia de los musulmanes en 1094 y murió en 1099 (a los 56 años) en esa misma ciudad.  Fue enterrado en el monasterio de San Pedro de Cardeña por su esposa Ximena Díaz y una vez más Valencia se abandonó a los musulmanes. 
       El primer relato histórico es la Historica Roderici (¿1110?), breve crónica latina.  Aparece también un panegírico latino catalán en el monasterio de Ripoll llamado Carmen Campidoctoris (¿1093-1094?) de 129 versos.  Existían también canciones celebratorias en romance.  También hay relatos anti-cidianos en las historias árabes de Ibn Alcama (m. 1116) e Ibn Bassam (fl. 1109).  Crónica najarense (h. 1160).  El Poema del Cid lo fecha Ian Michael entre 1201-1207.  El único manuscrito existente, copiado en el siglo XIV, salió a luz en el archivo del Concejo de Vivar en el siglo XVI.  Su autor fue probablemente clérigo, educado por los benedictinos, que tenía acceso a crónicas, documentos legales, no sujeto a votos, ya que viajaba, y conocedor de poemas heroicos, quizás de la misma Chanson de Roland, introducida por el camino francés a Santiago de Compostela en Galicia (la Vía Láctea o "Milky Way").  Sus dotes de organización excedieron en mucho a un mero talento juglaresco.
       El Cid fue hecho a conocer por Tomás Antonio Sánchez en 1779 en su primer volumen de la Colección de poesías castellanas anteriores al siglo XV y es considerado como la primera obra de la literatura española.  La única copia del poema fue escrita en 1307 por Per Abbat, pero el poema debió de ser compuesto hacia 1140.  La obra fue impresa por primera vez en 1779 por Don Tomás Antonio Sánchez.  El texto no está completo y le falta la primera página (no sabemos el título original de la obra).  Menéndez Pidal reconstruyó el texto de estas lagunas usando la prosificación del cantar en la Crónica de veinte reyes.  Se ignora quien fue el autor del poema, pero Menéndez Pidal piensa que lo hizo algún juglar de Medinaceli, ya que esta región se menciona varias veces en el poema.  Sin embargo, la tercera parte del poema pertenece exclusivamente a la tradición local de San Esteban de Gormaz, sin que la historia posea noticias de tal suceso.  Entonces, Menéndez Pidal sugiere otro poeta tardío, el poeta de San Esteban de Gormaz.  Historia Roderici (1103-1109). A este segundo poeta se debe el plan total de la obra e, íntegramente, el «Cantar del destierro»Al juglar de Medinaceli se deben el «Cantar de las bodas y la Afrenta de Corpes».  Consta de 3.730 versos no siempre de igual número de sílabas, aunque predominan los de 14 sílabas con una cesura en mitad del verso.  De ordinario prevalece la asonancia pero no hay mucho cuidado ni en la métrica ni en la versificación.  La rima cambia de vez en cuando.  Hay once variedades de asonancia en total, las 4 más comunes siendo: /-ó/, /-á/, /á-o/, /á-a/; otras son /í-a/, /í-o/, /í/, /é-a/, /ié-a/, /é-o/, /ié-o/, /ó-a/, /ó-o/ y /ué-o/.  Los números de nuestra edición fueron impuestos por Ramón Menéndez Pidal en su edición para indicar el cambio de rima.  Según López Estrada, la unidad estrófica del Cid es la serie o tirada (laisse) constituida de agrupaciones de variable número de versos (desde tres hasta 185) en dos hemistiquios con cesura de versos fluctuantes o anisosilábicos, esticomíticos y sin encabalgamiento de:
          7 sílabas - 39.40 por cien;
          8 sílabas - 24,00 por cien;
          6 sílabas - 18,00 por cien;
          5 sílabas - 6,82 por cien;
          9 sílabas - 6,28 por cien;
          4, 10, 11, 12, y 13 sílabas - 5,50 por cien.
       Según C. M. Bowra, Heroic Poetry (Londres, 1952); Milman Parry, Serbocroatian Heroic Songs (Cambridge & Belgrado, 1954); y Albert B. Lord, The Singer of Tales (Cambridge, 1960), este tipo de poesía primitiva o folklórica tiene mucho en común con la poesía homérica, las epopeyas medievales, y los cantares orales yugoslavos modernos.  La métrica varía según los lugares y los tiempos: en la Grecia antigua se usaba el hexámetro, en la Inglaterra anglosajona una métrica basada en acentos; en Francia una métrica estricta de 10 sílabas con una cesura marcada después de la 4 sílaba; en España, hemistiquios de 4 a 14 sílabas con cesura en los versos de 7 y 7, 6 y 7, 7 y 8, 6 y 8, 8 y 7, y 8 y 8 (62%).  Robert A. Hall (RP 19, [1965-1966]) opina que la métrica del Poema está basada en un sistema de acentuación derivado de la poesía  germana.
       Se divide el poema en tres partes (Menéndez Pidal), 3.370 versos y 152 tiradas de un promedio de 3 a 185 versos.  El primer cantar (29%) es sobre el destierro del Cid de Castilla por Alfonso VI (hasta el verso 1.085); el segundo (32%) cuenta la conquista de Valencia y las bodas de las hijas del Cid (hasta el 2.277); el tercero (39%) (hasta el final, v. 3.730) es sobre la afrenta hecha por los esposos de las hijas del Cid, la justicia que el Cid le pide al rey, y el casamineto de las hijas con príncipes, uno de Navarra, otro de Aragón.  El poema es histórico y el poeta no usa recursos fantásticos cono en las epopeyas francesas, Chanson de Roland, por ejemplo, o Beowulf.  El Cid no es un ser mítico ni sobrehumano sino un ser humano, de valor personal, astucia, lealtad al rey, amor familiar, fe religiosa, y sentido de justicia.  Es un vasallo obediente que permanece fiel al rey a pesar de su injusticia.  Pertenece al tipo de literatura de expansión del siglo XIII, para alentar a reclutas a luchar contra los musulmanes después de 1212 (Navas de Tolosa).  Este espíritu de expansión prefigura el espírutu de expansión de los conquistadores de América en el siglo XVI.
       El juglar de Medinaceli que cantó este cantar es sobrio en su dramatización, con ciertas gotas de lirismo y de humor.  Nunca olvida a su público.
       Estos cantares pertenecen a una tradición oral, siendo estas epopeyas cantadas por juglares o mesteres (ministros) de juglería, cuyo trabajo era sólo memorizar, cantar y dramatizar las obras pero no componerlas. 

LENGUAGE ÉPICO:

       Los poemas épicos se proponían evocar hechos pasados, reales o ficiticios, engrandeciéndolos ante el auditorio de los castillos y las plazas.  La narración estaba llena de expresiones cristalizadas por la tradición y repetidas como fórmulas rituales (epítetos, antonomasias):  «El que en buena hora nació»; «El que en buena hora ciñó espada».  Hay escasez de encabalgamiento.  Predominan las series de versos no ligados entre sí. Cada verso parece formar una unidad sintáctica independiente.  La épica conserva usos lingüísticos arcaizantes que daban sabor de antigüedad al lenguage y que servían para facilitar asonancias: -e final (señore) en palabras que no tenían e final (van[e]).  Destinada a un público señorial, la epopeya evita las palabras demasiado vulgares (siniestra, can, y no izquierda y perro)[demasiado plebeyas].  Pero había construcciones coloquiales como la profusión de demostrativos («ese viejo Arias Gonzalo»; «aquella Urraca Hernando»).  En las enumeraciones es típico el empleo de tanto, más expresivo, en lugar de mucho.  El uso de los tiempos verbales era anárquico y el narrador saltaba fácilmente de un punto de vista a otro, del pretérito al imperfecto, o al pluscuamperfecto, al presente perfecto y hasta al presente.  Esto le da viveza al poema.  El juglar pasa sin previo anuncio al discurso directo, dramatizando la narración con el diálogo.  En este poema hay sobria dignidad y sentimientos más suaves como el amor conyugal, la profundidad íntima del dolor, la incertidumbre del futuro, la admiración ante la hermosura de la naturaleza.  Hay fuerza concentrada, ya que el juglar prefiere la emoción contenida a la efusión. 
       En el siglo XVIII se tuvo en muy poco aprecio este poema.  La valoración del poema empieza en el siglo XIX en Escocia (Robert Southey, quien tradujo el poema al inglés, y Hallam) y después en EEUU (Ticknor) y Alemania (Herder, adoptó el Romancero del Cid en su Cid de 1802, y Friedrich Schlegel).  En Francia, Abel Hugo traduce algunos de los romances del Cid en 1822.  En 1882, José Zorrilla publicó su Leyenda del Cid, perífrasis del romancero de 19.000 versos.  Ha  habido versiones dramáticas modernas basadas no en el poema sino en los romances escritos después del poema, en los siglos XV y XVI (Romancero del Cid, publicado por Carolina Michaëlis en Leipzig, 1871, de 205 romances) como Las mocedades del Cid I & II de Guillén de Castro (1569-1631), que llegó a ser fuente de Le Cid de Corneille (1636).   Las hijas del Cid (1908) del catalán Eduardo Marquina, y composiciones líricas de Manuel Machado.  Rubén Darío, Cosas del Cid. Mio Cid Campeador de Vicente Huidobro (1929).  La película El Cid de 1961 con Charlton Heston y Sophia Loren.

Estructura del Poema o Cantar de mío Cid:

I.  Cantar primero: «Destierro del Cid»:
     A. Vivar.  El rey Alfonso VI destierra a Rodrigo (Ruy [del alemán Rüdiger]) Díaz (El Cid [del árabe Sayyidi > «mi señor») de Vivar.
     B. Burgos.  Se le rehúsa ayuda en Burgos por temor al Rey.
     C. Cardeña.  El Cid deja a doña Ximena y sus hijas, doña Elvira y doña Sol, en manos del abad don Sancho en el Monasterio de San Pedro de Cardeña.
     D. Batallas del Cid:
          1.  Castejón (del reino de Toledo, cuyo rey es tributario de Alfonso VI).  Alvar Fáñez (Minaya) sobresale en la guerra.  Se niega a aceptar el quinto del botín que le pertenece. Los soldados reciben 100 y 50 marcos según su rango (caballero o peón).
          2.  Alcocer.  Guerra vs. los «reyes» moros Fáriz y Galve, tributarios de Tamín, el «rey» musulmán de Valencia (6.000 musulmanes vs. 600 cristianos).  Hazañas de Per Bermúdezel Mudo»), impaciente por pelear, quien da «los primeros golpes».  Obsequios al rey Alfonso (primer obsequio: 30 caballos). 
          3.  [El Poyo].  Derrota del conde de Barcelona (don Ramón Berenguer), de quien obtiene el Cid la espada Colada.

II.  Cantar segundo: «Bodas de las hijas del Cid»:
    A.  Batallas del Cid:
          1.  Conquista de Valencia.  Cerco de la ciudad.
          2.  Defensa de Valencia y derrota del «rey» moro de Sevilla, quien desea reconquistar Valencia con 30.000 soldados, y de quien obtiene el Cid su caballo, Babieca (que «babea» [froth] al correr).  El Cid tiene 3.600 soldados.
               a.  Obsequio de 100 caballos al rey Alfonso VI (segundo obsequio).  El rey permite que doña Jimena y sus hijas, doña Elvira y doña Sol, se reintegren con el Cid en Valencia.  Envidia del conde García Ordóñez, enemigo del Cid.  Codicia de don Diego y don Fernando González, nobles infantes de Carrión, quienes desean casarse con las hijas del Cid para enriquecerse más.
               b.  Obsequio de 1.000 marcos de plata para el monasterio de San Pedro de Cardeña (donde está la familia del Cid bajo la protección del abad don Sancho). 
               c.  Llegada del monje cluniacence (Cluny, Francia) don Jerónimo (Jerome de Perigord) a Valencia y creación de un obispado con Jerome como obispo (bishop).
         3.  Segunda defensa de Valencia contra el rey Yúsuf de Marruecos, quien viene con 50.000 soldados y es derrotado por el Cid y sus 3.600 soldados.
               a.  Obsequio al rey Alfonso de 200 caballos (tercer obsequio).  Perdón del rey al Cid.  Petición de casamiento de los infantes de Carrión con las hijas del Cid. 
     B.  Vista (entrevista) del Cid y el rey Alonso VI en Toledo (junto al río Tajo).  Se les otorgan a los infantes de Carrión las hijas del Cid en casamiento.
     C.  Bodas de las hijas del Cid, doña Elvira y doña Sol, con los infantes de Carrión.
III.  Cantar tercero: «La afrenta de Corpes»:
     A. Valencia.  Incidente con el león que se escapa y que asusta a los pobres infantes de Carrión, quienes muestran su cobardía y temor en público y por lo tanto quedan avergonzados.
     B. Cuarta defensa de Valencia vs. el rey Búcar de Marruecos, quien es tajado de cabeza a cintura por el Cid y de quien gana la espada Tizona, que vale 1.000 marcos de oro.
     C. Petición de los infante de Carrión al Cid de llevarse a sus esposas a Carrión.
     D. Escarnio de las hijas del Cid en el roblado (oak forest) de Corpes.
     E. La venganza del Cid:
          1.  Cortes reales de Toledo, ordenadas por el rey Alfonso VI, con los condes don Enrique y don Ramón como «sabidores» de leyes (jueces).
               a. Primera demanda del Cid:  Sus espadas Colada y Tizón, otorgadas a los infantes de Carrión por el Cid.  Petición otorgada por los jueces reales.  Dádivas de las espadas a Pero Bermúdez (Tizona) y Martín Antolínez (Colada).
               b. Segunda demanda del Cid.  3.000 marcos en oro y plata, regalo de bodas del Cid a sus yernos traidores.  Los jueces reales juzgan a favor del Cid y el Rey confirma la petición.
               c.  Tercera demanda del Cid.  Reto a los infantes de Carrión por traición e infamia.
               d.  Disputa entre el conde García Ordóñez y el Cid.  Infamia del conde.
               e.  Fernando González rechaza la acusación de infamia y es retado por Pero Bermúdez, quien lo acusa de cobarde, traidor y de menos valer.
               f. Diego González rechaza la acusación de menos valer y es retado por Martín Antolínez, quien lo acusa de traidor, cobarde y mentiroso.
               g. Asur González, hermano de los infantes de Carrión, insulta al Cid y es retado por Muño Gustioz, quien lo acusa de malo, falso y traidor.
     F.  Honra del Cid:
          1. Los embajadores Ojarra de Navarra e Iñigo Jiménez de Aragón piden a las hijas del Cid para esposas de los reyes de Navarra y Aragón, quedando así honradas.
          2. Fernando se rinde a la espada Tizona de Pero Bermúdez («vencido soy»), quedando así infamado.
          3. Diego sale del campo al ser atacado por Martín Antolínez y su espada Colada, quedando así infamado.
          4. Asur González es herido por Muño Gustioz, y Gonzalo Ansúrez, padre de los infantes de Carrión, declara que su hijo ha sido vencido, quedando así infamados tanto el padre como los hijos (y la ciudad) de Carrión.
          5. Futura boda de las hijas del Cid con los reyes de Navarra y Aragón, quedando tanto hijas como padre (y reinos españoles) honrados por quien «en buena hora nació».

Estatua de El Cid, Balboa Park, San Diego, California, EEUU

El Castillo de San Servando

Espadas medievales
(pomo, gavilán, canal, hoja cortadora o tajadora: «con la sangre hasta los codos»):

Instructor:
A. Robert Lauer

arlauer@ou.edu
Última actualización:
28 de agosto de 2013



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