GARCILASO DE LA VEGA:
Creación de A. Robert Lauer
Volver a
Garcilaso de la
Vega nació en Toledo en 1501 y fue de familia noble. Tomó
parte en varias expediciones militares en la Isla de Rodas (Rhodes), en
Grecia, contra los turcos otomanos; y en Francia (contra Francisco I de
Valois [Francis I]) en 1522. Estuvo en Italia, en Bolonia.
Fue herido por los turcos en Túnez (en África) en 1534 y
en Provenza (Italia), se lanzó sin casco ni coraza al frente de
sus soldados, fue herido en la cabeza por una piedra del enemigo, y murió
pocos días despues en Niza, en octubre de 1536, a los 35 años
de edad.
Garcilaso casó
en 1525 con doña Elena de Zúñiga, matrimonio
que no le trajo la felicidad. Un año después conoció
a doña Isabel Freyre, dama portuguesa de la emperatriz (Isabel
de Portugal [Casa de Aviz]) de quien se enamoró perdidamente
y que había de tener gran influencia en su obra poética.
Es la «Elisa» de sus versos.
Isabel de Portugal (Casa de
Aviz), obra de Ticiano (Museo del Prado, Madrid)
Garcilaso de
la Vega es, en lo humano, la más perfecta encarnación del
ideal del cortesano renacentista, tal como lo había definido Castiglione.
Era hombre de gran atractivo personal, tanto por su aspecto físico
como por su carácter, su inteligencia, y sus condiciones de hombre
de mundo. Fue la cabal fusión del hombre de armas y de letras.
Como escritor, realizó la obra poética que mayor trascendencia
ha tenido en la lírica castellana. Sabía a la perfección
el griego, el latín, el italiano, y el francés. Hombre
universal, vivió en su corta vida toda una carrera de amores, de
heroísmos, de creación intensa, de acción real y de
platónicos idealismos.
Las obras poéticas
de Garcilaso fueron publicadas por primera vez siete años después
de su muerte, formando un IV libro en la edición barcelonesca del
poeta Boscán de 1543. Sólo en 1569, después
de 19 ediciones de la obra conjunta de los dos introductores del italianismo
(Boscán y Garcilaso), se publicó en Salamanca la primera
edición aparte de la obra poética de Garcilaso. En
1574, el famoso catedrático de Retórica de Salamanca, Francisco
Sánchez («el Brocense»), publicó su primera edición
anotada de las obras del toledano, convertido en un clásico indiscutible.
En 1580 publica Fernando de Herrera (otro poeta renacentista) una nueva
edición comentada. En 1622, el erudito toledano Tomás
Tamayo de Vargas hace imprimir otra nueva edición comentada de Garcilaso.
Finalmente, en 1765, el diplomático aragonés José
Nicolás de Azara publica su edición comentada de las obras
del poeta de Toledo (Garcilaso). Tomás Navarro Tomás
editó en 1911 las obras de Garcilaso basándose en la edición
de Herrera de 1580. El hispanista estadounidense Hayward Keniston
publicó en 1925 la primera edicion crítica de las obras de
Garcilaso. Elias L. Rivers publicó una nueva edición
crítica en 1964, en Madrid y Columbus, Ohío (en la Ohio State
University).
A pesar de su enorme
importancia, la obra poética de Garcilaso es de reducida extensión.
Consta de tres églogas (eclogues), dos elegías (elegies),
una epístola poética (epistle [letter]),
cinco canciones (canciones italianas [canzone]), treinta y ocho
sonetos (sonnets), y unas pocas composiciones breves a la manera
tradicional (en octosílabos). Escribió también
tres odas (odes) en latín.
Las tres églogas
representan lo más perfecto de la poesía de Garcilaso.
Las tres fueron compuestas durante una estancia del poeta en Nápoles
(Naples, Italy). La égloga I,
sin embargo, fue escrita en segundo lugar. Aquí intervienen
dos pastores: Salicio, quien lamenta los desdenes de Galatea; y Nemoroso,
quien llora la muerte de Elisa. El poeta se desdobla en dos personajes:
en el primero, encarna el despecho del enamorado que asedia a su amada
infructuosamente; en el segundo, se resume la honda ternura producida por
su pérdida ya definitiva. Mediante un proceso de idealización,
el poeta ha transformado la realidad, tal como tuvo lugar, en una creación
de arte que eterniza los sucesos y los salva de su destrucción.
(El crítico inglés Entwiste, en BHS 2, 1925, mantiene
que Garcilaso tiene dos etapas: la primera cuando Garcilaso se alejó
de Toledo, dejando allí a Isabel Freyre; la segunda, al producirse
la muerte de la portuguesa). El sentimiento se va purificando y espiritualizando
progresivamente hasta culminar en la melancólica esperanza con que
sueña Nemoroso el amor entre los bienaventurados. O sea, el
poeta afirma su fe en una última realidad ideal, en un cielo poético
por donde ella camina y en el que él espera acompañarla en
un día sin fin, a su lado, salvada para siempre de todo lo caduco.
La égloga primera, según Rafael Lapesa (La trayectoria
poética de Garcilaso), marca la más alta cima de la poesía
garcilasiana. Ninguna ha llegado a tan estrecha unión del
sentimiento y la forma. Los versos fluyen sueltos, límpidos.
Al terminar la égloga, creemos volver, como los pastores, de un
sueño en que la belleza y el dolor se hubieran eternizado.
Estructura de la
égloga
primera de Garcilaso de la Vega: 30 estancias.
I. Introducción.
Canción (canzone). Dirigida a «Tú»
(Don Pedro de Toledo, Duque de Alba, Virrey de Nápoles).
Tres estancias.
Don Pedro Álvarez de
Toledo,
Duque de Alba,
Virrey (Viceroy) de Nápoles
(1484-1553; Virreinato napolitano:
1532-1553)
|
El Reino de Nápoles en
el siglo XVI
|
II. Primer canto amébico (amoebaean
[de respuesta]): Salicio se queja del desdén de Galatea.
14 estancias.
III. Segundo canto amébico: Nemoroso
llora la muerte de Elisa. 12 estancias.
IV. Conclusión. «Anochece».
1 estancia.
El mundo geocéntrico
según Tolomeo (Ptolemy, AD 90-168)
La égloga II consta
de dos partes: en la primera, el pastor Albanio refiere sus amores por
Camila, y en la segunda, Nemoroso hace una apología, bajo forma
alegórica, de la Casa de [los Duques de] Alba. Según
los críticos Menéndez y Pelayo, Keniston, y Navarro-Tomás,
Albanio representaría al Duque de Alba y la égloga referiría
sus amores con su esposa, doa María Enríquez. Lapesa
rechaza esta hipótesis tradicional y duda a la vez que Albanio pueda
identificarse con el poeta (desdoblado). Aquí, según
él, Albanio encarnaría la pasión despesperada, y Nemoroso
la libertad conseguida tras dura lucha. Queda la posibilidad de que
Albanio sea el hermano menor del duque, don Bernardino de Toledo, muerto
prematuramente, y que la obra, fundiendo lo pastoral y lo heroico, esté
protagonizada por los dos varones de la Casa de Alba: el Duque, cantado
como guerrero victorioso, y el joven, compadecido en sus desventuras de
amor.
La égloga III
fue posiblemente la última composición escrita del poeta.
Describe un paisaje del Tajo (the Tagus River [it runs through the city
of Toledo, Spain]), bellamente idealizado, al que acuden diversas ninfas
que tejen en ricas telas algunas escenas mitológicas. La égloga
termina con un diálogo de los pastores Tirreno y Alcino, que cantan
la belleza de Flérida y de Filis, a las que aman respectivamente.
El crítico Rafael Lapesa ha dicho que Garcilaso ha aprendido a refugiarse
en el arte y que la égloga III es un camino para escapar de la realidad.
El sentimiento personal no posee ya la intensidad de la égloga I.
La emoción se expresa en forma más convencional y en los
versos de los pastores no hay recuerdos doloridos sino exclusivo deleite
artístico.
Los sonetos se desenvuelven
por lo común en torno al tema del amor. Merecen destacarse
los que empiezan: (X) «O dulces prendas, por mi mal halladas»,
«Si quejas y lamentos pudieron tanto», (XXIII) «En tanto
que de rosa y azucena», (XXXII) «Estoy contino en lágrimas
bañado», «Pensando quel camino iba derecho», «De
aquella vista pura y excelente», «A Dafne ya los brazos le
crecían». El soneto XXV aspira a la visión perdurable
de la belleza femenil glorificada.
Entre sus 5 canciones sobresale
la dirigida a «La Flor de Gnido», dama hermosísima del
Barrio de Gnido, en Nápoles, de quien se había enamorado
su amigo Mario Galeota; como la dama se mostrase esquiva, Garcilaso trató
de interesarla en favor de su amigo. La palabra con que termina el
primer verso, «si de mi baja lira», ha dado nombre a este tipo
de estrofa (la lira), utilizada entonces por primera vez en castellano.
Temática:
la obra de Garcilaso gira preferentemente en torno al amor. La pasión
inspirada por doña Isabel Freyre motivó los más bellos
y sentidos versos del poeta, referidos a dos circunstancias principales:
el casamiento y la muerte de Isabel. Sentimiento también muy
característico de Garcilaso, afin al amoroso, es el de la amistad.
Influencia de Petrarca: la pasión es profunda melancolía,
delicada ternura, sutil análisis de los estados afectivos.
Motivos: el amor no correspondido, la muerte de la mujer amada. Llega
a la exaltación. Su pasión fue auténtica.
Nunca antes de Garcilaso se había cantado el amor en español
con tanta sinceridad, con elementos poéticos tan puros, tan equilibrados,
tan perfectos y tan conmovedores. Por detrás de sus palabras
hay un desgarro de emoción, un borboteo represado que algunos piensan
supera a Petrarca. Hay una infinita nostalgia y una dulce esperanza
que late en el corazón del poeta. Garcilaso infundió
en su verso un hálito de emoción, un alma. Inaugura
la nueva sensibilidad en la poesía española y europea.
Hay una melancolía que nace del conflicto entre el ideal soñado
y las impurezas y sinrazones de la realidad. En la desventura de
su amor, el poeta desea libertarse de una vergonzosa esclavitud y se debate
entre la rebeldía y la aceptación. Lo que predomina
en sus versos es la actitud de estoica superioridad, esa firmeza que acepta
el dolor con todas sus consecuencias como fatalidad ineludible. Es
un dolor pudoroso que quiere recatarse y que en muchas ocasiones se escuda
bajo la máscara pastoril. El poeta huye de la exageración.
Quiere objetividad, medida, equilibrio, estoica serenidad frente al dolor,
estoica sumisión ante lo inevitable, sentimiento contenido y profundo,
expresión sobria e inmóvil.
Al lado del amor, el sentimiento de la naturaleza llena
los versos de Garcilaso, sobre todo en las églogas. Es una
naturaleza «a la Sannazaro», convencional, artificiosa, poéticamente
estilizada. La naturaleza es el modelo de toda perfección.
El paisaje de España, y más concretamente el de su Toledo
natal, constituye el fondo de todas sus descripciones bucólicas,
y en las orillas del Tajo. El paisaje en sí mismo es ya materia
de belleza, tema esencial, protagonista en la poesía de Garcilaso.
Estilo:
La poesía de Garcilaso se caracteriza por su musicalidad, su elegancia,
la suave cadencia de sus versos, la claridad, la selección de vocablos,
la mesura y la sobriedad, lejos de toda afectación y toda retórica.
Imitación: el número de versos derivados de todas sus fuentes
constituye la cuarta parte del poema. Pero Garcilaso no copia sino
que reelabora, vivifida, recrea. Según Menéndez Pidal
(«El lenguaje del siglo XVI») la norma lingüística
de Garcilaso consiste en emplear términos no nuevos ni desusados
de la gente, pero a la vez muy cortesanos y muy admitidos de los buenos
oídos. Es decir, naturalidad y selección: criterio
bien diferente del de cultismo y afectación de Ronsard y los franceses.
Este es el estilo de «buen gusto».
Dos rasgos que suelen destarcarse
en la personalidad de Garcilaso son: la ausencia de resonancias bélicas
en su obra, a pesar de su carácter militar y de su intensa dedicación
a la tarea de las armas; el segundo, su caracter esencialmente laico.
Según el novelista moderno «Azorín» (Los dos
Luises y otros ensayos): «De todos los poetas españoles
de los siglos XVI y XVII, Garcilaso es el único que no haya escrito
ni un solo verso de asunto religioso. No estaba la poesía
religiosa dentro de su temperamento».
En su tiempo, se le consideró
a Garcilaso como clásico (o sea, como se consideraría a un
escritor griego o latino antiguo) y tuvo sus comentaristas en «el
Brocense» y Herrera. Aun en su siglo, su poesía fue
vuelta «a lo divino» por Sebastián de Córdoba
en 1575, para convertir sus versos en materia cristiana y religiosa.
Se estudiaba como se estudiaban a Homero (Homer) y Virgilio (Virgil).
La claridad de su poesía fue contrapuesta a la oscuridad de
los poetas cultos como Luis de Góngora (en el siglo XVII).
Fue propuesto como modelo de la poesía en el siglo XVIII por Azara.
En el siglo XIX, Garcilaso afecta al poeta romántico Adolfo Bécquer,
y en el XX a los poetas Pedro Salinas, Rafael Alberti y José García
Nieto, poetas neoclasicistas.
Horacio (Horace [Quintus Horatius
Flaccus: 65-27 a.C].): epode 2: «Beatus ille qui procul negotiis»:
Beatus ille
qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium,
paterna rura bobus exercet suis
solutus omni faenore,
neque excitatur classico miles truci,
neque horret iratum mare,
Forumque vitat et superba civium
potentiorum limina.
ergo aut adulta vitium propagine
altas maritat populos,
aut in reducta valle mugientium
prospectat errantes greges,
inutilesque falce ramos amputans
feliciores inserit,
aut pressa puris mella condit amphoris,
aut tondet infirmas oves;
vel cum decorum mitibus pomis caput
Autumnus agris extulit,
ut gaudet insitiva decerpens pira
certantem et uvam purpurae,
qua muneretur te, Priape, et te, pater
Silvane, tutor finium.
libet iacere modo sub antiqua ilice,
modo in tenaci gramine.
labuntur altis interim ripis aquae,
queruntur in silvis aves,
fontesque lymphis obstrepunt manantibus,
somnos quod invitet leves.
at cum tonantis annus hibernus Iovis
imbres nivesque comparat,
aut trudit acris hinc et hinc multa cane
apros in obstantes plagas,
aut amite levi rara tendit retia,
turdis edacibus dolos,
pavidumque leporem et advenam laqueo gruem
iucunda captat praemia.
quis non malarum, quas amor curas habet,
haec inter obliviscitur?
quod si pudica mulier in partem iuvet
domum atque dulces liberos,
Sabina qualis aut perusta solibus
pernicis uxor Apuli,
sacrum vetustis exstruat lignis focum
lassi sub adventum viri,
claudensque textis cratibus laetum pecus
distenta siccet ubera,
et horna dulci vina promens dolio
dapes inemptas adparet:
non me Lucrina iuverint conchylia
magisve rhombus aut scari,
si quos Eois intonata fluctibus
hiems ad hoc vertat mare;
non Afra avis descendat in ventrem meum,
non attagen Ionicus
iucundior quam lecta de pinguissimis
oliva ramis arborum
aut herba lapathi prata amantis et gravi
malvae salubres corpori
vel agna festis caesa Terminalibus
vel haedus ereptus lupo.
has inter epulas ut iuvat pastas oves
videre properantes domum,
videre fessos vomerem inversum boves
collo trahentis languido
postosque vernas, ditis examen domus,
circum renidentis Lares."
haec ubi locutus faenerator Alfius,
iam iam futurus rusticus,
omnem redegit Idibus pecuniam,
quaerit Kalendis ponere. |
Happy the man
who, far away from
business cares, like the pristine race of
mortals, works his ancestral acres with his
steers, from all money-lending free; who is
not, as a soldier, roused by the wild clarion,
nor dreads the angry sea; he avoids the
Forum and proud thresholds of more
powerful citizens; and so he either weds his
lofty poplar-trees to well-grown vines, or in
secluded dale looks out upon the ranging
herds of lowing cattle, and, cutting off useless
branches with the pruning-knife, engrafts
more fruitful ones, or stores away pressed
honey in clean jars, or shears the helpless
sheep. Or when Autumn in the fields has
reared his head crowned with ripened fruits,
how he delights to pluck the grafted pears,
and grapes that with the purple vie, with
which to honour thee, Priapus, and thee,
Father Silvanus, guardian of boundaries.
'Tis pleasant, now to lie beneath some ancient
ilex-tree, now on the matted turf. Meanwhile
the rills glide between their high banks; birds
warble in the woods; the fountains plash
with their flowing waters, a sound to invite
soft slumbers. But when the wintry season of
thundering Jove brings rains and snow, with
his pack of hounds one either drives fierce
boars from here and there into the waiting
toils, or on polished pole stretches
wide-meshed nets, a snare for greedy
thrushes, and catches with the noose the timid
hare and the crane that comes from
far--sweet prizes! Amid such joys, who does
not forget the wretched cares that passion brings?
But if a modest wife shall do her part in
tending home and children dear, like to some
Sabine woman or the well-tanned mate of
sturdy Apulian, piling high the sacred hearth
with seasoned firewood against the coming
of her weary husband, penning the frisking
flock in wattled fold, draining their swelling
udders, and, drawing forth this year's sweet
vintage from the jar, prepare an unboughtmeal --
then not Lucrine oysters would please
me more, nor scar, nor turbot, should winter,
thundering on the eastern waves, turn them to
our coasts; not Afric fowl nor Ionian
pheasant would make for me a repast more
savoury than olives gathered from the richest
branches of the trees, or the plant of the
meadow-loving sorrel, and mallows
wholesome to the ailing body, or than a lamb
slain at the feast of Terminus, or a kid
rescued from the wolf. Amid such feasts,
what joy to see the sheep hurrying homeward
from pasture, to see the wearied oxen
dragging along the upturned plowshare on
their listless necks, and the home-bred slaves,
troop of a wealthy house, ranged around the gleaming
Lares!"
When the usurer Alfius had uttered this, on
the very point of beginning the farmer's life,
he called in all his funds upon the Ides -- and
on the Kalends seeks to put them out again! |
Horacio (Horace [Quintus Horatius
Flaccus: 65-27 a.C].): oda 11 del primer libro de odas: «A Leuconoë»:
Tu ne quaesieris - scire nefas - quem mihi, quem tibi
finem di dederint, Leuconoë, nec Babylonios
temptaris numeros. ut melius, quicquid erit, pati!
seu plures hiemes, seu tribuit Iuppiter ultimam,
quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare
Tyrhenum. Sapias, vina liques, et spatio brevi
spem longam reseces. dum loquimur, fugerit invida
aetas: carpe diem,
quam minimum credula postero. |
Ask not - we cannot know -
what end the gods have set for you, for me;
nor attempt the Babylonian reckonings Leuconoë.
How much better to endure whatever comes,
whether Jupiter grants us additional winters
or whether this is our last, which now wears out
the Tuscan Sea upon the barrier of the cliffs!
Be wise, strain the wine; and since life is brief,
prune back far-reaching hopes!
Even while we speak, envious time has passed:
pluck the day,
putting as little trust as possible in tomorrow! |
Creación de A. Robert Lauer
arlauer@ou.edu
Última actualización:
21 de octubre de 2009
|