DON LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE: 

 (1561-1627)

Creación de A. Robert Lauer

Volver a SPAN 4153

     Nace en Córdoba y vive allí la mayor parte de su vida.  De joven estudió en la Universidad de Salamanca pero pronto regresó a Córdoba.  Allí,  en 1585, se hizo sacerdote y fue nombrado racionero de la catedral.  En 1603 estuvo en Valladolid, residencia entonces de la corte, y allí comenzó una guerra literaria entre él y Quevedo.  Esta guerra fue terrible, ya que ambos poetas se odiaban mutuamente y se atacaban poéticamente en forma escandalosa.  La guerra se acentúa durante la residencia de Góngora en Madrid, ahora corte, en 1626.  En un poema, Quevedo dice sobre Góngora que  «Yo te untaré mis versos con tocino / porque no me los muerdas, Gongorilla»,  haciendo hincapié en una supuesta ascendencia judía de Góngora.  En otra ocasión, Quevedo compró la casa donde vivía Góngora y Góngora se vio obligado a abandonarla.  En una sátira, Quevedo menciona que para perfumar la casa y «desengorgorarla» quemó poemas de Garcilaso.  Antes de que Góngora muriera, Góngora le escribió un epitafio en vida donde dice: «Éste que en negra tumba, rodeado / de luces, yace muerto y condenado, / vendió el alma y el cuerpo por dinero / y aun muerto es garitero [gambler] . . . / la sotana [cassock] traía / por sota [knave, in cards], más que no por clerecía; / hombre en quien la limpieza fue tan poca / (no tocando a su cepa [lineage]) / que nunca, que yo sepa, se le cayó la mierda de la boca. / Éste a la gerigonza [dialecto de gitanos] quitó el nombre, / pues después que escribio cíclopemente, / la llama gerigóngora la gente . . . / Fuése con Satanás culto y pelado: / ¡mirad si Satanás es desdichado!» 
     Las obras de Góngora constan de unos 94 romances auténticos (18 atribuibles), 121 letrillas (26 atribuibles), 167 sonetos (53 atribuibles), 33 composiciones diversas de arte mayor (versos largos), 3 largos poemas (Fábula de Polifemo y Galatea, Soledades y Panegírico al duque de Lerma [su protector]), dos obras dramáticas (Las firmezas de Isabela y El doctor Carlino) y 124 cartas.  Tiene dos épocas supuestas: la del «príncipe de la luz» y la del «príncipe de las tinieblas», como había dicho Francisco de Cascales en sus Cartas filológicas.  El primero era el poeta fácil, sencillo, popular, autor de romances y letrillas; el segundo el autor de poemas extravagantes, oscuros, ininteligibles, carentes de sentido, como el Polifemo, las Soledades  y el Panegírico al duque de Lerma
     La fama e influencia de Góngora fue extraordinaria en el siglo XVII y continuó durante la primera mitad del siglo XVIII.  Tuvo en seguida comentaristas de sus obras como si se tratara de un poeta clásico y antiguo.  Tuvo sin embargo sus enemigos en Lope de Vega y Quevedo.  En 1620, el humanista Francisco de Cascales, censurando la oscuridad de Góngora, lo llamo «príncipe de tinieblas».  A partir de 1737, en que Luzán publica su Poética (una preceptiva neoclásica), comienza la reacción contra Góngora y esa actitud negativa dura hasta fines del siglo XIX.  Por supuesto, la condenación se refiere a sus obras difíciles, especialmente a las Soledades y a la Fábula de Polifemo y Galatea.  Sus obras más fáciles, sobre todo sus romances y letrillas, siempre fueron gustados.  La poesía difícil, sin embargo, no sólo era condenada sino que llegó a no entendérsela. 
     La reivindicación de Góngora comenzó a fines del siglo XIX con los simbolistas franceses como Paul Verlaine y Stéphane Mallarmé y, consecuentemente, el modernista nicaragüense Rubén Darío. Todos estos poetas veían en Góngora al artista hermético, raro, incomprensible y rechazado por la critica académica y oficial.  También veían en él un aliado contra el realismo de la época, y el interés en crear una poesía exquisita, aristocrática, de esforzada perfección que sustituyera el mundo de las cosas por otro de representaciones.  En el siglo XX, la reivindicación de Góngora empieza con el famoso ensayista mejicano Alfonso Reyes (Cuestiones gongorinas, 1927).  En este mismo año, 1927, empieza también la reivindicación gongorina en España cuando se celebra el tercentenario de su muerte.  Poetas famosos españoles de esa época como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda y Vicente Aleixandre lo vieron a Góngora como poeta-símbolo de su generación.  Esta generación de poetas se interesa en el arte deshumanizado y antirrealista, en la intensa perfección formal y en intenciones puramente estéticas, o sea, en «el arte por el arte».  El cabecilla de este grupo era el poeta Dámaso Alonso.  En ese mismo año apareció también una edición de las Soledades de Góngora, acompañada de una versión en prosa, publicada por Dámaso Alonso. 
     La actualidad de Góngora está en baja ahora ya que la poesía actual responde a otros llamamientos y busca otros caminos, una línea más humana y menos estetizante. 

     Los elementos característicos del estilo gongorino son los siguientes:

  • Amplio uso de cultismos (neologismos de origen latino y griego); [la meta de Góngora era imitar a los escritores de la antigüedad grecolatina, o sea, imitación de los géneros literarios, los temas, el léxico {de donde vienen los cultismos}, la sintaxis y las referencias mitológicas.  En Góngora se logra el triunfo del Renacimiento en esta «poesía límite»,  pero Góngora no inventa, sólo recoge y amontona.  El cultismo le da a la lengua otro sabor, otro valor fonético y musical, otro acento, sobre todo en las palabras esdrújulas]
  • Sintaxis dislocada, inextricable y latinizante, atribuída a una imitación del poeta italiano Marino, o, en palabras de un crítico francés, Lucien Paul Thomas, a una alteración de su salud mental (alteración del orden normal de colocación de las palabras en la frase y empleo abundante del hipérbaton; pero también a) la desmesurada longitud del período, b) abundante proliferación de casi todas las palabras, o sea, sustantivos acompañados de aposiciones, predicados, determinativos, oraciones con elementos circunstanciales, abundantes oraciones subordinadas, c) y largos paréntesis)
  • Riqueza de imágenes y de metáforas extravagantes, sobre todo en refernecia a la naturaleza vista como cornucopia, que queda sustituida o aludida [eufemismo {euphemism}] por medio de estas figuras retóricas
  • Gusto por los elementos sensoriales: color, luz, sonido, tacto, olor
  • Gran número de referencias mitológicas.     El resultado es una poesía difícil (la dificultad se considera un mérito) escrita para minorías cultas, en que lo importante es el goce estético que produce la bella palabra y los elementos sensoriales del lenguaje.  También es una poesía que alaba la belleza y que es totalmente cerebral, objetiva, deshumanizante, carente de intimidad o sentimentalismo, perfecta, poesía pura, poesía donde el poeta se ha eliminado de su obra completamente.
     Por otra parte, sus poemas tradicionales, sobre todo sus letrillas, son satíricos (ataca las flaquezas de las mujeres, la hipocresía, la presunción, la ostentación, a los médicos [«Buena orina y buen color / y tres higas al doctor»]), desvergonzados, chistosos, obscenos, pero también amargos, pesimistas, y de advertencia moral.  Los romances de Góngora son, con los de Lope de Vega y Quevedo, los mejores de su época.  Son satíricos (e.g., «Píramo y Tisbe»), burlescos, moriscos («Servía en Orán al rey»), de cautivos, caballerescos («Angélica y Medoro»), pastoriles, alegóricos, amorosos, descriptivos y de circunstancias.  Sus sonetos, también como los de Lope y Quevedo, son excelentes.  Predomina en ellos el artificio más que el sentimiento.  Son de arquitectura perfecta.  Los mejores sonetos de Góngora son asimismo los mejores sonetos que se hayan escrito en español («Mientras por competir con tu cabello»).
     Los grandes poemas:  Fábula de Polifemo y Galatea.  Aparece en la Odisea (Odyssey) de Homero (Homer), en Teócrito (Theocritus), Virgilio (Virgil), Ovidio (Ovid: el libro XII de sus Metamorfosis).  Hay también versiones italianas famosas de Marino y de Tommaso Stigliani y, en España, de Castillejo, Pérez Sigler, Sánchez de Viana, Gálvez de Montalvo, Barahona de Soto, Carrillo de Sotomayor (quien influye en Góngora) y Lope de Vega.  Es famoso este mito en el Barroco por el enfrentamiento de contrarios (luz y sombra; lo bello y lo monstruoso).  Dámaso Alonso llama esta obra «la obra más representativa del Barroco europeo».  Consiste de 504 endecasílabos agrupados en 63 octavas reales.  Hay una gran profusión de cultismos, complicados hipérbatos, hipérboles desmesuradas y metaforas proliferadas.  No hay en el poema ningún sentimiento de simpatía por el gigante, como lo hay en el poema de Carrillo, sino estremecimiento, entusiasmo y refinamiento cerebral.
     Las Soledades: Su obra central y la mas gongorina de todas.  Aquí Góngora toma un asunto sin antecedentes directos y elige la silva, forma poética italiana cuyas estrofas ampliables o reducibles a voluntad permiten todo género de complejidades y proliferaciones sintácticas.  Las Soledades iban a ser cuatro pero no pasaron de dos, y la segunda quedó sin terminar.  La primera tiene 1091 versos y  la segunda quedó detenidad en el verso 979.  Góngora supuestamente (según Pellicer) deseaba simbolizar en las cuatro Soledades las cuatro edades del hombre: a) En la primera la Juventud: con amores, prados, juegos, bodas y alegrías; b) En la segunda la Adolescencia: con pescas, cetrería y  navegaciones; c) En la tercera la Virilidad: con monterías, cazas, prudencia  y economía; d) La cuarta la Senectud: y allí, política y gobierno.  El argumento (Díaz de Rivas) de la obra son los pasos de un Peregrino en la soledad: la primera soledad se intitula «Soledad de los campos» y las personas que se introducen son pastores; la segunda es la «Soledad de las riberas»; la tercera «Soledad de las selvas»; y la cuarta, «Soledad del yermo». 
     Tal como han quedado, el contenido de las Soledades es el que sigue:  En la primera se nos presenta a un joven que, desdeñado por su amada, llega náufrago, salvado sobre una tabla, a la costa y es acogido por unos cabreros.  Pasa con ellos la noche y a la mañana siguiente emprende camino y encuentra a un grupo de serranos y serranas que se dirigen a unas bodas.  Al frente del grupo va un viejo que ha perdido un hijo en el mar y mira por ello al náufrago con particular simpatía.  Invita al joven a que lo acompañe y asista a las bodas.  El viejo condena también en un largo discurso a la ambición, causa de todos los males marítimos.  Entre danzas y fuegos de artificio concluye el día.  A la mañana siguiente los novios, adornados de flores, se encaminan a la iglesia donde se efectúa la ceremonia nupcial.  Después hay un banquete y competencia de juegos atléticos.  Anochece.  Con el nuevo día comienza la soledad segunda.  El joven Peregrino acompaña a unos pescadores y llega con ellos a una isla.  El joven refiere sus cuitas amorosas.  Comen en la isla sobre la hierba.  Se hace tarde. Deciden ir de caza.
     Tal como están, las Soledades son de asunto leve, que consisten de una sucesión de escenas pastoriles de pesca y caza unidas apenas por la presencia del Peregrino que sufre de amor. Hay en todo el poema una exaltación de las fuerzas naturales (locus amoenus) y un menosprecio de la vida de la corte. El Panegírico al duque de Lerma es un poema cortesano y adulador de 632 versos, sin emoción.  Así que el Polifemo mira hacia la antigüedad grecolatina; las Soledades miran hacia la belleza natural, y el Panegírico corresponde a la poesía cortesana y suntuaria.  Después de Góngora, sus imitadores fracasaron ya que este tipo de poesía límite no admitia continuadores.  Sin embargo, su estilo invadió, sin excepción, todos los géneros, sobre todo el teatro y la oratoria.  También el español, gracias a Góngora, experimentó uno de los más densos enriquecimientos que ha conocido a lo largo de su historia. 

Creación de A. Robert Lauer

arlauer@ou.edu
Volver a SPAN 4153
Última actualización: 22 de noviembre de 2005

OU Home | Disclaimer | Copyright | Equal Opportunity | OU Web Policy