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LA
MÍSTICA ESPAÑOLA:
Éxtasis de Santa Teresa,
1652, de Gian Lorenzo Bernini.
Capilla de Cornaro, Iglesia
de Santa María de la Victoria en Roma
Creación de A. Robert Lauer
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Al reinado de Felipe II corresponde
una de las manifestaciones literarias de mayor importancia que han conocido
las letras hispanas: la literatura ascético-mística.
Durante los siglos XVI y XVII, más de 3.000 libros fueron publicados
sobre esta materia. La ascético-mística es, entonces,
uno de los géneros más genuinos y representativos de España.
Su florecimiento, sin embargo, se produce en España como un hecho
tardío. La mística es un fenómeno peculiar de
los siglos medios en todas las literaturas de Europa, aunque en esta época
tenemos en España al catalán Raimundo Lulio y la mística
musulmana. Pero es en la Edad Moderna cuando este tipo de literatura
se convierte, en España, en la más perfecta y profunda del
mundo.
Las causas determinantes de la
aparición de la ascético-mística en el siglo XVI son:
-
Al producirse la gran tension espiritualista de la lucha
contra el protestantismo.
-
El contacto en esta época con los países germánicos,
donde se habían dado las más altas figuras del misticismo
medieval.
-
Como vía de escape, dentro de la religiosidad ortodoxa,
del fervor intimista provocado por el erasmismo, así como el creciente
individualismo de la época renaciente.
El comienzo de la literatura mística
coincide con la terminación de la Reconquista y después del
Primer Renacimiento, cuando el alma española va a volverse hacia
adentro (según el filósofo marxista [estalinista] Alexander
Kojève, después de conquistar todos los terrenos geográficos
del mundo, el hombre moderno se adentra, tratando de conquistarse a sí
mismo, su sique espiritual).
La mística castellana:
-
Carece de una efectiva tradición medieval, a excepción
del contacto con la obra de Raimundo Lulio y la posible influencia
semítica recibida principalmente a través de él (la
influencia semítica se refiere a sus dos ramas: la árabe
y la judía)
-
Aparece en plena Edad Moderna y es la última de las
grandes manifestaciones colectivas de la mística teológica
-
La tendencia más genuina de la mística española
es de caracter ecléctico, armonizador entre tendencias extremas
-
En la literatura religiosa hispana predomina lo ascético
sobre lo místico
-
La mística española es de excelente estilo
literario y aspira a influir en la educación moral del pueblo.
Hay cuatro períodos en la
historia de la mística, segun Pedro Sáinz Rodríquez
en su Introducción a la historia de la literatura mística
en España (Madrid, 1927):
-
Período de importación e iniciación,
que comprende desde los orígenes medievales hasta 1500, durante
el cual se traducen y difunden las obras de la mística extranjera
-
Período de asimilación (1500-1560) en el que
las doctrinas importadas son por pimera vez expuestas a la española
por los escritores que son precursores (Hernando de Talavera, Fray Alonso
de Madrid, Fray Francisco de Osuna, Fray Bernardino de Laredo, Juan de
Ávila y otros)
-
Período de plenitud y de intensa produccion nacional
(1560-1600, reinado de Felipe II)
-
Período de decadencia o compilación doctrinal,
prolongado hasta mediados del siglo XVII, representado no por creadores
originales sino por retóricos del misticismo que se ocupan de ordenar
y sistematizar la doctrina del período anterior.
Menéndez y Pelayo,
en un ensayo sobre «La poesía mística en España»,
hace una clasificación por escuelas según las órdenes
religiosas de los místicos:
-
Ascetas dominicos, cuyo prototipo es Fray Luis de
Granada
-
Ascetas y místicos franciscanos (San Pedro
de Alcántara, Fray Juan de los Ángeles, Fray Diego
de Estella, etc.)
-
Místicos carmelitas (San Juan de la Cruz, Santa
Teresa de Jesús, etc.)
-
Ascetas y místicos agustinos (Fray Luis de
León, Malón de Chaide, etc.
-
Ascéticos y místicos jesuitas (San Francisco
de Borja, Nieremberg, y otros)
-
Clérigos seculares y los laicos (Valdés,
Molinos), que son místicos heterodoxos.
Cada orden religiosa tiene una tradición
teológica y doctrinal. Esta clasificación se puede
simplificar por medio de tres corrientes:
-
Afectiva (el predominio de lo sentimental sobre lo
intelectual), que tiene siempre presente la imitación de Cristo,
del Cristo hombre como vía por donde nosotros podemos llegar a la
Divinidad (franciscanos y agustinos)
-
Intelectualista o escolástica, que busca el
conocimiento de Dios mismo por la elaboración de una doctrina metafísica
(dominicos y jesuitas)
-
Ecléctica o española, representada por
la mística carmelita.
Helmut Hatzfeld, en sus Estudios
literarios sobre mística espanola (Madrid, 1955) ha fijado 5
grupos principales:
-
La Teoría Ahistórica, propuesta por
Jean Baruzi, en un estudio francés sobre San Juan de la Cruz, el
cual sostiene la originalidad de los místicos españoles
que descubren sus símbolos decisivos independientemente de las condiciones
históricas
-
La Teoría Sintética, de Gaston Etchegoyen,
en un estudio francés sobre Santa Teresa, que supone que toda producción
de la mística española puede explicarse como una fusión
sintética de diferentes formas más antiguas, todas exclusivamente
occidentales
-
La Teoría Secular, de Dámaso Alonso,
quien propone que los elementos numerosos del simbolismo de los místicos
españoles se derivan de la poesía profana, popular o culta,
sobre todo de la poesía de Garcilaso, el romancero, y el cancionero
-
La Teoría Árabe, de dos arabistas españoles:
Julián Ribera y Miguel Asín Palacios, sobre todo de este
último, que ha visto afinidades entre los escritos de San Juan de
la Cruz y los del mistico mahometano Abenarabí, de la primera mitad
del siglo XIII; además está comprobada la influencia del
misticismo musulmán en el catalán Raimundo Lulio
-
La Teoría Germánica, que alega que el
influjo mayor recibido por los místicos españoles proviene
de los místicos alemanes como Meister Eckart, o el flamenco Jan
van Ruysbroeck, o Thomas à Kempis.
Para Hatzfeld, tanto el oriente
como el occidente han contribuido en parte a la formación del lenguaje
de los místicos españoles.
La palabra «mística»
procede de un verbo griego que significa «cerrar», de donde
aquel vocablo vendría a tener un sentido como de «oculto»
o «secreto»; así, de acuerdo con su etimología,
sería la mística como una vida espiritual secreta y distinta
de la ordinaria de los cristianos. En su sentido más propio
debe aplicarse a las manifestaciones de la vida religiosa sometida a la
acción extraordinariamente sobrenatural de la Providencia.
La palabra «mística» estrictamente sólo deberá
aplicarse para designar las relaciones sobrenaturales, secretas, por las
cuales eleva Dios a la criatura sobre las limitaciones de su naturaleza
y la hace conocer un mundo superior, al que es imposible llegar por las
fuerzas naturales o por las ordinarias de la Gracia. El Misticismo
es el conocimiento experimental de la presencia divina, en que el alma
tiene, como una gran realidad, un sentimiento de contacto con Dios.
Perso si la mística es el punto más alto de la vida espiritual
y representa un regalo extraordinario de la Gracia de Dios, el alma puede
colaborar por todos los medios a su alcance para aproximarse a tal estado
de perfección y hacerse digna de él. Esta variada serie
de esfuerzos o ejercicios del espíritu se designa con el nombre
de «ascética», que podría definirse como la pedagogía
humana que conduce hacia el misticismo. La ascética depende,
pues, exclusivamente, de la voluntad y actividad humanas; deriva
esta palabra del verbo griego que significa «ejercitarse»,
pues se trata del período de la vida espiritual en que, por medio
de ejercicios espirituales, mortificaciones y oración, logra el
alma purificarse, purgarse o desprenderse del afecto a los placeres corporales
y a los bienes terrenos.
Tres vías o momentos distinguen
los tratadistas en el camino hacia la unión con la Divinidad:
-
La de los que comienzan, o VÍA PURGATIVA, en
la que el alma se liberta poco a poco de sus pasiones y se purifica de
sus pecados
-
La de los que van aprovechando, o VÍA ILUMINATIVA,
durante la cual el alma se ilumina con la consideración de los bienes
eternos y de la pasión y redención de Cristo
-
Y, finalmente, la de los perfectos, o VÍA UNITIVA,
en la que se llega a la unión con Dios, según el modelo definido
por San Juan de la Cruz como «matrimonio espiritual».
La ascética está,
pues, en el camino de la mística, y de los tres momentos dichos:
los dos primeros son comunes a ambas, quedando el último reservado
para la segunda. En lo que atañe a su contenido, la ascética
se basa en el ejercicio racional, mientras que la mística es puramente
intuitiva. No puede llegarse a la cima de la perfección espiritual
sin pasar por el camino de la ascética.
LA MÍSTICA FRANCISCANA:

San Francisco de Asís
encarna el más encendido y puro amor de Dios. Una sostendida
tradición conduce la esencia del espíritu de San Francisco
a través de todos los escritores de la Orden para constituir la
escuela mística franciscana, de tendencia profundamente afectiva,
«ciencia de amor», en la que apenas el discurso y la
inteligencia tienen parte. Estos preparan el camino de Santa Teresa.
Exaltación casi panteísta de las descripciones de la naturaleza.
Las obras franciscanas son didácticas y de ejemplo moral.
LA MÍSTICA CARMELITA:
La cima más
alta de toda la mística española y universal es la alcanzada
por los escritores de la Orden del Carmelo: Santa Teresa de Jesús
y San Juan de la Cruz. Ambos fueron escritores excepcionales
y lograron alcanzar en vida ascender hacia lo divino.
Creación de A. Robert Lauer
arlauer@ou.edu
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