EL
RENACIMIENTO ESPAÑOL (1492-1598):
El emperador Carlos
V
(1500-1558)
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El rey Felipe II (el
Prudente)
(1527-1598)
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Creación de A. Robert Lauer
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El Renacimiento es la época áurea
de España, o lo que llamamos el «Siglo de Oro».
El siglo XVI corresponde a la plenitud del Renacimiento mientras que el
siglo XVII corresponde a la época barroca, que suele denominarse
nacional. Durante el primero, España sigue las corrientes
universalistas del Renacimiento y marcha a la par, en cuanto a las direcciones
generales, con el resto de las naciones europeas; en el segundo, se dan
los caracteres mas tipicos y personales del arte y letras españolas,
El Renacimiento es también subdividido
en dos períodos que corresponden, 1) el primero al período
imperial de Carlos V; y 2) el segundo al de su heredero, Felipe
II. Durante el Primer Renacimiento, sigue la direcccion paganizante
que predomina en toda Europa (es el momento de RECEPCIÓN
de los influjos extranjeros, predominantemente italianos, comenzado en
el siglo XV). Bajo Felipe II, el período de ASIMILACIÓN,
las tendencias renacentistas se cristianizan, y aunque en el aspecto puramente
artístico y formal siguen las normas precedentes, España
se encierra dentro de sí misma, preparando la época nacional
que ha de venir en seguida: es el momento de la CONTRAREFORMA (o
REFORMA
CATÓLICA), de la ascética y de la mística, de
los grandes poetas religiosos, de afirmación proselitista y apologética,
sin picaresca ni sátira religiosa ni apenas literatura frívola.
Mientras el hombre de la Edad Media había
situado a Dios en el centro de su Universo y considerado la existencia
terrena como una estación de paso para conquistar la vida eterna,
el hombre del Renacimiento trastrueca los valores y se coloca en el centro
de un mundo que considera digno de ser vivido por sí mismo.
La tierra ya no es el valle de lágrimas del hombre cristiano-medieval,
sino un lugar de goce; la inteligencia no es una débil luz que no
vale nada sin la Revelación sino un faro potente que puede descubrir
todos los arcanos; el cuerpo no es el mal, sino la fuente del placer que
justifica y hace hermoso el vivir. El descubrimiento de la Antigüedad
entrañaba la plena revelación del hombre con sus instintos
y su razón omnipotente y de la vida material con sus placeres y
bellezas, que había desterrado la concepción ascética
y cristiana del Medio Evo; porque el mundo de la Antigüedad descansaba
precisamente sobre esta concepciön antropocéntrica y materialista,
sin dogmas ni vida de ultratumba, en la que el hombre y su razón
constituían la medida de todas las cosas.
De esta nueva valoración del hombre
nace el humanismo. Los humanistas estudiaban el latin y el griego
y estaban interesados en problemas de filología o erudición
puesto que los textos antiguos se estimaban no sólo por sí
mismos o en razón de su belleza o excelencia literarias sino porque
conducían a la nueva concepción del hombre, centro y finalidad
de todas las cosas, de la que aquellos textos eran depositarios.
Una serie de causas materiales impulsó
este orgullo humanista: la invencion de la imprenta, que facilitó
la difusión del saber, el descubrimiento de América, que
abrió nuevos horizontes a la actividad humana (el comericio).
Movido por estos impulsos, el hombre renacentista investigó la naturaleza,
realizó portentosos descubrimientos científicos, creó
maravillosas obras de arte, trató de hacer el mundo confortable
y bello, y se lanzó a vivir con la furia incontenible de quien acaba
de descubrir el paraíso. Ninguna otra época en
la historia ha ofrecido un ejemplo de plenitud, de energía, de audacia
creadora, de anhelo de vivir como el que dieron los hombres de aquel tiempo.
Mientras el hombre medieval había despreciado
el cuerpo en beneficio del espíritu, el renacentista busca la plenitud
en un desarrollo armónico de todas las facultades, tanto espirituales
como físicas, buscando la satisfacción de todas las posibilidades
del ser humano. A esta concepción responde la figura ideal
del cortesano creada por Baltasar de Castiglione (1478-1529).
El hombre de la Edad Media se había polarizado en una actividad:
era un hombre de armas, un clérigo, un burgués. El
cortesano debe ser tan experto en las armas como en las letras, ha de saber
conjugar las maneras más refinadas con el valor en el combate, cortejar
a las damas y tañer los instrumentos con que acompañar su
propio canto, estar tan preparado para el riesgo como para el placer.
Castiglione
EL
IDEAL POLÍTICO DEL RENACIMIENTO:
La imitación de la Antigüedad trajo
también en lo político un cambio radical. El ejemplo
del Imperio Romano con su unificación lingüística y
legislativa y el poder absoluto de sus emperadores impulsó el deseo
de imperios nacionales en los que toda la autoridad estuviese concentrada
en los monarcas. En medio del fraccionamiento y la diversidad feudal que
es el rasgo esencial de la Edad Media, con su multiplicidad de legislación,
tributos, normas y poderes, fueros y exenciones, algunos monarcas van tratando
de realizar la unidad política inspirándose en las concepciones
absolutistas y uniformadoras del Derecho Romano. Estas tendencias,
por supuesto, se habían tratado de realizar antes en Europa desde
el siglo XII bajo el emperador alemán Federico Barbarroja y bajo
su nieto Federico II en Sicilia. En España, bajo Alfonso X
(Partidas) y en Francia bajo Felipe IV. Todos estos reyes
fueron influenciados por la Universidad de Bolonia (Bologna, Italia)
y los legistas, adeptos especiales del derecho romano.
Históricamente, el Renacimiento empieza
con la caída de Constantinopla (1453) y la Edad Moderna comienza
en el momento en que los señores feudales cedían su milenario
poder a la nueva autoridad estatal resucitada bajo el ejemplo del viejo
Imperio Romano. Con esto nacía en efecto un Nuevo Mundo en
Europa, aparte del descubierto en América en 1492.
Este predominio del poder central que se orienta
exlusivamente hacia el interés del estado tuvo en el Renacimiento
su mayor expresión teorica en El Príncipe (Il principe)
de Nicolás Maquiavelo (Niccolò Machiavelli
[Florencia, Italia <1469-1527>]). Según este florentino,
el jefe de un país debe desentenderse de la moral para poner el
interés de su estado por encima de todas las consideraciones idealistas.
El maquiavelismo es así el padre del estado nacional moderno sin
barreras, y de todas las ambiciones y de todas las guerras de conquista.
Maquiavelo
FILOSOFÍA
RENACENTISTA:
El Renacimiento no creó una filosofía
positiva sino que se limitó a ejercer una severa crítica
racionalista de la escolástica medieval (Scholasticism).
Gozaron de especial aceptación las corrientes filosóficas
que atendían a la vida moral como el ESCEPTICISMO
(Skepticism),
que encajaba perfectamente con la posición crítica y negativa
respecto a la dogmática escolástica; el ESTOICISMO
(Stoicism),
que se avenía muy bien con la exaltación de la dignidad moral
del hombre y con su sometimiento a las leyes de la naturaleza y su varonil
aceptación del sufrimiento; y sobre todo el EPICUREÍSMO
(Epicureanism)
porque respondía al nuevo concepto hedonista de la vida que tenía
como norte el placer, si bien equilibrado por la inteligencia.
De los grandes filósofos de la antigüedad,
el Renacimiento prefirió a Platón (Plato) más que
a Aristóteles (Aristotle) aunque se realizaron intentos de fusión
entre las dos tendencias filosóficas que representan: el idealismo
y el realismo racionalista. A la Academia Florentina se debe mucho
la difusión de Platón, sobre todo en los Diálogos
de amor de León Hebreo (Judas Abravenel) y El Cortesano
de Castiglione. Según éstos, la belleza de los seres
materiales es un reflejo de la divina, por lo que el amor y la admiración
por aquellos puede conducirnos a la divinidad. La mujer, el arte
y la naturaleza son las tres fuentes principales para llevarnos a Dios.
Así se limpió y dignificó de las adherencias más
groseras el amor por lo material y se idealizó el sentimiento amoroso.
LA
LITERATURA:
La forma, que durante la Edad Media había
sido considerada como un elemento accesorio, al servicio de la intención
didáctica o moral (cf. Juan Manuel) adquiere ahora la importancia
de algo valioso por sí mismo. La belleza, reflejo de Dios,
es desde ahora la meta capital del artista, y la Naturaleza, ya directamente
observada, ya asimilada a través de los clásicos, la fuente
principal de inspiración.
El Renacimiento cultiva un arte selecto para
minorías, artificioso y auténticmente literario. Busca
en la cuidadosa excelencia de la forma la justificación de su quehacer
y la diferencia que ha de separarle del poeta popular divertidor de multitudes.
Con este afán de selección renacen
los principales temas de la antigüedad pagana: los relatos mitológicos
que se convierten en fuente imprescindible de poéticas comparaciones;
el bucolismo pastoril, y las preceptivas de Aristóteles y Horacio
(Horace). Al lado de los autores antiguos, los literatos italianos
fueron los modelos indiscutibles con tanta o mayor influencia que aquéllos.
En Petrarca (Petrarch) [1304-1374] se inspiran los poetas más
notables de la centuria. De él adoptan el cultivo del endecasílabo,
la artificiosidad de los conceptos amorosos, la preocupación formal,
el gusto por el paisaje, las sutiles introspecciones de la pasión
amorosa, y el tono delicado y sentimental, así como un tanto artificioso.
Petrarca
EL
IDIOMA:
En este perÍodo, el español alcanza
una extraordinaria difusión por toda Europa, así como, obviamente,
en el Nuevo Mundo. Castiglione proclama en su Cortesano como
ideal del perfecto caballero el poseer el español. Durante
la época del emperador Carlos V, el estilo que se cultiva es natural,
aunque combinado con artificio, ingenio e invención propia de los
hombres de letras. Para Castiglione, la belleza suprema es la natural
y no la que depende del esfuerzo. Gozaron de gran aceptación los
refranes por su claridad y concisión. Con el avance del siglo
disminuye, empero, el gusto por la sencillez y comienza a afirmarse el
valor artísitico de la afectación. Esto conduce a una
intensificación del idioma culto (Herrera) que progresa apresuradamente
hacia el Barroco (Baroque). De los tres estilos cultivados en esta
época, el popular, el clásico, y el artificioso, el estilo
clásico fue muy breve, mientras que el popular fue ininterrumpido
por todo el Siglo de Oro, y el artificioso y culto (latinizante) solo alcanzó
plena validez en el Barroco.
EL
RENACIMIENTO DE ESPAÑA:
La paganización de la vida. En
el Renacimiento español coexiste lo popular con lo clásico.
El Renacimiento y el post-renacimiento barroco son una conjunción
de lo medieval hispánico y de lo renacentista y barroco europeo.
España no se vuelve de espaldas a lo medieval al legar al siglo
XVI (como lo hace Francia), sino que, sin cerrarse a los influjos del momento,
continúa la tradición de la Edad Media. Esta es la
gran originalidad de España y de la literatura española,
su gran secreto y la clave de su fuerza y de su desasosiego íntimo.
Medieval = romancero.
En resumen, las características más
importantes del Renacimiento español son: unidad política
y religiosa; armonización de tendencias contrapuestas: tradición
religiosa con el paganismo clásico; popularismo y cultismo; idealismo
y realismo; tradición local y temática universal europea.
Nacionalización de temas extranjeros; universalismo (el drama español
lo abarca todo: lo nacional y lo extranjero, lo religioso y lo profano,
lo histórico y lo legendario); finalidad ética y didáctica
junto a la más exigente procupación estética; espíritu
constructor y realista.
LUIS
VIVES:
Nace en Valencia en 1492 y muere en
Brujas, Bélgica (Bruge, Belgium) en 1540. Estudió
en París, residió mucho tiempo en Brujas, y fue profesor
de clásicos latinos en la Universidad de Lovaina (Louvain).
Allí conoció a Erasmo (Erasmus). Ataca los métodos
medievales escolásticos. Pasó a Inglaterra y se hizo amigo
de Tomás Moro (St. Thomas More). Fue nombrado lector de la
reina Catalina (Catherine of Aragon), esposa de Enrique VIII (Henry VIII
of Tudor) y preceptor de su hija, María de Inglaterra (Mary Tudor
[“Bloody Mary” para protestantes; «María la Católica»
para católicos]). Fue catedrático en el Colegio de
Corpus Christi en Oxford pero con motivo del divorcio de Enrique VIII,
volvió a Brujas, donde murió. Señaló
la importancia de la observación y la experiencia, distinguiendo
entre la observación externa como más apropiada para el estudio
de los fenómenos naturales, y la interna para adquirir el conocimiento
de los fenómenos sicológicos. Es precuror así
de la sicología moderna, así como de la pedagogía.
Mostró su disconformidad con toda literatura que no encerrase una
finalidad docente y trató de basar la ciencia en su utilidad.
El humanista
Luis Vives
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La reina María I (Tudor)
«María la Católica»
o "Bloody Mary"
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Santo Tomás Moro
(St. Thomas More)
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EL
ERASMISMO:
Erasmo de Rotterdam (1465-1536) [Erasmus
of Rotterdam {Provincias Unidas o Países Bajos}, posesión
imperial española]. Estudió en un convento de agustinos
desde la edad de 14 años. Siguió sus estudios en París
y Bolonia. Fue profesor de griego en Oxford y Cambridge y confesor
de estado del emperador Carlos V [Karl V [Charles V] de Habsburgo]).
Llegó a ser rector de la Universidad de Basilea (Basel, Suiza [Switzerland]).
Escribió Elogio de la locura (In Praise of Folly)
y el Enquiridión (Enchiridion [Manual del caballero
cristiano]). Erasmo propugnaba un cristianismo interior, sin
liturgia ni aparato de culto ni fórmulas externas, es decir, una
actitud que preludiaba la Reforma protestante. Defendía una
mayor pureza de costumbres y censuraba las supersticiones y abusos que
se habían introducido en la religión y la relajación
moral de los clérigos. Erasmo no se separó nunca dogmáticamente
de la Iglesia, pero sus doctrinas prepararon indirectamente el camino para
la Reforma protestante.
España fue uno de los países
donde el influjo de Erasmo fue mayor. No solamente siguieron sus
ideas gran parte de los escritores de la época del Emperador y numerosos
humanistas sino incluso destacados hombres de la Iglesia como el inquisidor
general Manrique. Con el triunfo de la Contrarreforma (Reforma católica)
en España, la influencia de Erasmo quedó reducida a brotes
aislados. La oposición al protestantismo traía aparejada
la repulsa de los libros de Erasmo, censurados por la Inquisición
en 1559.
ÉPOCA
DE CARLOS V: LA LÍRICA: BOSCÁN y GARCILASO:
El triunfo del italianismo poético fue
un hecho general en todas las grandes literaturas de Europa. En España,
sin embargo, el italianismo llegó a su triunfo y plena madurez antes
que en otra cualquiera de las naciones europeas, quizá por el contacto
más prolongado y estrecho con Italia en virtud de la actividad política
iniciada ya en el siglo XII por la monarquía aragonesa e intensamente
activada desde los días del Magnánimo. En Francia,
en cambio, no se aclimata el italianismo sino con Ronsard y los poetas
de la Pléyade, dentro de la segunda mitad del siglo XVI; en Inglaterra
la primera manifestación no tiene lugar hasta 1557, con la publicacion
de las poesías de Wyatt y Surrey, aunque hay que penetrar bien adentro
en la segunda mitad de la centuria para hallar en Edmund Spenser un espíritu
auténticamente renacentista y aun llegar hasta John Milton en el
siglo XVII para encontrar la fina musicalidad de la poesía italiana.
La poesía italianista entrañaba
a la vez una renovación de contenido, de métrica y de estilo.
La nueva lírica representa la sustitución de la poesía
tradicional, de carácter popular, ligero, entretenido, de ritmo
ágil y fácil comprensión, por un estilo artificioso,
culto, cuajado de expresiones metafóricas, elaborado, cuidadosamente
dentro de una comedida y severa elegancia y servido por un ritmo de graves
y reposadas armonías.
Para dar cauce a este nuevo sentir poético
no era adecuado el octosílabo, demasiado ligero, ni el dodecasílabo,
excesivamente pesado y monótono. Según el crítico
español Dámaso Alonso, el endecasílabo era el «divino
instrumento, perfeccionadísimo, de maravillosas voces, registros
y potencias, que unía en sí gravedad, matiz, flexibilidad,
fuerza y elegancia».
En España había tenido largo
cultivo el endecasílabo llamado «de gaita gallega»,
acentuado en las sílabas 4, 7 y 10, lo que le daba un ritmo como
de baile o coro que le distinguía esencialmente del italiano, cuyos
acentos recaían en la sexta sílaba o en la cuarta u octava.
Las estrofas preferidas por la poesía
italianista fueron: el soneto, la octava real, el terceto y, combinando
el endecasílabo con el heptasílabo, la silva y la lira.
En cuanto a los temas, el italianismo se polariza en torno al amor, a la
naturaleza y a los mitos grecolatinos.
El amor, entendido a la manera petrarquista,
es decir, según la concepción platónica que idealizaba
la realidad material y resolvía la antimonia entre los sentidos
y la razón, entre el espíritu y la carne, mediante la espiritualización
del sentimiento amoroso. El hombre, contemplando la belleza de las
criaturas ejemplificada sobre todo en la hermosura de la mujer amada, podía
ascender a la suprema belleza de la Divinidad a través del amor
(éstas son las ideas neoplatónicas [platónico-cristianas]
de los italianos Castiglione, León Hebreo y Petrarca).
La naturaleza fue el marco obligado de toda
acción amorosa, símbolo de la perfección del mundo
natural, reflejo también de la Belleza divina, que se opone a su
vez a la agitación de la vida ciudadana (el elogio de la vida rural
o del campo se encuentra en los poetas clásicos [griegos y latinos]
como Teócrito [Theocritus], Virgilio [Virgil], Horacio
[Horace]; así como en la obra renacentista llamada La Arcadia,
del italiano Sannazaro). El bucolismo responde al anhelo humanístico
de una vida perfecta dentro del estado natural. La vida de reposo
y de tranquilo aislamiento concuerda con un deseo de libertad, de descuido,
de pura contemplación. El poeta quiere manifestar su dolor,
pero desea objetivarlo al mismo tiempo: huye de sinceridades absolutas
y de estridencias sentimentales; su confesión ha de ser contenida,
sin exteriorizar el sentir más íntimo. Los pastores
revelan y esconden a un tiempo la personalidad del poeta, que puede así
dar esa sensación de equilibrio, de emocionada sobriedad.
Los mitos grecolatinos vienen especialmente
del libro de las Metamorfosis de Ovidio (Ovid).
Creación de A. Robert Lauer
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