EL ROMANCERO:

Volver a SPAN 4153

     El romance, según Ramón Menéndez Pidal (1869-1968) es un poema breve de carácter épico-lírico en español (no en el latín de los clérigos [por eso, «romance»]) que se recita o se canta al son de un instrumento .  Los romances más antiguos son del siglo XV (romances viejos).  En este siglo aparecen romances en toda Europa, ballads en Inglaterra, chansons en Francia, volkslieder en Alemania, así como en Grecia, Islandia (Iceland), Rusia, Italia, los Países Bajos (The Netherlands) y en Escandinavia (Suecia, Finlandia, Noruega, Dinamarca).  Los romances nuevos o artísiticos fueron compuestos por poetas cultos a partir de la segunda mitad del siglo XVI
     El romance consiste de una tirada o serie indefinida (los hay desde 16 hasta 1.350 versos) cuyo metro característico es el verso de 16 sílabas partido en dos hemistiquios de 8 sílabas cada uno, con rima asonante uniforme en los versos pares, quedando sin rima los impares (cuando hay dos o tres rimas, el romance es viejo y pertenece a varias partes del cantar del que viene).  El verso es diferente del de cantar de juglaría porque no hay irregularidades métricas.  Desde el siglo XV, se empiezan a escribir divididos por los hemistiquios, resultando así versos de ocho sílabas con rima asonante en los versos pares y libres o sin rimar los impares. 
     Hay dos escuelas sobre la transmisión de los romances: Para Joseph Bédier, los romances fueron escritos por individuos en una fecha determinada, aunque sean anónimos (escuela individualista). Ramón Menéndez Pidal plantea dos tipos de poesía: la popular y la tradicional.  La popular agrada a todo el mundo y es repetida sin alterarla, pues el pueblo la ve como ajena; la tradicional la recibe el pueblo de sus antepasados, la recuerda, y la hace suya, creando así variantes.  Tradición, entonces, es creación.  El autor de este tipo de poesía es entonces el pueblo, el autor-legión.  Esta postura no cancela necesariamente la individualista.  A veces se llama a esta escuela neotradicionalista
     Los romances españoles proceden de cantos épicos anteriores como El poema del Cid, Los infantes de Lara, Bernardo del Carpio, El cantar de Zamora, Fernán González (aunque en el siglo XIX se pensaba que los romances se habían escrito antes, y que las gestas eran simplemente agrupaciones de romances).  Los romances han pervivido en la memoria popular hasta nuestros días, trasmitiéndose oralmente de padres a hijos. Esto ha ocurrido en la Península ibérica así como en la América hispánica y entre los judíos sefardíes [Sephardic > Spanish] expulsados de España en 1492.  Hay colecciones de estos romances recogidos en Turquía, el Norte de África, y los Estados Unidos. 
     Recuerden que los cantos épicos o cantares de gesta se desarrollan en el siglo XII, XIII y XIV.  El poema del Cid es de 1140.  En España, el juglar había pasado de moda pero el pueblo retuvo en la memoria muchos fragmentos de estos cantos épicos y siguió cantándolos.  Así que los romances más viejos son simplemente fragmentos de poemas épicos conservados en la memoria popular.  Naturalmente, estos fragmentos conservados en la memoria y repetidos de generación en generación no se conservaron intactos.  Estos fragmentos desprendidos del texto cobraron vida independiente.  Se olvidaban los versos antecedentes y los subsiguientes.  Muchas veces se olvidaba la acción misma.  Por otra parte, se tiende a desarrollar los elementos afectivos o líricos, sentimentales y pintorescos.  Con la repetición estos versos van cambiando, se van quitando y añadiendo palabras, sustituyendo expresiones, etc. 
     Por eso se llaman épico-líricos.  Son breves y al estilo épico objetivo de los cantares de gesta, pero se les van añadiendo elementos líricos sentimentales que al final se confunden y mezclan entre sí. 
     En el siglo XV, los nuevos romances (no los tradicionales antiguos) imitan los antiguos y el estilo se conserva.  Se conserva también el carácter fragmentario (comienzo abrupto y final trunco) para dar encanto y misterio.  La obra maestra del Romancero es «El Conde Arnaldos», romance conocido por su encanto y misterioso final.  A principios de este siglo, Ramón Menéndez Pidal obtuvo de judíos viviendo en Tánger, Marruecos (Tangiers, Morocco), el final del poema, y se dio cuenta que el modelo truncado era mejor (el Conde Arnaldos embarca en galera y encuentra a parientes suyos).  Se trata de un romance de aventuras o novelesco. 
     Los romances se ponen de moda en el siglo XV en la corte de los Reyes Católicos.  Los romances y los villancicos son las canciones más cantadas tanto en los pueblos como en la corte.  La imprenta contribuye a difundir los romances en cancioneros en el siglo XVI, publicándose en un primer momento en pliegos sueltos de 8 o 16 páginas, sin encuadernar ni coser, que se vendían en los mercados o en las calles (estos pliegos ahora son tesoros bibliográficos).  El primer Cancionero de Romances se publica en Amberes, Bélgica (Antwerp, Belgium), ca. 1548 (Cancionero sin año) [150 romances]; El Romancero general en 1600 en Madrid.  Otros poetas escribieron romances como Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), Francisco de Quevedo (1580-1645), Luis de Góngora (1561-1627), y Lope de Vega (1562-1635).  El teatro de inspirará en los romances también. 
     El romance pasa de moda en la segunda mitad del siglo XVII.  Con el Romanticismo del siglo XIX se pone a la moda de nuevo, ya que en este período se exalta la poesía popular y las tradiciones históricas y nacionales. 
     Clasificación de romances: 
I.  Viejos: compuestos durante el siglo XV y a principios del XVI: 
    A.  Tradicionales (o históricos): Rey Rodrigo, Bernardo el Carpio, Fernán González, Infantes de Lara, el Cid. 
    B:  Juglarescos:  de diverso origen: 
          1.  Pedro el Cruel; 
          2.  Fronterizos (moriscos): 
          3.  Carolingios (de gestas [epopeyas] francesas); 
          4.  Ciclo bretón (leyendas del rey Artús [King Arthur]); 
 

El rey Artús y la reina Ginebra

Lanzarote y Ginebra

El caballero Lanzarote y la reina Ginebra

        5.  Novelescos: de tipo sentimental 
        6.  Históricos de tema no castellano: 
        7.  Líricos (semejantes a los novelescos). 
II.  Artísticos: escritos después de mediados del XVI. 
     Romances tradicionales (no romances literarios) son los romances trasmitidos por tradición popular.  Los romances viejos son los compuestos en el siglo XV y a principios del siglo XVI.  Los artísticos son los escritos a partir de esa fecha.  Los tradicionales se llaman tambien históricos por estar inspirados en las gestas.  Se han clasificado los romances por temas: 
     Romances HISTÓRICOS (heroicos, o de gesta) o CRONÍSTICOS:  Se refieren a temas de la historia española medieval, pero hay otros sobre Nerón [Nero] y Roma. 
     1. El rey Rodrigo, último de los reyes godos, derrotado por los árabes en 711, al comenzar la conquista musulmana.  Los romances son de mediados del siglo XV y derivan de un relato en prosa, la Crónica Sarracina de Pedro del Corral (1430). 
     2. Bernardo del Carpio, personaje legendario que hace frente a las tropas francas (Frankish) de Carlomagno (Charlemagne o Karl der Grosse: 742-814) que invaden la península ibérica.  Atacó a los franceses y los vence en Roncesvalles (Roncesvaux) en 798, matando al héroe franco Roldán (Roland).  Se rebela contra su rey, Alfonso II, cuando éste pretende convertirse en vasallo de Carlomagno.  Héroe leonés.  Se alía con los moros de Zaragoza para derrotar a Roldán. 
     3. Fernán González, vasallo del rey de León y conde de Castilla.  Proclama a Castilla condado independiente del reino de León en 946.  Es pues el héroe de la independencia castellana. 
     4. Los Infantes de Lara.  A la boda de doña Lambra y Rúy Velázquez acuden la hermana de Rúy, doña Sancha, y su marido, Gonzalo Gustioz, y sus siete hijos.  Gonzalo González, el menor de los hijos, se mete en una disputa con un familiar de doña Lambra y comienza entonces una serie de guerras y venganzas.  Les tiende Rúy Velázquez una emboscada a los 7 infantes y su ayo, Nuño Salido, son vencidos y decapitados.  El padre llora al ver las cabezas de sus hijos, traídas por los musulmanes.  La leyenda continúa con Mudarra, hijo bastardo de Gonzalo Gustioz y una mora noble.  Al crecer haría justicia contra Rúy Velázquez y doña Lambra. 
     5. El Cid.  Sancho II.  Cerco (siege) de Zamora en 1072, Doña Urraca.  Estos cantares se derivan del Cantar de las mocedades de Rodrigo o de otro texto anterior perdido, y de la Crónica particular del Cid

ROMANCES FRONTERIZOS y MORISCOS:  relatan episodios de las últimas luchas de la Reconquista entre cristianos y musulmanes en el siglo XV (con preferencia a Granada).  Se basan no en las gestas ni en las crónicas sino en la realidad más o menos poetizada.  Cuando los musulmanes dejan de ser un peligro nacional para España, se llega entonces a tener gran curiosidad por lo musulmán.  En los romances los caballeros musulmanes rivalizan en valor y caballerosidad a los cristianos.  Los romances fronterizos y moriscos están escritos por juglares o poetas cristianos anánimos pero se suelen llamar fronterizos a los compuestos desde el punta de vista cristiano, y moriscos a los que hablan desde el punto de vista moro (esto se llama «maurofilia»).  No siempre es fácil separar unos de otros.  (cf. Washington Irving, Tales of the Alhambra).

«Paseábase el rey moro».

ROMANCES CAROLINGIOS, BRETONES Y NOVELESCOS:  Los romances carolingios son poemas relacionados con el emperador Carlomagno, la lucha de Roncesvalles y el héroe franco Roldán.  Los romances del ciclo bretón derivan su tema de las leyendas artúricas (King Arthur and the Round Table): el rey Artús o Arturo, la reina Ginebra (Guinevere). Tristán, Lanzarote (Lancelot), Parsifal.  Los novelescos son de asuntos varios y tienen mucho en común con los carolingios y bretones.


Carlomagno (Charlemagne)

ROMANCES NOVELESCOS Y LÍRICOS:  Romances líricos en los que predomina más el elemento lírico.  Éstas son invenciones de los poetas («Conde Arnaldos», «El prisionero», «Fontefrida», «La bella malmaridada», etc.). 

ROMANCES DE LA TRADICION ACTUAL

     Estilo de los romances:  El romancero se nutrió esencialmente de asuntos españoles, pero asimilaba lo extranjero también, nacionalizándolo.  Los romances poseen un molde único, a diferencia de otros países extranjeros.  Son sencillos de recursos, con muy pocos adjetivos, repetición de palabras, con paralelismos, viveza narrativa, rápida composición del escenario, introduce inmediatamente al lector, con rápidos diálogos dramáticos, realistas, sin elementos fabulosos, con tendencia a lo fragmentario lo mismo en el comienzo que al final de la composición.  Se entra en la materia in medias res, (en un punto intermedio, no al principio [ab ovo]) sin exponer antecedentes de la acción.  La introducción de los romances consiste de un apóstrofe a los oyentes o al mismo protagonista, que se supone presente en el auditorio.  Tienen los romances comienzos abruptos, dejando truncada la narración en el momento de mayor intensidad, invitando al oyente a que complete el relato.  Tienen una intensa carga emocional.  Los romances jamás moralizan.  El desenlace trágico es bastante común.  El conflicto planteado siempre es personal.  Se actualiza el problema de manera inmediata y dramática, no se narra.  Cuando hay descripción, es generlamnete una enumeración de carácter intuitivo.  El apóstrofe es seguido del verbo ver o con el adverbio demonstrativo he (helo), o con el adverbio ya o con alguna exlamación.  A veces el narrador se presenta como testigo del suceso o se coloca la acción en boca del protagonista, o se dirige al lugar de la acción, que se personifica. 
     La figura principal retórica es la repetición («Abenámar, Abenámar»); la aliteración, la descripción enumerada («cuánto [. . .], cuánto [. . .]»).  Los tiempos verbales fluctúan mucho para variar ya que toda la acción es en el pasado (para evitar la monotonía), para dar diferentes puntos de vista temporales (como en el cine moderno, donde hay alternancia y diversidad de los planos e imágenes), y también para disponer de fáciles asonancias: 
     Secuencias verbales en los romances: 

  • El presente puede indicar acciones de sujetos anónimos, mientras que el pretérito destaca hechos individuales («los moros siguen victoria / hízoles cara Pelayo»).
  • Otras veces el presente muestra personajes en movimiento mientras que el pretérito indica acciones perfectivas («toman caballos / llegaron a Toledo»).
  • En ocasiones, el pretérito indica la consecuencia o culminación de los hechos actualizados por el presente («tantas caricias se hacen / que al cansancio se rindieron»).
  • La irrupción del pretérito en el presente, al expresar la perfección, puede sugerir el paso del tiempo («van días y vienen días / Ximena quedó empreñada»).
  • El presente inicia la acción y el pretérito la lleva adelante, abruptamente («vuélvese para su amiga / donde fue bien recibido»).
  • El presente refiere la acción en su desenvolvimiento, y el pretérito subraya un hecho notable o el momento culminante de él («ya se arma Lanzarote / topó con el orgulloso»).
  • El presente describe el estado en que se haya el rey y el imperfecto indica la razón de tal estado en este trozo: «El rey va tan desmayado / que sentido no tenía»).
  • Imperfecto desrealizador (se pretende una irrealidad de expresión que deja flotando hechos y palabras como en un estado de indecisión temporal, altamente poética («--¿Qué castillos son aquéllos? / --¿El Alhambra era, señor»).
  • Muy típica del Romancero es la forma en -ra con valor de pretérito indefinido, alternando bien con éste: («puso la niña en las ancas, / y él subiérase en la silla»), bien con el presente («bien se te emplea, buen rey, / buen rey, bien se te empleara»), o con diversos tiempos a la vez («confesóle el ermitaño / y le diera la penitencia»).
  • Asimismo, la forma en -ra puede usarse con valor de imperfecto («que esto debiera [debía] al rey Sancho»), o de pluscuamperfecto («En Toledo estaba Alfonso / desterrárale [le había desterrado] don Sancho»).
     Francia, Inglaterra, Alemania y los países escandinavos olvidaron por completo la herencia épica mientras que España la recogió en sus romances.  De ahí pasa al teatro del Siglo de Oro (siglos XVI y XVII), a la poesía lírica renacentista y barroca (Lope de Vega, Miguel de Cervantes, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo = romances artísticos), al Romanticismo (Zorrilla y el Duque de Rivas), la Generación del 98 (Antonio Machado, La tierra de Alvargonzález), a la Generación del 27: Federico García Lorca («Romance sonámbulo»), y aun hasta el teatro moderno (El conde Alarcos de Jacinto Grau).  El romance ha sido también la forma preferida para contar los hechos (en la Guerra Civil española [1936-1939] se escribieron muchos romances de ambas fronteras [nacional y republicana], como en la frontera anterior [entre cristianos y musulmanes]).  Con la expansión territorial del dominio español, los romances corrieron por toda Europa en boca de sus soldados.  Los judíos expulsados de España difundieron el romancero en el norte de África como Marruecos, el Mediterráneo Oriental, Grecia y Turquía.  Finalmente, América fue la última gran zona de la expansión de los romances que fueron llevados allí por los conquistadores.

Instructor:
A. Robert Lauer

arlauer@ou.edu
Volver a SPAN 4153

21 de septiembre de 2012