LA DANZA DE LA MUERTE:

Creación de A. Robert Lauer

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     Es un tipo de sátira social literaria, dramática, y plástica, común a los siglos XIV y XV.  La muerte va llamando a todas las clases sociales del mundo y los invita a participar en su danza macabra, a veces en forma tétrica humorística.  De la muerte no no salva ninguna clase social, ni el papa, ni el obispo, ni el rey, ni el príncipe.  Tiene así la danza un sentimiento democrático, igualativo.  Para el cristiano medieval, la muerte es la liberación de la cárcel de esta vida y el salto hacia la verdadera vida eterna.  Para el siglo XIV y XV, sin embargo, la muerte se ha convertido en angustiosa obsesión porque el hombre ha descubierto el goce en el vivir, sobre todo cuando más nos acercamos al Renacimiento. 

     La versión castellana de la danza de la muerte consiste de 79 octavas de arte mayor, es de autor anónimo, y de mediados del siglo XV.  Se supone de importación europea, posiblemente francesa, y de fuentes eruditas.  También se piensa que todas las versiones europeas, la española, la francesa, y la alemana, derivan de un arquetipo común a todas, en latín.  La crítica piensa que la versión española es la mejor de todas las otras europeas (la francesa y la alemana). 
Las versiones europeas posiblemente fueron danzadas y representadas en algún momento, aunque, debido a su rígida disposición estrófica, falta de diálogo, y el número desmesurado de personajes, probablemente fueron obras de lectura y meditación. Se conserva el manuscrito único de la danza de la muerte en la Biblioteca de El Escorial.  El tema de la danza de la muerte fue muy común en las otras naciones europeas pero no tanto en España.  Se encuentran indicios de ella en el Diálogo de Mercurio y Carón de Alfonso de Valdés, un capítulo del Quijote, algunos autos sacramentales de Calderón (El gran teatro del mundo), y los Sueños de Quevedo.

Para ver la Danza de la muerte (Lyons, 1538) de Hans Holbein, teclee el enlace.


Siglo XV.  JORGE MANRIQUE:

     Pertenece esta familia a una de las más antiguas de España, entroncadas con el linaje de los Lara.  El Maestre don Rodrigo, protagonista de las Coplas, era un político intrigante y esforzado militar de la Orden de Santiago (una orden militar eclesiástica creada para proteger la frontera cristiana de los musulmanes; las otras órdenes militares españolas son la Orden de Calatrava y la Orden de Alcántara).  Abrazó el partido del infante don Alonso contra el rey Enrique IV.  Combatió en el campo de Calatrava contra el Marqués de Villena, quien defendía a la reina Doña Juana de Castilla (la Beltraneja).  Murió en batalla en 1479.
     Las coplas consisten de 40 estrofas de pie quebrado (parejas de sextillas constituidas de una doble serie de dos octosílabos y un tetrasílabo con rima abc, abc: forma usada antes por Juan de Mena).  Se llaman también coplas manriqueñas.

     El poema tiene tres partes: 

  I.  1-13 estrofas, que presentan una consideración general sobre la fugacidad de la vida; 
 II.  14-24 estrofas, ilustración de lo dicho con ejemplos concretos; 
III.  25-final (40), donde aparece el Maestre, dividida esta tercera parte en dos subpartes: 
       a).  El autor hace el elogio del héroe, sus virtudes naturales y sus hazañas; 
       b).  Después aparece la muerte, quien dialoga con don Rodrigo, y éste acepta con cristiana resignación su tránsito 
             final. 

     Estas tres partes presentan tres dimensiones de la vida: la perdurable o eterna; la mortal o perecedera; y la de la fama que vive en el recuerdo de la posteridad. Las coplas son una elegía a la muerte del Maestre, género de largo cultivo en la Edad Media bajo los nombres principales de planto o defunción.  La primera manifestación castellana de esta especie poética antes de las Coplas es el planto de Juan Ruiz a la muerte de Trotaconventos en El libro de buen amor.
     Las elegías medievales son poesía moral: se canta al difunto como emblema de ejemplaridad y guía de conducta.  En tales composiciones se invita al lector a que, dejando atrás el cadáver del protagonista, se aplique al ejercicio de los valores morales que aquél encarnó en su vida terrena. 
     Los temas de las elegías son: la muerte, la fugacidad del tiempo (ubi sunt?) y de la fortuna, la insignificancia de los bienes terrenos en una vida mortal, el vanitas vanitatum del Eclesiastés.  Los modelos antiguos literarios de las coplas son De consolatione philosophiae de Boecio (Boethius), De contemptu mundi del Papa Inocencio III, y las danzas de la muerte (aunque de éstas Manrique elimina lo macabro y apenas menciona el elemento igualador o democrático). El mensaje de Manrique es que la muerte es inevitable pero puede ser vencida por una vida de honor y de heroísmo. 
     Las Coplas de Manrique se imprimen en su tiempo en las primeras prensas españolas. La versión príncipe se supone ser la de Zamora de 1480.  Nunca han perdido fama las coplas, ni siquiera en el siglo XVIII (un siglo «afrancesado»).  Manrique fue estimado mucho por los autores de la Geenración del 98.  Las coplas fueron traducidas al latín en 1540 por Juan Hurtado de Mendoza, y por el poeta estadounidense Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882) en 1833 al inglés.

Creación de A. Robert Lauer

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