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EL SIGLO XX (B):

Adolfo Hitler
Canciller del Tercer Imperio (Reich) alemán y Führer (1933-1945)

José Stalin,
Premier de la Unión Soviética (1941-1953)
       La Primera Guerra Mundial (1914-1918) afectó seriamente la neutralidad española, dividiendo el país en dos campos: pro-aliados (Aliados: Francia, Bélgica, Gran Bretaña, Canadá, India británica, Nueva Zelandia, Sudáfrica, Australia, Terranova [Newfoundland, Canadá], Italia, Imperio ruso, Estados Unidos, Serbia, Montenegro, Japón, Rumanía, Grecia, Portugal [NB: La Triple Entente anterior se formaba de Francia, el Imperio británico y el Imperio ruso]) y pro-alemanes (Potencias Centrales: Imperio austrohúngaro, Bulgaria, Imperio alemán [Segundo Imperio], Imperio Otomano [NB: La Triple Alianza se formaba originalmente de Italia, el Segundo Imperio alemán y el Imperio austrohúngaro]).  Con pocas excepciones, artistas e intelectuales favorecieron la causa aliada, causando enemistad entre ellos y la Iglesia, el ejército y los negocios, que pensaban que una victoria alemana crearía una Europa libre de impiedad religiosa, democracia y comunismo, que había triunfado en Rusia en 1917.  La guerra también causó una seria inflación económica en España, huelgas y violencia.  En España, los años entre 1917-23 fueron caóticos.  Por esta razón, hubo un pronunciamiento militar que convirtió al general Miguel Primo de Rivera en presidente de un Directorio militar entre 1923-1930.  Los escritores e intelectuales se opusieron al Directorio y al rey Alfonso XIII.  Primo de Rivera gobernó España en forma dura pero benigna, y hasta permitió la oposición política, que deseaba el fin de la dictadura militar y la instauración de una república.  En 1927, Valle-Inclán atacó a Primo de Rivera con su obra dramática La hija del capitán de 1927, que contenía una sátira terrible del ejército.  Valle-Inclán fue puesto brevemente en prisión en 1929.  A pesar de esto, Primo de Rivera no intervenía mucho en censura de libros, a menos que fuera atacado él directamente, o su honor militar.  Tampoco hubo mucha censura eclesiástica.  Se instaura la República en 1931 y la libertad artística siguió adelante, aunque la República no vio en los intelectuales como Unamuno, Ortega y Gasset y Pérez de Ayala guías para su régimen.  A pesar de esto, la República, que duró 5 años (1931-1936), apoyó las artes.  Después de la insurgencia militar del Gen. Franco en 1936, hasta su muerte en 1975 (el así llamado Movimiento Nacional), hubo censura, razón por la cual se exiliaron gran número de escritores e intelectuales, salvo algunos que apoyaron la causa nacionalista.
       La realidad de este mundo descrito a principios del siglo XX en España es una realidad detestable, reflejando una sociedad sin ideales, sin propósito nacional o dirección y sin esperanza.  Otros (Eugenio D'Ors) apoyaron la idea de preservar los valores clásicos de la cultura europea: la inteligencia, el orden, la claridad, el trabajo.  Para Miguel de Unamuno, en El sentimiento trágico de la vida (1913), la verdad y la consolación son incompatibles: la verdad es intolerable y lo que ofrece consolación debe ser mentira.  Esto es típico del pesimismo de principios de siglo en toda Europa; pesimismo que había visto la desintegración del optimismo inspirado por breve tiempo por el racionalismo científico.  Ahora se dudaba del Racionalismo.  Este es el período del existencialismo, la fenomenología y el psicoanálisis.  Se pensaba que el racionalismo no había captado la realidad de una manera inteligible.  El racionalismo había fallado en encontrar manera de aseverar la naturaleza de la realidad en forma objetiva, independiente de nuestras percepciones.  También, el racionalismo ignoraba que lo que nos importa a nosotros como seres humanos no es la naturaleza de la realidad en sí, sino nuestra relación con esta realidad.  Así que estamos en un mundo de duda absoluta sin solución.  Para Unamuno, la duda es más fecunda que la desesperación, haciéndonos obrar en la vida con el postulado «como si» (as if . . . [o sea, comportarnos como si nuestra necesidad de creeer en algo fuera verdad] {«si Dios no existiera lo habríamos inventado» <Unamuno>}.  El filósofo José Ortega y Gasset pensaba que el Racionalismo toma por sentado la existencia independiente de una realidad objetiva.  La realidad es algo que es percibida por alguien, así que el Racionalismo se pierde en abstracciones.  El acto de la percepción, empero, se convierte en Ortega en un elemento principal de la realidad misma. [Fenomenología].  Esto crea para Ortega el concepto de perspectivismo, que trata a fondo en sus Meditaciones del Quijote (1914): la realidad es la relación de individuos y sus circunstancias, y la más completa y auténtica realidad es la que tiene la más amplia y posible combinación de perspectivas.  En El tema de nuestro tiempo (1923), añade al concepto de perspectivismo la idea de «razón vital», que es simplemente un acuerdo entre la «razón común» (common sense) y los límites del Racionalismo.  O sea, aunque el Racionalismo, ajeno a la perspectiva, no puede sostener que sea un método adecuado del conocimiento, eso no significa que uno deba abandonarlo.  Sigue siendo el Racionalismo un instrumento indispensable para entender nuestras circunstancias.  De otra manera seríamos salvajes mentales.  Pero sus hallazgos o invenciones tienen que tener relación con lo que Ortega llama «imperativos vitales».  Cuando explica algo, tiene que justificarlo en términos que tengan sentido para el individuo común y corriente (tiene que tener aplicación práctica).  Cuando postula normas de comportamiento, este comportamiento debe ser considerado en su contexto real de los instintos, impulsos, temores y deseos humanos, antes de darles crédito o autoridad.
       En este período hay una gran preocupación por lo que se llama angustia vital, angustia metafísica, enfermedad del ideal.  Hay una gran preocupación por la mortalidad y el pasar del tiempo (temas existencialistas, encontrados en Antonio Machado o Juan Ramón Jiménez, para quien la muerte individual significa el fin del universo).  Hay también la tendencia de ver en el arte una alternativa a la vida.  Hay un desprestigio del racionalismo científico, que había apoyado el realismo literario del siglo XIX.  Hay también falta de interés en el arte pictórico representacional o realista.  De la misma manera que la fotografía había afectado la pintura del siglo XIX, el cine haría redundante la narrativa representacional (aunque, obviamente, el cine no tenía que ser realista, y no lo era, como vemos en Luis Buñuel, o en el cine mudo de Charles Chaplin o Buster Keaton, cuya melancolía en un mundo absurdo de slapstick era del gusto español y europeo de la época, así como la cinematografía episódica, fragmentada, incongrua, e inconsecuente, y los movimientos rápidos de actores que simulaban marionetas, que reflejaban lo absurdo de la existencia en forma bastante imaginativa y seria, a pesar de su humor). 
       Se ve esta influencia del cine en Valle-Inclán, sobre todo en su teoría del esperpento.  Con la aparición del cine, la novela tendría que hacer otras cosas que simplemente contar historias y copiar la vida.  La literatura tenía que ser diferente de la vida, y no limitarse a crear sólo una ilusión de la realidad.  Obviamente, los escritores pensaban que la literatura todavía debía partir de la vida, pero que la forma de narrar esta experiencia debiera ser diferente.  Así que los historiadores que lean la literatura de este siglo en tiempos venideros verán en efecto muy poco de la realidad social de la época, ya que lo que importa no es narrar la vida, sino expresar esa narración.

Luis Buñuel

Buster Keaton


Charlie Chaplin
LA NOVELA:
        El tema del absurdo (que la vida no tiene sentido ni importancia, y que es trágica) es común a este período, aunque en España no es un tema tratado sólo con gran solemnidad sino, al contrario, es tratado con elementos cómicos y grotescos.  Para leer estas obras hay que hacerlo con ironía cómica, que implica que la vida es en efecto algo serio.  El circo y los payasos son temas comunes en esta época.  Postulando que la vida es absurda y sin sentido, lo más inútil que haría un artista sería copiarla en forma realista.  En 1925, Ortega y Gasset escribe su Deshumanización del arte, que trata específicamente de este movimiento contra el realismo.  Para Ortega, el fallo del siglo XIX consistía en haber confundido la vida con el arte, pensándose que el arte tenía la función de representar la realidad. En Ideas sobre la novela (1925) y Meditaciones del Quijote (1914), lo que planteaba Ortega era darle menos importancia a la descripción y a la narrativa en la novela.  Por lo tanto, lo que tenemos en novelas modernas no es una detallada descripción sino una serie de rápidas impresiones.  Hay tendencias hacia el lirismo, el impresionismo.  Hay un desdén por la causalidad.  Se usan mitos, leyendas.  Se hace literatura de otra literatura ya conocida, prestando atención al tratamiento que se hace de la narrativa, no hacia la narrativa en sí, al cómo, no al qué narrado.  Otra preocupación de la época es el descrédito de la perspectiva autorial, lo que en tiempos modernos llamamos la «muerte del autor» (cf. Niebla).

Payaso de Picasso

Página creada por
A. Robert Lauer

Última actualización:
20 de abril de 2009
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