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EL SIGLO XX (B):
La realidad de este mundo descrito a principios del siglo XX en España es una realidad detestable, reflejando una sociedad sin ideales, sin propósito nacional o dirección y sin esperanza. Otros (Eugenio D'Ors) apoyaron la idea de preservar los valores clásicos de la cultura europea: la inteligencia, el orden, la claridad, el trabajo. Para Miguel de Unamuno, en El sentimiento trágico de la vida (1913), la verdad y la consolación son incompatibles: la verdad es intolerable y lo que ofrece consolación debe ser mentira. Esto es típico del pesimismo de principios de siglo en toda Europa; pesimismo que había visto la desintegración del optimismo inspirado por breve tiempo por el racionalismo científico. Ahora se dudaba del Racionalismo. Este es el período del existencialismo, la fenomenología y el psicoanálisis. Se pensaba que el racionalismo no había captado la realidad de una manera inteligible. El racionalismo había fallado en encontrar manera de aseverar la naturaleza de la realidad en forma objetiva, independiente de nuestras percepciones. También, el racionalismo ignoraba que lo que nos importa a nosotros como seres humanos no es la naturaleza de la realidad en sí, sino nuestra relación con esta realidad. Así que estamos en un mundo de duda absoluta sin solución. Para Unamuno, la duda es más fecunda que la desesperación, haciéndonos obrar en la vida con el postulado «como si» (as if . . . [o sea, comportarnos como si nuestra necesidad de creeer en algo fuera verdad] {«si Dios no existiera lo habríamos inventado» <Unamuno>}. El filósofo José Ortega y Gasset pensaba que el Racionalismo toma por sentado la existencia independiente de una realidad objetiva. La realidad es algo que es percibida por alguien, así que el Racionalismo se pierde en abstracciones. El acto de la percepción, empero, se convierte en Ortega en un elemento principal de la realidad misma. [Fenomenología]. Esto crea para Ortega el concepto de perspectivismo, que trata a fondo en sus Meditaciones del Quijote (1914): la realidad es la relación de individuos y sus circunstancias, y la más completa y auténtica realidad es la que tiene la más amplia y posible combinación de perspectivas. En El tema de nuestro tiempo (1923), añade al concepto de perspectivismo la idea de «razón vital», que es simplemente un acuerdo entre la «razón común» (common sense) y los límites del Racionalismo. O sea, aunque el Racionalismo, ajeno a la perspectiva, no puede sostener que sea un método adecuado del conocimiento, eso no significa que uno deba abandonarlo. Sigue siendo el Racionalismo un instrumento indispensable para entender nuestras circunstancias. De otra manera seríamos salvajes mentales. Pero sus hallazgos o invenciones tienen que tener relación con lo que Ortega llama «imperativos vitales». Cuando explica algo, tiene que justificarlo en términos que tengan sentido para el individuo común y corriente (tiene que tener aplicación práctica). Cuando postula normas de comportamiento, este comportamiento debe ser considerado en su contexto real de los instintos, impulsos, temores y deseos humanos, antes de darles crédito o autoridad. En este período hay una gran preocupación por lo que se llama angustia vital, angustia metafísica, enfermedad del ideal. Hay una gran preocupación por la mortalidad y el pasar del tiempo (temas existencialistas, encontrados en Antonio Machado o Juan Ramón Jiménez, para quien la muerte individual significa el fin del universo). Hay también la tendencia de ver en el arte una alternativa a la vida. Hay un desprestigio del racionalismo científico, que había apoyado el realismo literario del siglo XIX. Hay también falta de interés en el arte pictórico representacional o realista. De la misma manera que la fotografía había afectado la pintura del siglo XIX, el cine haría redundante la narrativa representacional (aunque, obviamente, el cine no tenía que ser realista, y no lo era, como vemos en Luis Buñuel, o en el cine mudo de Charles Chaplin o Buster Keaton, cuya melancolía en un mundo absurdo de slapstick era del gusto español y europeo de la época, así como la cinematografía episódica, fragmentada, incongrua, e inconsecuente, y los movimientos rápidos de actores que simulaban marionetas, que reflejaban lo absurdo de la existencia en forma bastante imaginativa y seria, a pesar de su humor). Se ve esta influencia del cine en Valle-Inclán, sobre todo en su teoría del esperpento. Con la aparición del cine, la novela tendría que hacer otras cosas que simplemente contar historias y copiar la vida. La literatura tenía que ser diferente de la vida, y no limitarse a crear sólo una ilusión de la realidad. Obviamente, los escritores pensaban que la literatura todavía debía partir de la vida, pero que la forma de narrar esta experiencia debiera ser diferente. Así que los historiadores que lean la literatura de este siglo en tiempos venideros verán en efecto muy poco de la realidad social de la época, ya que lo que importa no es narrar la vida, sino expresar esa narración.
Payaso de Picasso A. Robert Lauer
Última actualización: 20 de abril de 2009 |