|
SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ: (1651-1695):
Su verdadero nombre es Juana de Asbaje y Ramírez, y nació en Nueva España (Méjico), probablemente de madre mejicana y padre español. Se piensa que fue ilegítima. Asombró esta mujer aun de niña por su precocidad, su afán de saber y su autodidactismo. A los 14 años ya estaba escribiendo poesía. La esposa del virrey de la Nueva España, la marquesa de Mancera, impresionada por la joven, la invitó a vivir en palacio como dama de corte. Fue aquí, en la corte del virrey de la Nueva España, donde aprendió latín. A los 16 años ingresó de novicia en la Orden carmelita, pero la severidad de la regla la hizo regresar al palacio de los virreyes. Un año más tarde entró en la Orden jerónima, donde tenía más libertad de movimiento. Gozó de extraordinaria consideración y la visitaban y consultaban hasta los personajes más importantes. Se dice que entró en el convento por temor de los hombres y para entregarse a sus estudios. Al cumplir los 40 años Sor Juana dejó de escribir, abandonó los estudios que tanto la apasionaban, y se entregó de lleno a la oración y a la caridad. Vendió su biblioteca de 4.000 volúmenes y sus instrumentos científicos y musicales para ayudar a los pobres. Se declaró una peste en su ciudad y, cuidando a sus hermanas de religión, contrajo el mal, del que murió en 1694, a los 43 años de edad. Escribió Sor Juana dos comedias al estilo de Calderón (Amor es más laberinto y Los empeños de una casa) y autos sacramentales como El divino Narciso. Pero su producción de mayor interés pertenece a la lírica. Su obra de más empeño, de casi un millar de versos, es su Primero sueño, a la manera de las Soledades de Góngora. Es obra de enrevesado y a veces oscuro pensamiento. Describe la noche y el sueño durante el cual el espíritu se purifica y eleva hasta la contemplación del universo y trata de penetrar sus leyes, pero llega al alba sin conseguirlo en este «primer» sueño, cuya solución quedaba probablemente confiada a otro «segundo sueño» que no fue escrito. Este Primero sueño se considera el mejor poema filosófico de todo el Siglo de Oro español. La voz más personal suya, sin embargo, se encuentra en su poesía de juventud, en su poesía amorosa y religiosa: la primera de sincera ternura y delicadeza femenina, y la segunda de sutil misticismo y sensualidad a la manera de San Juan de la Cruz. Destacó en la canción y el soneto. Escribió deliciosos villancicos, para los cuales supuestamente también escribió la música. |