SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ:


(1651-1695)


Índice:

Bibliografía.
Biografía mínima.
Poesía: Romances.
Poesía: Redondillas.
Poesía: Sonetos.
Poesía: Silvas.
Fin.




Bibliografía




Biografía mínima:

       El verdadero nombre de Sor Juana Inés de la Cruz es Juana de Asbaje y Ramírez (12 de nov. de 1651-17 de abril de 1694), quien nació en San Miguel Nepantla, municipio de Tepetlixpa (estado de México) en el entonces Virreinato de la Nueva España. Su padre fue el vasco don Pedro Manuel de Asbaje y Vargas y su madre doña Isabel Ramírez de Santillana, hija de españoles establecida en la Nueva España.  Sor Juana nació ilegítima pero aparentemente después fue legitimizada.  Asombró esta mujer aun de niña por su precocidad, su afán de saber y su autodidactismo.  A los 4 años ya sabía leer, y a los 10 años ya estaba escribiendo poesía.  La esposa del Virrey de la Nueva España, la Marquesa de Mancera, impresionada por la joven, la invitó a vivir en palacio como dama de corte (lady in waiting).  Fue aquí, en la corte del Virrey de la Nueva España, donde aprendió latín.  A los 16 años ingresó de novicia en la Orden carmelita, pero la severidad de la regla la hizo regresar al palacio de los virreyes.  Un año más tarde entró en la Orden jerónima, donde tenía más libertad de movimiento.  Gozó de extraordinaria consideración y la visitaban y consultaban hasta los personajes más importantes.  Se dice que entró en el convento por temor de los hombres y para entregarse a sus estudios.  Al cumplir los 40 años Sor Juana dejó de escribir, abandonó los estudios que tanto la apasionaban, y se entregó de lleno a la oración y a la caridad.  Vendió su biblioteca de 4.000 volúmenes y sus instrumentos científicos y musicales para ayudar a los pobres.  Se declaró una peste en su ciudad y, cuidando a sus hermanas de religión, contrajo el mal, del que murió en 1694, a los 43 años de edad.  Escribió Sor Juana dos comedias al estilo de Pedro Calderón de la Barca (Amor es más laberinto y Los empeños de una casa, esta última traducida al inglés por primera vez por David Pasto bajo el título House of Trials, publicada en la serie monográfica Ibérica [vol. 21], dirigida por A. Robert Lauer, en New York: Peter Lang Publishing, Inc., 1997) y autos sacramentales como El divino Narciso.  Publicó en España Inundación castálida de la única poetisa, musa décima, sor Juana Inés de la Cruz (una miscelánea de poesía) en 1689, así como obras polémicas como una Autodefensa espiritual o Carta de la Madre Juana Inés de la Cruz escrita a su confesor, el Reverendo Padre Maestro Antonio Núñez de Miranda de la Compañía de Jesús, llamada también «Carta de Monterrey» (1681), contra su confesor, Antonio Núñez de Miranda, quien no la atendió espiritualmente; la Carta atenagórica (1690) [«digna de la sabiduría de Atenea»], en contra de algunas ideas teológicas del padre portugués jesuita António Vieira sobre las mayores pruebas de amor de Dios a la humanidad; y la Respuesta a sor Filotea de la Cruz, una autobiografía en la que defiende sus intereses intelectuales contra los obstáculos que le brindaron amigos y enemigos (v. gr., el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz). Pero su producción de mayor interés pertenece a la lírica.  Su obra de más empeño, de casi un millar de versos, es su Primero sueño, silva a la manera de las Soledades (1613) de Luis de Góngora.  La obra fue escrita en 1690 y publicada en Sevilla en 1692. Es obra de enrevesado y a veces oscuro pensamiento.  Describe la noche y el sueño durante el cual el espíritu se purifica y eleva hasta la contemplación del universo y trata de penetrar sus leyes, pero llega el alba sin conseguirlo en este «primer» sueño, cuya solución quedaba probablemente confiada a otro «segundo sueño» que no fue escrito.  Este Primero sueño se considera el mejor poema filosófico del Siglo de Oro español.  La voz más personal suya, sin embargo, se encuentra en su poesía de juventud, en su poesía amorosa y religiosa: la primera de sincera ternura y delicadeza femenina, y la segunda de sutil misticismo y sensualidad a la manera de San Juan de la Cruz.  Destacó en la canción y el soneto.  Escribió deliciosos villancicos, para los cuales supuestamente también escribió la música. Las primeras ediciones de las obras de Sor Juana se publicaron en España a finales del siglo XVII. Fue valorada muy positivamente en su época por Carlos de Sigüenza y Góngora, otro intelectual novohispano, y en España por Marcelino Menéndez Pelayo. El regiomontano Alfonso Reyes, ya en el siglo XX, la considera una de las grandes poetisas del Siglo de Oro. Un gran estudioso y editor de sus obras es el padre Alfonso Méndez Plancarte, quien publica sus Obras completas (vols. 1-4) en México: Fondo de Cultura Económica, 1951-1957. Ha habido varias obras cinematográficas sobre Sor Juana. Una de ellas, Yo, la peor de todas (1990), de la argentina María Luisa Bemberg, postula, passim Octavio Paz, la supuesta inversión de sor Juana.



Poesía: Romances:

Sor Juana Inés de la Cruz: Romance 2: Acusa la hidropesía de mucha ciencia, que teme inútil aun para saber y nociva para vivir

     Finjamos que soy feliz,        Romance asonanatado en a, o
triste pensamiento, un rato;
quizá prodréis persuadirme,
aunque yo sé lo contrario,
     que pues sólo en la aprehensión               5
dicen que estriban los daños,
si os imagináis dichoso
no seréis tan desdichado.
     Sírvame el entendimiento
alguna vez de descanso,                              10
y no siempre esté el ingenio
con el provecho encontrado.
     Todo el mundo es opiniones
de pareceres tan varios,
que lo que el uno que es negro                    15
el otro prueba que es blanco.
     A unos sirve de atractivo
lo que otro concibe enfado;
y lo que éste por alivio,
aquél tiene por trabajo.                               20
     El que está triste, censura
al alegre de liviano;
y el que esta alegre se burla
de ver al triste penando.
     Los dos filósofos griegos                        25
bien esta verdad probaron:
pues lo que en el uno risa,
causaba en el otro llanto.
     Célebre su oposición
ha sido por siglos tantos,                             30
sin que cuál acertó, esté 
hasta agora averiguado.
     Antes, en sus dos banderas
el mundo todo alistado,
conforme el humor le dicta,                        35
sigue cada cual el bando.
     Uno dice que de risa
sólo es digno el mundo vario;
y otro, que sus infortunios
son sólo para llorados.                                40
     Para todo se halla prueba
y razón en qué fundarlo;
y no hay razón para nada,
de haber razón para tanto.
     Todos son iguales jueces;                       45
y siendo iguales y varios,
no hay quien pueda decidir
cuál es lo más acertado.
     Pues, si no hay quien lo sentencie,
¿por qué pensáis, vos, errado,                     50
que os cometió Dios a vos
la decisión de los casos?
     O ¿por qué, contra vos mismo,
severamente inhumano,
entre lo amargo y lo dulce,                         55
queréis elegir lo amargo?
     Si es mío mi entendimiento,
¿por qué siempre he de encontrarlo
tan torpe para el alivio,
tan agudo para el daño?                             60
     El discurso es un acero
que sirve para ambos cabos:
de dar muerte, por la punta,
por el pomo, de resguardo.
     Si vos, sabiendo el peligro                    65
queréis por la punta usarlo,
¿qué culpa tiene el acero
del mal uso de la mano?
     No es saber, saber hacer
discursos sutiles, vanos;                             70
que el saber consiste sólo
en elegir lo más sano.
     Especular las desdichas
y examinar los presagios,
sólo sirve de que el mal                             75
crezca con anticiparlo.
     En los trabajos futuros,
la atención, sutilizando,
más formidable que el riesgo
suele fingir el amago.                                 80
     Qué feliz es la ignorancia
del que, indoctamente sabio,
halla de lo que padece,
en lo que ignora, sagrado!
     No siempre suben seguros                     85
vuelos del ingenio osados,
que buscan trono en el fuego
y hallan sepulcro en el llanto.
     También es vicio el saber,
que si no se va atajando,                            90
cuando menos se conoce
es más nocivo el estrago;
     y si el vuelo no le abaten,
en sutilezas cebado,
por cuidar de lo curioso                             95
olvida lo necesario.
     Si culta mano no impide
crecer al árbol copado,
quita la sustancia al fruto
la locura de los ramos.                              100
     Si andar a nave ligera
no estorba lastre pesado,
sirve el vuelo de que sea
el precipicio más alto.
     En amenidad inútil,                              105
¿qué importa al florido campo,
si no halla fruto el otoño,
que ostente flores el mayo?
     ¿De qué sirve al ingenio
el producir muchos partos,                        110
si a la multitud se sigue
el malogro de abortarlos?
     Y a esta desdicha por fuerza
ha de seguirse el fracaso
de quedar el que produce,                         115
si no muerto, lastimado.
     El ingenio es como el fuego,
que, con la materia ingrato,
tanto la consume más
cuando él se ostenta más claro.                 120
     Es de su propio Señor
tan rebelado vasallo,
que convierte en sus ofensas
las armas de su resguardo.
     Este pésimo ejercicio,                          125
este duro afán pesado,
a los ojos de los hombres
dio Dios para ejercitarlos.
     ¿Qué loca ambición nos lleva
de nosotros olvidados?                             130
Si es para vivir tan poco,
¿de qué sirve saber tanto?
     ¡Oh, si como hay de saber,
hubiera algún seminario
o escuela donde a ignorar                         135
se enseñaran los trabajos!
     ¡Qué felizmente viviera
el que, flojamente cauto,
burlara las amenazas
del influjo de los astros!                           140
     Aprendamos a ignorar,
pensamiento, pues hallamos
que cuanto añado al discurso,
tanto le usurpo a los años.                        144

*** 

Sor Juana Inés de la Cruz: Romance 56: En que expresa los efectos del Amor Divino, y propone morir amante, a pesar de todo riesgo

     Traigo conmigo un cuidado         Romance asonanatado en e, o
y tan esquivo que creo
que aunque se sentirlo tanto,
aun yo misma no lo siento.
     Es amor, pero es amor                         5
que faltándole lo ciego,
los ojos que tiene son
para darle más tormento.
     El término no es a quo,
que causa el pesar, que veo,                     10
que siendo el término el bien
todo el dolor es el medio.
     Si es lícito y aun debido
este cariño que tengo
¿por qué me han de dar castigo               15
porque pago lo que debo?
     ¡Oh cuánta fineza, oh cuántos 
cariños he visto tiernos!
que amor que se tiene en Dios
es calidad sin opuestos.                           20
     De lo lícito no puede 
hacer contrarios conceptos
con que es amor que al olvido
no puede vivir expuesto.
     Yo me acuerdo ¡oh nunca fuera!       25
que he querido en otro tiempo
lo que pasó de locura
y lo que excedió de extremo.
     Más como era amor bastardo
y de contrarios compuesto,                    30
fue fácil desvanecerse
de achaque de su ser mesmo.
     Mas ahora ¡ay de mi! está 
tan en su natural centro,
que la virtud y razón                              35
son quien aviva su incendio.
     Quien tal oyere dirá 
que si es así ¿por qué peno?
Más mi corazón ansioso
dirá que por eso mesmo.                        40
     ¡Oh humana flaqueza nuestra,
adonde el más puro afecto
aun no sabe desnudarse
del natural sentimiento!
     Tan precisa es la apetencia               45
que a ser amados tenemos,
que aun sabiendo que no sirve
nunca dejarla sabemos.
     Que corresponda a mi amor
nada añade, mas no puedo                     50
por más que lo solicito
dejar yo de apetecerlo.
     Si es delito, ya lo digo;
si es culpa, ya lo confieso,
mas no puedo arrepentirme                   55
por más que hacerlo pretendo.
     Bien ha visto quien penetra
lo interior de mis secretos
que yo misma estoy formando
los dolores que padezco.                      60
     Bien sabe que soy yo misma
verdugo de mis deseos,
pues muertos entre mis ansias,
tienen sepulcro en mi pecho.
     Muero ¿quién lo creerá? a manos    65
de la cosa que más quiero,
y el motivo de matarme
es el amor que le tengo.
     Así alimentando triste
la vida con el veneno,                          70
la misma muerte que vivo,
es la vida con que muero.
     Pero, valor, corazón,
porque en tan dulce tormento,
en medio de cualquier suerte               75
no dejar de amar protesto.                   76




Poesía: Redondillas:

Sor Juana Inés de la Cruz: Redondilla 92: Arguye de inconsecuentes el gusto y la censura de los hombres que en las mujeres acusan lo que causan

     Hombres necios que acusáis        a     redondilla abrazada
a la mujer, sin razón,                        b
sin ver que sois la ocasión                b
de lo mismo que culpáis;                  a  (etc.)

     si con ansia sin igual                     5
solicitáis su desdén
por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

     Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,                    10
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

     Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco                 15
y luego le tiene miedo.

     Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para prentendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.              20

     ¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

     Con el favor y el desdén             25
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

     Opinión, ninguna gana,
pues la que más se recata,               30
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

     Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel                    35
y a otra por fácil culpáis.

     ¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende?,
¿si la que es ingrata ofende,
y la que es fácil enfada?                  40

     Mas, entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.

     Dan vuestras amantes penas        45
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

     ¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:                       50
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?

     ¿O cuál es de más culpar,
aunque cualquiera mal haga;
la que peca por la paga                    55
o el que paga por pecar?

     ¿Pues, para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.              60

     Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

     Bien con muchas armas fundo     65
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.          68



Poesía: Sonetos:

Sor Juana Inés de la Cruz: Soneto 145: Procura desmentir los elogios que a un retrato de la Poetisa inscribió la verdad, que llama pasión

Este que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;

éste, en quien la lisonja ha pretendido                5
excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido,

es un vano artificio del cuidado,
es una flor al viento delicada,                           10
es un resguardo inútil para el hado:

es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.          14

*** 

Sor Juana Inés de la Cruz: Soneto 147: En que da moral censura a una rosa, y en ella a sus semejantes

Rosa divina que en gentil cultura
eres, con tu fragante sutileza,
magisterio purpúreo en la belleza,
enseñanza nevada a la hermosura. 

Amago de la humana arquitectura,                      5
ejemplo de la vana gentileza,
en cuyo ser unió naturaleza
la cuna alegre y triste sepultura. 

¡Cuán altiva en tu pompa, presumida,
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,               10
y luego desmayada y encogida 

de tu caduco ser das mustias señas,
con que con docta muerte y necia vida,
viviendo engañas y muriendo enseñas!               14

*** 

Sor Juana Inés de la Cruz: Soneto 148: Escoge antes el morir que exponerse a los ultrajes de la vejez

     Miró Celia una rosa que en el prado 
ostentaba feliz la pompa vana 
y con afeites de carmín y grana 
bañaba alegre el rostro delicado; 

     y dijo: Goza, sin temor del hado,                   5
el curso breve de tu edad lozana, 
pues no podrá la muerte de mañana 
quitarte lo que hubieres hoy gozado. 

     Y aunque llega la muerte presurosa 
y tu fragante vida se te aleja,                              10
no sientas el morir tan bella y moza; 

     mira que la experiencia te aconseja 
que es fortuna morirte siendo hermosa 
y no ver el ultraje de ser vieja.                           14

*** 

Sor Juana Inés de la Cruz: Soneto 152

     Verde embeleso de la vida humana, 
loca esperanza, frenesí dorado, 
sueño de los despiertos intrincado, 
como de sueños, de tesoros vana; 

     alma del mundo, senectud lozana,                  5
decrépito verdor imaginado, 
el hoy de los dichosos esperado 
y de los desdichados el mañana: 

     sigan tu sombra en busca de tu día 
los que, con verdes vidrios por anteojos,           10
todo lo ven pintado a su deseo: 

     que yo, más cuerda en la fortuna mía, 
tengo en entrambas manos ambos ojos 
y solamente lo que toco veo.                              14

*** 

Sor Juana Inés de la Cruz: Soneto 164: En que satisface un recelo con la retórica del llanto

     Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba, 
como en tu rostro y tus acciones vía 
que con palabras no te persuadía, 
que el corazón me vieses deseaba. 

     Y Amor, que mis intentos ayudaba,                 5
venció lo que imposible parecía, 
pues entre el llanto que el dolor vertía, 
el corazón deshecho destilaba. 

     Baste ya de rigores, mi bien, baste, 
no te atormenten más celos tiranos,                    10
ni el vil recelo tu quietud contraste 

     con sombras necias, con indicios vanos: 
pues ya en líquido humor viste y tocaste 
mi corazón deshecho entre tus manos.                 14

*** 

Sor Juana Inés de la Cruz: Soneto 165: Que contiene una fantasía contenta con amor decente

     Detente, sombra de mi bien esquivo 
imagen del hechizo que más quiero, 
bella ilusión por quien alegre muero, 
dulce ficción por quien penosa vivo. 

     Si al imán de tus gracias atractivo                   5
sirve mi pecho de obediente acero, 
¿para qué me enamoras lisonjero, 
si has de burlarme luego fugitivo? 

     Mas blasonar no puedes satisfecho 
de que triunfa de mí tu tiranía;                           10
que aunque dejas burlado el lazo estrecho 

     que tu forma fantástica ceñía, 
poco importa burlar brazos y pecho 
si te labra prisión mi fantasía.                             14

*** 

Sor Juana Inés de la Cruz: Soneto 166: Resuelve la cuestión de cuál sea pesar más molesto en encontradas correspondencias, amar o aborrecer

     Que no me quiera Fabio al verse amado 
es dolor sin igual, en mi sentido; 
mas que me quiera Silvio aborrecido
es menor mal, mas no menor enfado. 

     ¿Qué sufrimiento no estará cansado,                5
si siempre le resuenan al oído, 
tras la vana arrogancia de un querido, 
el cansado gemir de un desdeñado? 

     Si de Silvio me cansa el rendimiento, 
a Fabio canso con estar rendida:                         10
si de éste busco el agradecimiento, 

     a mí me busca el otro agradecida: 
por activa y pasiva es mi tormento, 
pues padezco en querer y ser querida.                 14

*** 

Sor Juana Inés de la Cruz: Soneto 167: Continúa el mismo asunto y aun le expresa con más viva elegancia

     Feliciano me adora y le aborrezco; 
Lisardo me aborrece y yo le adoro; 
por quien no me apetece ingrato, lloro, 
y al que me llora tierno, no apetezco: 

     a quien más me desdora, el alma ofrezco;         5
a quien me ofrece víctimas, desdoro; 
desprecio al que enriquece mi decoro 
y al que le hace desprecios enriquezco; 

     si con mi ofensa al uno reconvengo, 
me reconviene el otro a mí ofendido                    10
y al padecer de todos modos vengo; 

     pues ambos atormentan mi sentido: 
aquéste con pedir lo que no tengo 
y aquél con no tener lo que le pido.                      14

*** 

Sor Juana Inés de la Cruz: Soneto 168: Prosigue el mismo asunto, y determina que prevalezca la razón contra el gusto

     Al que ingrato me deja, busco amante; 
al que amante me sigue, dejo ingrata; 
constante adoro a quien mi amor maltrata, 
maltrato a quien mi amor busca constante. 

     Al que trato de amor, hallo diamante,                5
y soy diamante al que de amor me trata, 
triunfante quiero ver al que me mata
y mato al que me quiere ver triunfante. 

     Si a éste pago, padece mi deseo; 
si ruego a aquél, mi pundonor enojo;                     10
de entrambos modos infeliz me veo. 

     Pero yo, por mejor partido, escojo; 
de quien no quiero, ser violento empleo; 
que, de quien no me quiere, vil despojo.               14




Poesía: Silvas:

Sor Juana Inés de la Cruz: Primero sueño que así intituló y compuso la Madre Juana Inés de la Cruz, imitando a Góngora (completo): 

[Síntesis del P. Diego Calleja, S. I., Fama y obras póstumas (1700): «la Madre Juana no tuvo en este escrito más campo que éste: 'Siendo de noche, me dormí. Soñé que de una vez quería comprehender todas las cosas de que el Universo se compone. No pude, ni aun divisas por sus categorías, ni aún solo un individuo. Desengañada, amaneció y desperté . . .'»]

[I. La invasión de la Noche [(subtítulos de Alfonso Méndez Plancarte)]

     Piramidal, funesta, de la tierra     [Silva de endecasílabos y heptasílabos]
nacida sombra, al Cielo encaminaba 
de vanos obeliscos punta altiva, 
escalar pretendiendo las Estrellas; 
si bien sus luces bellas                                5
--exentas siempre, siempre rutilantes--
la tenebrosa guerra
que con negros vapores le intimaba
la pavorosa sombra fugitiva
burlaban tan distantes,                               10
que su atezado ceño
al superior convexo aun no llegaba
del orbe de la Diosa                                           [Luna (cielo), Diana (tierra), Hécate (infierno)]
que tres veces hermosa
con tres hermosos rostros ser ostenta,        15
quedando sólo o dueño
del aire que empañaba
con el aliento denso que exhalaba;
y en la quietud contenta
de imperio silencioso,                                20
sumisas sólo voces consentía
de las nocturnas aves,
tan obscuras, tan graves,
que aun el silencio no se interrumpía.

     Con tardo vuelo y canto, del oído          25
mal, y aun peor del ánimo admitido,
la avergonzada Nictimene acecha                                [hija de Epopeos de Lesbos: la lechuza]
de las sagradas puertas los resquicios,
o de las claraboyas eminentes
los huecos más propicios                             30
que capaz a su intento le abren brecha,
y sacrílega llega a los lucientes
faroles sacros de perenne llama,
que extingue, si no infama,
en licor claro la materia crasa                     35             [el aceite de oliva]
consumiendo, que el árbol de Minerva                         [el olivo]
de su fruto, de prensas agravado,
congojoso sudó y rindió forzado.

     Y aquellas que su casa                                             [las hijas de Minias]
campo vieron volver, sus telas hierba,         40
a la deidad de Baco inobedientes,
--ya no historias contando diferentes,
en forma sí afrentosa transformadas--,                          [en murciélagos]
segunda forman niebla,
ser vistas aun temiendo en la tiniebla,          45
aves sin pluma aladas:
aquellas tres oficïosas, digo,
atrevidas Hermanas,
que el tremendo castigo
de desnudas les dio pardas membranas        50
alas tan mal dispuestas
que escarnio son aun de las más funestas:
éstas, con el parlero
ministro de Plutón un tiempo, ahora                         [Ascálofo, espía de Plutón: el búho]
supersticioso indicio al agorero,                  55
solos la no canora
componían capilla pavorosa,
máximas, negras, longas entonando,
y pausas más que voces, esperando
a la torpe mensura perezosa                        60
de mayor proporción tal vez, que el viento 
con flemático echaba movimiento,
de tan tardo compás, tan detenido,
que en medio se quedó tal vez dormido.

     Éste, pues, triste son intercadente          65
de la asombrada turba temerosa,
menos a la atención solicitaba
que al sueño persuadía;
antes sí, lentamente,
su obtusa consonancia espaciosa                70
al sosiego inducía
y al reposo los miembros convidaba,
--el silencio intimando a los vivientes,
uno y otro sellando labio obscuro
con indicante dedo,                                    75
Harpócrates, la noche, silencioso;                          [dios del silencio]
a cuyo, aunque no duro,
si bien imperïoso
precepto, todos fueron obedientes--.

[II. El Sueño del Cosmos]

     El viento sosegado, el can dormido,     80
éste yace, aquél quedo
los átomos no mueve,
con el susurro hacer temiendo leve,
aunque poco, sacrílego ruïdo,
violador del silencio sosegado.                  85
El mar, no ya alterado,
ni aun la instable mecía
cerúlea cuna donde el Sol dormía;
y los dormidos, siempre mudos, peces,
en los lechos lamosos                                90
de sus obscuros senos cavernosos,
mudos eran dos veces;
y entre ellos, la engañosa encantadora
Alcione, a los que antes                                         [hija de Eolo, esposa de Céix: martín pescador]
en peces transformó, simples amantes,      95
transformada también, vengaba ahora.

     En los del monte senos escondidos,
cóncavos de peñascos mal formados
--de su aspereza menos defendidos
que de su obscuridad asegurados--,           100
cuya mansión sombría
ser puede noche en la mitad del día,
incógnita aun al cierto
montaraz pie del cazador experto,
--depuesta la fiereza                                  105
de unos, y de otros el temor depuesto--
yacía el vulgo bruto,
a la Naturaleza
el de su potestad pagando impuesto,
universal tributo;                                       110
y el Rey, que vigilancias afectaba,                         [el León, que no duerme; vigila]
aun con abiertos ojos no velaba.

     El de sus mismos perros acosado,                      [Acteón, convertido en ciervo por Diana]
monarca en otro tiempo esclarecido,
tímido ya venado,                                      115
con vigilante oído,
del sosegado ambiente
al menor perceptible movimiento
que los átomos muda,
la oreja alterna aguda                                120
y el leve rumor siente
que aun le altera dormido.
Y en la quietud del nido,
que de brozas y lodo, instable hamaca,
formó en la más opaca                               125
parte del árbol, duerme recogida
la leve turba, descansando el viento
del que le corta, alado movimiento.

     De Júpiter el ave generosa                                [el águila]
--como al fin Reina--, por no darse entera 130
al descanso, que vicio considera
si de preciso pasa, cuidadosa
de no incurrir de omisa en el exceso,
a un solo pie librada fía el peso                              [la grulla {crane}]
y en otro guarda el cálculo pequeño          135
--despertador reloj del leve sueño--,
porque, si necesario fue admitido,
no pueda dilatarse continuado,
antes interrumpido
del regio sea pastoral cuidado.                  140
¡Oh de la Majestad pensión gravosa,
que aun el menor descuido no perdona!
Causa, quizá, que ha hecho misteriosa,
circular, denotando, la corona,
en círculo dorado,                                     145
que el afán es no menos continuado.

     El sueño todo, en fin, lo poseía;
todo, en fin, el silencio lo ocupaba:
aun el ladrón dormía;
aun el amante no se desvelaba.                  150

[El Dormir Humano]

     El conticinio casi ya pasando                              [la hora de la noche]
iba, y la sombra dimidiaba, cuando
de las diurnas tareas fatigados,
--y no sólo oprimidos
del afán ponderoso                                    155
del corporal trabajo, mas cansados
del deleite también, (que también cansa
objeto continuado a los sentidos
aun siendo deleitoso:
que la Naturaleza siempre alterna             160
ya una, ya otra balanza,
distribuyendo varios ejercicios,
ya al ocio, ya al trabajo destinados,
en el fiel infïel con que gobierna
la aparatosa máquina del mundo)--;          165
así, pues, de profundo
sueño dulce los miembros ocupados,
quedaron los sentidos
del que ejercicio tienen ordinario,
--trabajo en fin, pero trabajo amado          170
si hay amable trabajo--,
si privados no, al menos suspendidos,
y cediendo al retrato del contrario
de la vida, que--lentamente armado--
cobarde embiste y vence perezoso            175
con armas soñolientas,
desde el cayado humilde al cetro altivo,
sin que haya distintivo
que el sayal de la púrpura discierna:
pues su nivel, en todo poderoso,               180
gradúa por exentas
a ningunas personas,
desde la de a quien tres forman coronas
soberana tiara,                                                       [el papa]
hasta la que pajiza vive choza;                 185       [el labrador]
desde la que el Danubio undoso dora,                   [el emperador]
a la que junco humilde, humilde mora;                  [el pescador]
y con siempre igual vara
(como, en efecto, imagen poderosa
de la muerte) Morfeo                               190       [dios del Sueño y hermano de Tánantos {Muerte}]
el sayal mide igual con el brocado.

     El alma, pues, suspensa
del exterior gobierno,--en que ocupada
en material empleo,
o bien o mal da el día por gastado--,          195
solamente dispensa
remota, si del todo separada
no, a los de muerte temporal opresos
lánguidos miembros, sosegados huesos,
los gajes del calor vegetativo,                     200
el cuerpo siendo, en sosegada calma,
un cadáver con alma,
muerto a la vida y a la muerte vivo,
de lo segundo dando tardas señas
el del reloj humano                                     205
vital volante que, si no con mano,
con arterial concierto, unas pequeñas
muestras, pulsando, manifiesta lento
de su bien regulado movimiento.

     Este, pues, miembro rey y centro vivo    210           [el corazón]
de espíritus vitales,
con su asociado respirante fuelle                                   [el pulmón]
--pulmón, que imán del viento es atractivo,
que en movimientos nunca desiguales
o comprimiendo ya, o ya dilatando              215
el musculoso, claro arcaduz blando,
hace que en el resuelle
el que le circunscribe fresco ambiente
que impele ya caliente,
y él venga su expulsión haciendo activo      220
pequeños robos al calor nativo,
algún tiempo llorados,
nunca recuperados,
si ahora no sentidos de su dueño,
que, repetido, no hay robo pequeño--;          225
éstos, pues, de mayor, como ya digo,
excepción, uno y otro fiel testigo,
la vida aseguraban,
mientras con mudas voces impugnaban
la información, callados, los sentidos          230
--con no replicar sólo defendidos--,
y la lengua que, torpe, enmudecía,
con no poder hablar los desmentía.

     Y aquella del calor más competente
científica oficina,                                        235
próvida de los miembros despensera,
que avara nunca y siempre diligente,
ni a la parte prefiere más vecina
ni olvida a la remota,
y en ajustado natural cuadrante                   240
las cuantidades nota
que a cada cuál tocarle considera,
del que alambicó quilo el incesante
calor, en el manjar que--medianero
piadoso--entre él y el húmedo interpuso      245
su inocente substancia,
pagando por entero
la que, ya piedad sea, o ya arrogancia,
al contrario voraz necio lo expuso,
--merecido castigo, aunque se excuse,         250
al que en pendencia ajena se introduce--;
ésta, pues, si no fragua de Vulcano,                            [el estómago]
templada hoguera del calor humano,
al cerebro envïaba
húmedos, más tan claros los vapores            255
de los atemperados cuatro humores,                           [melancólico, flemático, sanguíneo, colérico]
que con ellos no sólo no empañaba
los simulacros que la estimativa                                  [las 4 o 5 facultades sensitivas interiores:
dio a la imaginativa                                                    fantasía, sentido común, imaginación,
y aquésta, por custodia más segura,             260           estimación (conocimiento), memoria]
en forma ya más pura
entregó a la memoria que, oficiosa,
grabó tenaz y guarda cuidadosa,
sino que daban a la fantasía
lugar de que formase                                   265
imágenes diversas. 

[IV.El Sueño de la Intuición Universal]

                               Y del modo                                    [nótese la esticomitia]
que en tersa superficie, que de Faro                              [el Faro de Alejandría]
cristalino portento, asilo raro
fue, en distancia longísima se vían 
(sin que ésta le estorbase)                            270
del reino casi de Neptuno todo
las que distantes le surcaban naves,
--viéndose claramente
en su azogada luna
el número, el tamaño y la fortuna               275
que en la instable campaña transparente
arresgadas tenían,
mientras aguas y vientos dividían
sus velas leves y sus quillas graves--:
así ella, sosegada, iba copiando                 280                 [la fantasía[
las imágenes todas de las cosas,
y el pincel invisible iba formando
de mentales, sin luz, siempre vistosas
colores, las figuras
no sólo ya de todas las criaturas                 285
sublunares, más aun también de aquéllas
que intelectuales claras son Estrellas,
y en el modo posible
que concebirse puede lo invisible,
en sí, mañosa, las representaba                 290
y al Alma las mostraba.                                                [en sueños]

     La cual, en tanto, toda convertida                           [alma]
a su inmaterial Ser y esencia bella,
aquella contemplaba,
participada de alto Ser, centella                295
que con similitud en sí gozaba;
y juzgándose casi dividida
de aquella que impedida
siempre la tiene, corporal cadena,
que grosera embaraza y torpe impide                  300
el vuelo intelectual con que ya mide
la cuantidad inmensa de la Esfera,
ya el curso considera
regular, con que giran desiguales
los cuerpos celestiales,                                         305
--culpa si grave, merecida pena
(torcedor del sosiego, riguroso)
de estudio vanamente judicioso--,                                  [astrología judiciaria]
puesta, a su parecer, en la eminente
cumbre de un monte a quien el mismo Atlante     310
que preside gigante
a los demás, enano obedecía,
y Olimpo, cuya sosegada frente
nunca de aura agitada
consintió ser violada,                                           315
aun falda suya ser no merecía:
pues las nubes:--que opaca son corona
de la más elevada corpulencia,
del volcán más soberbio que en la tierra
gigante erguido intima al cielo guerra--,              320
apenas densa zona
de su altiva eminencia,
o a su vasta cintura
cíngulo tosco son, que--mal ceñido--
o el viento lo desata sacudido,                             325
o vecino el calor del Sol lo apura.

     A la región primera de su altura,
(ínfima parte, digo, dividiendo
en tres su continuado cuerpo horrendo),
el rápido no pudo, el veloz vuelo                         330
del águila--que puntas hace al Cielo
y al Sol bebe los rayos pretendiendo
entre sus luces colocar su nido--
llegar; bien que esforzando
más que nunca el impulso, ya batiendo                335
las dos plumadas velas, ya peinando
con las garras el aire, ha pretendido,
tejiendo de los átomos escalas,
que su inmunidad rompan sus dos alas.

[V. «Intermezzo» de las Pirámides]

     Las Pirámides dos--ostentaciones                   340     [de Kéops y Kefrén, cerca de Menfis]
de Menfis vano y de la Arquitectura
último esmero, si ya no pendones
fijos, no tremolantes--, cuya altura
coronada de bárbaros trofeos
tumba y bandera fue a los Ptolomeos,                  345
que al viento, que a las nubes publicaba
(si ya también al Cielo no decía)
de su grande, su siempre vencedora
ciudad--ya Cairo ahora--
las que, porque a su copia enmudía,                     350
la Fama no cantaba.
Gitanas glorias, Ménficas proezas,                                  [egipcias]
aun en el viento, aun en el Cielo impresas:

     éstas,--que en nivelada simetría
su estatura crecía                                                 355
con tal diminución, con arte tanto,
que (cuanto más al Cielo caminaba)
a la vista, que lince la miraba,
entre los vientos se desparecía,
sin permitir mirar la sutil punta                           360
que al primer orbe finge que se junta,
hasta que fatigada del espanto,
no descendida, sino despeñada
se hallaba al pie de la espaciosa basa,
tarde o mal recobrada                                         365
del desvanecimiento
que pena fue no escasa
del visüal alado atrevimiento--,
cuyos cuerpos opacos
no al Sol opuestos, antes avenidos                      370
con sus luces, si no confederados
con él (como, en efecto, confinantes),
tan del todo bañados
de su resplandor eran, que --lucidos--
nunca de calorosos caminantes                           375
al fatigado aliento, a los pies flacos,
ofrecieron alfombra
aun de pequeña, aun de señal de sombra:

     éstas, que glorias ya sean Gitanas,
o elaciones profanas,                                          380
bárbaros jeroglíficos de ciego
error, según el Griego
ciego también, dulcísimo Poeta,
--si ya, por las que escribe
Aquileyas proezas                                              385
o marciales de Ulises sutilezas,
la unión no le recibe
de los Historiadores, o le acepta
(cuando entre su catálogo le cuente)
que gloria más que número le aumente--,           390
de cuya dulce serie numerosa
fuera más fácil cosa
al temido Tonante
el rayo fulminante
quitar, o la pesada                                              395
a Alcides clava herrada,
que un hemistiquio sólo
de los que le dictó propicio Apolo:

     según de Homero, digo, la sentencia,
las Pirámides fueron materiales                         400
tipos solos, señales exteriores
de las que, dimensiones interiores,
especies son del Alma intencionales:
que como sube en piramidal punta
al Cielo la ambiciosa llama ardiente,                 405
así la humana mente
su figura trasunta,
y a la Causa Primera siempre aspira,
--céntrico punto donde recta tira
la línea, si ya no circunferencia,                        410
que contiene, infinita, toda esencia--.

[VI. La Derrota de la Intuición]

     éstos, pues, Montes dos artificiales
(bien maravillas, bien milagros sean),
y aun aquella blasfema altiva Torre                               [de Babel]
de quien hoy dolorosas son señales                    415
--no en piedras, sino en lenguas desiguales,
porque voraz el tiempo no las borre--
los idiomas diversos que escasean
el socïable trato de las gentes
(haciendo que parezcan diferentes                    420
los que unos hizo la Naturaleza,
de la lengua por sólo la extrañeza),
si fueran comparados
a la mental pirámide elevada
donde, sin saber cómo, colocada                       425
el Alma se miró, tan atrasados
se hallaran, que cualquiera
gradüara su cima por Esfera:
pues su ambicioso anhelo,
haciendo cumbre de su propio vuelo,                430
en la más eminente
la encumbró parte de su propia mente,
de sí tan remontada, que creía
que a otra nueva región de sí salía.

     En cuya casi elevación inmensa,                  435
gozosa mas suspensa,
suspensa pero ufana,
y atónita aunque ufana, la suprema
de lo sublunar Reina soberana,                                         [el alma]
la vista perspicaz, libre de anteojos,                 440
de sus intelectuales bellos ojos,
(sin que distancia tema
ni de obstáculo opaco se recele,
de que interpuesto algún objeto cele),
libre tendió por todo lo crïado:                        445
cuyo inmenso agregado,
cúmulo incomprehensible,
aunque a la vista quiso manifiesto
dar señas de posible,
a la comprehensión no, que--entorpecida        450
con la sobra de objetos, y excedida
de la grandeza de ellos su potencia--,
retrocedió cobarde.

     Tanto no, del osado presupuesto,
revocó la intención, arrepentida,                    455
la vista que intentó descomedida
en vano hacer alarde
contra objeto que excede en excelencia
las líneas visuales,
--contra el Sol, digo, cuerpo luminoso,           460
cuyos rayos castigo son fogoso,
que fuerzas desiguales
despreciando, castigan rayo a rayo
el confïado, antes atrevido
y ya llorado ensayo,                                       465
(necia experiencia que costosa tant
fue, que ícaro ya, su propio llanto
lo anegó enternecido)--,
como el entendimiento, aquí vencido
no menos de la inmensa muchedumbre          470
(de tanta maquinosa pesadumbre
de diversas especies, conglobado
esférico compuesto),
que de las cualidades
de cada cual, cedió; tan asombrado,              475
que--entre la copia puesto,
pobre con ella en las neutralidades
de un mar de asombros, la elección confusa--,
equivocó las ondas zozobraba;
y por mirarlo todo, nada vía,                         480
ni discernir podía
(bota la facultad intelectiva
en tanta, tan difusa
incomprehensible especie que miraba
desde el un eje en que librada estriba            485
la máquina voluble de la Esfera,
al contrapuesto polo)
las partes, ya no solo,
que al universo todo considera
serle perfeccionantes,                                    490
a su ornato, no mas, pertenecientes;
Mas ni aun las que integrantes
miembros son de su cuerpo dilatado,
proporcionadamente competentes.

     Mas como al que ha usurpado                   495
diuturna obscuridad, de los objetos
visibles los colores,
si súbitos le asaltan resplandores,
con la sobra de luz queda más ciego
--que el exceso contrarios hace efectos          500
en la torpe potencia, que la lumbre
del Sol admitir luego
no puede por la falta de costumbre--,
y a la tiniebla misma, que antes era
tenebroso a la vista impedimento,                  505
de los agravios de la luz apela,
y una vez y otra con la mano cela
de los débiles ojos deslumbrados
los rayos vacilantes,
sirviendo ya--piadosa medianera—               510
la sombra de instrumento
para que recobrados
por grados se habiliten,
porque después constantes
su operación más firmes ejerciten,                 515
--recurso natural, innata ciencia
que confirmada ya de la experiencia,
maestro quizá mudo,
retórico ejemplar, inducir pudo
a uno y otro Galeno                                       520
para que del mortífero veneno,
en bien proporcionadas cantidades
escrupulosamente regulando
las ocultas nocivas cualidades,
ya por sobrado exceso                                   525
de cálidas o frías,
o ya por ignoradas simpatías
o antipatías con que van obrando
las causas naturales su progreso,
(a la admiración dando, suspendida,             530
efecto cierto en causa no sabida,
con prolijo desvelo y remirada
empírica atención, examinada
en la bruta experiencia,
por menos peligrosa),                                    535
la confección hicieran provechosa,
último afán de la Apolínea ciencia,                         [la medicina]
de admirable trïaca,                                                 [antídoto contra el veneno]
¡que así del mal el bien tal vez se saca!--:

no de otra suerte el Alma, que asombrada    540
de la vista quedó de objeto tanto,
la atención recogió, que derramada
en diversidad tanta, aun no sabía
recobrarse a sí misma del espanto
que portentoso había                                    545
su discurso calmado,
permitiéndole apenas
de un concepto confuso
el informe embrïón que, mal formado,
inordinado caos retrataba                            550
de confusas especies que abrazaba,
--sin orden avenidas,
sin orden separadas,
que cuanto más se implican combinadas
tanto más se disuelven desunidas,                555
de diversidad llenas--,
ciñendo con violencia lo difuso
de objeto tanto, a tan pequeño vaso,
(aun al más bajo, aun al menor, escaso). 

[VII. El Sueño de la Omnisciencia Metódica]

     Las velas, en efecto, recogidas,              560
que fïó inadvertidas
traidor al mar, al viento ventilante,
--buscando, desatento,
al mar fidelidad, constancia al viento--,
mal le hizo de su grado                               565
en la mental orilla
dar fondo, destrozado,
al timón roto, a la quebrada entena,                      [mástil]
besando arena a arena
de la playa el bajel, astilla a astilla,            570
donde--ya recobrado--
el lugar usurpó de la carena
cuerda refleja, reportado aviso
de dictamen remiso:
que, en su operación misma reportado,        575
más juzgó conveniente
a singular asunto reducirse,
o separadamente
una por una discurrir las cosas
que vienen a ceñirse                                    580
en las que artificiosas
dos veces cinco son Categorías:                          [sustancia, cuantidad, cualidad, relación, acción,
                                                                                                                                                        pasión, dónde, duándo, sitio, hábito]
     reducción metafísica que enseña 
(los entes concibiendo generales
en sólo unas mentales fantasías                    585
donde de la materia se desdeña
el discurso abstraído)
ciencia a formar de los universales,
reparando, advertido,
con el arte el defecto                                   590
de no poder con un intüitivo
conocer acto todo lo crïado,
sino que, haciendo escala, de un concepto
en otro va ascendiendo grado a grado,
y el de comprender orden relativo               595
sigue, necesitado 
del del entendimiento
limitado vigor, que a sucesivo
discurso fía su aprovechamiento:

     cuyas débiles fuerzas, la doctrina           600
con doctos alimentos va esforzando,
y el prolijo, si blando,
continuo curso de la disciplina,
robustos le va alientos infundiendo,
con que más animoso                                   605
al palio glorïoso
del empeño más arduo, altivo aspira,
los altos escalones ascendiendo,
--en una ya, ya en otra cultivado
facultad--, hasta que insensiblemente           610
la honrosa cumbre mira
término dulce de su afán pesado
(de amarga siembra, fruto al gusto grato,
que aun a largas fatigas fue barato),
y con planta valiente                                   615
la cima huella de su altiva frente.

[VIII. Las Escalas del Ser]

     De esta serie seguir mi entendimiento
el método quería,
o del ínfimo grado
del ser inanimado                                       620     [los minerales]
(menos favorecido,
si no más desvalido,
de la segunda causa productiva),                           [la primera causa es Dios; la segunda la naturaleza]
pasar a la más noble jerarquía
que, en vegetable aliento,                           625
primogénito es, aunque grosero,
de Thetis,--el primero                                            [esposa del Océano y madre de los ríos]
que a sus fértiles pechos maternales,
con virtud atractiva,
los dulces apoyó manantïales                     630
de humor terrestre, que a su nutrimento
natural es dulcísimo alimento--,
y de cuatro adornada operaciones
de contrarias acciones,                                        [atractiva, selectiva, conversiva, expulsiva]
ya atrae, ya segrega diligente                     635
lo que no serle juzga conveniente,
ya lo superfluo expele, y de la copia
la substancia más útil hace propia;

     y--esta ya investigada--,
forma inculcar más bella                           640
(de sentido adornada,
y aun más que de sentido, de aprehensiva
fuerza imaginativa),                                              [el reino animal]
que justa puede ocasionar querella
--cuando afrenta no sea--                           645
de la que más lucida centellea
inanimada Estrella,
bien que soberbios brille resplandores,
--que hasta a los Astros puede superiores,
aun la menor criatura, aun la más baja,     650
ocasionar envidia, hacer ventaja--;

     y de este corporal conocimiento
haciendo, bien que escaso, fundamento,
al supremo pasar maravilloso
compuesto triplicado,                                655   [de vida vegetativa, sensitiva y racional]
de tres acordes líneas ordenado
y de las formas todas inferiores
compendio misterioso:
bisagra engarzadora
de la que más se eleva entronizada           660
Naturaleza pura                                                  [espíritus angélicos]
y de la que, criatura
menos noble, se ve más abatida:
no de las cinco solas adornada
sensibles facultades,                                 665     [ver, oír, oler, gustar, tocar]
mas de las interiores                                            [memoria, entendimiento, voluntad]
que tres rectrices son, ennoblecida,
--que para ser señora
de las demás, no en vano
la adornó Sabia Poderosa Mano--:           670     [Dios]
fin de Sus obras, círculo que cierra
la Esfera con la tierra,
última perfección de lo criado
y último de su Eterno Autor agrado,
en quien con satisfecha complacencia      675
Su inmensa descansó magnificencia:

     fábrica portentosa
que, cuanto más altiva al Cielo toca,
sella el polvo la boca,
--de quien ser pudo imagen misteriosa     680
la que águila Evangélica, sagrada
visión en Patmos vio, que las Estrellas                [el Apocalipsis]
midió y el suelo con iguales huellas,
o la estatua eminente                                           [de Nabucodonosor, de cabeza de oro y pies de barro]
que del metal mostraba más preciado       685
la rica altiva frente,
y en el más desechado
material, flaco fundamento hacía,
con que a leve vaivén se deshacía--:
el Hombre, digo, en fin, mayor portento   690
que discurre el humano entendimiento;
compendio que absoluto
parece al ángel, a la planta, al bruto;                  [el hombre es un pequeño mundo o microcosmos]
cuya altiva bajeza
toda participó Naturaleza.                        695
¿Por qué? Quizá porque más venturosa
que todas, encumbrada
a merced de amorosa
Unión sería. ¡Oh, aunque repetida,                    [misterio de la Encarnación: unión de hombre y Dios]
nunca bastantemente bien sabida             700 
merced, pues ignorada
en lo poco apreciada
parece, o en lo mal correspondida!

[IX. La Sobriedad Intelectual]

     Estos, pues, grados discurrir quería
unas veces; pero otras, disentía,               705
excesivo juzgando atrevimiento
el discurrirlo todo,
quien aun la más pequeña,
aun la más fácil parte no entendía
de los más manüales                               710
efectos naturales;
quien de la fuente no alcanzó risueña
el ignorado modo
con que el curso dirige cristalino
deteniendo en ambages su camino,         715
--los horrorosos senos
de Plutón, las cavernas pavorosas
del abismo tremendo,
las campañas hermosas,
los Eliseos amenos,                                 720
tálamo ya de su triforme esposa,                      [Perséfone: hija de Júpiter y Ceres, Reina de los
clara pesquisidora registrando,                          Infiernos, Diosa e la Agricultura]
(útil curiosidad, aunque prolija,
que de su no cobrada bella hija
noticia cierta dio a la rubia Diosa,          725   [la ninfa Aretusa informó a Ceres]
cuando montes y selvas trastornando,
cuando prados y bosques inquiriendo,
su vida iba buscando
y del dolor su vida iba perdiendo)--;

     quien de la breve flor aun no sabía    730
por qué ebúrnea figura
circunscribe su frágil hermosura:
mixtos, por qué, colores
--confundiendo la grana en los albores--
fragante le son gala:                               735
ambares por qué exhala,
y el leve, si más bello
ropaje al viento explica,
que en una y otra fresca multiplica
hija, formando pompa escarolada           740
de dorados perfiles cairelada,
que --roto del capillo el blanco sello--
de dulce herida de la Cipria Diosa                       [Venus, nacida en Chipre]
los despojos ostenta jactanciosa,
si ya el que la colora,                              745
candor al alba, púrpura al aurora
no le usurpó y, mezclado,
purpúreo es ampo, rosicler nevado:
tornasol que concita
los que del prado aplausos solicita,         750
preceptor quizá vano
--si no ejemplo profano--
de industria femenil que el más activo                      [los cosméticos; son venenosos]
veneno, hace dos veces ser nocivo
en el velo aparente                                  755
de la que finge tez resplandeciente.

     Pues si a un objeto solo, --repetía
tímido el Pensamiento--,
huye el conocimiento
y cobarde el discurso se desvía;              760
si a especie segregada
--como de las demás independiente,
como sin relación considerada--
da las espaldas el entendimiento,
y asombrado el discurso se espeluza        765
del difícil certamen que rehúsa
acometer valiente,
porque teme cobarde
comprehenderlo o mal, o nunca, o tarde,
¿cómo en tan espantosa                           770
máquina inmensa discurrir pudiera,
cuyo terrible incomportable peso
--si ya en su centro mismo no estribara--
de Atlante a las espaldas agobiara,                     [El gigante que sostiene la tierra y el cielo]
de Alcides a las fuerzas excediera;          775     [Hércules]
y el que fue de la Esfera
bastante contrapeso,
pesada menos, menos ponderosa
su máquina juzgara, que la empresa
de investigar a la Naturaleza?                 780

[X. La Sed Desenfrenada del Saber]

     Otras --más esforzado--                                 [. . . veces, . . . mi entendimiento]
demasiada acusaba cobardía
el lauro antes ceder, que en la lid dura
haber siquiera entrado,
y al ejemplar osado                                 785
del claro joven la atención volvía,                      [Faetón]
--auriga altivo del ardiente carro--,                     [De Apolo, su padre]
y el, si infeliz, bizarro
alto impulso, el espíritu encendía:
donde el ánimo halla                               790
--más que el temor ejemplos de escarmiento--
abiertas sendas al atrevimiento,
que una ya vez trilladas, no hay castigo
que intento baste a remover segundo,
(segunda ambición, digo).                       795

     Ni el panteón profundo
--cerúlea tumba a su infeliz ceniza--,                     [agua azul del río Po]
ni el vengativo rayo fulminante
mueve, por más que avisa,
al ánimo arrogante                                   800 
que, el vivir despreciando, determina
su nombre eternizar en su ruina.
Tipo es, antes, modelo:
ejemplar pernicioso
que alas engendra a repetido vuelo,          805
del ánimo ambicioso
que --del mismo terror haciendo halago
que al valor lisonjea--,
las glorias deletrea
entre los caracteres del estrago.                810
O el castigo jamás se publicara,
porque nunca el delito se intentara:
político silencio antes rompiera
los autos del proceso,
--circunspecto estadista--;                         815
o en fingida ignorancia simulara,
o con secreta pena castigara
el insolente exceso,
sin que a popular vista
el ejemplar nocivo propusiera:                  820
que del mayor delito la malicia
peligra en la noticia,
contagio dilatado trascendiendo;
porque singular culpa sólo siendo,
dejara más remota a lo ignorado               825
su ejecución, que no a lo escarmentado.

[XI. El Despertar Humano]

     Mas mientras entre escollos zozobraba
confusa la elección, sirtes tocando
de imposibles, en cuantos intentaba
rumbos seguir, --no hallando                     830
materia en que cebarse
el calor ya, pues su templada llama
(llama al fin, aunque más templada sea,
que si su activa emplea
operación, consume, si no inflama)           835
sin poder excusarse
había lentamente
el manjar trasformado,
propia substancia de la ajena haciendo:
y el que hervor resultaba bullicioso           840
de la unión entre el húmedo y ardiente,
en el maravilloso
natural vaso, había ya cesado
(faltando el medio), y consiguientemente
los que de él ascendiendo                          845
soporíferos, húmedos vapores
el trono racional embarazaban
(desde donde a los miembros derramaban
dulce entorpecimiento),
a los suaves ardores                                   850
del calor consumidos,
las cadenas del sueño desataban:
y la falta sintiendo de alimento
los miembros extenuados,
del descanso cansados,                              855
ni del todo despiertos ni dormidos,
muestras de apetecer el movimiento
con tardos esperezos
ya daban, extendiendo
los nervios, poco a poco, entumecidos,      860
y los cansados huesos
(aun sin entero arbitrio de su dueño)
volviendo al otro lado--,
a cobrar empezaron los sentidos,
dulcemente impedidos                               865
del natural beleño,                                                [henbane: planta venenosa y narcótica]
su operación, los ojos entreabriendo.

     Y del cerebro, ya desocupado,
las fantasmas huyeron
y --como de vapor leve formadas--            870
en fácil humo, en viento convertidas,
su forma resolvieron.
Así linterna mágica, pintadas                               [invención del padre Athanasius Kircher, S. I.]
representa fingidas
en la blanca pared varias figuras,              875
de la sombra no menos ayudadas
que de la luz: que en trémulos reflejos
los competentes lejos
guardando de la docta perspectiva,
en sus ciertas mensuras                             880
de varias experiencias aprobadas,
la sombra fugitiva,
que en el mismo esplendor se desvanece,
cuerpo finge formado,
de todas dimensiones adornado,               885
cuando aun ser superficie no merece.

[XII. El Triunfo del Día]

     En tanto el Padre de la Luz ardiente,                [el Sol]
de acercarse al Oriente
ya el término prefijo conocía,
y al antípoda opuesto despedía                 890
con transmontantes rayos:
que --de su luz en trémulos desmayos--
en el punto hace mismo su Occidente,
que nuestro Oriente ilustra luminoso.
Pero de Venus, antes, el hermoso             895
apacible lucero                                                 [the morning star; lucero de la mañana]
rompió el albor primero,
y del viejo Tithón la bella esposa                      [Aurora]
--amazona de luces mil vestida,
contra la noche armada,                           900
hermosa si atrevida,
valiente aunque llorosa--,                                  [llora, produciendo rocío, por su viejo esposo]
su frente mostró hermosa
de matutinas luces coronada,
aunque tierno preludio, ya animoso,        905
del Planeta fogoso,                                            [el Sol]
que venía las tropas reclutando
de bisoñas vislumbres,
--las más robustas, veteranas lumbres
para la retaguardia reservando--,             910
contra la que, tirana usurpadora
del imperio del día,
negro laurel de sombras mil ceñía
y con nocturno cetro pavoroso
las sombras gobernaba,                            915
de quien aun ella misma se espantaba.

     Pero apenas la bella precursora
signífera del Sol, el luminoso                             [la Aurora]
en el Oriente tremoló estandarte,
tocando al arma todos los suaves             920
si bélicos clarines de las aves,
(diestros, aunque sin arte,
trompetas sonorosos),
cuando, --como tirana al fin, cobarde,
de recelos medrosos                                    925
embarazada, bien que hacer alarde
intentó de sus fuerzas, oponiendo
de su funesta capa los reparos,
breves en ella de los tajos claros
heridas recibiendo,                                      930
(bien que mal satisfecho su denuedo,
pretexto mal formado fue del miedo,
su débil resistencia conociendo)--,
a la fuga ya casi cometiendo
más que a la fuerza, el medio de salvarse,    935
ronca tocó bocina
a recoger los negros escuadrones
para poder en orden retirarse,
cuando de más vecina
plenitud de reflejos fue asaltada,                  940
que la punta rayó más encumbrada
de los del Mundo erguidos torreones.

     Llegó, en efecto, el Sol cerrando el giro
que esculpió de oro sobre azul zafiro:                      [el cielo]
de mil multiplicados                                      945
mil veces puntos, flujos mil dorados
--líneas, digo, de luz clara--, salían
de su circunferencia luminosa,
pautando al Cielo la cerúlea plana;                          [los rayos del sol doran el papel azul del cielo]
y a la que antes funesta fue tirana                   950
de su imperio, atropadas embestían:
que sin concierto huyendo presurosa
--en sus mismos horrores tropezando--
su sombra iba pisando,
y llegar al Ocaso pretendía                             955  [el día sale del Oriente; la noche va al Occidente]
con el (sin orden ya) desbaratado
ejército de sombras, acosado
de la luz que el alcance le seguía.

     Consiguió, al fin, la vista del Ocaso [el Occidente, hacia donde va la oscuridad]
el fugitivo paso,                                              960
y --en su mismo despeño recobrada
esforzando el aliento en la rüina--,
en la mitad del globo que ha dejado
el Sol desamparada,
segunda vez rebelde determina                       965
mirarse coronada,
mientras nuestro Hemisferio la dorada
ilustraba del Sol madeja hermosa,
que con luz judiciosa
de orden distributivo, repartiendo                   970
a las cosas visibles sus colores
iba, y restituyendo
entera a los sentidos exteriores
su operación, quedando a luz más cierta
el mundo iluminado y yo despierta.                975


La linterna mágica de Athanasius Kircher, S. I. (1602-1680)


Fin


Última actualización:
17 de abril de 2016
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