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RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN:
(1886-1936): En un primer momento publicó sus Sonatas (1902-1905), fantasías exóticas escapistas modernistas sin preocupaciones políticas o éticas, aunque recientemente se han visto como obras que en efecto sugieren una crítica del materialismo, la hipocresía y la vulgaridad de la burguesía. Estas obras son de gusto aristocrático y de decadencia moral, política y social. El héroe principal es el Marqués de Bradomín, «feo católico y sentimental», cuya fe religiosa le vale sólo para apreciar más su orgullo, sus sacrilegios, su fornicación y su necrofilia. Es la esencia de fin-de siècle. Hay en las Sonatas una cierta nostalgia por una época sin burguesía, donde sólo había nobles y vasallos. Tienen estas obras mucho de Simbolismo y Modernismo y reflejan la influencia de Charles Baudelaire (1821-1867), Arthur Rimbaud (1854-1891), y Gabriele D'Annunzio (1863-1938).
![]() Ya para 1920, cambia Valle-Inclán de tradicionalista a progresista. En una entrevista en el periódico El Sol, 3 de septiembre de 1920, menciona: «El Arte es un juego . . . . No debemos hacer Arte ahora, porque jugar en los tiempos que corren es inmoral, es una canallada. Hay que lograr primero una justicia social». Es en ese entonces cuando desarrolla su teoría del esperpento, cuya técnica se explica en Luces de bohemia, obra dramática que apareció entre julio y octubre de 1920 en el periódico España. En la escena 12, Max Estrella declara que «España es una deformación grotesca de la civilización europea» y por eso, «el sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada», una deformación similar al reflejo de un espejo cóncavo en el Callejón del Gato en Madrid. La distorsión produce el esperpento o deformación. Según Ramiro de Maeztu, el esperpento es «el aspecto negativo del mundo, el baile visto por un sordo, la religión examinada por un escéptico». Los esperpentos nos recuerdan las obras de Goya en su período negro. O sea, Valle-Inclán sugiere una técnica de deformación para capturar una realidad que ya está deformada anteriormente. La forma de lograr esta deformación es por medio de la deshumanización del personaje. Lo convierte Valle-Inclán en animal, muñeco, títere, sombra o máscara. Al aparecer sin vida, sin realidad, nos da una interpretación más verdadera de cómo es la vida en la realidad.
Callejón del Gato, Madrid. Foto de Julián Villares Valle-Inclán
indica también que la deformación debe ser sistemática,
aunque no se ha visto esta sistematización en Luces de bohemia.
Por ejemplo, se ha notado que el anarquista catalán y la madre del
bebé muerto en esta obra no fueron deformados por Valle-Inclán,
ni la esposa ni la hija de Max Estrella, el protagonista. LLamó
esperpentos Valle-Inclán a las obras coleccionadas en Martes
de Carnaval (1930): Los cuernos de don Friolera (1921), Las
galas del difunto (1926), y La hija del capitán (1927).
Si leen alguna otra obra de Valle-Inclán, por favor lean la novela
Tirano Banderas (1926).
Espejo cóncavo
Página creada por A. Robert Lauer
Última actualización: 20 de abril de 2009 |