ESTEBAN MANUEL DE VILLEGAS:


(1589-1669):
Retrato de Esteban Manuel de Villegas
por Pascual Pedro Moles (1741-1797)

Bibliografía:

Bravo Vega, Julián.  «Esteban M. de Villegas, autoridad léxica».   Actas del IV Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, I-II.   Ed. Claudio García Turza, Fabián González Bachiller, Javier Mangado Martínez. Logroño, Rioja: Universidad de la Rioja, 1998.  2: 43-52.

Bravo Vega, Julián.  «Esteban Manuel de Villegas: Panorama histórico-literario de un escritor». Revista de Literatura 55.110 (1993): 465-85.

Monguió, Alicia de Columbi.  «La Oda XII de Esteban Manuel de Villegas y su tradición poética». Modern Language Studies 12.2 (1982): 31-40.

Sobejano, Gonzalo.  «Magia de la rima en la poesía de Villegas».  Melanges María Soledad Carrasco Urgoiti/Tahiyyat taqdirlil-dukturah Maria Soledad Carrasco Urgoiti, I-II.  Ed. 'Abd al-Jelil al-Tamimi.  Zaghouan, Tunisia: Fondation Temimi pour la Recherche Scientifique et l'Information, 1999.  2: 565-75.
 

     Esteban Manuel de Villegas (1589-1669) nació en La Rioja, al norte de España, y se educó en Madrid y Salamanca.  A los 36 años se casó con una muchacha de 15 (doña Antonia de Leiva), con la cual tuvo 7 hijos.  A los 71 años fue procesado por la Inquisición, acusado de sostener ideas peligrosas sobre el libre albedrío, hablar con demasiada libertad sobre cuestiones religiosas y tener manuscrito un cuaderno de sátiras, una de ellas contra las comunidades religiosas.  Fue obligado a abjurar «de leví» y castigado a destierro por cuatro años de Madrid.  Sus papeles fueron recogidos y se perdieron sus sátiras.  A los 80 años, Villegas todavía andaba pleiteando sobre unas tierras.  Es imitador meticuloso de los clásicos grecolatinos (más los griegos que los latinos en este caso), sobre todo de Horacio, entre los latinos y, entre los griegos, Anacreonte, Teócrito, Tíbulo, Propercio, Ausonio y Catulo (cf. el poemita de Castillejo). Generalmente usa heptasílabos en su poesía, que generalmente es bucólica, refinada, sutil y graciosa, donde canta amores traviesos, los placeres del campo y del vino, o las delicias de la mesa.  En este género de poesía Villegas no tiene rival.  Fue sumamente admirado e imitado en el siglo XVIII en España, sobre todo por Cadalso, Moratín, y Melendez Valdés.  Se conocen dos obras suyas: Disertaciones críticas (1650) y Las Eróticas.



Poesía:

Esteban Manuel de Villegas: Cantilena VII: De un pajarillo:  

Yo vi sobre un tomillo
quejarse un pajarillo,
viendo su nido amado,
de quien era caudillo, 
de un labrador robado.
Vile tan congojado
por tal atrevimiento,
dar mil quejas al viento
para que al cielo santo
lleve su tierno llanto,
lleve su triste acento.
Ya con triste armonía,
esforzando el intento,
más sonoro volvía;
ya circular volaba;
ya rastrero corría;
ya, pues, de rama en rama
al rústico seguía,
y saltando en la grama
parece que decía:
“Dáme, rústico fiero,
mi dulce compañía.”
Y que le respondía
el rústico: “No quiero.”

*** 

Esteban Manuel de Villegas: Cantilena XXXIV: A sus amigos:  

Ya de los altos montes
las encumbradas nieves
a valles hondos bajan
desesperadamente.
Ya llegan a ser ríos
las que antes eran fuentes,
corridas de ver mares
los arroyuelos breves.
Ya las campañas secas
empiezan a ser verdes,
y porque no beodas,
aguadas enloquecen.
Ya del Liceo monte
se escuchan los raveles,
al paso de las cabras
que Títiro defiende.
Pues, ea, compañeros,
vivamos dulcemente,
que todas son señales
de que el verano viene. 
La cantimplora salga,
la cítara se temple,
y beba el que bailare
y baile el que bebiere.

***

Esteban Manuel de Villegas: Oda sáfica: Al Céfiro:

Dulce vecino de la verde selva,
huésped eterno del abril florido,
vital aliento de la madre Venus,
Céfiro blando;

si de mis ansias el amor supiste,
tú, que las quejas de mi voz llevaste,
oye, no temas, y a mi ninfa dile,
dile que muero.

Filis un tiempo mi dolor sabía;
Filis un tiempo mi dolor lloraba;
quísome un tiempo, mas ahora temo,
temo sus iras.

Así los dioses con amor paterno,
así los cielos con amor benigno,
nieguen al tiempo que feliz volares
nieve a la tierra.

Jamás el peso de la nube parda
cuando amanece en la elevada cumbre,
toque tus hombros ni su mal granizo
hiera tus alas.


Última actualización:
19 de mayo de 2013