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I (el Magno).  Fue alférez del rey  Sancho II, quien murió asesinado el 7 de octubre de 1072 en
el cerco de Zamora, pero no gran amigo de Alfonso VI, su sucesor, quien lo desterró en
1081-87 y de nuevo en 1087-92.  Se mantuvo siempre fiel al rey, sus hijas se casaron con
nobles, conquistó Valencia de los moros en 1094 y murió en 1099 (a los 56 años) en esa
misma ciudad.  Fue e
nterrado en el monasterio de San Pedro de Cardeña por su esposa
Jimena Díaz y una vez más Valencia se abandonó a los musulmanes.       
El primer relato histórico es la
Historica Roderici (1110?), breve crónica latina. 
Aparece también un panegírico latino
catalán en el monasterio de Ripoll llamado Carmen
Campidoctoris (1093-1094?) de 129 versos.  Existían también canciones celebratorias en
romance.  También hay relatos anti-cidianos en las historias árabes de Ibn Alcama (m. 1116)
e Ibn Bassam (fl. 1109). 
Crónica najarense
(h. 1160).  El Poema del Cid lo fecha Ian Michael
entre 1201-1207.  El único manuscrito existente, copiado en el siglo XIV, salió a luz en el
archivo del Concejo de Vivar en el siglo XVI.  Su autor fue probablemente clérigo, educado
por los benedictinos, que tenía acceso a crónicas, documentos legales, no sujeto a votos, ya
que viajaba, y conocedor de poemas heroicos, quizás de la misma Chanson de Roland,
introducida por el camino francés a Santiago de Compostela en Galicia (la vía láctea o Milky
Way).  Sus dotes de organización excedieron en mucho a un mero talento juglaresco.
     El Cid fue hecho a conocer por Tomás Antonio Sánchez en 1779 en su primer volumen de
la Colección de poesías castellanas anteriores al siglo XV y es considerado como la primera
obra de la literatura española.  La única copia del poema fue escrita en 1307 por Per Abbat,
pero el poema debió de ser compuesto hacia 1140.  La obra fue impresa por primera vez en
1779 por Don Tomás Antonio Sánchez.  El texto no está completo y le falta la primera página
(no sabemos el título original de la obra).  Menéndez Pidal reconstruyó el texto de estas
lagunas usando la prosificación del cantar en la Crónica de 20 reyes.  Se ignora quien fue el
autor del poema, pero Menéndez Pidal
piensa que lo hizo algún juglar de Medinaceli, ya que
esta región se menciona varias veces en el poema.  Sin embargo, la tercera parte del poema
pertenece exclusivamente a la tradición local de San Esteban de Gormaz, sin que la historia
posea noticias de tal suceso.  Entonces, MP sugiere otro poeta tardío, el poeta de San
Esteban de Gormaz. 
Historia Roderici (1103
-1109).  A este segundo poeta se debe el plan
total de la obra e, íntegramente, el «Cantar del destierro».  Al juglar de Medinaceli se deben el
«Cantar de las bodas y la Afrenta de Corpes».  Consta de 3.730 versos no siempre de igual
número de sílabas, aunque predominan los de 14 con una cesura en mitad del verso.  De
ordinario prevalece la asonancia pero no hay mucho cuidado ni en la métrica ni en la
versificación.  La rima cambia de vez en cuando.  Hay 11 variedades de asonancia en total,
las 4 más comunes siendo: -ó, -á, á-o, á
-a; otras son í
-
a, í-o, í, é-a / ié-
a, é-o / ié-o, ó-
a, y ó-o /
ué-o.  Los números de nuestra edición fueron impuestos por Ramón Menéndez Pidal en su
edicion para indicar el cambio de rima.  Según López Estrada, la unidad estrófica del Cid es
la serie o tirada (laisse) constituida de agrupaciones de variable número de versos (desde 3
hasta 185) en dos hemistiquios con cesura de versos fluctuantes o anisosilábicos,
esticomíticos y sin encabalgamiento de:
          7 sílabas - 39.40 por cien;
          8 sílabas - 24,00 por cien;
          6 sílabas - 18,00 por cien;
          5 sílabas - 6,82 por cien;