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Es un ti
po de sátira social literaria, dramática, y plástica, común a los siglos XIV y XV. La
muerte va llamando a todas las clases sociales del mundo y los invita a participar en su danza
macabra, a veces en forma tétrica humorística. De la muerte no no salva ninguna clase social,
ni el papa, ni el obispo, ni el rey, ni el príncipe. Tiene así la danza un sentimiento democrático,
igualativo.
Para el cristiano medieval, la muerte es la liberación de la cárcel de esta vida y el salto
hacia la verdadera vida eterna. Para el siglo XIV y XV, sin embargo, la muerte se ha
convertido en angustiosa obsesión porque el hombre ha descubierto el goce en el vivir, sobre
todo cuando más nos acercamos al Renacimiento.
La versión castellana de la danza de la muerte consiste de 79 octavas de arte mayor, es
de autor anónimo, y de mediados del siglo XV. Se supone de importación europea,
posiblemente francesa, y de fuentes eruditas. También se piensa que todas las versiones
europeas, la española, la francesa, y la alemana, der
ivan de un arquetipo común a todas, en
latín. La crítica piensa que la versión española es la mejor de todas las otras europeas (la
francesa y la alemana).
Las versiones europeas posiblemente fueron danzadas y representadas en algún
momento, aunque, de
bido a su rígida disposición estrófica, falta de diálogo, y el número
desmesurado de personajes, probablemente fueron obras de lectura y meditación.
Se conserva el manuscrito único de la danza de la muerte en la Biblioteca de El Escorial.
El tema de la danza de la muerte fue muy común en las otras naciones europeas pero no tanto
en España. Se encuentran indicios de ella en el Diálogo de Mercurio y Carón de Alfonso de
Valdés, un capítulo del
Quijote, algunos autos sacramentales de Calderón (El gran teatro del
mundo
), y los
Sueños
de Quevedo.
Representaciones medievales de la «danza de la muerte»
Siglo XV. JORGE MANRIQUE
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