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descripciones bucólicas, y en las orillas del Tajo.  El paisaje en sí mismo es ya materia de
belleza, tema esencial, protagonista en la poesía de Garcilaso.
Estilo:  La poesía de Garcilaso se caracteriza por su musicalidad, su elegancia, la
suave cadencia de sus versos, la claridad, la selección de vocablos, la mesura y la sobriedad,
lejos de toda afectación y toda retórica.  Imitación: el número de versos derivados de todas
sus fuentes constituye la cuarta parte del poema.  Pero Garcilaso no copia sino que reelabora,
vivifida, recrea.  Según Menéndez Pidal («El lenguaje del siglo XVI») la norma lingüística de
Garcilaso consiste en emplear términos no nuevos ni desusados de la gente, pero a la vez
muy cortesanos y muy admitidos de los buenos oídos.  Es decir, naturalidad y selección:
criterio bien diferente del de cultismo y afectación de Ronsard y los franceses.  Este es el
estilo de «buen gusto».
Dos rasgos que suelen destarcarse en la personalidad de Garcilaso son: la ausencia
de resonancias bélicas en su obra, a pesar de su carácter militar y de su intensa dedicación a
la tarea de las armas; el segundo, su caracter esencialmente laico.  Según el novelista
moderno «Azorín» (Los dos Luises y otros ensayos): «De todos los poetas españoles de los
siglos XVI y XVII, Garcilaso es el único que no haya escrito ni un solo verso de asunto
religioso.  No estaba la poesía religiosa dentro de su temperamento».
En su tiempo, se le consideró a Garcilaso como clásico (o sea, como se consideraría
a un escritor griego o latino antiguo) y tuvo sus comentaristas en «el Brocense» y Herrera. 
Aun en su siglo, su poesía fue vuelta «a lo divino» por Sebastián de Córdoba en 1575, para
convertir sus versos en materia cristiana y religiosa.  Se estudiaba como se estudiaban a
Homero (Homer) y Virgilio (Virgil).  La claridad de su  poesía fue contrapuesta a la oscuridad
de los poetas cultos como Luis de Góngora (en el siglo XVII).  Fue propuesto como modelo de
la poesía en el siglo XVIII por Azara.  En el siglo XIX, Garcilaso afecta al poeta romántico
Adolfo Bécquer, y en el XX a los poetas Pedro Salinas, Rafael Alberti y José García Nieto,
poetas neoclasicistas.
ÉPOCA DE FELIPE II:
La época de Carlos V había estado inspirada por los hombres de armas, por el
humanismo europeo, por la influencia italiana, por la sátira erasmista, por el entusiasmo
pagano, y por los ideales de universalidad.  En el reinado de Felipe II, que cubre casi
exactamente la segunda mitad del siglo XVI, España se orienta por entero hacia la
preocupación religiosa impulsada por la Contrarreforma (Reforma católica), cuya postura en
contra del protestantismo condiciona la política real de defensa y aislamiento, concentrándose
España en sí misma para producir una cultura esencialmente nacional y católica.  Las
corrientes renacentistas no se pierden sino que se funden armónicamente con las tradiciones
nacionales para forjar la síntesis personalísima que constituye la originalidad del
Renacimiento español. 
Uno tono de gravedad se extiende a la literatura y las artes.  Esta es la época de las
grandes figuras de la ascática y de
la mística.  En literatura, la novela pastoril reemplaza la
boga de las novelas de caballerías; el realismo de la novela picaresca queda interrumpido, así
como el teatro renacentista erasmista y paganizane.  Renace la filosofía escolástica.  La
filología s
e dedica con preferencia a los estudios bíblicos y escriturarios; la poesía se hace