Capítulo 11.  «La vida cultural durante el siglo XIX».
Creación de 
A. Robert Lauer
arlauer@ou.edu
Notas basadas el la 4a. ed. de 
Civilización y cultura de España de Vicente Cantarino


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El Siglo de la Ciencia:

     El siglo XIX es el Siglo de la Ciencia.  Los adelantos científicos de este período ayudan a crear una burguesía democrática en toda Europa, incluso España (aunque en menos medida debido a una reacción tradicional y católica que iba en contra de las ideas más radicales [y anticlericales] de la época).  En medicina se descubrió la prevención de infecciones por medio de sueros y vacunas.  En este campo sobresalen el francés Luis Pasteur (1822-1895)—padre de la medicina moderna—y el español Santiago Ramón y Cajal (1854-1935).  En ciencias naturales sobresalen los ingleses Charles Darwin (1809-1882), biólogo que aplica teorías evolucionistas al ser humano en El origen de las especies y El origen del hombre, y Sir Charles Lyell (1797-1875), quien hizo lo mismo con la geología en sus Principios de geología.  En física se perfeccionaron innumerables aparatos, entre ellos la locomotora de vapor (1825), el barco de vapor (1827), el motor de explosión (que haría posible el automóvil), la dinamo (que haría posible la corriente eléctrica y después el telégrafo, el teléfono, el alumbrado eléctrico y los motores eléctricos), las conservas alimenticias, la calefacción, la fotografía, el pistón en las armas de fuego y la ametralladora (que transformará la táctica y la capacidad destructura de la guerra).  En filosofía, Francia y Alemania serán los países del siglo. Francia revigorizará el empirismo por medio del Positivismo (Auguste Comte [1798-1857]) que después dará el evolucionismo de Herbert Spencer (1820-1903) y de Oswald Spengler (1880-1936) en La decadencia del occidente. Alemania reaccionará contra el empirismo al formar, primero, una escuela idealista (Immanuel Kant [1724-1804], Johann Gottlieb Fichte [1762-1814], Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling [1775-1854], Arthur Schopenhauer [1788-1860], G. W. F. Hegel (1770-1831) y Karl Christian Friedrich Krause [1781-1832]) y, después, tendencias vitalistas (Friedrich Nietzsche [1844-1900]), fenomenológicas (Edmund Husserl[1859-1938]) y existencialistas (Martin Heidegger [1889-1976]).  En religión hay dos tendencias: por un lado se atacan los fundamentos básicos de la religión cristiana con obras como La vida de Jesús (Leben Jesu) de David Friedrich Strauss (1835) y La vida de Jesús (La vie de Jésus) de Ernest Renán (1863); por otro lado, se escriben apologías del cristianismo como las del cardenal John Henry Newman (1801-1890) y el escritor católico G. K. Chesterton (1874-1936).


Santiago Ramón y Cajal (1854-1935)

Doctrina católica:

El papa (beato) Pío IX 
(1846-1878)

El papa Pío IX (1846-1878) en sus encíclicas Quanta cura y Syllabus de errores doctrinales (1864) condenó oficialmente  el liberalismo, el naturalismo, el racionalismo, el absolutismo, el socialismo, el comunismo y la masonería.  El Concilio Vaticano I (1868-1870) declaró también la infalibilidad pontificia en materias de fe y costumbres.  Por lo tanto, la Iglesia en el siglo XIX fue relegada a una postura negativa y defensiva.  En España, los pensadores católicos más importantes de este siglo son los siguientes: 1) El sacerdote catalán Jaime Balmes (1818-1848), quien defiende la unidad católica de España y se opone a la filosofía moderna por las consecuencias a que conduce (sensualismo, materialismo, racionalismo y escepticismo).  2) El pensador Juan Donoso Cortés (1809-1853), quien opinaba que la fe religiosa es parte esencial de la psicología humana.  También veía el socialismo como la antítesis política, social y religiosa del catolicismo.  Finalmente, propone una dictadura de arriba en que Dios será respetado como autoridad suprema, haciendo innecesaria cualquier otra dictadura política.  3) El abogado y político valenciano Antonio Aparisi y Guijarro (1815-1872) inventa el tema tradicionalista de los carlistas: «Dios, Patria y Rey».  4) El historiador y crítico literario Marcelino Menéndez y Pelayo (1856-1912), el gran defensor del tradicionalismo católico español quien atribuye la grandeza histórica de España a su catolicismo.
 
 


Marcelino Menéndez y Pelayo
(1856-1912)

El pensamiento liberal:

Los políticos liberales desdeñaban a los eclesiásticos mientras que los agitadores revolucionarios deseaban destruir la Iglesia católica en España.  Hacia 1850, se perdió el interés en el pensamiento filosófico francés y se empezó a ver a los filósofos alemanes con más prestigio.  El pensamiento idealista (y anticatólico) de Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) cautivó a los primeros dos presidentes de la Primera República española de 1873-1874: Francisco Pí y Margall (1824-1901) y Emilio Castelar (1832-1899).  Hegel, sin embargo, fue visto como demasiado idealista y, subsiguientemente, se prefirió a su discípulo Karl Christian Friedrich Krause (1781–1832), cuyas ideas se podría aplicar más fácilmente al liberalismo español (Hegel era más aristocrático y era favorecido por el Káiser alemán).  El concepto de la «religión» de Krause es más subjetivo y sentimental; su filosofía es un sistema moral ético que busca la perfección humana por medio de la bondad.  Las ideas de Krause fueron introducidas en España por Julián Sanz del Río (1814-1869), catedrático de filosofía e historia en la Universidad de Madrid que se había educado en la Universidad de Heidelberg.  Francisco Giner de los Ríos (1839-1915), fundador de la Institución Libre de Enseñanza (libre de religión [católica], escuela filosófica o partido político), fue el continuador del movimiento krausista en España después de Julián Sanz del Río.  Proponía un programa de perfección de la naturaleza humana, tolerancia, libertad, regeneración y paz.


Karl Christian Friedrich Krause 
(1781–1832)

Las letras y las artes en el siglo XIX:

En Europa y España, la influencia de (y reacción contra) las artes y las letras venía directamente de Francia.  Los movimientos artísticos del siglo XIX fueron los siguientes: el Neoclasicismo, el Romanticismo, el Realismo y el Naturalismo.

El Neoclasicismo:

El Neoclasicismo perdura durante el primer tercio del siglo XIX por el prestigio del Antiguo Régimen monárquico absolutista que continuó gobernando en la mayoría de las naciones europeas.  En forma depurada (menos imitativa del modelo francés original) se mantuvo en efecto a lo largo del siglo XIX, sobre todo en edificios y palacios oficiales y para el adorno de las ciudades españolas.

En literatura, los primeros años del siglo XIX pertenecen al período neoclásico.  Sobresale en este estilo el dramaturgo Leandro Fernández de Moratín (1760-1828), los poetas Alberto Lista (1775-1848), Juan Nicasio Gallego (1777-1853), Manuel José Quintana (1772-1857), Francisco Martínez de la Rosa (1787-1862) y Bernardo López García (1838-1870).


Leandro Fernández de Moratín
(1760-1828)

En arquitectura, se ve el estilo oficial neoclásico de los borbones en el Congreso de los Diputados (sede del Palacio de las Cortes Españolas) [1843-1850] del arquitecto Narciso Pascual; la Bolsa del Comercio de Enrique Repullés; la Plaza Real de Barcelona (1848) de Daniel y Molina; la reforma de la Plaza Mayor de Madrid (1853); y el Palacio de Bibliotecas y Museos (sede de la Biblioteca Nacional) [1892] de Francisco Jareño.


La Bolsa del Comercio (1884), de Enrique Repullés

En escultura son neoclásicos José Ginés en su Matanza de los inocentes; y Damián Campeny (1771-1855) en sus Juicio de Paris, Diana Cazadora e Himeneo encendiendo la tea.  Sin embargo, su Defensa de Zaragoza, aunque de técnica neoclásica, expresa un nacionalismo exaltado y romántico, ya que trata el tema de la Guerra de la Independencia.


Lucrecia (1834), de Damían Campeny y Estany (1771-1855), Palau de la Llotja, Barcelona

En pintura son neoclásicos Mariano Salvador Maella (1739-1819), autor de un retrato de Carlos III, y su discípulo Vicente López (1772-1850), también famoso por sus retratos, sobre todo por uno de Goya, su obra maestra.  El pintor neoclásico francés Jacques-Louis David (1748-1825) ejerció gran influencia en pintores españoles como José Madrazo (1781-1859), autor de La muerte de Viriato; Juan Antonio Ribera (1779-1860), autor de Cincinato; y José Aparicio (1773-1838).

El Neoclasicismo:

La muerte de Viriato, de José Madrazo (1781-1859), Museo del Prado, Madrid


Cincinato, de Juan Antonio Ribera(1779-1860)

Socrates enseñando, de José Aparicio (1773-1838)

El Romanticismo:

El Romanticismo es el predominio de la sensibilidad sobre la razón y de los conceptos individuales sobre los generales.  La sensibilidad romántica manifestaba un deseo nostálgico de evasión de la realidad en el mundo de las emociones (el amor, la ternura, la nostalgia, pero también el terror, la locura y la desesperación).  La contemplación personal y emotiva de la naturaleza es otra manifestación del Romanticismo. La religión (ausente en el ateísmo racionalista del Neoclasicismo y la Ilustración del siglo XVIII) vuelve, pero como un sentimiento vago y personal. El nacionalismo (expresión de un individualismo de los grupos nacionales que afirman una identidad cultural e histórica) es también una manifestación del Romanticismo. Se valora el pasado de cada país, idealizando la época medieval (donde se creía ver el origen nacional de una nación) y el presente popular (donde se manifestaba la personalidad específica de la nación).  También se interesaron los románticos por lo desconocido, lo imaginado, lo misterioso y lo exótico (por ejemplo, lo oriental).

En la literatura, se protesta contra el frío racionalismo del arte neoclásico y se exalta el triunfo de la libertad, el sentimiento y la fantasía individual. 

Sin embargo, en España hay dos tendencias románticas: I. Una es radical, escéptica, liberal y revolucionaria; II. Otra es tradicional, aristocrática, nacionalista y católica.  I. En el primer campo (el liberal) se puede colocar a 1) José Espronceda (1808-1842), un aristócrata liberal exaltado, gran poeta (influenciado por el poeta inglés romántico Lord Byron), gran amante, masón y conspirador político en Francia: sus poesías exaltan a figuras rebeldes como piratas, cosacos, reos de muerte, verdugos; 2) Ángel de Saavedra Ramírez, duque de Rivas (1791-1865), influenciado por el novelista romántico inglés Sir Walter Scott y los novelistas franceses Víctor Hugo y Alejandro Dumas, y cuya obra dramática principal, Don Álvaro o la fuerza del destino, fue la base de la ópera de Giuseppe Verdi llamada La forza del destino; 3) Juan Eugenio Hartzenbusch (1806-1880), cuya obra dramática principal, Los amantes de Teruel, basada en un cuento del Decamerón del cuentista renacentista italiano Boccaccio, es una versión del tema de Romeo y Julieta (tema también usado por Shakespeare); 4) y el suicida liberal, rebelde y afrancesado Mariano José de Larra (1809-1837), autor de Artículos de costumbres, una obra mordaz que critica severamente las costumbres de España.  II. En el segundo campo (el tradicionalista) se pueden colocar a 1) José Zorrilla (1817-1893), autor de la obra de teatro Don Juan Tenorio, su obra principal (tema tratado por Tirso de Molina, sacerdote del Barroco, cuya obra teatral, El burlador de Sevilla, inventa el tema de Don Juan imitado posteriormente por Mozart [en su ópera Don Giovanni], Molière [la versión francesa de Dom Juan], el poema narrativo de Lord Byron [Don Juan] y la obra teatral de George Bernard Shaw [Man and Superman]); los poetas líricos 2) Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), influenciado por el poeta judío-alemán Heinrich Heine, cuyas Lieder influyen en las Rimas de Bécquer; 3) Gaspar Núñez de Arce (1834-1903); y 4) Ramón de Campoamor (1817-1901); así como los novelistas costumbristas 5) Serafín Estébanez Calderón (1799-1867), autor de Escenas andaluzas (1847); y 6) Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882), autor de Escenas matritenses.

En arquitectura el Romanticismo se manifestó con su exaltación del pasado nacional y su afición a los estilos medievales, desprestigiados en el siglo XVIII.  El resultado fue una serie de estilos eclécticos como el gótico (e.g., la catedral de la Almudena en Madrid, obra de Francisco de González Montes, marqués de Cubas); renacentista (e.g., la iglesia de las Calatravas y el Banco Hispanoamericano en Madrid, obras de Eduardo Adaro); bizantino (e.g., la Basílica de Atocha y la Iglesia de San Manuel y San Benito, obras de Fernando Arbós); mudéjar (e.g., las Escuelas de Aguirre de Rodríguez Ayuso y la Estación de Ferrocarril en Toledo).

Estilos arquitectónicos eclécticos:
Gótico:

Catedral de la Almudena, Madrid
Mudéjar:

Estación Grande (de ferrocarriles), Toledo
Bizantino:

Iglesia de San Manuel y San Benito, Madrid
Renacentista:

Iglesia de las Calatravas, Madrid

En escultura, los monumentos de tema histórico son de tradición romántica como Isabel la Católica de Manuel Oms, el monumento a Colón, y los mausoleos al general O’Donnell y a Colón.

Monumento a Colón, de Manuel Olms, Madrid:


Monumento a Colón, Madrid

En pintura, el Romanticismo se manifestó en obras de tema nacional, político o de costumbres, o por un orientalismo exótico.  El romántico francés Eugene Delacroix (1798-1863) tuvo mucha influencia en España, así como Jean-Baptiste Corot (1796-1875).  En España, algunos de los pintores románticos son Leonardo Alenza (1807-1845); Eugenio Lucas Padilla (1824-1870); Eduardo Cano (1823-1897) [e.g., Cristóbal Colón en la puerta del convento de la Rábida y Don Álvaro de Luna enterrado de limosna); Antonio Gisbert (1835-1902) [e.g., Comuneros de Castilla y El fusilamiento de Torrijos]; José Casado del Alisal (1832-1886) [e.g., La campana de Huesca y la Rendición de Bailén]; José Gutiérrez de la Vega (ca. 1865); Antonio María Esquivel; Jenaro Pérez Villaamil (1807-1854); Federico de Madrazo (1815-1894); y Valeriano Bécquer, hermano del poeta Gustavo Adolfo Bécquer.
 


El garrote, de Eugenio Lucas Padilla

Martincho en la corrida de toros de Zaragoza,
de Eugenio Lucas Padilla
Condenado por la Inquisición,
de Eugenio Lucas Padilla


Cristóbal Colón en el Convento de La Rábida, de Eduardo Cano de la Peña, Museo del Prado, Madrid



Niñas, de Antonio María Esquivel

Valeriano Domínguez Bécquer
 Retrato de muchacha (1866), 
Fundación Lazaro Galdiano, Madrid


La Condesa de Vilches, de Federico de Madrazo y Küntz (1815-1894), Museo del Prado, Madrid

El Realismo:

Hacia mediados del siglo XIX se agotan los temas del Romanticismo y se valora el Positivismo europeo.  Esto causa una desvaloración del mundo interior a favor de la realidad tal como es percibida por los sentidos.  Se abandona el espiritualismo idealizante de los románticos por el Positivismo científico y materialista.  El lema de este período es «objetividad».  Se valora el mundo externo, la naturaleza, el costumbrismo y el regionalismo, el análisis científico de las cosas, de la vida humana, de las clases bajas de la sociedad y del proletariado urbano e industrial.

En literatura, el padre del Realismo literario es el francés Hipólito Taine (1828-1893), quien aplica a la literatura el método científico de los positivistas (el ser humano es producto del clima, el medio ambiente y el momento histórico).  Por un lado, Hipólito Taine y el novelista francés Émile Zola (1840-1902) tienden al análisis psicológico de los personajes y a ver la vida en forma pesimista (naturalista).  Por otro lado, el novelista francés Gustave Flaubert (1821-1880) estudia al individuo en conflicto con las instituciones tradicionales como el matrimonio, la familia, la religión y el trabajo, como en su novela Madame Bovary.  Éste último autor es más positivo e interesado en la reforma social de la sociedad (emancipación de la mujer, elevación de las clases obreras, reparto de la riqueza, eliminación de las guerras).  En España, el realismo literario empieza con la novela de costumbres o costumbrista, cuya creadora fue «Fernán Caballero» (seudónimo de Cecilia Böhl de Faber [1796-1877]), cuyo realismo en su novela llamada La gaviota es simpático y cariñoso, cristiano y conservador.  El análisis psicológico de la novela realista se convierte en España en la novela de tesis (en lugar de novela de tema).  La tesis de la obra puede ser política, moral, psicológica o religiosa.  Pedro Antonio de Alarcón (1833-1891) escribe El escándalo (cuya tesis es la justicia moral) de este modo.  Otros autores de novelas de tesis son Juan Valera (1824-1905), cuya obra principal es Pepita Jiménez, que trata del amor pasional de una viuda joven por un hombre que está a punto de hacerse sacerdote. Para cuadros costumbristas, el novelista José María de Pereda (1833-1906) es importante.  Su novela principal se llama Sotileza. Sin embargo, el escritor realista más importantes de España es Benito Pérez Galdós (1843-1920), político liberal y republicano, cuyas novelas como Doña Perfecta, Gloria, Fortunata y Jacinta, Lo prohibido, La desheredada, Miau y Misericordia critican severamente las instituciones sociales y políticas de España.


Benito Pérez Galdós
(1843-1920)

En pintura, el realismo se nota en pintores influenciados por el francés Gustave Courbet (1819-1877), quien pinta cuadros de temas sociales de las clases urbanas y del campo, que representa con un sentimiento melancólico y pesimista.  Sin embargo, los pintores españoles evitan estos temas sórdidos y han preferido temas históricos como en el caso de Eduardo Rosales (1836-1873) [e.g., Testamento de Isabel la Católica, Mujer al salir del baño]; Ramón Martí Alsina (1826-1894); y Mariano Fortuny (1838-1874), quien pinta cuadros de tema marroquí. La vicaría es su cuadro más famoso.


La Condesa de Santovenia, de Eduardo Rosales

"La noia del anell" de Ramón Martí Alsina 
Odalisca (1861), de Mariano Fortuny, 
Museo de Arte de Cataluña
Odalisca (1861), de Mariano Fortuny, 
Museo de Arte de Cataluña

El Naturalismo:

El Naturalismo es el Realismo en su forma más desnuda y determinista. Aquí la naturaleza se ve como la enemiga del ser humano.  La visión naturalista del mundo es materialista y amargamente pesimista.  Fue adoptado este estilo por movimientos revolucionarios a favor del proletariado.  En España el naturalismo es socialmente más moderado, políticamente más burgués y religiosamente menos materialista y ateo. El máximo representante francés de este estilo es Émile Zola (1840-1902) [e.g., Germinal].  En España, la mejor representante de este estilo es la condesa Emilia de Pardo Bazán (1852-1921), ardorosa defensora del feminismo.  Para ella, la novela es una representación de la vida vista a través de un análisis psicológico de los individuos. Su obra más importante es Los pazos de Ulloa.  Otro gran novelista español naturalista es Leopoldo Alas, conocido como «Clarín» (1852-1901), cuya novela La regenta es la obra maestra de este autor y del siglo XIX español.
 

Emilia Pardo Bazán


Niña, de Joaquín Sorolla

Leopoldo Alas «Clarín»


Página creada el
29 de marzo de 2004 por 
A. Robert Lauer 

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Última actualización: 
22 de marzo de 2006