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Creación de A. Robert Lauer arlauer@ou.edu Notas basadas el la 4a. ed. de Civilización y cultura de España de Vicente Cantarino
El Pacto de San Sebastián (1930) unió a los políticos liberales (republicanos moderados) y a los extremistas revolucionarios (socialistas, anarquistas y sindicalistas) para derrocar la monarquía borbónica y desterrar de España al rey Alfonso XIII.
Etapa Liberal: El primer gobierno (provisional) de la Segunda República fue el del socialista Niceto Alcalá Zamora (1877-1949). En Cataluña, Francisco Maciá (1859-1933) intentó declarar el estado catalán bajo un régimen de una república catalana. En el resto de la Península el nuevo régimen fue saludado por banderas rojas, manifestaciones, quemas de iglesias y conventos, asaltos y destrucción de periódicos monárquicos y católicos. También se cambió de bandera, sustituyendo la bicolor (rojo-amarillo-rojo) diseñada por Carlos III por la tricolor (rojo-amarillo-morado), y se sustituyó el himno nacional por el himno de la República. Al quejarse el cardenal Pedro Segura Sáez (1880-1957), arzobispo primado de España, de los derechos de la religión, fue condenado al destierro.
Durante las elecciones de diputados para las Cortes de 1931, el socialista Julián Besteiro fue nombrado para la presidencia. Esto creó una rivalidad entre los anarquistas de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y los socialistas de la UGT (Unión General de Trabajadores) y atentados, incendios, actos de vandalismo y huelgas en numerosas ciudades. Al planearse una nueva Constitución se plantearon artíclos como el Estatuto de Cataluña, que daba autonomía a esta región, y el Artículo 26, que establecía la separación entre la Iglesia y el Estado, declarándose el gobierno aconfesional. También se suprimían las órdenes religiosas de más de tres votos (como la Compañía de Jesús, que tiene 4 votos), la nacionalización de bienes eclesiásticos, la prohibición de la enseñanza, el comercio, la industria y la publicación de libros o diarios. Se aprobó también una Ley de Defensa de la República, medida que permitía al gobierno defenderse de cualquier oposición a ella. Al dimitir Alcalá Zamora de la presidencia en protesta de la legislación antirreligiosa del Artículo 26 de la Constitución, le sucedió el radical anticatólico Manuel Azaña (1880-1940), cuya frase «España ha dejado de ser católica» fue tomada como declaración oficial de su política antirreligiosa. Frente a esta política radical se formaron grupos derechistas como Acción Nacional (fundado por Ángel Herrera y en el cual colaboró José María Gil Robles [1898-1980]) y Acción Católica. A la vez, los grupos anarquistas de la CNT y la FAI (Federación Anarquista Ibérica) continuaron atacando al gobierno por considerar que sus reformas salariales y económicas no habían sido suficientes. La Ley Agraria de 1932 se decretó para calmarlos, pues esta ley servía para distribuir tierras (latifundios) entre los campesinos de Andalucía y Extremadura (hecho que enojó a los propietarios).
El ejército trató de dar un golpe de estado dirigido por el general José Sanjurjo Sacanell (1872-1936), pero falló al no encontrar apoyo popular. La República aplicó entonces la Ley de Defensa y cerró los periódicos y los diarios de la oposición. Como reacción, Acción Nacional cambió de nombre a Acción Popular y quedó constituida la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), que agrupaban grupos conservadores y católicos. Otros grupos de extrema derecha se formaron en este período como la JONS (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista) y la FE (Falange Española), esta última fundada en octubre de 1933 por José Antonio Primo de Rivera (1903-1936), hijo del general Miguel Primo de Rivera. Este último grupo era tradicionalista, revolucionario y católico y optó por llamarse Movimiento en lugar de partido político. Era anticapitalista y antimarxista. Etapa conservadora: En las elecciones de 1933 salieron triunfantes los partidos del centro, los republicanos moderados (Alejandro Lerroux [1864-1949]), CEDA (Gil Robles), los monárquicos (José Calvo Sotelo [1893-1936]) y Falange (José Antonio salió diputado por Cádiz). Sin embargo, los grupos de izquierda no se resignaron con su derrota y siguieron con huelgas y actos de sabotaje y terrorismo contra el gobierno. Los grupos centristas en control del gobierno se dedicaron a anular las medidas más extremas de los partidos de izquierda. Ante estas medidas se rebelaron Cataluña y Asturias y la República declaró el estado de guerra bajo la Ley de Defensa. La República mandó al general Francisco Franco a pacificar la región de Asturias. Los conservadores:
El gobierno moderado fue incapaz de mejorar el país social y económicamente. República recuperada: Las elecciones del 16 de febrero de 1936 dieron el poder a la izquierda, que anularon la mayoría de las leyes tomadas en los dos años anteriores. Subió Azaña de nuevo al poder, y después Santiago Casares Quiroga, y después el socialista Francisco Largo Caballero (1869-1946), el «Lenin español». Fue este un período de choques entre los camisas rojas comunistas y los camisas azules falangistas. El gobierno clausuró todos los centros de la Falange y encarceló a José Antonio. Subsiguientemente, la República mandó agentes de la Guardia de Asalto (fuerza de seguridad) a asesinar a José Calvo Sotelo. Tras este incidente, el grupo monárquico Renovación Española se retira de las Cortes acusando al gobierno de complicidad en el asesinato de Calvo Sotelo. Gil Robles, jefe de CEDA acusó al gobierno de ser incapaz de controlar la anarquía del país. El 18 de julio de 1936, el ejército, la Guardia Civil, los carlistas, la Falange, las JONS e incluso republicanos moderados se declararon en rebeldía abierta contra el gobierno de la República.
Francisco Largo Caballero La Guerra Civil (1936-1939): España estaba dividida en dos campos: 1) el de derechas, dispuestos a renunciar el sistema republicano para conseguir una estabilidad social, económica y política de acuerdo con la tradición nacional y religiosa del país; y 2) el de izquierdas (especialmente en el País Vasco y Cataluña), cuyo objetivo era la consecución de una sociedad proletaria y revolucionaria según el modelo ruso-soviético. Los 3) del centro (republicanos liberales) pactaron con la izquierda para evitar una restauración monárquica o una dictadura militar al estilo de Primo de Rivera. El pacto del centro con la izquierda ocasionó una rebelión militar apoyada por los grupos de derecha e incluso de algunos republicanos moderados. El Alzamiento: El 17 de julio de 1936 se sublevó el ejército de Marruecos, poniéndose a las órdenes del general Francisco Franco Bahamonde (1892-1975). En los días siguientes se sublevó el ejército en Pamplona, así como los carlistas y los católicos en toda Navarra. Las ciudades de Castilla y León, donde los elementos falangistas eran más numerosos, también se sublevaron. Después siguieron las zonas agrícolas y ganaderas de Castilla, León y Galicia, así como las provincias navarras y aragonesas, tradicionalmente monárquicas. Permanecieron leales a la República las grandes ciudades (sobre todo Madrid, Barcelona y Valencia y las provincias de Cataluña y el País vasco) donde el proletariado industrial (socialista-comunista) era más numeroso, así como en las provincias campesinas del sur (Andalucía), propensas al anarco-sindicalismo. Los intelectuales también permanecieron leales a la República (exceptuando a Miguel de Unamuno, Manuel Machado y otros).
Guerra Civil: La sublevación nacionalista llegó a dominar Galicia, la meseta castellana, partes de Andalucía y Extremadura. También se organizaron cuatro columnas dirigidas a conquistar Madrid. El general Emilio Mola (1887-1937) acuñó la frase de la «quinta columna» que desde dentro de Madrid ayudaría a la conquista de la capital. Ante este peligro, el gobierno republicano trasladó la capital a Valencia y Juan Negrín, entonces ministro de Hacienda, trasladó a Moscú el oro de España (Stalin jamás lo devolvió, pues dijo que lo había usado en defensa de la República). En Burgos, el general Miguel Cabanellas Ferrer (1872-1938) formó una Junta de Defensa Nacional para coordinar las operaciones militares contra la República. En septiembre de 1936 el general Francisco Franco fue nombrado jefe del gobierno y del estado español y Generalísimo de los ejércitos nacionales. Fue entonces que Francia inició una campaña de ayuda al gobierno de la República. Alemania e Italia, temerosos de una victoria anarquista-comunista en España, empezaron a apoyar la sublevación militar. Inglaterra, aunque a favor del alzamiento nacional, decidió no intervenir por temor a Alemania. La ayuda más importante que la República recibió fue de la Internacional Comunista (KOMINTERN), bajo cuya dirección se organizaron Brigadas Internacionales. Los EEUU, aunque a favor de la República, decidió no intervenir. Sin embargo, permitió el envío de la Lincoln Brigade (1936-1938) a España. Franco consolidó los varios grupos políticos de apoyo nacional bajo un Decreto de Unificación. Curiosamente, Falange Española trató de oponerse, insistiendo en la realización de sus planes sociales. Pero José Antonio había sido asesinado en la cárcel de Alicante en noviembre de 1936 y Manuel Hedilla, el actual jefe de Falange, fue condenado a muerte, aunque después indultado. La unificación de todos los partidos tradicionalistas y de derechas en sólo uno FET y de las JONS (Falange Española Tradicionalista y Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista) y la prohibición de los partidos de izquierda hizo que la sublevación tomara un sentido tradicional, nacional y católico, pero de tendencias sociales y políticas avanzadas. Mientras tanto, la izquierda se subdividió aún más desde 1937 como consecuencia de la persecución de José Stalin (1879-1953) contra León Trotsky (1879-1940), así como de las purgas stalinistas en la Unión Soviética. Por lo tanto, en España eran rivales los partidos marxistas de la POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), considerado trotsquista y cuyo centro de poder era Cataluña, el PC (Partido Comunista), defensor de la línea stalinista y centrado en Madrid. En estas luchas salieron derrotados POUM y el partido anarquista (CNT), triunfando así el stalinismo del PC en España. Los revolucionarios:
Franco tomó Bilbao en 1937 y, en 1938, toda la zona de Extremadura y, en el norte, Lérida. También abolió el Estatuto de Cataluña. Cuando la República se quejó ante la Sociedad de Naciones (League of Nations) por su no-intervención y por lo que los republicanos llamaban la invasión alemana e italiana, la Sociedad de Naciones, que insistió en no intervenir, pidió la retirada de las Brigada Internacionales. Franco, ya seguro de su inminente victoria, por su parte despidió los contingentes extranjeros (alemanes e italianos). Con la rendición de Barcelona en 1939, y la negativa de los socialistas moderados (Julián Besteiro) y los anarquistas enemigos de los comunistas (coronel Casado) de apoyar el gobierno de Juan Negrín (1892-1956), Madrid y Valencia entregan las armas sin resistencia y la Guerra Civil llegó a su fin el 1º de abril de 1939. Los fallidos:
Inglaterra y Francia reconocieron el gobierno de Franco, quien a su vez firmó con Alemania, Italia y Japón el Pacto Anti-Komintern en 1939. Se declaraba así la hostilidad de los países que después formarían el Eje (Axis) contra el comunismo y la Internacional Comunista (otros países que se unieron a este Pacto fueron Manchukuo, Hungría, Rumanía, Bulgaria y Finlandia). Propaganda de la (Segunda) República Federal española:
Bandos políticos durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945):
Bandera de la Falange
Cara al sol (himno nacional de Falange española)
POLITICAL PARTIES IN SPAIN IN THE 1930S:
Death toll of the Spanish Civil War in Spain:
Víctimas mortales a partir de septiembre 1939:
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12 de abril de 2004 por A. Robert Lauer
arlauer@ou.edu Última actualización: 7 de abril de 2006 |