Capítulo 2. «Roma y la romanización de la Península».
Creación de 
A. Robert Lauer 
arlauer@ou.edu
Notas basadas el la 4a. ed. de 
Civilización y cultura de España de Vicente Cantarino


SPAN 4313



     Con la cabal romanización de la Península ibérica empieza la historia de España como nación, ya que muchas de las características culturales, políticas y socials de España tienen su base en la incorporación de Iberia al imperio romano.

Las Guerras púnicas (Cartago vs. Roma): 
Primera Guerra púnica: 264-241 a. C.   -&-  Segunda Guerra púnica: 218-201 a. C.

     En la Primera Guerra púnica (264-214 a. C.) se dispute el dominio sobre Sicilia en el Mediterráneo entre Roma y Cartago, terminando esta guerra con la derrota de los cartagineses.  Ganan los romanos la isla de Sicilia así como las islas de Córcega (Corsica) y Cerdeña (Sardinia).  En la Segunda Guerra púnica (218-201 a. C), los cartagineses, por medio de sus generales Amílcar Barca, Asdrúbal y Aníbal, tratan de conquistar nuevos territories en el Mediterráneo, incluso las colonias griegas en la Península ibérica.  La ciudad de Sagunto pide ayuda a Roma y se inicia la Segunda Guerra púnica.  Habrían ganado los cartagineses si no hubiera Aníbal luchado en dos frentes: en Roma y en la Península ibérica.  Aníbal casi venció a los romanos, pero el general Publio Cornelio Escipión (Scipio Africanus) conquistó Carthago Nova (Cartagena) en el año 209 a. C., y después Gádir (Cádiz).  Aníbal tuvo que retirarse a África, donde el general Escipión lo derrota en el año 202 a. C.
 

Escipión Africano
(Scipio Africanus)

Aníbal

Conquista romana de la Península ibérica: 
Primera etapa (218-205 a. C.)  -&-  Segunda etapa (151-10 a. C):

     La primera etapa (218-205 a. C) de la conquista romana de la Península ibérica coincide con la Segunda Guerra púnica, desde el desembarco de Cneo Escipión en Ampurias en 218 a. C. hasta la rendición de Gádir (Cadiz) en 205 a. C.  Los iberos en efecto participan con los romanos en esta conquista, ya sea como aliados o como mercenaries.  Roma llama el nuevo territorio conquistador Hispania citerior («más cerca» [al este]) e Hispania ulterior («más lejos [al sur]).  La segunda etapa (151-10 a. C) require la conquista difícil de la Meseta Central, donde los lusitanos y los celtíberos ofrecen ardua y continua resistencia contra los romanos.  En el año 151 a. C., el pretor romano Galba prometió libertad a los lusitanos si entregaban sus armas, pero después los traiciona. Viriato fue el héroe de la resistencia lusitana contra los romanos.  Muere Viriato asesinado por tres de sus aliados que se vendieron a Roma.  En Iberia, el consul Metelo no logró dominar Numancia (Soria), ciudad de 8.000 celtíberos.  Roma manda al general Emiliano Escipión con un ejército de 60.000 soldados, para destruir la ciudad.  Los numantinos decidieron suicidarse que entregarse a Roma.  En Hispania también lucharon Pompeyo, Julio César y Octavio César (César Augusto).  Éste ultimo decreta en el año 38 a. C. la incorporación de la Península hispana como parte del imperio romano.  Las sublevaciones hispanas contra Roma terminan en el año 10 a. C.

     Los romanos impusieron en la Península hispana la misma organización militar y política que habían impuesto en los demás territorios. En muchos casos la nueva organización coexistía con los sistemas políticos indígenas.  Lo única que los romanos trataban de asegurar era la autoridad de Roma y, en un primer momento, los privilegios de los ciudadanos romanos sobre los demás.

     La mayor contribución de Roma a la civilización occidental es el Derecho romano, que veía en el individuo el fundamento de la sociedad.  El individuo, según el Derecho romano, tiene derecho a libertad y a propiedad privada.  La persona jurídica fundamental era la familia, cuyo paterfamilias asumía la obligación de representarla.  El gran acierto del Derecho romano era su base fundamental en el individuo en cuanto formara parte de la sociedad, sin depender, por ejemplo, del origen étnico del mismo.  Posteriormente, todos los individuos regidos por el Derecho romano tuvieron los mismos privilegios que los romanos, incluso los nacidos en provincias.

     Sin embargo, había varias clases sociales: la clase libre, que constituía de ciudadanos romanos, latinos y extranjeros.  Sólo los ciudadanos romanos gozaban de los mismos derechos y privilegios que los habitantes de Roma.  Los latinos (quienes vivían en territorios romanos pero que no vivían en Roma) tenían ciertos privilegios bajo el Jus Latii que después fueron extendidos a la Península ibérica bajo el emperador Vespasiano (69-79 d. C).  El emperador Caracalla (211-217) concedió la ciudadanía a todos los súbditos del Imperio.

     Los romanos daban el nombre de colonias a las ciudades fundadas en territorios más o menos recientemente conquistados que estaban habitadas por ciudadanos romanos.  Las ciudades indígenas podían mantener su libertad a base de una alianza o federación con Roma que les concedía el derecho a administrarse con gran autonomía.  Una ciudad libre se regía por asambleas populares y magistrados elegidos que promulgaban sus propias leyes.  Estas entidades se llamaban municipios y eran similares a la realidad urbana romana.

La provincia hispana:

     Las regiones dominadas por los romanos habían sido agrupadas jurídicamente en dos provincias: Hispania citerior (del Ebro a la costa levantina) e Hispania ulterior (el sur de la Península).  El emperador Octavio César en 27 a. C. dividió la Península en tres provincias: Tarraconense, Lusitania y Bética.  Después, el emperador Caracalla (216 d. C) añadió otra llamada Gallaetia.  El emperador Diocleciano en 285 convirtió la Península en diócesis y aumentó más provincias: Cartaginense, Mauritania (en África) y Baleárica.

Hispania bajo el emperador Octavio César (César Augusto)

 
 

Hispania bajo los emperadores Caracalla y Diocleciano

     Al romanizarse, las tribus peninsulares perdían su sentido de fragmentada independencia y se unificaban a los intereses políticos y económicos de Roma.  En efecto, la dominación de Roma hizo posible la formación de Hispania, ya que el pueblo conquistador (el romano) era pragmático y hasta cierto punto indiferente respecto a las formas religiosas, sociales y locales de los pueblos conquistados (como los iberos), con tal de que no se opusieran al dominio romano.  Esta «autonomía» hizo posible la diversidad cultural y lingüística de la Península, pues del latín, la lengua del conquistador, se formaron otras lenguas como el gallego, el catalán, el castellano y el portugués.  La influencia de Roma fue unificadora en la Península, tanto así que cuando cayó Roma en el siglo V d. C., la nueva nación de Hispania siguió unida.  Esta romanización fue más común en el sur y la zona este de la Península que en el interior.  Entre las ciudades romanizadas principales tenemos Barcelona, Tarragona, Valencia, Zaragoza, Sagunto, Sevilla, Itálica, Cádiz, Córdoba, Málaga, Mérida, Lisboa, León, Astorga y Lugo.

El arte hispanorromano: 

Venus de Itálica
(reproducción moderna)

     La cultura romana era de carácter urbano, así que las estructuras artísticas más importantes eran las que hacían la vida ciudadana más grata y apacible como los circos, los teatros, los baños, los acueductos, las vías, las calzadas, los puentes y los arcos de triunfo.  En efecto la vía más antigua es la Vía Augusta (llamada también Via Herculea), que entraba por los Pirineos, llegaba a Barcino (Barcelona), Tarraco (Tarragona), Carthago Nova (Cartagena) y terminaba en Gades (Cádiz).  A la vez, tenía ramales (branches) para llegar a Hispalis (Sevilla), Corduba (Córdoba), Emerita Augusta (Mérida), Toletum (Toledo), Lucus Augusti (Lugo) y Caesar Augusta (Zaragoza).


Via Augusta (Via Herculea)



El acueducto de Segovia

El acueducto romano de Segovia

El Templo de Marte (Mérida)

Teatro romano (Mérida), con cupo para 6.000 personas

Las ruinas de Numancia (Soria)

Casa romana (Tarragona)

Ruinas romanas (castillo y teatro) de Sagunto

Anfiteatro romano (Tarragona)

Baños romanos (Granada)

Puente romano (Salamanca)

Literatura hispanorromana:

     Los hispanorromanos más famosos son los siguientes: Marco Anneo Séneca (orador y político) y su hijo Lucio Anneo Séneca (filósofo moral [estoico], político, dramaturgo, y preceptor del emperador Nerón); Marco Fabio Quintiliano (35-95 d. C), «padre de la retórica», autor de los 12 libros de Institutio oratoria, la obra más completa sobre retórica y oratoria; los cuatro emperadores hispanorromanos: Trajano, Adriano, Marco Aurelio y Teodosio; el celtíbero Marco Valerio Marcial (40-104 d. C), autor de epigramas; Lucano, autor de la obra Farsalia, que describe las guerras entre Pompeyo y Julio César; Columela, autor de De re rustica, tratado sobre agricultura; y Pomponio Mela, cuyo tratado De chorographia es la primera descripción del mundo hecha en lengua latina.
 
 

Séneca


Frases célebres de Séneca:
  • All art is an imitation of nature. 
  • An unpopular rule is never long maintained. 
  • Be silent as to services you have rendered, but speak of favours you have received. 
  • Delay not; swift the flight of fortune's greatest favours. 
  • Difficulties strengthen the mind, as labor does the body. 
  • Enjoy present pleasures in such a way as not to injure future one. 
  • He who spares the wicked injures the good. 
  • He will live ill who does not know how to die well. 
  • I do not distinguish by the eye, but by the mind, which is the proper judge. 
  • I shall never be ashamed of citing a bad author if the line is good. 
  • If virtue precede us every step will be safe. 
  • It is a denial of justice not to stretch out a helping hand to the fallen; that is the common right of humanity. 
  • It is a great thing to know the season for speech and the season for silence. 
  • It is a youthful failing to be unable to control one's impulses. 
  • It is easier to exclude harmful passions than to rule them, and to deny them admittance than to control them after they have been admitted. 
  • It is not because things are difficult that we do not dare; it is because we do not dare that they are difficult. 
  • It is rash to condemn where you are ignorant. 
  • It should be our care not so much to live a long life as a satisfactory one. 
  • Life without the courage for death is slavery. 
  • Many things have fallen only to rise higher. 
  • No one can wear a mask for very long. 
  • Not to feel one's misfortunes is not human, not to bear them is not manly. 
  • Nothing deters a good man from doing what is honourable. 
  • One should count each day a separate life. 
  • The first step towards amendment is the recognition of error. 
  • The greatest remedy for anger is delay. 
  • The mind is slow to unlearn what it learnt early. 
  • To be always fortunate, and to pass through life with a soul that has never known sorrow, is to be ignorant of one half of nature. 
  • To be feared is to fear: no one has been able to strike terror into others and at the same time enjoy peace of mind. 
  • Unjust dominion cannot be eternal. 
  • While the fates permit, live happily; life speeds on with hurried step, and with winged days the wheel of the headlong year is turned. 
  • Without an adversary prowess shrivels. We see how great and efficient it really is only when it shows by endurance what it is capable of. 
  • Fire is the test of gold; adversity, of strong men. 
  • It is not the man who has too little, but the man who craves more, that is poor. 
  • It is quality rather than quantity that matters. 
  • Live among men as if God beheld you; speak to God as if men were listening. 
  • Men do not care how nobly they live, but only how long, although it is within the reach of every man to live nobly, but within no man's power to live long. 
  • The best ideas are common property. 
  • There is no great genius without some touch of madness. 
  • The spirit in which a thing is given determines that in which the debt is acknowledged; it's the intention, not the face-value of the gift, that's weighed. 
  • Nothing is as certain as that the vices of leisure are gotten rid of by being busy. 

Marco Aurelio


Frases célebres de Marco Aurelio:
  • If you are distressed by anything external, the pain is not due to the thing itself, but to your estimate of it; and this you have the power to revoke at any moment.
  • It is the act of a madman to pursue impossibilities. 
  • Look well into thyself; there is a source of strength which will always spring up if thou wilt always look there. 
  • Remember this-that there is a proper dignity and proportion to be observed in the performance of every act of life. 
  • The happiness of your life depends upon the quality of your thoughts, therefore guard accordingly; and take care that you entertain no notions unsuitable to virtue, and reasonable nature. 
  • Waste no more time talking about great souls and how they should be. Become one yourself! 
  • By a tranquil mind I mean nothing else than a mind well ordered. 
  • How much time he gains who does not look to see what his neighbor says or does or thinks, but only at what he does himself, to make it just and holy. 
  • In the morning, when you are sluggish about getting up, let this thought be present: 'I am rising to a man's work.' 
  • Never esteem anything as of advantage to you that will make you break your word or lose your self-respect. 
  • Nothing happens to any thing which that thing is not made by nature to bear. 
  • Nothing happens to anybody which he is not fitted by nature to bear. 
  • The universe is change; our life is what our thoughts make it. 
  • Think not disdainfully of death, but look on it with favor; for even death is one of the things that Nature wills. 
  • Very little is needed to make a happy life. 
  • Whatever is in any way beautiful hath its source of beauty in itself, and is complete in itself; praise forms no part of it. So it is none the worse nor the better for being praised. 
  • You will find rest from vain fancies if you perform every act in life as though it were your last. 
  • Never let the future disturb you. You will meet it, if you have to, with the same weapons of reason which today arm you against the present. 
  • How much more grievous are the consequences of anger than the causes of it. 
  • How ridiculous and unrealistic is the man who is astonished at anything that happens in life. 
  • Life is a warfare and a stranger's sojourn, and after fame is oblivion. 
  • The object in life is not to be on the side of the majority, but to escape finding oneself in the ranks of the insane. 
  • Very little is needed to make a happy life; it is all within yourself, in your way of thinking. 
  • If you are distressed by anything external, the pain is not due to the thing itself but to your own estimate of it; and this you have the power to revoke at any moment. 
  • How much time he saves who does not look to see what his neighbor says or does or thinks. 
  • Loss is nothing else but change, and change is Nature's delight. 
  • A candour affected is a dagger concealed. 
  • A man does not sin by commission only, but often by ommission. 
  • To stand up -- or be setup? 
  • To refrain from imitation is the best revenge. 
  • A little flesh, a little breath, and a Reason to rule all - that is myself. 
  • Where life is possible at all, a right life is possible; life in a palace is possible; therefore even in a palace a right life is possible. 

La religión de Roma:

     Los romanos eran tolerantes (indiferentes) respecto a la religión de sus súbditos.  Se limitaron sólo a prohibir ciertas costumbres locales de provincia como los sacrificios humanos.  Aunque Roma era pagana y politeísta, el emperador Constantino se interesó en el cristianismo en 313 d. C. como posible religión de estado.  Pero fue el emperador hispanorromano Teodosio el Grande (379-395 d. C.) quien impuso el cristianismo no sólo en Roma sino en todas las provincias romanas (incluso Hispania) en el año 380 d. C.  Así se cristianizó el estado y la religión pagana fue relegada a los pueblos (los pagi).  A su vez, la religión cristiana adoptó las bases jurídicas y principios del Derecho romano para su propia legislación, así como su estructura jerárquica y su lengua (latina en Roma, griega en Constantinopla [Istanbul, Turquía]). La Iglesia cristiana es la única institución romana que sobrevivió al Imperio.

     Tradicionalmente, el apóstol Santiago el Mayor (St. James the Greater) fue el primer predicador del cristianismo en la Península.  También se supone que el apóstol San Pablo estuvo en España en los años 63 y 67. 
 

Santiago (Matamoros)
Santo patrón de España

Estatua de San Pablo en Roma


Página creada el 
21 de enero de 2004 por 
A. Robert Lauer 

arlauer@ou.edu
Última actualización: 
6 de enero de 2009