Capítulo 7.  «El Siglo de Oro español». 
Creación de 
A. Robert Lauer 
arlauer@ou.edu
Notas basadas el la 4a. ed. de 
Civilización y cultura de España de Vicente Cantarino
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     El así llamado Siglo de Oro español abarca en efecto dos siglos, el XVI y el XVII.  En el primero, regido por el Renacimiento que viene de Italia, España se abre al mundo, sobre todo durante el período imperial de Carlos V.  Durante la segunda mitad del siglo XVI, con el reinado de Felipe II, y durante todo el siglo XVII, con el reinado de Felipe III, Felipe IV y Carlos II, España se dedica a desarrollar una cultura española nacional, fuertemente marcada por el catolicismo.

La sociedad española:

La monarquía española de los Habsburgos tenía un sello personal y paternalista. Era una monarquía autoritaria regida por la persona del Rey, así como una monarquista centralista, al menos en el reino de Castilla, pero jamás se convirtió en monarquía absoluta, como en Inglaterra o Francia, por su carácter federativo.  Los Habsburgos reinaron por medio de Doce Consejos (councils) que en efecto eran autónomos unos de otros y tenían sus propias leyes.  Estos eran:
 

  • Consejo de Estado: Este consejo fue creado por Carlos V en 1526 para asesorar asuntos de interés general; tenían sus propias leyes.
  • Consejo de Italia: Este consejo regía los asuntos que tenían que ver con Nápoles, Sicilia, Cerdeña y Milán, dominios de la Monarquía hispánica.
  • Consejo de Guerra: Para asuntos militares.
  • Consejo de Portugal: Portugal y todas sus posesiones en África,  América y Asia estuvieron bajo el dominio español entre 1580 y 1640.
  • Consejo de Castilla: El único consejo totalmente centralizado durante este período.  Los demás tenían más autonomía.
  • Consejo de Flandes: Los Países Bajos estaban bajo el dominio de la Monarquía hispánica.
  • Consejo de Indias: Este consejo, confirmado por Carlos V, resolvía todos los asuntos judiciales y económicos del Nuevo Mundo. La Casa de Contratación (Trade) de Sevilla tenía una Cámara de Justicia y una Cámara de Gobierno.  La obra más importante de este consejo fue la Recopilación de leyes de Indias, mezcla de leyes de Castilla y de los indígenas americanos, aplicadas tanto a indios como a españoles.
  • Consejo de Hacienda: Este consejo se encargaba de asuntos que tenían que ver con tesorería (Ministry of Finance).
  • Consejo de Aragón: Para asuntos de Aragón y Cataluña.
  • Consejo de las Órdenes Militares: Las Órdenes Militares de Alcántara, Calatrava, Montesa y Santiago estaban bajo el control del Rey desde los tiempos de Fernando el Católico.
  • Consejo de Inquisición: El Consejo de Inquisición en España era independiente de Roma y de los obispos españoles.  Respondía sólo al Rey.
  • Consejo de Cruzada: Este consejo se ocupaba de impuestos y tributos.

La Casa de Contratación (Ministry of Trade) de Sevilla

     Los Habsburgos reconocían la organización federal de España y la autonomía administrativa de cada estado, cuya autoridad residía en las Cortes (Parliament).  Después de 1665, los municipios obtuvieron de la corona la facultad de determinar sus propios tributos, haciendo entonces innecesaria la intervención de ellos en las Cortes castellanas.  A la vez, los monarcas aumentaron la intervención real en ellos con el nombramiento de corregidores y alcaldes mayores.

     La nobleza, desde la época de los Reyes Católicos, se había vuelto palaciega (vivía en palacio) y había perdido su poder señorial y militar anterior.  Además, durante el período de los primeros Habsburgos, Carlos V y Felipe II preferían usar a letrados burgueses (y no a nobles) para el desempeño de cargos de responsabilidad.  Esto agravió más el poder de la alta nobleza.  En la Edad Media, la alta nobleza (la de los Grandes de España o «ricos hombres» y la nobleza titular [duques, condes, marqueses]) gozaban de grandes privilegios.  La baja nobleza (los hidalgos de sangre) constituía la nobleza guerrera que tenía cierta propiedad y, como los demás nobles, estaba exenta de impuestos o tributos (además, no podían ser torturados o ahorcados).  Los hidalgos de privilegio eran los que, no siendo de sangre noble, recibían reconocimiento real por algún servicio a la corona o por el pago de una suma de dinero. 

     El pueblo llano (la mayoría de la sociedad) estaba compuesto, en el campo, de labradores libres con posesiones de tierras, o jornaleros que estaban a su servicio.  En la ciudad había artesanos o menestrales dedicados a varios oficios y agrupados en gremios (guilds).  A la vez, en las ciudades se creó otra clase social, la de letrados (bachilleres y licenciados universitarios), que podía ser de familias hidalgas o burguesas.  Las profesiones ejercidas por los letrados eran las de abogados, administradores y consejeros de familias nobles o de instituciones.  También había comerciantes.  Otra clase social aparte era la del clero.  El alto clero era educado y venía de familia noble.  El bajo clero vivía austeramente y no provenía de la nobleza.  Como consecuencia de las reformas del Concilio de Trento, la Iglesia se preocupó por la educación religiosa de todos los clérigos.  Entre las clases inferiores había siervos (serfs) y esclavos, así como seres marginados y nómadas, como los gitanos.  En la clase ínfima, había mendigos, vagabundos, ladrones, bandoleros, delincuentes y pícaros, seres que se valían de su astucia o defectos para ganarse la vida de los recursos de otras personas.

La vida religiosa:

     A pesar de las manifestaciones religiosas públicas que son típicas del catolicismo, hubo en el siglo XVI individuos que valoraban la devoción personal e íntima que se asocia más con el protestantismo.  En España, estas personas se llamaban «alumbrados», ya que su experiencia religiosa se basaba en un tipo de «iluminación» personal que los hacía «especiales».  Entre las mujeres había mujeres piadosas llamadas «beatas» a quienes se les atribuía la capacidad de curar a enfermos o predecir el futuro.  Muchos de los judíos conversos mostraron interés por este tipo de religión intimista y menos institucionalizada.  Los intelectuales (humanistas) también mostraron interés por estas prácticas religiosas, que en efecto habían sido propuestas por Erasmo de Rótterdam, un pensador católico holandés que tuvo mucho éxito en la primera mitad del siglo XVI.  Entre los más famosos erasmistas españoles tenemos a Alfonso de Valdés (1490-1532), autor del Diálogo de las cosas acaecidas en Roma (también llamado Diálogo de Lactancio y un arcediano), obra en la cual justifica el Saco de Roma por el emperador Carlos V para castigar el lujo excesivo de la corte papal romana.  Su hermano Juan de Valdés (1498-1541) fue famoso por su Diálogo de la lengua, donde valora el castellano y las lenguas vulgares en lugar del latín.  A la vez, varios de estos alumbrados se convirtieron en santos místicos como Santa Teresa de Jesús (o de Ávila) [1515-1582], doctora mística, y San Juan de la Cruz (1542-1582), uno de los más famosos poetas del Renacimiento cristiano.  Sin embargo, la Inquisición vigilaba a estos grupos, ya que la última consecuencia de este intimismo religioso personal podía terminar en el desdén o rechazo del individuo por los sacramentos de la Iglesia.
 

Erasmo de Rótterdam (humanista católico holandés)
 
 


Alfonso de Valdés


 

Santa Teresa de Jesús (de Ávila)


San Juan de la Cruz


 

     Otra de las manifestaciones más importantes de la vida religiosa española durante los siglos XVI y XVII fue su espíritu misionero. Los misioneros franciscanos, dominicos y jesuitas se ocuparon de llevar la religión católica a todos los países conquistados por España o Portugal en América, Asia y África, así como en países europeos.  A la vez, el afán por mantener la pureza de la fe cristiana católica en los países que conquistaban creó una diferencia entre los cristianos viejos (los que no tenían ascendencia hebrea o árabe) y los cristianos nuevos (los que sí tenían ascendencia hebrea o árabe).  Estos últimos fueron discriminados por falta de «limpieza de sangre», sobre todo por la clase popular, a pesar de ser defendidos por nobles y miembros de la Iglesia como los jerónimos y los jesuitas.  Por razones religiosas, a los judíos, los moros y los herejes se les había prohibido ingresar en el Nuevo Mundo.

La educación:

     Durante el siglo XVI (durante el período de Carlos V y Felipe II) se establecieron múltiples universidades en toda la Península: Toledo (1520), Lucena (1533), Sahagún (1534), Baeza (1538), Granada (1540), Oñate (1542), Santiago (1544), Gandía (1546), Osuna (1548), Ávila (1550), Almagro (1553), Orihuela (1555), Oviedo (1557), Estella (1565), Vich (1570), Córdoba (1572) y Tarragona (1572).  Sin embargo, sólo dos universidades mantuvieron su lugar predominante en este período: la Universidad de Salamanca (con 7.832 estudiantes y 150 profesores en 1557) y la Universidad de Alcalá de Henares (con 2.800 estudiantes).  La especialidad de ambas era la teología y el derecho civil y eclesiástico (civil and canon Law).  Hubo también escuelas de sordomudos (deafmutes) y escuelas pías, establecidas para la educación popular primaria de las clases humildes.
 

Universidad de Alcalá de Henares

Universidad de Salamanca

Teólogos:

     Los grandes teólogos de esta época son el dominico Francisco de Vitoria (1486-1546), profesor de la Universidad de Salamanca; y el jesuita Francisco Suárez (1548-1617), profesor de filosofía en las universidades de Alcalá y Salamanca.  Ambos son reconocidos hoy día por haber fundado el concepto de leyes que forman el así llamado Derecho internacional (international law), atribuido falsamente a Hugo Grotius (1583-1645).  Vitoria proclama la idea de una comunidad internacional en que cada estado es soberano e independiente de los demás.  Suárez defiende el concepto de la soberanía popular como el origen inmediato del poder político, llegando a propugnar la autoridad del pueblo a deponer a su monarca en caso de tiranía.

Hugo Grotius

 

Francisco de Vitoria, O.P.


Francisco Suárez, S. J.


 

     Otros teólogos famosos de la época fueron el jesuita Luis de Molina, quien defendió el concepto (católico) del libre albedrío (free will) contra la idea de la predestinación sostenida por el teólogo dominico Domingo Báñez.  Ante el furor causado por esta controversia (todavía por concluir) el papa Paulo V prohibió terminantemente cualquier deliberación subsiguiente sobre este tema, bajo pena de excomunicación.


Luis de Molina, S. J.

El papa Paulo V

A Note on the Encounter (Spain and the New World):

Excerpts from Univ. of Michigan Latin-American historian Charles Gibson, ed.  The Spanish Tradition in America (New York, Evanston, London: Harper & Row, 1968).



Rodrigo de Borja (Borgia),
Papa Alejandro VI
(1431-1503)

Cristoforo Colombo
Cristóbal Colón
(1451-1506) 

Alejandro Farnese,
Papa Paulo III
(1534-49)
  • Pope Alexander VI, Inter Caetera (Rome, 4 May 1493): "Wherefore, as becomes Catholic kings and princes, after earnest consideration of all matters, especially of the rise and spread of the Catholic faith, as was the fashion of your ancestors, kings of renowned memory, you [Ferdinand and Isabella] have purposed with the favor of divine clemency to bring under your sway the said mainlands and islands with their residents and inhabitants and to bring them to the Catholic faith.... We command you in virtue of holy obedience that, employing all due diligence in the premises... you should appoint to the aforesaid mainlands and islands worthy, God fearing, learned, skilled, and experienced men, in order to instruct the aforesaid inhabitants and residents in the Catholic faith and train them in good morals.  Furthermore, under penalty of excommunication... we strictly forbid all persons of whatever rank, even imperial and royal,... to dare, without your special permit or that of your aforesaid heirs and successors, to go for the purpose of trade or any other reason to the islands or mainlands, found and to be found, discovered and to be discovered. . ."
  • Ferdinand & Isabella, Royal Orders Concerning Indians (Barcelona, 29 May 1493): "Since it pleased God our lord in his holy mercy that the said islands and mainland were discovered for the king and queen. . . through the industry of the said Don Christopher Columbus, their admiral, viceroy, and governor. . . and since he found them [the Indians] to be people without law or sect and therefore very ready for conversion to our holy Catholic faith . . .  the said admiral is to try to make sure that all who go on it [Columbus' second trip to America] or are to go on it treat the said Indians very well and lovingly, without any injury, seeking to maintain much communication and familiarity between them . . . And if it should happen that any person or persons treat the said Indians badly in any manner, the said admiral, as their highnesses' viceroy and governor, is to punish them severely." 
  • Royal instructions to Nicolás de Ovando, governor of Hispaniola (Granada, 16 September 1501): "Also you are to make certain that the Indians are well treated, and that they may circulate throughout the entire land safely, and that no one uses force against them or robs them or does them any other evil or damage, and for this you are to impose the punishments that you regard as necessary and to inflict them upon the guilty persons, making the necessary announcements and safeguards. . . .  Also because we are informed that some Christians of the said islands, especially in Hispaniola, have taken the said Indians' wives and daughters and other things against their will, as soon as you arrive you are to give an order that everything that has been taken against their will is to be given back, and you are to ensure under severe penalties that from now on no one shall dare to do that, and if they want to marry the Indian women this is to be by the volition of the parties and not by force." 
  • Laws of Burgos (1512-1513) [Valladolid, 28 July 1513].  Article XI:  "Also, we order and command that no person having Indians in encomienda, or any other person, shall use Indians as carriers for transporting supplies to Indians at the mines, but that when the latter are removed from one place to another they shall carry their own effects and provisions, because we have been informed that there are no beasts of burden there; and the aforesaid is to be observed and obeyed, on pain that the person who employs the said Indians as carriers against the tenor and form of this article shall pay, for each offense, two gold pesos, which shall be for the hospital of the village where the said settler lives; and if the burden which he thus puts on the Indians is of foodstuffs, he shall lose it also and it shall go to the said hospital."  Article XII:  "Also, we order and command that all the Spanish inhabitants and settlers who have Indians in encomienda shall be obliged to have all infants baptized within a week of their birth, or before, if it is necessary; and if there is no priest to do so, the person who has charge of the said estate shall be obliged to baptize them, according to the custom in such emergencies, on pain that he who fails to obey this article shall incur, for each offense, the penalty of three gold pesos, which we command shall be for the church where the said infants are baptized."  Article XIV:  "Also, since we have been informed that if the Indians are not allowed to perform their customary dances [areytos] they will receive great harm, we order and command that they shall not be prevented from performing their dances on Sundays and feast days, and also on work days, if they do not on that account neglect their usual work shift." 
  • Pope Paul III, Sublimis Deus Sic Dilexit (Rome, 4 June 1537): "We, who, though unworthy, exercise on earth the power of our Lord and seek with all our might to bring those sheep of His flock who are outside, into the fold committed to our charge, consider, however, that the Indians are truly men and that they are not only capable of understanding the catholic faith but, according to our information, they desire exceedingly to receive it.  Desiring to provide ample remedy for these evils, we define and declare by these our letters, or by any translation thereof signed by any notary public and sealed with the seal of any ecclesiastical dignitary, to which the same credit shall be given as to the originals, that, notwithstanding whatever may have been or may be said to the contrary, the said Indians and all other people who may later be discovered by Christians, are by no means to be deprived of their liberty or the possession of their property, even though they be outside the faith of Jesus Christ; and that they may and should, freely and legitimately, enjoy their liberty and the possession of their property; nor should they be in any way enslaved." 


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10 de febrero de 2004 por 
A. Robert Lauer 

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Última actualización: 
16 de febrero de 2006